Tantadel

agosto 19, 2016

Graco por liebre

Por su belleza y cercanía, porque tengo muchos amigos que decidieron irse a vivir y disfrutar del clima morelense, suelo visitar Cuernavaca, hoy la ciudad que dentro de este combativo estado presenta muchas inquietudes y malestar. Luego de gobiernos corruptos y autoritarios del PRI, imaginaron que la llegada de Graco Ramírez, un hombre que dio la lucha fuera de las esferas oficiales, transformaría Morelos. Tuvo el voto de intelectuales, artistas, ciudadanos sin tacha y en general de personas esperanzadas en un cambio en los lugares donde el zapatismo dejó una huella memorable.
Recuerdo que muchos amigos morelenses adoptados o nacidos allí me lo expresaron abiertamente. Estuve de acuerdo. Mis recuerdos, incluso personales, me hicieron participar de la misma esperanza que nació con su triunfo. Muy pronto, en cosa de semanas, un querido colega me dijo en Cuernavaca: Hermano, nos dieron “Graco por liebre”. Muy pronto, pues, comenzaron los excesos del gobernador, su autoritarismo y su incapacidad política.  En consecuencia, el malestar se generalizó dañando al PRD que últimamente ha perdido buena parte de su bien ganado prestigio.
Graco Ramírez carece de tacto, su experiencia política es pobre y sus ambiciones personales son excesivas. Comenzó a chocar con la sociedad morelense. Se peleó de manera torpe y brutal con la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), a la que ha querido doblegar. El choque entre la institución universitaria y el gobierno que encabeza Graco es evidente y severo. A diario intercambian feroces acusaciones y nadie cede. Mucho me temo que Graco escogió un enemigo poderoso y razonable.
Ahora ya está perfectamente conformado un Frente Amplio Morelense y no sólo sale a las calles de Cuernavaca y otros poblados, sino que se organiza y exige la renuncia del gobernador, quien no ha ocultado sus deseos de ser candidato por el PRD a la Presidencia de la República. Hace unos días hubo una gran marcha ciudadana. Según la nota del reportero René Vega Giles, en este mismo diario, “El FAM determinó iniciar un movimiento de resistencia civil hasta que el gobierno federal escuche y apoye las exigencias sociales de los habitantes del estado, al declarar la desaparición de poderes y tomar las instalaciones del Ejecutivo, Legislativo y Judicial como una medida de presión para que venga la renuncia de Graco Ramírez al gobierno estatal y crear un gobierno de reconciliación”. La nota señala que según cuentas serias, unos 130 mil habitantes de la capital y de municipios cercanos marcharon en la protesta. Las cifras oficiales, como es usual en estos casos, minimizaron la protesta.
En esa marcha, ya en el zócalo de Cuernavaca, el rector de la UAEM y vocero del Frente Amplio Morelense señaló que la agrupación ya está integrada por más de cien asociaciones civiles que llevarán a cabo acciones tendientes a debilitar más el poder de Graco y los suyos, a causa de su autoritarismo e ineptitud. Se trata, en suma de un movimiento que crece y le causa dolores de cabeza tanto al PRD como al gobierno federal que no tiene pocos problemas. El gobernador respondió con arrogancia y decidido a no ceder en las peticiones que incluyen la inseguridad en ese estado. El prestigiado poeta Sicilia ha sido claro en sus críticas al gobierno de Graco. Simultáneamente, diversos medios de comunicación han expresado que sobre ellos existen presiones toscas que limitan la libertad de expresión.
En realidad el conflicto no parece tener otra solución que la salida de Graco Ramírez y su equipo de colaboradores, que incluyen a su esposa, cuya influencia es mucha. Pero si antes la llegada del gobernador fue esperanzadora para los morelenses, no supo cómo actuar ante un estado que deseaba cambios positivos y una armonía acorde a los intereses de la sociedad para avanzar, hoy los caminos están cerrados: el gobierno se ha aferrado a un principio autoritario y no ve el daño que hace de manera cotidiana. Es posible que Graco pueda mantenerse en el poder, pero su figura ya está por completo desprestigiada  y todos aquellos que le dieron la bienvenida de modo cordial y abierto, ahora exigen con violencia que se retire, que busque su campo laboral en otro campo que no sea el de la política morelense.
Mis recuerdos universitarios me lo traen a la mente como un hombre decidido y crítico, pero bien sabemos los mexicanos que el poder modifica a los políticos sin importar el partido al que pertenezcan y permite que salgan a flote sus peores vicios y defectos, y entre ellos está la necesidad de convertir el poder en una serie de acciones despóticas. Es decir, el perredista sufrió una grave metamorfosis negativa. Un solo caso en donde por obvias razones omito el nombre: Una mujer decente, honesta y capaz se incorporó de inmediato a su equipo de trabajo, con energía y entusiasmo. A los dos meses renunció. Le pregunté las razones de su decepción y me dijo: es intolerante e intolerable, algo que ahora ya sabe más de la mitad del estado y principalmente la UAEM, una respetable institución que da la cara por todo el estado.
Ah, falta citar al desatinado jugador de futbol, Cuauhtémoc Blanco, quien vive ajeno a la realidad, soñando que Cuernavaca es una cancha.
Lamentable y penoso. Está visto que el poder todo lo corrompe y la corrupción nunca se ha ido ni se irá.

agosto 17, 2016

Cultura y deporte hoy

Ignoro qué piense Vargas Llosa, quien ha escrito un libro especial sobre la frivolidad del espectáculo, de los juegos olímpicos, que poco tienen de fraternales. Son reñidas competencias donde aparece el racismo y desde luego el más ramplón de los nacionalismos, el más barato, el que llamamos patrioterismo.
El México de hoy, como el de ayer, supone que la gloria radica en ganar medallas de oro y obtener campeonatos de futbol, cuando, merced a las nuevas tecnologías, el deporte nos ha puesto a ver cualquier tipo de pantallas, en donde estén. Eso provoca estupidez y mayor gordura, pues solemos acompañar un “clásico”, Guadalajara-América, con muchas botanas y miles de litros de cerveza. Me llama la atención que en distintos estados de la República haya secretarías o direcciones generales de “Deporte, Cultura y Recreación”. Más bien suena ridículo. No logro imaginar a Rafael Tovar y de Teresa, querido amigo, buen funcionario, vestido con el uniforme de los Raiders de Oakland. Y al revés, un jugador de futbol soccer escribiendo delicados sonetos. En esto pensé hace unos días porque un neurólogo del ISSSTE me explicó, luego de ver las placas de mi cerebro, que en los que leen y llevan a cabo actividades intelectuales o científicas, hay señales claras, mientras que los deportistas no tuenen huellas cerebrales porque no lo usan. Imaginé el interior de la cabeza de Cuauhtémoc Blanco vacío  como su apellido paterno, confundido a la hora de citar a un prócer de la talla de Benito Juárez: ¿en qué equipos ha jugado?
La política, en muchos países, tiene una estrecha relación amorosa con el deporte y escasa con la cultura. El Presidente suele recibir a quienes ganaron alguna medalla olímpica. Es más vistoso y lucidor ante las masas fotografiarse con una atleta que con una poeta. Y como el deporte no implica mayor esfuerzo intelectual para comprenderlo y saber sus reglas, todo el país habla y discute y da sus “agudos” puntos de vista.
Nadie deja de tener una explicación “científica de por qué la selección jamás ha obtenido un lugar distinguido en los torneos mundiales o las razones por las que una nutrida delegación regresa prácticamente con las manos vacías, a no ser por todo lo que compraron. El colmo es que el presidente del PRI, un señor Ochoa que Reza, ha intervenido en el tema, cuando están a punto de arrollar a su partido y sacarlo de Los Pinos. ¿Tiene una estrategia para mantener el poder en manos del priismo, un ambicioso proyecto ideológico, una serie de decididas acciones contra la corrupción, el camino para obtener los mejores candidatos en cada caso, sabe qué responderle al charlatán de López Obrador o al joven “maravilla” del PAN, Ricardo Anaya? No, quiere que el titular del deporte o algo así vaya a rendir cuentas al más “alto tribunal” de la patria: la escasamente letrada Cámara de Diputados.
El deporte nos obsesiona, no estamos masivamente orgullosos de los notables méritos de Juan Rulfo, Juan José Arreola, Carlos Fuentes, Rubén Bonifaz Nuño, Octavio Paz, Luis Herrera de la Fuente, Francisco Toledo, José Luis Cuevas o Sebastián... A muy pocos les interesa saber que México es una fábrica de grandes voces operísticas y de notables bailarinas de ballet. La inmensa mayoría quiere gritar a todo volumen ¡Goooooool! Y beber unos tragos a la salud de la patria y correr a imitar a los salvajes de la CNTE: pintarrajear algún símbolo patrio, un monumento. Algo está podrido en Dinamarca, diría Shakespeare. Pero no, es el imaginario colectivo que padecemos quien lanza sus inquietudes y protestas. No se nos da el deporte y hay que echarles la culpa a las autoridades que lo administran o al pobre Enrique Peña Nieto quien demuestra cada tanto su vocación atlética, como Miguel Ángel Mancera, corriendo medios maratones.
En Finlandia, en Dinamarca, en Suecia o en Suiza que tanto le gustaba a Borges al grado de ir a morir en ese pequeño país, jamás hay tanto dinero invertido en el deporte como en México. Lo hay y hace poco lo recordó Raúl Cremoux en un artículo, en esos países, donde existen ciertamente obsesiones, una de ellas es la educación y la cultura. Sí, educación y cultura y sus nacionales son educados y cultos y los resultados son óptimos: viven muy bien, sin pobreza.
Tenemos otros valores que modelaron los constituyentes de 1917 y la Revolución Mexicana. Olvidados, de allí nacerá la inveterada manía de vivir bajo la obsesión enfermiza de que el “TRI” nos traiga un campeonato mundial, de perdida un segundo lugar y ese día milagroso todos iremos a la Villa de Guadalupe a rezar, agradecer por el milagro, mientras tanto la miseria, la ignorancia, la pésima educación que esmeradamente defiende la CNTE, la corrupción y demás lacras seguirán allí, como el famoso dinosaurio de Monterroso.
Es tiempo, imagino, de suponer que podemos lograr un México digno, donde tengamos científicos y artistas a granel, de alta calidad como de hecho los tenemos y dejemos de pensar que la gloria internacional nos cubrirá a todos cuando escuchemos el himno para que un atleta más ignorante que culto, llore al recoger una cursi copa o una medalla de bronce que le muestre al mundo nuestra superioridad. Ganar en deportes no es una hazaña en México, es un milagro.

agosto 15, 2016

Mis deudas con Jalisco


Hace apenas unos días, un grupo de escritores y periodistas hablábamos de cuáles son los estados que mayores aportaciones le han dado a México. Uno, claridoso, dijo sin titubeos, Jalisco, de allí es el tequila. Le dimos la razón a pesar de que otro señaló que en tal caso, el mezcal proviene principalmente de Oaxaca y que entonces su aportación es magnífica. David Gutiérrez Fuentes, colaborador de estas páginas, pasó al lado intelectual de la plática y pronto estábamos haciendo una lista de escritores, pintores, músicos y académicos y ubicándolos en el lugar donde nacieron y se formaron, independientemente o no de que hayan encontrado el éxito en la arrogante Ciudad de México.

Para no hacer listas eternas (Martín Luis Guzmán el mayor novelista mexicano nació en Chihuahua, como también el notable artista plástico David Alfaro Siqueiros o la familia Revueltas proviene de Durango), fuimos a la caza de estados que han dado multitud de artistas. Eso simplifica la búsqueda. Llegamos a la conclusión de que Jalisco, Veracruz, Puebla y la Ciudad de México han sido literalmente fábricas de artistas e intelectuales. En esas cuatro entidades existen poderosas universidades: la UNAM en la CDMX principalmente, en Veracruz, la Universidad Veracruzana, en Puebla la BUAP y en Guadalajara hay dos significativas.
Como nación hemos vivido hasta hoy en un centralismo fatal. Eso, que en apariencia es una fuente de progreso, nos ha llenado de fuereños, hemos crecido desmesuradamente, la ciudad es en realidad poco gobernable y para colmo y ventaja nuestra, la mayor parte de los grandes centros culturales están en México. Eso sin contar con la arrogancia de los chilangos.
De varias maneras he tenido relación con grandes narradores y poetas de esos cuatro puntos clave del país. Por ejemplo, de Jalisco. Dos de mis grandes maestros fueron Juan José Arreola y Juan Rulfo. Con Arreola mi cercanía fue amplia, llegué a tutearlo y estuve en el homenaje que se llevó a cabo en el soberbio Hospicio Cabañas poco antes de que entrara en su fase final de declinación física. Tanto a Rulfo como a Juan José Arreola los tuve de mentores en el legendario Centro Mexicano de Escritores. No hace muchos meses, unos seis, me correspondió en la UNAM participar en la Cátedra Juan Rulfo con un tema poco tratado: el maestro. Ahora, me invita Orso Arreola a hablar de su padre y su relación intelectual, principalmente literaria, con Borges, el mayor revolucionario literario del siglo XX y lo que va del XXI. Será en unas semanas en la propia casa del narrador, según entendí.
A Yáñez lo traté superficialmente en la SEP. Me hizo el favor de recomendarme para acceder a una beca en Francia cuando él era el titular de dicha dependencia. Sin duda su novela Al filo del agua es el ingreso de la novelística nacional en la modernidad, en especial si tomamos en cuenta a los grandes novelistas norteamericanos, muy preocupados por la forma. Era un hombre severo, pero algunos amigos comunes como José Luis Martínez, un ensayista y crítico literario de muy altos méritos, también jalisciense, Andrés Henestrosa y Alí Chumacero, me platicaron de su “severo” sentido del humor. Alguna vez me tocó en la FIL de Guadalajara hablar de su obra. Una señora distinguida me felicitó y me dijo que Yáñez estaba muy olvidado. No lo creo. Mi propia conferencia y el público que abarrotó el lugar indicaban lo contrario.
Otro escritor nacido en Jalisco que traté fue Emmanuel Carballo, uno de los críticos que mayores polémicas provocaron y que dejó una obra memorable: Protagonistas de la literatura mexicana. Nuestra amistad tuvo altas y bajas, escucharlo era una original clase de literatura. A dos intenté conocer infructuosamente: a Rojas González, cuyos cuentos me conmovieron en mi juventud, y al padre de la novela de la Revolución Mexicana, don Mariano Azuela. En cambio, fui amigo muy cercano de su nieto y también novelista, Arturo Azuela.
Pero sin duda es la FIL de Guadalajara el mejor anuncio de la cultura tapatía. Referente internacional, no hay un festejo literario de esa calidez. He estado en la de Madrid varias veces, incluso allí firmé ejemplares de mi novela Réquiem por un suicida y este año disfruté mucho mi estancia. También la de Buenos Aires es grandiosa. Sin embargo, la de Guadalajara, en donde he participado docenas de veces, presentando libros propios y ajenos, siendo incluso en los inicios jurado del premio que concede, la siento espectacular y muy cálida. Es, en efecto, una feria, un lugar de gozo y algarabía.
Si uno asiste es muy fácil encontrar amigos de valía. O hacer nuevos. Cada vez que uno asiste a la FIL de Guadalajara, entra inquieto y lleno de esperanzas. La salida y el regreso a casa (pienso en mí) es para digerir lentamente, las presentaciones de libros y las conferencias que lo han enriquecido y lleva uno a cuestas un montón de libros y con frecuencia en la maleta ejemplares con firmas de autores entrañables.
La UAM, mi casa de trabajo, inalterablemente participa, siempre de modo distinguido todos los años.
Me falta Puebla. Allí nació mi admirada Elena Garro, amiga a quien adoro y veo como figura principal de México.


agosto 14, 2016

Dublineses, de James Joyce (1/2)

Este libro recibido con dosis de frialdad o de escepticismo. Ya se avizoraban los principios de una guerra traumática y sanguinaria.

[Acaba de aparecer, en la colección Mirlo, que conduce Juan Pablo Tovar, una muy cuidada y digna edición de Dublineses, de James Joyce. Tuve el honor de escribir el prólogo. Desde que Miguel Ángel Quemain me hizo la propuesta, me entusiasmé: jamás pensé prologar a un autor soberbio y complejo que siempre he amado desde que en el bachillerato, el profesor Fausto Vega, parte de El Colegio Nacional hasta su muerte ocurrida no hace mucho tiempo, me hizo leer Ulises y Retrato del artista adolescente, dos monumentos a las letras universales. Confieso que no fue un trabajo sencillo por la cantidad de comentarios y reflexiones críticas que el escritor irlandés ha levantado. La solución fue derivar mis líneas de la experiencia que tuve con la obra solicitada. Dublineses será presentada en breve. Me permito poner ante mis lectores el prólogo que escribí. Es de esperar que el volumen de relatos de Joyce reactive el interés nacional por este inmenso literato].

Para multitud de escritores, intelectuales y lectores el nombre James Joyce es sinónimo de una poderosa y compleja revolución literaria. Con un puñado de libros consiguió ingresar a la difícil eternidad. Requirió de una sintaxis personal, de un lenguaje propio, de su inventiva, para narrar sus historias. Traducirlo no es fácil, implica desentrañar palabras que no están en ningún diccionario o que algún traductor sagaz deberá recrear en español o en francés. Los expertos en Joycepiensan que debe ser leído en inglés cuidadosamente; si lo es en otro idioma, la lectura es imperfecta. Para poder expresarse a placer, Joyce asimismo recurría a lenguas escandinavas, añadió un experto mexicano en el tema: Antonio Castro Leal. Hay, pues, un lenguaje que, aun en cartas o mensajes, es complejo y fascinante, como más de una vez señaló uno de sus lectores devotos en México: Salvador Elizondo.
La tragedia de James Joyce fue —explica Harry Levin, uno de sus mejores críticos— que “no es fácil identificar a Joyce con ningún movimiento literario. Sus propósitos personales lo alejaron por completo de la revolución irlandesa. Unas cuantas revistas de cenáculo se interesaron sinceramente en sus escritos, y una antología imaginista incluyó un poema suyo de la primera época. Pero no cabe en ninguna escuela: él, por sí solo, constituye una escuela”. Este escritor audaz y sin límites nació en Dublín en 1882 y murió en Zúrich en 1943, luego de una provechosa estancia en París, donde comienza a destacar.
De todas las obras escritas por JoyceDublineses parece ser la menos brillante, acaso por ser la que representa menor grado de complejidad; sin embargo, es igualmente provocadora e intensa como las restantes. Su libro emblemático es sin duda el Ulises, al que sus contemporáneos vieron como simbolista o naturalista, siempre desconcertados ante su magnitud. Fue atacado, criticado con virulencia, defendido con ardor, excomulgado, pero pocos le negaron sus cualidades estéticas y de profunda crítica a los valores de su tiempo. En México, la generación Contemporáneos, tal vez por impulso de Salvador Novo, lo contempló con seriedad y admiración: como una de las vanguardias del siglo XX. Pero también tuvo críticos adversos y enemigos del tamaño de Diego Rivera, quien, impulsado por un marxismo sectario, pintó en un fresco de la Secretaría de Educación Pública a un obrero barriendo la basura artística, allí va Ulises, de Joyce
Dublineses apareció en Londres, en 1914. Fue recibida con dosis de frialdad o de escepticismo. Ya se avizoraban los principios de una guerra traumática y sanguinaria. Con el tiempo, junto a Ulises, obra titánica y tal vez el libro más ambicioso escrito en el siglo XX, parece un trabajo menor. Con rigor, se trata de tareas parecidas, pero escritas bajo conceptos literarios distintos. Suele ocurrir que críticos y lectores ven al cuento como una suerte de hermano menor. No lo es.G. Cambon, en la ficha que edita en el afamado Diccionario Bompiani de Autores Literarios, ve los cuentos de Joyce como un conjunto de reproches a su ciudad natal y a él como un “expatriado”. En Ulises, editada en 1922 en París, Joyce está en plenitud y posee la necesaria visión de Europa para darle a su escritura una complejidad que intenta ser clara para los mejores lectores. Como Kafka, dudo que Joyce haya pensado en ellos, no al menos en los más sencillos o simples. Baste señalar que uno de sus traductores al español fue Guillermo Cabrera Infante, quien con libros como Tres tristes tigres produjo cambios sustanciales en las letras latinoamericanas y distantes del español de España. Mario Vargas Llosa, autor de novelas magníficas, asimismo analista literario severo, compara a Joycecon Flaubert al ser ambos autores de extremo rigor. Joyce seguía al francés dueño de la frase Le mot juste.
Sin embargo, pese a sus complejas relaciones con su natal Dublín, con sus estudios iniciales, sus creencias religiosas y con muchos de sus contemporáneos, Joyce se convirtió rápidamente en una influencia benefactora de grandes escritores europeos y norteamericanos. Lo mismo Dylan ThomasT. S. Eliot y Ezra Pound, que Virginia WoolfWilliam FaulknerProust y Mann

agosto 12, 2016

Senectud y soledad

Sin duda, soy casi un típico mexicano, pues desde niño fui ruidoso, en la adolescencia pasé a los escándalos y para qué seguir describiendo mi poco silenciosa y licenciosa vida. Pero esa misma ruta bulliciosa y plena de algarabía me condujo a estudiar el posgrado en París y aunque Hemingway escribiera un notable libro diciendo que “París era una fiesta”, no me tocó a mí. En 1970 era una ciudad sólo estridente en las zonas turísticas y eso hasta horas razonables. Luego, el silencio de los inocentes.
 Ya había pasado el Mayo francés de 68 y sólo de vez en vez una manifestación rompía la tranquilidad de los hermosos barrios, como decía Aragon. Al notarlo, fui modificando mis hábitos. Mi primer cumpleaños en esa ciudad me vi obligado a pedir permiso a los habitantes del edificio donde vivía y a las autoridades policiacas del quartier. Me lo dieron con la condición de no hacer mucho ruido. ¡Imposible imaginarse una fiesta mexicana sin gritos y música de mariachi! Para fortuna de mis vecinos, nunca he sido afecto a ese tipo de música. Pero el rock que me encanta es igual o peor de atronador, sobre todo cuando tocaba Sex Pistols.
Estaba acostumbrado a escribir de noche y entonces las máquinas eran mecánicas y las eléctricas igual de estrepitosas. Ante las protestas de los departamentos contiguos al mío, comencé a redactar novelas y cuentos y uno que otro trabajo escolar en las mañanas. Ahora escribo en las madrugadas.
Hace un par de años fui invitado por la Universidad de Copenhague y la embajada de México en Dinamarca a dar una conferencia. La dicté y listo. El decano y un grupo de maestros hicieron un brindis casi silencioso en mi honor. Al día siguiente, en un museo, me encontré a una de las maestras que me escuchó. Nos saludamos e iniciamos una plática en la que consideré de buen gusto elogiar a su hermoso país, su espléndida universidad y las muchas ventajas que concede el Estado de bienestar imperante. La señora repuso: En efecto, todo eso es la parte grata, amable. Pero nada puede remediar un problema grave que suele conducir al suicidio: la soledad. Nadie en este país tiene carencias, todos reciben atención médica y visitas de enfermeras y personal entrenado para atender a las personas de edad avanzada. Hacen un frío trabajo profesional y listo. Cumplen, en suma, pero no se lleva a cabo con afecto, calidez, quizás respeto y cariño.
Mire usted, prosiguió la académica, hace unos meses los medios destacaron una noticia: Una señora casi inválida le pagó al cartero para que el Día de las Madres le llevara un regalo. Así lo hizo y ambos fingieron sorpresa y dicha.
La verdad es que la señora dinamarquesa me sorprendió, era un aspecto sobre el que jamás había hecho una reflexión. Enseguida me narró historias de suicidios por soledad y el colmo fue escuchar que el gobierno de la monarquía buscaba personal adecuado para tratar ancianos entre los latinoamericanos y los árabes. Son muy amables y afectuosos, me dijo al final, y yo no supe qué hacer sino una broma: Pues buscaré trabajo en Dinamarca.
Todo esto me viene a la mente porque acabo de leer en un importante diario capitalino, en primera sección, en toda una plana, que en Italia, concretamente en Roma, una pareja de ancianos pidió ayuda a la policía para que la visitaran y así paliar su tristeza. Los policías, muy atentos (son italianos, no mexicanos), fueron al departamento de la pareja y ellos mismos cocinaron pasta. Los octogenarios fueron felices al menos por un día. Dudo mucho que la policía cuya misión no es procurarles felicidad a personas de avanzada edad, sino protegerlas de maleantes, haga comidas para apoyar a quienes se sienten solos y están tristes. Lo que más me llamó la atención fue que la larga nota destaca, entre artículos sobre el duelo entre Hillary y Trump y comentarios sobre las pillerías habituales de los políticos mexicanos, la historia ocurrida en Roma.
No tengo idea cómo sean tratados en México los que llegaron a la tercera edad o a la cuarta, soy un venerable ancianito y jamás he necesitado ayuda, al contrario, busco con nostalgia el tiempo libre que me permitía escribir con calma. No me gustan las visitas a casa y menos ir a fiestas. De tal manera que el trabajo periodístico, con datos de EFE y DPA, me impresionó, particularmente al enterarme que científicos de ese país trabajan en robots que tienen en su inteligencia artificial un programa para que ayuden a mitigar la soledad. Carajo, ¿no podría el Inapam adquirir esa nueva tecnología porque no veo que sean muy gentiles con las personas de mayor edad?
En mi novela Réquiem por un suicida, justifico la muerte voluntaria o con ayuda, la veo como un acto de libertad y me parece que es una manera digna de evitar el dolor, la soledad y las depresiones. Por lo pronto, me impactó tanto el largo artículo que hasta yo traté el tema que me dejó una duda: ¿quién impulsará mi silla de ruedas personalizada? ¿Lo hará con cariño o por cobrar solamente un salario?




agosto 10, 2016

Todos contra el PRI

La mejor prueba de la aversión al PRI quedó clara en 2000. Alguien tan pobre intelectualmente como Fox, y no el PAN, le ganó al partido que parecía invencible. Sin embargo, doce años después Enrique Peña Nieto, con ciertas dificultades, lo regresaba al poder. Los dos gobiernos panistas fueron tan malos que la sociedad abandonó el hartazgo en espera de un nuevo rostro del instituto que nos es tan familiar.
Sin embargo, el PRI siguió igual, con su rutinaria tarea de seleccionar a los peores hombres y mujeres para gobernar. La corrupción continuó plácidamente y los nuevos funcionarios eran expertos en multitud de temas y simultáneamente desconocía los problemas nacionales. Por la SEP han pasado dos que poco o nada les interesaba la educación pública. Aurelio Nuño es en especial distante y se nota hasta en las selfies. ¿Algo se logró contratando a Rosario Robles?
Por el otro lado, los partidos que parecían aplastados por el PRI, se recuperaban. El PAN creció, dejó de lado sus fobias hacia la supuesta “izquierda” y ha ido arrebatándole estados al otrora poderoso partido oficial. “La “izquierda” nuevamente se dividió: López Obrador, decidido a tener un organismo electoral para él solito se fue y se llevó a miles de votantes. El PRD se quedó en su gran baluarte, la Ciudad de México, con la mitad. Pero hay algo más, las ilusiones de los “independientes” han crecido. Cada día aparecen nuevos candidatos sin partido a la espera de tenerlo a su gusto, bajo sus condiciones y son ya una legión de apariencia temible y ruidosa. Falta que aumenten cuando sobre todo el PRI mantenga sus prácticas políticas que son por demás obsoletas. Cuando le diga que no a un aspirante a gobernador popular para imponer a un amigo o familiar del presidente, la reacción será natural: renunciará al partido donde se formó y se hizo rico para ponerse a la venta del mejor postor.
Miguel Ángel Mancera es un caso interesante. Sin ingresar en el PRD obtuvo la candidatura al entonces DF, triunfó de manera aplastante y ahora, con huestes deficientes y mermadas, espera ser el candidato de un “frente común” para arrebatarle Los Pinos al priismo al que pocos le ven un futuro exitoso. ¿Cómo sería tal frente, quiénes lo integrarían, cuál sería su proyecto político y económico independientemente de “salvar a la patria”? De entrada López Obrador ha mostrado una y otra vez resistencias a formar alianzas con el PRD y con el PAN, pero como bien sabemos el tabasqueño cambia de opinión con facilidad y según sus intereses del momento. Muchos han considerado esta propuesta del jefe de gobierno capitalino como una ofrenda de paz a López Obrador. El PAN, en su turno, tampoco vería mal un “frente común contra el PRI”, sólo que no ve a otro candidato presidencial que a alguien de los suyos, Moreno Valle, Margaritas Zavala o Ricardo Anaya. Falta saber qué piensan los “independientes que decidan añadirse al grupo y las opiniones de partidos pequeños”.
Por lo que respecta a la unión de las “izquierdas”, un sueño largamente acariciado y siempre de triste despertar, el ex perredista Fernando Zarate Salgado dijo que la propuesta de crear “un frente progresista contra el PRI es algo fuera de la realidad”. Su opinión es importante porque de un lado refleja la realidad histórica de las fuerzas de izquierda y de todos los intentos que han hecho para unificar tareas; del otro, es alguien que conoce a la izquierda que a diario vemos: corrupta, sin propuestas ideológicas y buscando el poder para satisfacer ambiciones propias, no las de los sociedad. Su reacción fue breve e irónica: “Es un sueño guajiro la unión de la izquierda”.
Los “frentistas” piensan también en el PAN. Al parecer no se han dado cuenta que sus “compañeros de ruta” los utilizan, buscan sus votos, no piensan en ellos para dejarles tareas de alto rango. Son “tontos útiles”. Más claro. Acción Nacional ya dijo desde distintas voces que MAM sólo busca una solución personal, pues en rigor sólo cuenta con un partido maltrecho y sin rumbo claro, que no se repone del golpe que le propinó López Obrador.
Mancera insiste en que su proyecto va más allá de los partidos. Pero no es fácil convocarlos para decir que tiene en sus manos una idea que los hace de lado. Su postura de no afiliarse al PRD y sí utilizarlo como plataforma, es hábil, pero, me parece, que hasta aquí llegó. Su independencia es una impostura.
Por ahora la propuesta de Mancera, dicha con mucha frivolidad y pocos elementos de análisis no parece viable. Es evidente que las cosas cambiarán en la medida en que se acerque la sucesión presidencial. De lo que no hay duda es que el PAN, luego de sus éxitos y de los que pueda alcanzar, no parece requerir de alianzas o frentes. Ya utilizó al PRD y quedó en claro que sólo los panistas triunfaron.
   Pocos saben qué harán PRI y el gobierno de Peña Nieto. Dudo que se queden aguardando una derrota apabullante con todos los partidos sumados en su contra. Algunos de sus militantes con espíritu crítico, no domados, piensan que van con retraso. Mucho. Dejando oportunidades a granel en el camino por la falta del empuje que le sobra a Morena.

agosto 08, 2016

¿Políticos pobres?

"La política es una empresa para y de millonarios.


¡Pobres políticos!


Uno de los militantes del PRI más afamado en su larga historia fue el mexiquense Carlos Hank González, quien ocupó los más altos cargos como gobernador de su estado y jefe de la hoy Ciudad de México. A presidente no llegó porque su padre no nació en México y existía la prohibición. Era un hombre poderoso y, según las leyendas políticas, era agudo, inteligente y hasta poseía un serio barniz cultural. Como don Adolfo Ruiz Cortines, gustaba de crear frases ingeniosas como aquella que indica algo cierto hoy en día: “Político pobre, pobre político”.
Solía hacer buenos amigos entre los intelectuales y periodistas más destacados del país y cuentan que los compraba de mil maneras, desde las burdas hasta con algunas gestiones cordiales y sutiles. En tal sentido, hay todavía infinidad de libros y reportajes sobre esa figura del aparentemente inexistente Grupo Atlacomulco. Algunos de sus familiares más directos ocupan cargos importantes en la administración de Peña Nieto.
Sin duda, Hank González supo bien descifrar los enigmas del sistema político mexicano. A ningún lado se llega sin dinero, mucho dinero. Pero podemos abonar algo más a favor del político rico. Hasta hace unos años, el mexicano promedio imaginaba que la corrupción era típicamente un fenómeno priista. Hoy sin dificultades sabemos que la derecha (bien representada por el PAN) es asimismo corrupta, y para colmo los empresarios no se caracterizan por su honestidad. Lo peor es que la supuesta izquierda, bien representada por el PRD y sus distintas tribus o corrientes y Morena, tienen entre sus dirigentes probados ricos cuyas fortunas se desconocen y que jamás las declaran o mienten con desfachatez acerca de los grandes recursos que les permiten moverse por todo el país, lo que implica en verdad infinidad de millones.
Hace poco vimos asombrados en los diarios las fortunas oficiales (desconocemos las reales) de dos dirigentes de partidos: Alejandra Barrales y Enrique Ochoa Reza, ambas son atractivas o envidiables. Con menos de 50 años de edad y muy pocos de militancia política, han acumulado sumas atractivas y muy difíciles de tener si la profesión es otra y uno es honrado.
El más distinguido profesor universitario, con posgrados y muchos méritos académicos, no llega a tener tantas propiedades ni tanto dinero en el banco y en inversiones. En esta acción demagógica de tres de tres, algunos senadores y funcionarios de primer nivel citaron, según la edad, los cargos ocupados y el monto de “las herencias recibidas”, algunos confesaron ganar hasta ocho o nueve millones de pesos al año.

No pienso buscar cuánto gana un universitario de larga y vasta obra como Miguel León Portilla, tan lleno de premios y reconocimientos limpiamente ganados, pero sí conmigo, para retirarle la tentación a esos imbéciles “caballeros templarios” que hablan para extorsionar casi tanto como los expendedores de tarjetas de crédito, que sumado mi sueldo de profesor universitario con posgrado y luego de cincuenta años de ejercer la docencia, no llego al millón y medio de pesos al año. Sólo hay que quitarle impuestos (soy cautivo) y pensar en el costo de la vida en la sufrida Ciudad de México tan mal gobernada por Miguel Ángel Mancera.
Esto es, la política es una empresa para y de millonarios. Puede haber “independientes”, pero también necesitan mecenas, prestamistas y compradores de servicios gubernamentales.
López Obrador ya perdió la manía de señalar dos frases falsas: “primero los pobres2 y “luchamos contra la mafia del poder”, pero se sostiene a pesar de los millones que gasta en sus ya tediosas y costosas campañas presidenciales (“Ésta es la vencida”). Lo raro en este caso que a nadie, a ningún periodista crítico y “democrático” se le ocurre cuestionarlo como lo hacen con Peña Nieto, por ejemplo. El hombre, de apariencia pobre, tiene al país aterrorizado. Uno, hacen polvo al presidente en turno, no a López Obrador, quien se pasea por el país anunciando la llegada del Mesías.
Si quisiera ser diputado o asambleísta tengo, supongo, todos los requisitos que la ley exige, todos menos uno: dinero para llevar a cabo mi campaña. Lástima. Equivoqué la vocación.

Tantadel nuevamente

Hace una semana, reapareció mi novela Tantadel, ahora editada por Lectorum. Esa obra, según el crítico literario John S. Brushwood, el académico norteamericano que había leído todas las novelas mexicanas, marcó una ruptura en mi literatura. Hasta ese momento mis novelas trataban temas políticos o sociales, donde predominan la sátira, el humor negro, la burla política, la ironía hacia muchos grandes santones del mundo intelectual de la época. Las palabras del estadunidense aparecen en el libro La novela mexicana (1967-1982). Algunos escritores y periodistas como Alberto Dallal, dijeron estar de acuerdo. Tantadel me había hecho ingresar al soberbio tema del amor o tal vez del desamor, a contenidos intimistas.
Efectivamente, Tantadel, editada en el viejo Fondo de Cultura Económica, narraba a través de una voz enigmática los problemas amorosos de una hermosa mujer, a la que bauticé con ese nombre. La crítica literaria de aquel tiempo fue en general atenta, salvo algunos casos como el de mi amigo Froylán López Narváez, quien hizo una nota destructiva en el Excélsior de Julio Scherer. Quiero destacar los comentarios agudos de Jennie Ostrosky, Bernardo Ruiz y de Francisco Zendejas, crítico de Excélsior, quien por cierto fue el creador de los grandes premios literarios como el Xavier Villaurrutia y el Alfonso Reyes. Curiosamente las mejores opiniones llegaron de Estados Unidos por boca del citado Brushwood, Norma Klahn, Theda M. Herz y algunos otros que escribieron profundos artículos al respecto.
Fue un caso de buena aceptación: la atormentada mujer, que bien podría ser vista a la luz de laEmma de Flaubert, pronto tuvo en la misma empresa tres o cuatro ediciones, la última tiene una notable portada de José Luis Cuevas. Su carrera siguió en la serie Lecturas Mexicanas de la SEP donde tuvo un tiro de 40 mil ejemplares que en un año desapareció. Más adelante emergió junto a otra novela mía: La canción de Odette y jamás supe las razones de tal fraternidad; así la editó Nueva Imagen durante la compilación de mis Obras completas hasta el año 2000. Ahora Lectorum, una empresa novedosa y audaz, con una distinguida portada de Parágrafos, le dio valioso impulso a esa mujer. Puedo decir orgulloso que Tantadel ha resucitado, ahora con el apoyo de las redes sociales.
En estos días, en diversos programas radiofónicos he tenido que recordar los orígenes de tal novela. Repetir algunas opiniones sobre ella. Pero lo que más me preguntan es quién fue el modelo de la novela. Honestamente no sé qué responder. En realidad se me ocurre que es la suma de algunas de las mujeres que hasta ese momento conocí, antiguas novias que dejaron huellas en mi vida y algo básico para un hombre como yo que ha hecho literatura de la literatura, que nada ha inventado, sólo ha puesto las personas, sus pasiones y sentimientos de otra forma, a mi manera, diría Frank Sinatra al interpretar “My Way” de Paul Anka. Y es verdad, cuando comencé a escribir Tantadel desconocía los celos y los hallé en dos libros: Historia de un amor de Horacio Quiroga y El túnel de Ernesto Sábato. Recuerdo que cuando escribí mis primeras historias amorosas recorrí de nueva cuenta una multitud de obras clásicas amorosas.
En este caso es el personaje el que ha superado al autor: ella sigue siendo muy bella y difícil, yo, en cambio, que ni siquiera soy el famoso narrador omnisciente, sino alguien que observa a la fascinante y compleja mujer, acaso asimismo enamorado sin posibilidades de ser correspondido. Tengo la impresión de que no es una novela realista, hay en ella muchos fantasmas y sí es, en cambio, un trabajo urbano, sin duda de la amada y detestada Ciudad de México, hoy un infierno.
La portada de Tantadel me gusta más que las anteriores; ella aparece distinguida, con finos trazos clásicos, llamativos y desconcertantes. Algunos pintores amigos míos la han dibujado siempre desnuda, al parecer les llamó la atención que una mujer exhibicionista se paseara frente a una ventana. Yo la pintaría nerviosa, inquieta, diciéndole a su actual pareja que va a encontrarse con el hombre anterior para discutir el final de su relación amorosa porque una nueva ha entrado en su vida. Es una escena, creo, conmovedora, donde vemos a una mujer no tan segura como aparenta, hablándole a un hombre muy distante de ser lo que muestra a primera vista.
Me gustaría añadir que alguna vez la estimada actriz Jacqueline Andere me dijo que le gustaría producir Tantadel. Una de tantas crisis económicas encarecieron los costos del filme y el guión escrito por un joven narrador se quedó archivado. Acaso haya sido lo mejor, siguiendo los comentarios de la citada Norma Klahn, lo que cuenta de la obra es su estructura y el trabajo literario, a tal grado que ella escribió un importante ensayo sobre la estructura de la novela corta en dos casos: Aura de Carlos Fuentes y Tantadel de René Avilés Fabila.
Espero que esa mujer asombrosa y libre, sin ataduras religiosas ni sociales, pueda ser mejor entendida por la actual generación de lectores.