mayo 20, 2013

La atroz dictadura de Videla


Nunca, salvo en Argentina y España, pasé algunas semanas en medio de una feroz tiranía. En Madrid me tocó, en 1970, escuchar lo que posiblemente fue uno de los últimos discursos públicos de Francisco Franco. Me abrumó, mejor dicho, abrumó al joven militante marxista que era yo: lanzas de fuego contra los “rojos”. La Plaza de Oriente estaba a reventar y los gritos que coreaban al brutal dictador, el hombre que asesinó a todos los sospechosos de ser izquierdistas luego de su triunfo militar apoyado por fuerzas nazis y fascistas italianas. Fue una experiencia atroz y eso que yo casi acababa de pasar la noche del 2 de octubre de 1968.

Justamente a causa de esa fatal noche mexicana, escribí una novela, El gran solitario de Palacio, que no halló editor en México. De Buenos Aires recibí una propuesta para editarla en Fabril Editores. Los trámites se hicieron por correo y al fin la obra apareció al lado de libros de la uruguaya Clara Silva, esposa del crítico literario Alberto Zum Felde, y el chileno Carlos Droguett, autor de un clásico latinoamericano, Eloy. La lucha anticomunista estaba en pleno, la Revolución Cubana era considerada como un enorme peligro para las “democracias” y Estados Unidos había desatado la Guerra Fría contra la Unión Soviética. América Latina hervía. De un lado las tesis guerrilleras seguían siendo válidas, del otro Salvador Allende lograba el objetivo de consolidar el socialismo por la vía electoral. Los militares de todo el continente estaban inquietos, la derecha se organizaba para frenar el avance del socialismo. La CIA controlaba aeropuertos y vigilaba los movimientos de las fuerzas de izquierda, celosamente.

A ese Buenos Aires llegué en 1971. Lanusse gobernaba. Era el principio de la violencia. Muchos argentinos mantenían las esperanzas de que el retorno de Perón mejorara las cosas. Pero el político, que en compañía de Evita dejó una huella imborrable, era ya un hombre viejo, que vivía de nostalgias y que tampoco gozaba ya del apoyo de las fuerzas armadas. Aquel fue un viaje inolvidable. Pude conocer a Jorge Luis Borges personalmente, dos veces lo visité en su oficina de la Biblioteca Nacional, entonces en la calle México. Ante mí desgranó sus recuerdos de Alfonso Reyes y habló de literatura, aunque no dejó de contarme por lo menos un par de chistes sobre Eva y Juan Domingo Perón. No olvidaba los agravios que de ellos recibió el notable narrador y poeta. Me hice buen amigo de Juan Carlos Ghiano, un crítico y novelista de excelencia, conocido en México. Pero fue de Haroldo Conti de quien me hice más amigo. Juntos recorrimos diversos lugares de ese gran país. En una noche de veda de carne, Aroldo y su esposa optaron por llevarme fuera de Buenos Aires, a donde podríamos eliminar la disposición del gobierno. Así fue. Al regreso, en la carretera, casi por entrar en Buenos Aires, militares fuertemente armados y tanques, nos detuvieron para pedirnos identificación. Fueron violentos y amenazadores. Yo no la llevaba, Haroldo y su esposa sí, estaban acostumbrados a los estados de sitio y a los toques de queda. No era mi caso. Por fortuna, como narro en mi libro autobiográfico Recordanzas, al explicar que yo era turista mexicano, los soldados se rieron majaderos y dijeron: pero che sí habla como Cantinflas y me dejaron pasar. Fue un hecho ridículo, pero pude observar la brutalidad de los milicos argentinos.

Pasaron años sin volver a Buenos Aires, pero jamás dejé de escribirme con Haroldo Conti. En ellas me contaba cómo la brutalidad crecía, se agrandaba. Sus palabras eran conmovedoras, pero reflejaban la gravedad de la situación política en Argentina. De pronto sus cartas desaparecieron, no volvieron a llegar y las mías se perdieron en alguna parte enigmática. La información que recibí de algunos camaradas que llegaban a México huyendo de golpes militares salvajes, draconianos realmente, me llevaba a una conclusión: Haroldo Conti había sido asesinado por los torturadores, muerto a golpes, sometido a brutales torturas porque era un izquierdista amigo de la Revolución Cubana.

Aquello, pienso en los años, fue en los primeros meses de Jorge Rafael Videla, quien ejerció brutalmente el poder, no era un militar, sino un criminal uniformado, cuando asesinaron a un enorme escritor, un hombre bueno, generoso, que buscaba lo mejor para su país y para América Latina. Ahora me llega la noticia de que el asesino ha muerto recluido en la cárcel, donde estaba cumpliendo cadena perpetua por delitos de lesa humanidad. Apenas merecido. Fueron cientos, acaso miles los ciudadanos que murieron bajo el fuego y los golpes de los militares argentinos. Tenía 87 años de edad y a su paso fueron asesinados muchos argentinos decentes y valerosos. La presidenta María Estela Martínez de Perón lo nombró comandante en jefe del ejército y le agradeció derrocándola. Era un perfecto personaje del clásico libro de Borges: Historia Universal de la Infamia.

mayo 19, 2013

El novedoso PRI


La salida de Humberto Benítez Treviño de la Profeco, tiene muchas lecturas. ¿Cuál hará la hija incómoda al pedir dinero al papá para actualizar su guardarropa? Los medios mostraron júbilo y el PRD y el PAN se sumaron: efectivamente hay un presidente sensato, justo y con cinco mexiquenses menos en sus filas. La mayoría mantiene el escepticismo natural luego del paso depredador de varias décadas dominadas por el PRI. Recuerda que la política mexicana se hizo amigable con el dinero y los funcionarios, al salir de sus cargos, estaban convertidos en grandes empresarios e inversionistas. La lista de los corruptos es infinita.
Lo adecuado es mostrar serenidad y esperar a que el sexenio avance. En todo caso, el despido de Benítez Treviño se debe a la crítica social expresada por los medios. De no ser así, seguiría en el cargo: él no fue culpable sino el mesero que no le concedió a su hija la mesa exigida. Ah, y los solícitos funcionarios que sin una reflexión política procedieron a sancionar al restaurante.
La solución de Peña Nieto fue espectacular. El propio secretario de Gobernación la puso ante los periodistas. Fue una medida natural en países avanzados en su administración. Una vez, en plática con funcionarios de alto rango, dije que los periodistas debían ser críticos severos de la gestión pública. Uno preguntó: ¿Y si el funcionario realiza un buen trabajo? Entonces, repuse, el comunicador guarda silencio, les pagan muy bien por cumplir con su tarea. Eso es lo que hizo Peña Nieto.
 Si somos realistas y severos, el PRI jamás acabará de amortizar sus culpas. No hay Purgatorio para ellos. No es una frase rencorosa sino el recuerdo persistente de un turbio y autoritario actuar. No retrocedamos mucho, basta con ver cómo gobernó Mario Marín en Puebla: salió millonario y con una familia que alardea su fortuna en revistas de sociales. Añadamos al recién salido de Tabasco, Andrés Granier, quien habla de un guardarropa excesivo; nadie en el estado desconoce que él y su parentela gozan de una sobrada cantidad de propiedades y dinero. Si al menos fueran discretos.
No se trata de culpar a uno o cien priistas, sino de recordar la manera en que han gobernado. El nuevo mandatario deberá hacer un gran esfuerzo para que los mexicanos eliminemos la imagen del autoritarismo draconiano o de la corrupción voraz. De probarnos la transformación, el PRI podría asegurar su presencia en Los Pinos más tiempo. No lo sé: la historia es imborrable y terca.
Que los hubo honestos es cierto. Pero eran rarezas, la nación padeció excesos atroces bajo Alemán, Echeverría o López Portillo, cuyo primogénito era “el orgullo de su nepotismo”, hechos que están en la memoria colectiva. Los indicadores internacionales siempre han visto a México como potencia en corrupción y de ella no escapa ningún rubro. No sólo es Roberto Madrazo robándose varios kilómetros en una maratón, lo es también modificar la edad de un seleccionado de jóvenes futbolistas para que jugaran fuera del país.
 La lucha contra la corrupción aparece y desaparece. Cuando llegó a un nivel severo, Miguel de la Madrid creó la Secretaría de la Contraloría para frenarla. No lo consiguió, no obstante, pudo crear más empleos para los políticos, entonces sólo del PRI.
La remoción (el término es adecuado, ya Benítez encontrará otro buen empleo, cuando la tempestad amaine) trajo aires purificadores, pero no acaban de despejar el cielo bajo el cual se ha movido un borrascoso PRI. Viendo bien las cosas, no sólo este partido ha disfrutado de la corrupción, asimismo lo han hecho los perredistas en donde han gobernado y, desde luego, el panismo que se declaraba enemigo mortal de dicha calamidad nacional. En doce años consiguió sumarse a la corrupción e irse al tercer sitio electoral. Es posible que como funcionario, Benítez haya sido aceptable, pero no supo educar a sus hijos, dejó de lado el republicanismo ejemplar que presumió.

mayo 17, 2013

Qué comer para vivir saludable

Para Bernardo Ruiz, sus excesos y los míos,

son la suma de todos los males.

Cuando era niño de primaria, mis maestros, obviamente en escuela oficial, nos transmitieron una recomendación de la ONU, concretamente de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés). Recomendaban que, para ser sanos y fuertes, comiéramos una dieta a base de alimentos claves, los que Europa y EU consideraban inmejorables: carne, huevos, leche, pan de trigo, mantequilla. En esos tiempos no había inflación galopante y en realidad los niños que rodeábamos al profesor de segundo año de primaria podíamos llevarla a cabo. No sabíamos que había miseria en el campo y que la ciudad capital estaba rodeada por zonas miserables. Así viví hasta la juventud, cuando incorporé a mi dieta básica el alcohol, la sal, el picante y desde luego la comida irritante y grasosa.

Los únicos obesos que veía entonces eran unos cuantos bebedores empedernidos de cerveza y pulque, todos botaneros, y el legendario luchador de peso súper completo La Tonina Jackson. Puedo presumir, como lo hacía Carlos Fuentes, a pesar de los excesos, que aún utilizo algunas ropas que compré a los treinta años de edad. Mis amigos y algunos lectores no ignoran mi edad y sólo tengo hernia hiatal a causa de la salsa Tabasco, los limones y acaso el tequila.

Digo lo anterior porque hace unos días leí en La Crónica que la FAO propone comer insectos para paliar el hambre. Pero antes debemos recordar que aquella primera recomendación del organismo internacional, fue descartada por la ciencia: ahora resulta que todo nos hace daño: la carne produce ácido úrico, los huevos y derivados de la leche, nos brindan una espléndida ración de colesterol y el pan de trigo engorda. Sólo que la humanidad ha comido carne desde siempre y no sólo ha llegado al número impresionante de habitantes que padece el planeta sino que la esperanza de vida es alto.

No he sido ni por asomo vegetariano, ni he cuidado mi organismo de las “malas” comidas, no eludo la chatarra cuando veo un partido de futbol americano o el box (los únicos deportes que gozo) y poco frecuento a los médicos, los que, además, suelen cobrar fortunas y no ser muy atinados. Trato de precisar que no aspiro a ser un muerto sano. Me cuido lo posible, sólo que no me gusta desperdiciar la oportunidad de comer tacos de grasientas carnitas. En rigor, soy tacólico.

Ya me presenté. Me gustaría seguir la recomendación de la FAO y tener la dieta que para pobres recomienda: insectos. Pero una vez más un organismo internacional falla. En México y en otros muchos países, los insectos y las cosas exóticas como los pobres perritos en Corea (igual que en el mundo prehispánico) los comen. En mi primer viaje a Corea del Sur, me percaté de que aquella carne tan sabrosa que estaba devorando en un restaurante de lujo, era de perro cuando comencé a ladrar. En París, sufrí un colapso cuando supe que estaba ingiriendo carne de caballo. Lo comenté con una francesa y me dijo ¿Y? Fue todo. La respuesta estaba dada. Aquí comemos gusanos de maguey, escamoles, arañas, víboras, grillos, changos, iguanas, conejos, en fin, una larga lista de alimentos de esa índole y nadie se alarma. Es cuestión cultural.

Para convencernos, la FAO especifica que el mundo consume más de 1,900 especies de insectos, los más utilizados son las abejas, las hormigas, los grillos y las langostas. Tienen multitud de virtudes, afirma. Seguramente la FAO desconoce los precios de los gusanos de maguey o de los escamoles. No hay dinero que alcance, no es dieta de pobres. Es una recomendación saludable para ricos.

Es correcto, las autoridades nacionales e internacionales tienen que velar por nuestro bien. Prohíben el tabaco, indican que debemos beber de forma moderada, nos quitan los saleros de los restaurantes, anticipan que las papitas y las cosas fritas, producen obesidad y muestran horribles fotos de niños gordos y de personas con cáncer pulmonar por haber fumado. El paternalismo nos oprime.

Algunos de mis mejores amigos han superado los cien años de edad y jamás se plegaron a los consejos del Estado o de los organismos internacionales. Mi querido Andrés Henestrosa festejó su centenario en medio de ruidosa comida, en la que me dormí por el mucho mezcal. Cuando un tonto comentarista de Televisa le preguntó la razón de su avanzada edad en lugar de interrogarlo sobre literatura (estaba ante un erudito), Andrés respondió: Gracias a los excesos, bebí, comí, amé, todo en demasía y aquí estoy.

Sé que muchos se molestarán por lo que escribo, así veo las cosas y así como respeto a los vegetarianos y a los abstemios y a los que traen consigo un vademécum y un dietista de planta, no me entrometo en sus frugalidades. Hay libertad de cultos y cada quien puede seleccionar con quién casarse, hombre con hombre, mujer con mujer, y yo demando que respeten mi dieta hecha meticulosamente a base de todo y siempre rociada con alguna bebida que no es de moderación. ¿El alcoholímetro? No me importa. Viajo en Metro o en taxi cuando tengo dinero. Finalmente como dicen que decía el célebre Winston Churchill luego de cumplir 80 años: Sigo fumando y bebiendo escocés y si no hago el amor no es por falta de ganas…

mayo 15, 2013

La importancia de llamarse internet


El escritor suizo Peter Stamm, quien vino a México a participar en un coloquio sobre nuevas literaturas y nuevas lecturas, según leo en los medios, fue entrevistado y le dijo a la periodista Virginia Bautista algo que llamó mi atención: “La literatura es lo opuesto al internet”. Añadió que le gusta la intimidad de los libros y que las redes lo distraen. Tiene razón. Hasta hoy podríamos decir que la función de internet es ajena a las letras, al arte. Sin duda el mejor sitio para escuchar un recital de piano es la sala de conciertos, así como una exposición de óleos es mejor apreciada en la galería o en el museo. No vivo sólo de nostalgias y he podido adaptarme bien a las nuevas tecnologías. Observo que tienen principalmente dos usos, ambos ajenos a la literatura: la comunicación entre las personas, particularmente aquellas que quieren paliar la soledad y al mismo tiempo ensanchar su campo de amistades, acaso buscando alguna sorpresa, salir de la rutina, y el otro uso, desahogar sus problemas políticos, externar sus opiniones, participar con una especie de periodismo no profesional, pero que sí refleja los estados anímicos de una sociedad. En tal sentido, el caso de la niña Profeco, hija de un importante funcionario, es una buena muestra. Internet muestra las reacciones inmediatas ante una pésima acción política o es sensible ante algo positivo. En países sin libertad de expresión o con amarras en este aspecto, contribuye a divulgar mensajes, consignas e información sobre autoridades tiránicas.

Podríamos concluir de modo apresurado señalando que internet tolera un tipo de periodismo no profesional, que no es posible considerar como algo serio, son informaciones inconsistentes. Hay rumores, opiniones llenas de pasión y hasta allí. Sin embargo, ha sido muy útil en tanto escuela de periodismo. Es algo rudimentario, pero pronto mejorará, estoy convencido. Los mensajes de pocas palabras, que poseen nuevos códigos, donde las abreviaturas y los signos se han convertido en un lenguaje rápido, con mala sintaxis y lamentable ortografía, tarde o temprano evolucionarán y tendrán un peso notable en las sociedades. Ya es una poderosa arma ciudadana. Y, por qué no, una forma de buscar amistad y amor.

Ahora, el tema propuesto por el literato suizo es la literatura. La intimidad con un libro, uno la mantiene con una tableta que tiene veinte mil libros y pueden ser llevados a una confortable sala para gozar la belleza de novelas, poemas y cuentos, obras dramáticas. No veo más diferencia que la manufactura: los libros son de papel y las computadoras plásticas. Pero hay algo clave: la alta cultura (uso la terminología de Mario Vargas Llosa en su libro La civilización del espectáculo) ha ido desapareciendo de los medios, electrónicos o escritos. En su lugar se ha impuesto la frivolidad, una cultura comercial que bien manejan las estaciones televisivas y radiofónicas. No hay tampoco buenos suplementos culturales. Los diarios apenas hacen mención de la intensa vida cultural de México y sí a cambio centran su actividad en la política más escandalosa, en los deportes y la frivolidad. Para qué hablar de los medios electrónicos: allí se concentra la mayor basura intelectual de un país. Programaciones baratas tan sólo para enajenar a un amplio sector de la población. La cultura cede espacio al impetuoso espectáculo comercial. Cuenta el rating, no el talento y la inteligencia, la cultura y la academia.

Dentro de este último aspecto, digamos, ¿dónde despega un joven poeta, dónde un novelista que ha concluido su primera novela y dónde muestra su obra la pintora novel? No hay mucho para escoger, atrapados como están los jóvenes intelectuales y artistas, entre autoridades poco sensibles y editoriales en exceso lucrativas, exploran las redes sociales. Allí aparecen desde intentos de poemas y minificciones, hasta breves ensayos sobre diversos temas. Los más audaces conforman un blog y desde allí muestra su trabajo inicial. Algunos de los que he podido ver son notables y a la calidad de sus materiales, es posible añadir un diseño adecuado e imaginativo del autor.

Consecuentemente las redes sociales, internet es por ahora una buena pista de despegue, un sitio donde los jóvenes y los no tan muchachos puedan convertir en realidad sus mejores sueños. Si el viejo mundo le cierra las puertas a la cultura, no así las nuevas tecnologías, donde existe la posibilidad de publicar un cuento bisoño, pero esperanzador, mostrar un cuadro que ambiciona ser arte o ponernos ante un pianista que interpreta con talento a Mozart y su problema es no tener la confianza de un promotor cultural.

En tal sentido, internet es lo mejor que pudo habernos ocurrido. Combate la soledad, hermana personas y causas, sí, pero también propone una nueva forma de hacer arte, de hacer especialmente literatura. Todo es cuestión de esperar unos pocos años y podremos prescindir de la incomprensión de los mercaderes del arte e incluso sustituir la miseria intelectual de los dueños de los medios de comunicación. Internet es un aliado poderoso de la creación artística, ya es posible apreciarlo, pronto será clave en la edificación de obras culturales.

Finalmente, yo como hombre mayor, me aferro al libro, lo leí, lo escribí, lo toqué y admiré. Tengo una gran biblioteca, pero eso no me impide escudriñar en el futuro y hasta ser autor de cuatro e-books, hijos intangibles.

mayo 13, 2013

Las nuevas alianzas políticas


El próximo 7 de julio las luchas políticas se reanimarán, el Pacto por México será nuevamente discutido y otra vez los medios, en lo posible, tratarán de cubrir completa la ruidosa información que se desatará. Son 14 procesos electorales. Están en juego 441 diputaciones locales, 1,348 alcaldes y el Gobierno del Estado de Baja California, desde hace muchos años en manos del PAN. En el país el gran vencedor es el PRI y los opositores de todos colores y posturas dejan todo de lado para aliarse entre sí e intentar vencer al partido vencedor de la pasada elección presidencial.

El PRI parece muy bien posicionado, ha recuperado su habitual arrogancia y como los derrotados no tienen mucha fuerza, suponen, lo ha dicho Camacho Quiroz, que tendrá algo así como “carro completo”. El panorama le es favorable, no parece tener mayores obstáculos, salvo que de pronto cometa un error garrafal, algo improbable. Peña Nieto goza de enorme simpatía y hasta hoy sigue aumentando a pesar de que dentro de su partido existen las complicidades de siempre y la grosería habitual que el poder en México le concede a cualquier pobre diablo disfrazado de político. Con un PAN y un PRD hechos trizas, no es fácil suponer que las huestes del binomio Peña Nieto-Camacho Quiroz puedan perder. Se avizora, pues, un gran triunfo para el PRI. Los errores y defectos apenas se notan entre los discursos apabullantes y poco inteligibles del Presidente del país. Su carisma sigue ayudándole y la luna de miel con medios y sociedad se ha mantenido estable, pero, yo imagino, gradualmente disminuirá. Los priistas están recuperando sus antiguos vicios y defectos. La desmesurada confianza en que si volvieron a Los Pinos es porque son salvadores, los únicos que saben gobernar con tino. Pero nunca han dejado de ser los mismos: de igual modo que la única cara más o menos novedosa es el propio Peña Nieto, los demás vienen del antiguo PRI, para colmo, el primer círculo del Presidente, casi todo es mexiquense. Si ellos no lo negaran con vehemencia, diría que pertenecen al invisible grupo Atlacomulco, en cuya fundación intervino un gran mexicano, Isidro Fabela, y tuvo momentos de gran esplendor con Carlos Hank González, multimillonario que comenzó su inmensa fortuna, dice él en un libro confeccionado por Fernando Benítez, vendiendo dulces en las calles, tema para una exitosa telenovela: “Ser político rico no es fácil”.

Para tratar de frenar al PRI, perredistas y panistas dejaron atrás sus diferencias hasta de modales y vestimentas, de lenguaje y creencias, que no ideológicas, puesto que carecen de ese elemento clave en la política, y han formado extrañas coaliciones imposibles de imaginar en el pasado y que deben desconcertar a los simpatizantes de tales partidos en el DF, donde sólo se hablaba de PRIAN, al ver las afinidades entre ambas formaciones. No existe más, ahora lo que tenemos es una especie de Frankenstein cuyas siglas podrían ser PREDAN. Juntas las izquierdas y la supuesta derecha van a enfrentarse a su gran enemigo. Dudo que tengan resultados positivos en más de tres lugares. El llamado efecto Peña Nieto se mantiene vivo y el PRD, ya sin López Obrador, apenas tendrá la fuerza necesaria para mantener municipios por más ayudas económicas que les dé a los electores. Del PAN se puede decir que apenas existe, luego de gobernar doce años, y muy mal, pésimamente, sus militantes andan prófugos y sus simpatizantes cambiaron de bando. Casi nadie quiere saber de Acción Nacional, salvo los dirigentes, cuyo trabajo es de plano lamentable.

En este contexto y mientras Morena se convierte en partido político, no hay oposición capaz de enfrentar al PRI. En el PRD las luchas internas, la enorme corrupción que prevalece, la capacidad de muchos de sus funcionarios para hacer demagogia, les dificultará a los perredistas mantener sus actuales posiciones.

En fin, veremos una especie de ensayo general, donde todos probarán sus armas. La dificultad estriba en que las del PRI son modernas y de alto poder, mientras que las de sus rivales, ni siquiera juntos lo podrán hacer, porque son viejas, obsoletas. No podrán disponer de armamento sofisticado, a lo sumo de los tradicionales machetes que no son buenos para detener balas de alto calibre.

Por ahora, tenemos PRI para rato, a pesar del caso de la niña Benítez y cómo lo solucionaron, de la peor manera. Los priistas saben hacer política al estilo mexicano y muy bien. Finalmente, tampoco el PRI se escapa a esta nueva enfermedad de las alianzas. En Baja California, el partido en el poder y el inaudito PT, al servicio de AMLO, pelearán unidos contra el PAN por la gubernatura. ¿Qué tal? Padecemos un bonito sistema político que nos llena de orgullo.

mayo 12, 2013

Lady Profeco y el nieto de Malcolm X


En recuerdo del admirable colega Alfonso López
El escándalo y el malestar han sido intensos y persistentes. Ningún rico y poderoso tiene derecho para actuar con la majadería social de la niña Benítez. Basta de influyentismo, racismo y mala educación. Basta de abusos políticos que brillaron con el PRI y regresan triunfales. Humberto Benítez Treviño tiene una larga y exitosa carrera, no sé si decir con el grupo Atlacomulco (porque sus integrantes niegan su existencia), pero sí con una larga lista de políticos mexiquenses que vienen de su mejor época, la de Carlos Hank González, tratando de recuperar el poder. Lo consiguieron y olvidaron las derrotas de 2000 y 2006. Parecen no percatarse  de que hubo un hartazgo que no ha desaparecido del todo. Ahora tenemos pruebas de cómo se conduce tal partido. Se defienden entre sí y, como en los viejos tiempos, saben acomodar y sostener a los amigos del primer círculo. El número de amistades y parientes mexiquenses en el gobierno federal llama la atención.
Carece de sentido volver a la niña Profeco, ya sabemos demasiado y ella nada sabe sobre el país. Es hija de papi y papi es buen amigo de Peña y entonces sus influencias están garantizadas. La mejor prueba es la torpe investigación realizada en el restaurante de Polanco. Los culpables fueron cuatro funcionarios que simplemente actuaron como lo han hecho el PRI y el PAN y el PRD: protegiendo a los jefes. Sacrificándose por ellos. Los solícitos funcionarios que corrieron a ayudar a la niña Andrea, para que le dieran la mejor mesa fueron suspendidos, luego los reacomodarán. El partido sabe pagar sus deudas. Las declaraciones de Benítez Treviño fueron patéticas: “Asumí mi responsabilidad como padre de familia”. A mi hija la regañé, eh, y está castigada: durante dos meses no recibirá “domingo” y no irá a los antros en las noches ni le prestaré el Cadillac. Sólo faltó que la SFP la sancionara con hacer una plana de Seré una niña educada y no prepotente.
Hasta hoy, Peña Nieto mantiene relaciones cordiales con los medios, la sociedad y los demás partidos. Ha sabido aprovechar las debilidades y los errores de sus rivales. Pero estos actos intolerables pueden ir deteriorando su luna de miel que rebasó los célebres cien días. Nadie ignora la vieja amistad entre Benítez y el presidente, de allí una certeza: hubo chivos expiatorios y la solución no fue la adecuada. La costumbre es normal en México: el presidente sitúa a sus mejores amigos en los más altos puestos. Hay concesiones, cierto, pero se deben a maniobras de pésimo ajedrez político, como la incorporación de Rosario Robles, algo que supongo debió irritar a priistas de cepa, que han militado en las buenas, las malas y las peores sin moverse de su postura y que ahora ven a una mujer expulsada del PRD, formada en la aversión contra ellos, aparecer gozosa en las fotos obligadas con el siempre sonriente Peña Nieto.
Los casos de influyentismo son frecuentes en México, lo sabemos. Pero la sociedad ha cambiado, tiene recursos como internet y eso contribuye a exhibir los excesos del poder. No es posible seguir soportando los deplorables manejos de los funcionarios y sus familiares y amigos. Un gobierno serio, verdaderamente interesado en cambiar, lo primero y más fácil le sería instruir a sus colaboradores para que eviten en lo posible las ofensas de sus descendientes.
Dicen que Ruiz Cortines llamó a sus colaboradores y les anticipó: Si alguno de ustedes obtiene el premio mayor de la lotería y se hace multimillonario, quedará cesado. ¿No podría Peña imitarlo y, por ejemplo, investigar las fortunas de algunos amigos como Hank Rhon? Por lo menos que les diga a sus colaboradores que sus hijos finjan buenos modales en los lugares públicos.
Viendo bien las cosas, la niña Profeco tuvo fortuna. Latif Shabazz, nieto del legendario Malcolm X, fue asesinado por un mesero que alteró la cuenta en un tugurio de Garibaldi.


mayo 10, 2013

Lo que nos queda de la Revolución


Todavía en la etapa de José López Portillo, los intelectuales y la gente de a pie, como decía el periodista Francisco Huerta, hablaba de la Revolución Mexicana. El presidente llegó a decir que él y su antecesor Luis Echeverría eran los últimos de esa época. Realmente, tal movimiento social de dimensiones y resultados épicos, agonizó largamente, luego de su momento de mayor esplendor, cuando ya estaba institucionalizado y gobernaba Lázaro Cárdenas. De Manuel Ávila Camacho a Ernesto Zedillo el camino fue inverso. Gustavo Díaz Ordaz le dio la puñalada mortal al mostrar su férreo autoritarismo y su decisión de asesinar y perseguir a quienes participaron en el movimiento estudiantil de 1968.

En el arte, es donde mejor se aprecian los resultados de la Revolución, en la literatura concretamente. Fue un gran tema. En Carlos Fuentes ya no aparecieron las batallas colosales que vieron Rafael F. Muñoz ni las intrigas espantables que se daban entre los generales triunfadores, tal como lo cuenta el mejor novelista mexicano, Martín Luis Guzmán, en La sombra del caudillo. Lo que exponía Fuentes en libros magistrales eran los resultados amargos: la intensa corrupción, el atraso y la explotación rediviva. Los héroes sacrificaron sus vidas inútilmente. México había sufrido modificaciones, pero no abandonado sus peores prácticas. Hoy poco se habla y escribe de la Revolución, siguen vigentes sus ideales, pero lo que impulsa movimientos sociales son las figuras de Emiliano Zapata y Francisco Villa, líderes tercos que se niegan a morir.

Veamos más de cerca la literatura de esa época.

La novela histórica mexicana para diversos críticos se inicia con Sierra O’Reilly Díaz Covarrubias, y tiene su secuencia con Mateos, Riva Palacio, Eligio Ancona e Irineo Paz. La preocupación social de la última parte del siglo XIX y principios del XX está representada por novelistas como Pantaléon Tovar, Nicolás Pizarro y Altamirano. Son antecedentes de la Novela de la Revolución Mexicana, pero sin duda, la más fuerte presencia está en Heriberto Frías, señalado por René Avilés Rojas y confirmado por Antonio Castro Leal en los insuperables dos tomos de La novela de la Revolución Mexicana.

Una vez arrancado el movimiento, la primera de las artes en retratarlo fue la prosa narrativa. Con Mariano Azuela da inicio. La formidable novela Los de abajo, no comienza a ser reconocida sino hasta que Francisco Monterde llama la atención acerca de sus muchos méritos. El interés se desata de inmediato y los resultados aparecen por décadas. Las principales obras sobre el tema son las siguientes, pero sin duda la lista es más amplia y debería incluir poesía (corridos) y cuentos: María Luisa Ocampo, Bajo el fuego, publicada en la década de los 30; Jesús Goytortúa Santos, Lluvia roja, 1947; Francisco Rojas González, La negra Angustias, 1944; Miguel N. Lira, La escondida, 1948 y Mientras la muerte llega, 1958. Las novelas de este narrador tlaxcalteca son delicadas y de prosa muy cuidada. Rafael F. Muñoz, ¡Vámonos con Pancho Villa!, 1931; José Mancisidor, La Asonada, 1931 y La rosa de los vientos, 1941. Agustín Vera con La revancha, 1929; Martín Luis Guzmán, La sombra del caudillo, 1929, un atroz relato de la política de Plutarco Elías Calles y El águila y la serpiente, 1928. Diego Arenas Guzmán, El señor diputado, 1930, gira en torno a la política revolucionaria; Nellie Campobello, Cartucho, 1931, la niñez de una mujer en la brutal Revolución; Gregorio López y Fuentes, Campamento, publicada en 1931 y Tierra, 1932. José Rubén Romero, Apuntes de un lugareño, 1932; F. L. Urquizo, Ropa vieja, 1931 y Francisco Rojas González, con La negra Angustias, 1944.

Luis Spota, como Fuentes, escribió a distancia y con ojos críticos sobre la epopeya y sus consecuencias, El tiempo de la Ira, 1960. Desde luego, la lista se ha extendido. Aquí sólo hay algunos ejemplos. Ello permite hablar de una tercera etapa, sobre todo si incluimos Gringo viejo del segundo autor. Caso aparte es Elena Garro, con su inclasificable y genial novela, Los recuerdos del porvenir, narradora que trabaja el tema de la Revolución Mexicana desde el ensayo, la historia y la prosa narrativa. Otro autor difícil de clasificar es Agustín Yáñez, con Al filo del agua le propone a México una nueva estructura literaria, partiendo de la gran novela Manhattan transfer del norteamericano John Dos Passos.

Una vez que dejamos muy atrás a la Revolución, convertida ya no en institución sino en demagogia pura, se pasa a otros temas, pero la nostalgia sigue viva y aparecen varios escritores que de muchas formas tratan el tema, sobre todo, ya con la claridad que el tiempo concede. El maniqueísmo desaparece y los revolucionarios resurgen con nuevas características menos marcadas. Nadie es malo todo el tiempo y ninguno es eternamente bueno.

El cadáver de la Revolución Mexicana está insepulto, ronda por México. Por desgracia, el fantasma sólo pregona nostalgias literarias y preocupaciones sociales. Desde Salinas la Revolución Mexicana pasó a ser una frase más, hueca. El solemne Monumento a la Revolución, donde están enterrados algunos notables del movimiento, desde la época de Marcelo Ebrard, es un sitio de fiestas y jolgorio, de tocadas de pésimo rock y de vendedores ambulantes.