Tantadel

octubre 05, 2016

México 1968, México 2016

De la Revolución Mexicana surge una burguesía ligada a los intereses populares, nacionalista y antiimperialista, tal como explica Jesús Silva Herzog, cuya máxima expresión (y el punto más lejano a donde pudo llegar) es el gobierno de Lázaro Cárdenas. Después gradualmente México retrocede, pierde sus aspectos más positivos y se acomoda en un centro-derecha. Hoy poco o nada queda de aquel movimiento de 1910-1917. El actual gobierno ha sido el encargado histórico de sepultar el cadáver que mató el salinismo. Lo más extraño de esta situación es que ahora la oposición de izquierda, que por largo tiempo consideró muerta a la Revolución, reclama como suyos sus principios y la añora a pesar de que en un tiempo los gobiernos surgidos de tal proceso, la persiguió, especialmente a los comunistas.
La relativa estabilidad económica y política, un verdadero lujo en América Latina, se da en México a pesar de muchos problemas. Sólo que a cambio de ella, fueron por varios años eliminadas las minorías políticas. En ocasiones la izquierda, frecuentemente representada por el Partido Comunista Mexicano (fundado en 1919), actuaba aquí y allá, tratando de combatir a un sistema cada vez más rígido y autoritario, de estimular al sindicalismo independiente, de liberar a la clase trabajadora, pero siempre careció de arraigo y sus integrantes no fueron capaces de convencerla, víctimas de sus rencillas personales y del manejo arbitrario que hizo el PCUS en una época difícil (los años de ascenso del fascismo y luego de guerra). No tuvo peso dentro de campesinos y obreros y apenas fue una influencia frágil entre los intelectuales, creadores y estudiantes universitarios.
Sin embargo, poco a poco el país despertó. Muchos deseaban y desean romper el monopolio del poder que detenta el binomio PRI-gobierno, modificar el rumbo positivamente. Algunos intelectuales, los más lúcidos en el aspecto político, fueron críticos del sistema. Habrá que mencionar a José Revueltas, quien jugara un destacado papel en 1968. Hay inconformidad y descontento, lo que no existía era la manera de manifestarlo. El Estado permanecía alerta y aplastaba cuanta cabeza protestaba. Pasaron por las cárceles los dirigentes sindicales Vallejo y Campa, el pintor Siqueiros, murieron asesinados líderes agrarios como Jaramillo. Cualquier movimiento era eliminado y los líderes acosados. Como de costumbre, teníamos un doble juego: por un lado, la política internacional progresista que permitió un amplio apoyo a la República Española y luego a la Revolución Cubana, las críticas más oportunas y directas para el fascismo salieron de la boca de don Isidro Fabela, representante de México en la Liga de las Naciones. Por el otro, una política interna represiva, asfixiante, corrupta y antidemocrática.
Tradicionalmente, y como resultado de complejos problemas nacionales e internacionales, la izquierda mexicana ha estado fragmentada y dividida. Todas sus partes se empeñaban en mantener el santo grial de la pureza revolucionaria a costa de atacar y calumniar a las otras. Así, la izquierda atomizada era víctima fácil de los embates del Estado. En ocasiones —y en el presente no se registra ningún cambio sustancial, mejor dicho, se ha envilecido— las acusaciones e insultos que salían de las fuerzas democráticas para denigrar a las restantes, eran más virulentas que las proferidas contra el enemigo común: el Estado. Es decir, la izquierda partidista padece una grave inmadurez y su desarrollo ha marchado lenta, muy lentamente, apenas ofreciéndole a la sociedad civil un vago proyecto de nación sin rigidez ni autoritarismo.
Los movimientos populares aparecían en forma aislada y sin cohesión. De tal suerte que el gobierno podía liquidarlos con sencillez, presionando, encarcelando o corrompiendo. Cuando una lucha cobraba fuerza, el gobierno recurría a la violencia. De este modo fue sofocado el movimiento ferrocarrilero, como lo fue el de los electricistas. La Reforma Agraria apenas tuvo alguna utilidad, el campesino sigue siendo un sector marginado y pauperizado, centro de la retórica y la demagogia oficial de acentos pueblerinos y metáforas obvias que tanto apasionan a los políticos mexicanos. Los artículos constitucionales 27 y 123, por citar algunos muy importantes, son letra muerta. En lo educativo el clero católico jugaba un papel importante; las escuelas confesionales nunca han respetado la legislación en materia educativa y religiosa, menos los planes de la Secretaría de Educación Pública; el libro de texto gratuito ha sido arrojado sin miramientos a los almacenes de viejo y la actual Reforma Educativa ha sido impuesta. Los trabajadores no ven los beneficios del progreso nacional y sí, a cambio, resienten el peso de un desarrollo imperfecto que gradualmente se convierte en crisis económica.
En los años previos al 68, aparecieron diversas manifestaciones de descontento. Los médicos, los campesinos de algunas regiones del país, principalmente en Morelos y Guerrero. Hoy, en 2016, con pluralidad y multipartidismo, México no ha cambiado su rostro. Está igual que el México donde luchó con fortaleza y dignidad el eterno luchador social, crítico severo y agudo, Luis González de Alba, quien optó por suicidarse ante un sistema inconmovible, donde el ser humano no es gran cosa. No sabemos cómo defendernos de la violencia de un sistema organizado por muchos partidos políticos siniestros. Así, para la mayoría de jóvenes o viejos luchadores sociales, al margen del poder, no les interesa vivir. Antes, al menos las utopías nos mantenían satisfechos. Pero ya no existe ninguna, no en México.

octubre 03, 2016

Haciendo el amor con música, de D. H. Lawrence

Debe ser cuestión de gustos estéticos: a mí el tango y ciertas formas del jazz me parecen sumamente eróticos, como el danzón.

Uno de los mayores artistas de la literatura inglesa del siglo XX y figura cimera de las letras universales, D. H. Lawrence, dejó multitud de ensayos, muchos de ellos sobre el amor y la obscenidad, el sexo y las mujeres. Le irritaba, desde luego, la persecución que su obra y persona habían sufrido por parte de los más torpes críticos y censores de la época victoriana que se extendió más allá de la muerte de la reina británica y que le brindó nombre a un alarmante grado de atraso intelectual y estético a escala oficial. Para muchos, entre ellos para mí, su novela emblemática es El amante de lady Chatterley: obra delicada y fina, elegante, original, genialmente escrita, fue perseguida bajo la acusación de pornográfica y sucia, pero se convirtió en un clásico de la literatura amorosa universal.
En su espléndido y desconcertante trabajo Haciendo el amor con música, uno no sabe a ciencia cierta qué trata de probar Lawrence: si aproximarse de nueva cuenta al erotismo, criticar a la moral de su época o dar por válida la idea de hacer el amor rodeado por notas musicales. O tal vez referirse a todos estos temas juntos. El principio del ensayo es tajante: “Para mí —dijo Romeo— bailar es, simplemente, hacer el amor con música”. Ello puede significar una metáfora: quienes bailan ciertos ritmos populares o clásicos tienen roces que los incitan (y excitan) y que incitan (y excitan) al espectador. Sabemos de personas que requieren de buena música para llevar a feliz término su relación sexual. En los burdeles y cabaretuchos es fácil distinguir a las personas que bailan para excitarse más que para divertirse; es posible que en este tipo de sitios el gran cómplice sea el alcohol, que desinhibe y provoca el acercamiento que da la música popular. No obstante, en la danza clásica y moderna hay coreografías que despiertan la sexualidad, probablemente no de quienes bailan, sí en aquellos que contemplan arrobados el pas de deux en un adagio.
Ahora bien, tampoco queda claro qué tipo de música recomendaría Lawrence, culta o popular. “El sexo es encantador y muy delicioso mientras se hace el amor con música y se camina sobre las nubes con Shelley, en un twostep”. Me da la impresión que se refiere indistintamente a ambos géneros porque enseguida se conduele de Maupassant, quien “quería hacer el amor con música. Y comprendió, enfurecido, que no se puede copular con música”. Estoy de acuerdo con tal posibilidad, es necesario dejar que cada arte tenga sus propios métodos y caminos. La buena música se escucha en la sala de conciertos o en casa gracias al tocadiscos.
Pero es obvio que Lawrence piensa en música popular, en música bailable. Lo que no deja de resultar interesante, porque en la gran música de pronto encontramos música como El preludio a la siesta de un fauno, de Debussy, que es francamente erótica y no es pensamiento sólo personal, se lo escuché a Carlos Pellicer y en consecuencia lo cité en algún libro de memorias. En tal sentido, nuestro queridoLawrence es tajante: “Las danzas populares modernas, lejos de ser ‘sexuales’, son netamente antisexuales. Pero también aquí debemos hacer una distinción. Debemos decir que el jazz y el tango y el charlestón modernos, lejos de ser una incitación a la cópula, están en franco antagonismo…”. Sin embargo, debe ser cuestión de gustos estéticos: a mí el tango y ciertas formas del jazz me parecen sumamente eróticos, como el danzón y ahora algunos ritmos salvajes y alocados como la lambada y otros ritmos tropicales.
“Lo que se pregunta uno —prosigue Lawrence—, al contemplar a los bailarines modernos que se hacen el amor con música en un salón de baile, es… ¿qué clase de danzas bailarán los hijos de nuestros hijos? Las madres de nuestras madres bailaban contradanzas y lanceros, y el vals era para ellas casi una indecencia. Las madres de las madres de nuestras madres bailaban minués y Roger de Coverleys, elegantes y saltarinas danzas campestres que enardecían la sangre y hacían bailar a un hombre casi hasta la cópula”. De haber vivido más años, Lawrence se hubiera encontrado con ritmos más propicios para hacer o el amor con música o de plano copular con la música, llegar al clímax con el apoyo de notas cadenciosas, suaves o frenéticas, según los gustos de la época. A mí me correspondió excitarme con las grandes orquestas estadunidenses como Glenn MillerBenny GoodmanRay Anthony y finalmente con las notas que desgranaba el sensual rock de Elvis Presley, y no es que sus notas fueran obscenas o lúbricas sino que se prestaban para que los cuerpos femenino y masculino estuvieran muy juntos y permitieran el roce de los sexos.
En la conclusión, Lawrence aclara dudas: “¡Ciertamente, es ridículo hacer el amor con música y ejecutar música para que a uno le hagan el amor con ella! ¡Ciertamente la música es para bailar al son de sus compases!”. No hay otra alternativa, pero a no dudarlo la música es un buen comienzo para hacer el amor. Quizá no haya nada más hermoso y poético que girar con la mujer amada en los brazos. El otro, insisto, es mezclar dos artes que no son incompatibles si se quiere, pero a las que uno les faltaría al respeto si las une. Yo, al menos, no suelo empalmarlas: o escucho música o hago el amor. Si intentara llevar a cabo ambas tareas, estaría concentrado en las notas de Beethoven o Mozart y no en un hermoso cuerpo femenino.

Elena Garro por Elena Garro 2/2

El poco espacio del que dispongo es para que Elena Garro hable de ella. Qué pena, sólo caben trozos de su fascinante historia. En su voz debemos conocerla, no por otras bocas.
“Mis padres fueron José Antonio Garro y Esperanza Navarro, dos personas que vivieron siempre fuera de la realidad, dos fracasados, y que llevaron a sus hijos al fracaso. A mis padres sólo les gustaba leer, y a sus hijos no nos gustaba comer, nunca teníamos apetito; o nos daba pereza masticar: ‘Que le hagan papilla a los chicos’, ordenaba mi padre. A Esperanza: mi madre, le gustaban únicamente los dulces y los pasteles…
“Ellos me enseñaron la imaginación, las múltiples realidades, el amor a los animales, el baile, la música, el orientalismo, el misticismo, el desdén por el dinero y la táctica militar leyendo a Julio César y a Von Clausewitz. Mientras viví con ellos sólo lloré por Cristo y por Sócrates, el domingo en que bebió la cicuta, cuando mi padre nos leyó los Diálogos de Platón…
“Mis padres me permitieron desarrollar mi verdadera naturaleza, la de ‘partícula revoltosa’, cualidad que heredó mi hija Helenita y que los sabios acaban de descubrir. Estas ‘partículas revoltosas’ producen desorden sin proponérselo y actúan siempre inesperadamente, a pesar suyo. En mi casa podía ser rey, general mexicano, construir pueblos con placitas, casas, calles, cuartel e iglesia en el enorme jardín por el que paseábamos en burro o a pie. Mi casa estaba en Iguala, Guerrero, es decir una de mis casas. También construimos un teatro y teníamos títeres. A veces me convertía en merolico y salía a vender ungüentos para curar todos los males…
“A los 17 años fui coreógrafa del Teatro de la Universidad. El director era Julio Bracho. Debutamos en el Teatro de Bellas Artes con un éxito tan grande que los amantes del arte se movieron con rapidez para destruir el grupo. Opinaron que pegar carteles en la ciudad anunciando Las troyanas era hacerse publicidad. En ese tiempo los Contemporáneos eran importantes. En realidad era un grupo bastante notable, aunque me parece que está olvidado. Xavier Villaurrutia quería montar Perséfonede André Gide, y me llamó…
“Un día me casé, abandoné a mis maestros: Julio Jiménez Rueda, que me pronosticó éxitos literarios; Samuel Ramos, gran maestro; Hilario Medina y su rigurosa Historia Universal; el profesor Valenzuela de Historia Griega, fabuloso expositor; Salvador Azuela, a quien apreciaba mucho; el maestro García, gran latinista; la señorita Caso, Julio Torri, Enrique González Martínez, que nos daba la clase en francés...
“Yo no pensaba ser escritora. La idea de sentarme a escribir en vez de leer me parecía absurda. Abrir un libro era empezar una aventura inesperada. Yo quería ser bailarina o general. Mi padre creía que podía escribir por mi afición a la lectura: en ese caso todos en la casa deberíamos ser escritores.
“En 1953, estando enferma en Berna y después de un estruendoso tratamiento de cortisona escribíLos recuerdos del porvenir como un homenaje a Iguala, a mi infancia y a aquellos personajes a los que admiré tanto y a los que tantas jugarretas hice. Guardé la novela en un baúl, junto con algunos poemas que le escribía a Adolfo Bioy Casares, el amor loco de mi vida y por el cual casi muero, aunque ahora reconozco que todo fue un mal sueño que duró muchos años.
“Creo que te he hablado de un mundo que ya no existe. Parece que México es otro país, que los intelectuales lo han llenado de periféricos, elevadores callejeros, puentes, ideas, y que han abolido los jardines. Me dicen que la contaminación se corta con cuchillo. Te he dicho todo lo que recuerdo... Creo que debo aclararte que Mariana no es una autobiografía sino una novela. Cuando la publique Octavio Paz, Archibaldo Burns y todas las personas que crees descubrir en los personajes podrán demandarme. Sería muy divertido el juicio. Un verdadero vaudeville… Si piensas que en Marianaaparecen personajes vivos te equivocas. Aunque es verdad que tomé rasgos de algunas personas vivas y difuntas para crear a un solo personaje. Acuérdate de Ortega y Gasset: ‘lo que no es vivencia es academia’. Recuerda también a Dostoyevski y a Balzac: ‘la novela es vida’. Eso no quiere decir que lo que cuento en Mariana sea una simple calca de mi vida al papel…
“El acto de escribir es un acto de libertad privada. Nunca me he quejado de haber servido de personaje de poemas, novelas y cuentos. Recuerdo que Carlitos Fuentes escribió un cuento llamado ‘Las dos Elenas’. Todo México dijo que éramos la Chata [Helena Paz] y yo. Hubo quien trató de azuzarme contra el escritor. Me pareció absurdo. Cada quien puede fabricar personajes de ficción con personajes reales. Con ese cuento ‘Las dos Elenas’ sucedió algo muy curioso: Fuentes hizo una película y tuvo dificultades de crítica. Vino a visitarme. Recordarás que yo vivía muy aislada. Carlitos me dijo que lo atacaban por envidia y me pidió que hiciera una crítica favorable a su película. La hice con mucho gusto y se publicó en Siempre! con mi firma…
“Antes, en los años cincuenta, Paz escribió su gran poema ‘Piedra de sol’. Lo leímos y releímos juntos. ‘¿No te ofendes?’, me preguntó Paz. ‘No, tienes derecho de decir lo que te parezca’, le dije. Y lo que le pareció fue llamarme ‘pellejo viejo, bolsa de huesos’, o algo así. No recuerdo bien y no tengo su libro a la mano. Más tarde, en Madrid, Federico Álvarez me leyó el otro gran poema de Paz, ‘Pasado en claro’, en el que me llama ‘cabeza de muerta’ o algo parecido. Tampoco se me ocurrió enfadarme. Puedes preguntárselo a Federico. El poeta mitifica y Paz quiso exorcizarme diabolizándome. Lo han hecho todos los poetas. Para eso sirve la creación poética. Pepe Bianco también me tomó de personaje para su novela [La Pérdida del reino] y en ella dice que me acosté con él, cosa absolutamente falsa, pero no me enfadé, pues sabía que era una novela. También Bioy Casares, al que tú citas, me puso de Clara en su novela El sueño de los héroes y puso que mi padre era un titiritero o mago o algo así, no recuerdo bien. No me enfadé. Ni me enfadé por otros cuentos menos clementes. Como ves, me han utilizado en varias ocasiones y nadie ha roto una lanza por mí o por la Chata… De manera que no creo que sea importante que tú salgas de paladín a defender a posibles Paces, Burnes o Bioyes y que en cambio permitas que me llamen ‘cabeza de muerta’ o hija de la chingada…

octubre 02, 2016

El suicidio como gran tema literario

¿Por qué temerle si es algo natural, como el nacimiento, o quizá pueda ser la respuesta sensata a una vida atribulada?


Cuando en 1994 apareció mi novela Réquiem por un suicida, finalista del Premio Planeta, editada en Madrid, se la envié a un amigo, que conocí en Chile, el crítico literario John Hassett. Me escribió diciéndome que la leyó con placer, que el tema era inquietante. Con cierta rapidez la obra llegó a cuatro ediciones y una de bolsillo. La crisis económica le puso fin a las buenas ventas. Su precio subió hasta valer una pequeña fortuna en esa época. En México la retomó Nueva Imagen, hoy desaparecida, y la incluyó en la serie de mis Obras completas, que se esfumó al comprarla la empresa Larousse, pues no le interesaban, dijo, las obras de literatos. Salimos, entre otros, José AgustínÓscar de la BorbollaBeatriz Escalante y muchos más. Hoy está en el mundo digital, en la Editorial Ink. 
Hasta ese momento no había tenido problemas para editar. El Fondo de Cultura Económica, cuando el director era Miguel de la Madrid, publicó mi quinto libro en esa empresa: Cuentos de hadas amorosas en la serie Letras Mexicanas, donde apareció mi primer volumen de relatos: Hacia el fin del mundo, junto a El ala del tigre, de mi admirado amigo y maestro Rubén Bonifaz Nuño. Coincidiendo, cumplí veinticinco años como autor del Fondo, la empresa mandó imprimir un cartel con trabajos de Cuevas y organizó una mesa redonda como homenaje, acompañado por Cristina PachecoJosé Luis CuevasGriselda Álvarez y el fundador de la Sogem, José María Fernández Unsaín.
Pero hablaba yo de la muerte voluntaria como tema literario. En las primeras semanas, Réquiem por un suicida ocupó en México uno de los primeros lugares de ventas, en mi haber, modesta hazaña que sólo he logrado en 1971 con El gran solitario de Palacio. En esos días me tocó dar varias lecturas, entre ellas, una en el Club de Industriales, otra más en la delegación Iztacalco. En el primer sitio, una señora dedicada a los negocios se acercó y me dijo, mostrándome un ejemplar de la novela: “No sabe usted el alivio que me trajo su libro. Mi hija se suicidó y en su novela encontré palabras de amor para la muerte. No debe ser tan terrible si alguien puede enamorarse de ella”. Mientras aquella mujer atribulada hablaba, yo estaba sorprendido de que la literatura sirviera de consuelo. En efecto, yo no trato mal a la muerte, hablo de sus discutibles virtudes y, al contrario de la mayoría, escribo de la belleza que puede significar la muerte, en particular la voluntaria (asistida o no), si existen razones poderosas, enfermedades terminales, por ejemplo.
En Iztacalco, un público afectuoso me recibió. Durante las preguntas y respuestas, una mujer joven me preguntó, en clara alusión a Réquiem, si yo amaba o le temía a la muerte. Le dije con absoluta sinceridad que le temía y la detestaba. A mí, como a mi amigo el poeta Marco Antonio Montes de Oca, me gustaría morir sólo por diez minutos. Al final de la plática, la mujer insistió en el tema: ‘’Amo la muerte”. Y eso me dejó pensativo. Mi intención no es invitar a nadie al suicidio. Trato, eso sí, de mostrar a un personaje complejo, sensible y capaz de enamorarse de la muerte a pesar de tener éxito y carecer de males físicos y mentales. ¿Por qué temerle si es algo natural, como el nacimiento, o quizá pueda ser la respuesta sensata a una vida atribulada? Hay una infinidad de escritores que le han dedicado palabras afectuosas o de artistas que han recurrido a ella con cierto placer probablemente morboso. Roland Barthes, en su libro Fragmentos de un discurso amoroso, nos recuerda que el desvelo amoroso fatiga tanto o más que el causado por el trabajo.Werther, el más célebre de los suicidas, el gran personaje de Goethe, padecía ese tremendo insomnio que causa un mal amor. Cuando decide matarse, se acuesta y duerme plácidamente. A decir verdad, jamás he pensado en el suicidio ni deseo estimularlo (no podría soportar en mi conciencia el peso de una muerte). Al escribir Réquiem vi las cosas de modo diferente. Mi deseo era considerar al suicida no como una pérdida irremediable, sino como el encuentro afortunado de alguien que detesta la vida y sus vulgaridades. Ello sin el alivio de la religión y con la certeza de que cualquier cosa es superior a una existencia patética. A diferencia deDante, mi propósito no era causar el desánimo entre los pecadores, sino mostrarles una estética de la muerte. Hasta para morir se necesita estilo.
Imposible olvidar a un personaje de Borges que usé en mi novela, cuchillero: a la hora de agonizar no acepta que le vean en la cara los gestos de dolor y pide que se la cubran. No existe razón para detestar algo tan común como la muerte y si ésta llega de modo voluntario, como modesta victoria de la libertad, el respeto debe ser total: antes hubo una abierta lucha entre el instinto de supervivencia, los valores sociales y religiosos y la inteligencia.
Para redactar tal novela me vi obligado a leer una infinita bibliografía y a investigar entre suicidas fallidos y personas que habían perdido a un ser querido que optó por ese acto de libertad (la expresión es de
Albert Camus). Comencé con El suicidio de Durkheim, que prueba, entre otras cosas, que son los cuerdos y no los locos quienes se matan. En novelas, cuentos y poemas, en la prensa, hallé no cientos, sino miles de suicidas y descubrí que las razones para ello son excesivas y condenadas por las religiones y la sociedad: desde una profunda depresión causada por el fracaso amoroso hasta por la feroz amenaza de una deuda. La mejor la hallé en Kafka: uno de sus personajes se deja morir de hambre en un circo por una simple razón: no le gustaba comer. Mi personaje, aunque triunfador, detestaba vivir.

septiembre 30, 2016

Elena Garro por ella misma 1/2

En este año en que la inmensa y maravillosa Elena Garro cumpliría cien años, he visto infinidad de artículos, ensayos, libros, conferencias y mesas redondas sobre su obra. Una obra que ha salido del letargo oficial en que el sistema la metió en 1968. Me alegra por la devoción y sincera admiración que he sentido por ella desde que la vi por vez primera alrededor de 1961, en la embajada de la naciente Revolución Cubana. Hermosa y elegante, segura y sin duda con las dosis de arrogancia que le concedían su talento literario y combatividad. La vi a distancia, yo no había publicado ningún libro. Luego vino una historia que he repetido muchas veces para culminar con su regreso a México y su triste final.
El libro Protagonistas de la literatura mexicana de Emmanuel Carballo, contiene algunas cartas de Elena Garro al autor que arrojan luz sobre su propia situación. Datan de 1979-1980. Transcribo fragmentos. Vale la pena cederle a la genial escritora la voz.
“Madrid, 3 de julio de 1979
“Querido Emmanuel: he empezado a publicar aquí una parte azucarada y ‘asaz impertinente’, según Luis Rosales, de mis memorias. En algún capítulo apareces tú: alto, de ojos cargados de malicia y lengua inteligente. Además te cito como el único crítico favorable que tuve en ese mentado México tan asombrosamente enredado y tan felizmente cortés, aunque otros escritores (los ‘buenos’) lo juzguen vulgar.
“Mira, Emmanuel, para mí el tiempo se detuvo en una fecha lejana, que extrañamente es la misma fecha que di en los latosos Recuerdos del porvenir para fastidiar a los Moncada. Lo leí hace muy poco y la fecha me dio carne de gallina. No me había fijado en la espantosa coincidencia, porque nunca me releo y fue gracias a una amiga que leyó el libro y me hizo una pregunta cuando me di cuenta de que yo misma había escrito mi suerte, lo cual comprueba mi teoría: la memoria del futuro es válida. Pero me ha fastidiado, y estoy cambiando los finales de todos mis cuentos y novelas inéditos para modificar mi porvenir. Por este motivo escogí unos cuentos no comprometidos para enviárselos a Joaquín [Andamos huyendo Lola]¡No deseo más tragedias! Y ahora pienso que los finales deben coincidir con los principios. Tal vez, si no logro remendar mi futuro, los queme. El gato escaldado del agua huye... aunque pensándolo bien, las cartas están echadas. ¿Crees que pueda recoger los dados?”.
“Madrid, 29 de marzo de 1980
“Me pides algo terrible: que me recuerde a mí misma cuando ya me había olvidado. Para sobrevivir en mi reino de sombras había cerrado la puerta a la memoria. Me preguntas: ‘¿Quién eres?’ Hace varios años que formo parte de un ejército que se reproduce por generación espontánea bajo cualquier régimen político. Cuando ingresas, los periodistas escriben: ‘Le han cortado el teléfono’. Este ‘corte’ es aplaudido en los países democráticos y condenado por ellos si se produce en los otros países. El ‘corte’ indica que has dejado de ser por ‘órdenes superiores’, y que has alcanzado la nueva categoría de No Persona. Tratar de volver a ser Persona es tarea casi imposible.
“En mi calidad de No Persona soy la madre de la ‘incalificable y admirable Helenita Paz’, como tú defines a esa otra No Persona. Esta No Persona carece del derecho a enfermarse y si consulta con algún médico debe hacerlo bajo la estricta vigilancia estatal mexicana que teledirige, teleescoge y telepaga al médico para ocuparse de la estorbosa No Persona, cuya supuesta enfermedad puede ser un truco económico o publicitario. Así pues, sacarse una muela o consultar a un oculista se convierte en asunto de estado. Se supone que los médicos de las No Personas están puestos para dar certificados de buena salud no para decir: ‘Usted está enferma por desnutrición, falta de atención médica y por la situación angustiosa en que vive. Váyase a las montañas, ingrese en un buen hospital, cómase un filete diario y págueme por esta consulta’. Las No Personas no pueden hacer lo que hacen las Personas…
“Una No Persona está incapacitada para contestar a tu pregunta: ‘¿Crees en la Libertad?’ o ‘¿Crees en la Justicia?’ o ‘¿Cuál es el régimen político que prefieres?’ Estos conceptos están fabricados para las Personas.
“Me preguntas: ‘¿Crees en la felicidad?’ Sí, porque me acuerdo que la practiqué en la infancia. Recuerdo que en el catolicismo existían las Almas en Pena salvables a través del rezo. La democracia es laica, de manera que no hay rescate. También recuerdo que la democracia es un invento griego. En La república de Platón se habla con claridad de los elegidos y de los metecos que deben trabajar para que piensen los elegidos. El elegido que se desviaba, pasaba a ser un meteco gracias al ostracismo. El concepto de meteco ha sido superado por el de No Persona, ya que la democracia cree en el progreso…
“Pasemos a otros puntos, ya que no se puede hablar de política: la No Persona que se llama Helenita Paz es Sagitario. Nació el 12 de diciembre, fecha que la inclina a sentirse Patrona de México y Salud de los Desamparados. Como es difícil que luzca el uniforme, sus dotes militares pueden llevarla a la demagogia y convertirla en líder…”.
He aquí, en voz de una No Persona, los niveles a que fueron sometidas Elena Garro y su hija por el sistema mexicano en complicidad con el mundo intelectual. Sin duda nos falta un buen tramo para devolverles a estas dos mujeres su personalidad e inmenso talento.

septiembre 28, 2016

Los nuevos constituyentes

Con excepciones, muchos cartuchos quemados


Si hay algo fascinante en los inicios del siglo XX, en el momento cumbre de la Revolución Mexicana, es 1917 con la discusión y creación de la Constitución que, muy parchada, nos sigue rigiendo. No todos los constituyentes eran hombres de letras, egresados de universidades. La mayoría había estado en las luchas armadas o participaron de muchas maneras en el proceso épico que cambió a México. Los debates fueron intensos y están perfectamente registrados, al igual que las acciones que rodearon el fenómeno legislativo que siguió a la violenta lucha armada. Ese constituyente pasó a la historia, fue dramático y resultó un documento sumamente avanzado para la época a escala mundial. Pensemos que en Rusia los soviets estaban a punto de tomar el poder. Fue lo que Marx llamó un momento dramático.
Lo que se avecina, la creación de la Constitución de la Ciudad de México, será lo que a continuación el mismo Marx denominó como farsa. El constituyente capitalino está formado por viejos cartuchos quemados y por jóvenes que no tienen idea de a dónde van, todos carentes de una razón ideológica, aunque los hay como Beatriz Pagés, Ifigenia Martínez, Enrique Provencio, Gabriel Cuadri, serios y sensatos, que van a dar la pelea no por un empleo más, sino por México. La lista de propuestas que hemos podido ver le quitará al documento su grandeza y dignidad: los ambulantes, las prostitutas, los estacionamientos, la basura, las marchas callejeras, los plantones…
Los partidos políticos, en especial los de oposición (no sé a qué), ya tienen sus agendas y sus propuestas. Carecen de dignidad a pesar de que allí hay personajes legendarios que dejaron de serlo por el desgaste natural que produce el oportunismo, la ambición de poder, la necesidad de tener un sueldo y figurar en los medios. Hasta donde es posible vislumbrar los temas propuestos, no hay más que minucias, mucha paja, que oculta la lamentable ausencia de dignidad de un grupo al que le asignaron una descomunal tarea: darle a la ciudad capital una Constitución. El afortunado Miguel Ángel Mancera es quien mueve las fichas en contubernio con grupos de poder y partidos. A estas alturas pocos saben qué es políticamente el jefe de gobierno: ¿izquierdista, centrista, amigo delBronco, candidato independiente que tiene un partido indeciso y ruinoso, un genio de la política que terminará siendo presidente de México, o una pieza más dentro del perverso ajedrez que suele jugar el inefable López Obrador? Pero ¿cuál es su ideología, qué clase de ciudad o de país quiere?
Los nuevos constituyentes, con excepciones, desde luego, son restos de un proyecto que no cuajó,ancianos ya cansados y jóvenes que se sacaron la lotería pero que carecen hasta de sentido común, para qué hablar de cultura política de alto rango. Son a lo sumo pragmáticos que han aprendido el oficio de los que presiden o son más vistosos, como Porfirio Muñoz Ledo o Augusto Gómez Villanueva, aunque los hay patéticos como el antes panista hoy fanático de AMLO, Bernardo Bátiz. Su preocupación es salir en las selfies, tuitearse entre sí y aparecer en los medios, ninguno tiene mayores habilidades ni antecedentes como los que tuvo el grupo que consiguió darle a la nación una Carta Magna de altísimo rango.
Los medios de comunicación tampoco aportan mucho, ni están calificados ni saben exactamente qué es el periodismo político, les basta con reproducir chismes y dejar de lado el periodismo serio de investigación.
Sin duda las próximas semanas estaremos entretenidos enterándonos de sus discusiones inútiles, bizantinas, de sus escándalos, de la gritería interna y, desde luego, ya lo hemos visto hasta la saciedad, de las majaderías de los seguidores incondicionales del Peje, quien ya se imagina en Los Pinos. Los mexicanos más sensatos buscarán un buen filme (espero logren hallarlo) o seguirán comiendo papitas y bebiendo cervezas en los tediosos deportes que escasa gloria nos han dado.
Al final, sin saberlo ni haberla leído, los capitalinos estaremos orgullosos y felices de ser poseedores deuna fastidiosa Constitución tan larga que vendrán los artículos que nos indiquen dónde y cuándo podemos cruzar las calles.

La ruta presidencial de Mancera

Desde hace algunos días, notamos a Miguel Ángel Mancera muy decidido, pleno de coraje, arriesgado, distinto. ¿Qué lo hace diferente? Busca la candidatura presidencial a la Presidencia de la República. Ahora hace llamados a unificar a la “izquierda” pero sin aceptar su ingreso en uno de esos imaginarios partidos, el PRD, el que lo condujo a la cima. Entre otras cosas le reclama al gobierno federal la reducción del presupuesto para la CDMX y al mismo tiempo organiza maratones completos y a la mitad, lanzamientos de jabalina, carreras de 400 metros con obstáculos (acordes a la situación deplorable que padece la ciudad capital) y además todavía recorre, como lo hacen otros aspirantes del PAN y Morena, el país en busca de votos. Tiene razón, el eje político de México es sin duda este maravilloso set cinematográfico que ahora conocemos como CDMX. Dicho sea en palabras de un columnista conocido: Mancera “tiene su propia ruta” a Los Pinos.
Ya estuvo con las más altas autoridades del gobierno federal para exigir que no le quiten apoyos económicos a la ex ciudad de los palacios. Está, en una palabra, indignado, o finge estarlo. Defenderá a la capital “como un perro”. Necesita dinero para su campaña. Pero qué tal si recupera los millones de pesos que sus antecesores se llevaron del gobierno capitalino para campañas políticas y sus propias haciendas. ¿No podría exigirles a López Obrador y a Marcelo Ebrard que regresen los dineros saqueados para esos fines? Es evidente que entre lo ruinoso que dejaron el Metro y los caminos, puentes, calles y avenidas poseedores de auténticas colecciones de baches, Mancera podría recuperar grandes sumas. Asimismo debería organizar mejor el ambulantaje, la piratería, la inseguridad y la prostitución callejera, para que con tal dinero le sea posible dejar satisfechos a los capitalinos y que sigan ingenuamente votando por él.
El lunes pasado, algunos medios comunicaron que entre gira y gira, Mancera se echaba una cascarita o participaba en una maratón para probarles a los habitantes de Quintana Roo y Campeche que su condición física es envidiable para conducir al país. Otra solución es que participe en actos deportivos de manera profesional para que los premios recaigan sobre su cuenta bancaria. Finalmente, él sabe, acaba de aparecer la noticia, que crece el acopio económico merced a las multas verdes, las que provienen de los vehículos en ruinas que circulan por una ciudad brutalmente urbanizada y despojada de sus zonas verdes.
Trato de señalar que Mancera, en lugar de quejarse de la falta de dinero, busque otros caminos para reconstruir la CDMX y dejar algo para su campaña en pos de Los Pinos. Un estadista siempre tiene a la mano soluciones. Así como organizó al Constituyente de la capital, podría hallar fórmulas para recabar fondos. Ya no debería, por ello, prestarles el Zócalo a la Sección 22 para plantones, sino rentarlo. Si AMLO quiere hablar de la futura república de la felicidad, pues que se caiga con una lana, o sea severo con la que reparte entre sus hijos y amigos cercanos. La otra solución, la mejor, es la que nos aleja del populismo ramplón que los sucesivos gobiernos capitalinos vienen practicando desde hace algunos sexenios. Más que dar cobijas y comida rancia a los pobres, más que ayudar a las madres solteras y más que encabezar un gobierno que entrega limosnas, bien podría crear fuentes de trabajo. El notable artista plástico comunista Diego Rivera hizo un cuadro (está en Bellas Artes) que indica el camino. Una marcha de trabajadores llevan pancartas que dicen claramente: “No queremos limosnas, queremos trabajo”. 
Hay familias, por otro lado, que obtienen una pequeña fortuna regalada: los padres tienen las becas de adultos mayores, las hijas reciben una paga por ser madres solteras, los nietos que estudian perciben dinero para libros, todos tienen médico en su casa y abogado gratuito, que parece invento de Mancera. Pero no. También ama la mentira. Cuando ingresé al ISSSTE en 1963 por ser profesor de segunda enseñanza, de inmediato tuve médico en mi casa (conservo la credencial) y era eficaz. Y ya entrados en gastos, pues que venda el proyecto que no es suyo, a los países que visita para llevar cunas a los niños indígenas sin trabajo. Todo eso le permitiría acumular dinero para cubrir los baches, recoger la basura, tener vegetación e instalar un sistema de transporte público eficiente. Así, yo que no suelo ir a las urnas, votaría por él. 
La pretensión de Mancera, sugieren algunos comentaristas, es convertirse en el Fox de “izquierda” al obligar a los falsos progresistas a votar por él e incluso a atraer a su seno a los priistas resentidos, que no son pocos. Por lo pronto, hará lo que sea para neutralizar a López Obrador. No puede darse el lujo de seguir avanzando sin el voto capitalino.
Durante la elaboración de la Constitución de la CDMX, donde según agudas ironías de Leo Zuckermann, ya nos anticipan más de cinco mil formas de alcanzar la felicidad (“incluyendo el derecho a gozar de la sexualidad plena”), Mancera podrá medir fuerzas por ahora con Morena y el propio PRD, si los doblega, podrá dar el siguiente paso: qué hacer ante el PRI y el PAN. Como se trata de echar al primero de Los Pinos, tendrá que llegar a una suerte de acuerdo o convenio con la derecha para tener la fuerza suficiente para triunfar y dejar a López Obrador diciendo que aunque es el “presidente legítimo”, irá por la cuarta que es la vencida.

septiembre 26, 2016

El periodismo de Elena Garro


Estamos en el centenario del nacimiento de Elena Garro, una notable escritora en busca del reconocimiento que le siguen escatimando. Continúa, a pesar de todo, siendo una marginada. Pero la pregunta es ¿por qué tanta aversión o desdén o envidia o todo junto? Muchos pensamos que es la mejor escritora del siglo XX y lo que va del XXI. Hace unos días, durante una plática sobre Elena, llegué a una coincidencia con Patricia Rosas Lopátegui expuesta en un libro, ¿Quién mató a Elena Garro?: la asesinó el sistema en una reacción contra su periodismo, el que en parte ha sido recopilado por ella, materiales que hicieron de Elena una mujer odiada y temida. México es un país que no resiste la claridad y Elena Garro escribía un periodismo combativo, muy directo, lejos del lenguaje críptico que ha encumbrado a muchos, donde el pan es el pan y el vino, por desgracia, no es otra cosa que vino. Lo hizo con dura agudeza y como maldición a sí misma: de allí nacen los odios, las aversiones y las incomprensiones, porque supo mostrarse con entereza y valor, en un caso poco frecuente en las letras nacionales, donde los intelectuales lo han usado para ser zalameros con el poder y no arriesgar nunca.
 Elena Garro comenzó por la danza y siguió con la literatura, nada en ella parecía mostrar a la polémica mujer en que se convertiría merced a un periodismo que la reflejaba con precisión, decidida a no ceder, a cambiar el mundo, a devolverles a los indígenas el paraíso perdido, a enfrentar a los intelectuales, sus pares, sin importar el costo. Pero Elena no estaba preparada para combatir el ambiente rudo de la política, se había educado para el arte, para escribir soberbias obras de teatro, cuentos de una asombrosa belleza y novelas de rotunda inteligencia. Paz, independientemente de su talento y capacidad poética, era un hombre enamorado del poder, lo vemos desde sus primeros pasos, lo combate para tenerlo, mientras que Elena lo detesta, ve en el Estado la fuente de muchos males. Su concepción de la política es elemental y razonable, cree en lo bueno y lo justo sin tener una idea exacta de cómo se llega a estos valores supremos. Cae en su propia trampa: un periodismo honesto, crítico y sincero en un medio ajeno para llevarlo a cabo.
 El libro mencionado contiene lo que Elena Garro escribió para diarios y revistas. Me llama la atención que las críticas que recibe provengan de Elena Poniatowska, en un prólogo que no le correspondía hacer. Es la diatriba de una Elena a otra: están de nueva cuenta dos Elenas: la que no supo enfrentar al sistema político mexicano y la que lo ha cautivado al grado de recibir cuanto premio y reconocimiento es posible obtener. Poniatowska incurre en omisión. Por ejemplo, ironiza la devoción de Garro por Carlos Madrazo y deja de lado la suya por el tortuoso López Obrador. Hay que recordar una idea de Marx: la historia se repite, primero es tragedia, luego farsa. Lo que en Madrazo fue desgracia, en tiempos en que no era fácil romper con el poder del PRI, (lo que hoy hasta valioso resulta), en López Obrador, es ridícula parodia. Se trata de un demagogo elemental convertido en caudillo merced a golpes baratos de audacia. Madrazo termina sus días en un sospechoso accidente aéreo, fuera del PRI y trabajando en un nuevo partido político para democratizar al país. El otro, hace el ridículo de presentarse como “presidente legítimo” y trabaja para confundir más a una “izquierda” integrada por ex priistas del peor estilo. Cada una tiene, pues, el político que se merece y Poniatowska lleva las cosas al grado ridículo de calificarse como “pejeviejita” y escribir fanáticamente un libro para confirmar la patraña de que AMLO es el “presidente legítimo”.
 Es posible que sus críticos tengan razón: el periodismo de Elena Garro no es fundamental, dentro de una prosa narrativa deslumbrante y una dramaturgia memorable. Pero su periodismo es combativo y sólo preocupado por sus objetivos. Elena Garro, en principio, escribe en un momento en que no existe la libertad de expresión, cuando el valor, el coraje, se probaba con la palabra escrita y publicada. Fue un arma que tuvo aciertos notables, como sus apasionadas defensas de líderes campesinos de la talla de Rubén Jaramillo o del intelectual guerrillero que trató de ser Régis Debray. Elena Garro ingresó con el diarismo a una realidad brutal y salvaje que pocos intelectuales han conocido y padecido.
No estaba preparada y se asustó del cofre que había abierto. Su única salida fue huir con su hija Helena Paz. Sin esa etapa, hoy nadie le objetaría la corona, que en rigor le corresponde, de ser la mayor escritora de México luego de Sor Juana Inés de la Cruz. En apariencia manchó su vida, y se sigue discutiendo su biografía y no sus obras dramáticas y novelas prodigiosas, al margen de toda indicación inteligente, como la estética lo indica y el sentido común de la literatura lo exige.
 La idea de que a Elena Garró la mató el sistema no es descabellada, la acosó, la persiguió, se aprovechó de su ingenuidad política. En esta tarea demencial y demoledora los intelectuales tuvieron parte de responsabilidad: para que el sistema detonara la granada, alguien tenía que adquirirla. Pero también la propia Elena colaboró, su ingenuidad transformada en paranoia fue decisiva. Hoy somos miles los que estamos recuperándola, dándole el lugar que merece su genio literario.

septiembre 23, 2016

China sin Mao Tse-tung

Hace poco más de cuarenta años falleció uno de los grandes políticos del siglo XX: Mao Tse-tung. Inspirado por el pensamiento de Marx y Lenin, motivado por la urgencia de sacar a su país del atraso y la miseria, de las desigualdades, se lanzó a una lucha compleja y difícil. Entendía la magnitud de su empresa, pero ya el éxito de los bolcheviques en Rusia y el nacimiento de una nueva era donde el comunismo se veía como una realidad cercana movió a millones de chinos hambrientos y sin mayor futuro a una guerra que parecía imposible de ganar. El mundo acababa de participar de muchas formas en la Gran Guerra, la que luego, ya con Hitler en el poder de Alemania, pasaría a ser la Primera Guerra Mundial, pues se avecinaba otra de peores consecuencias y atroces resultados.
El Ejército de Mao ni estaba bien entrenado ni poseía los recursos para enfrentar a Chang Kai Shek y su ejército bien armado, entrenado y con apoyo occidental. El Partido Comunista Chino fue diezmado y los obreros que estaban en sus filas y que tenían el mayor nivel de combate fueron eliminados, no tenía el dirigente chino más camino que emprender una larga marcha, recorrer las inmensidades de su territorio recurriendo a la guerra de guerrillas contra los nacionalistas. Como si ello fuera poco, Japón invadió China y el enemigo para Mao se duplicó. En lo sucesivo, tendría que combatir contra nacionalistas chinos e invasores japoneses. Una hazaña que el sentido común dictaba imposible de llevar a cabo. Mao recorrió más de veinte mil kilómetros y al fin, en 1949, tenía un poderoso ejército de origen campesino que conquistó su propio país, tan vejado en los siglos recientes.
Para el comunismo internacional fue una noticia que esperanzaba. Ya la Unión Soviética no estaba sola, otro gigante se había asumido comunista. Sin embargo, contra los vaticinios de hermandad o solidaridad internacional, la URSS y China no se entendieron, ni siquiera el hábil diplomático que fue Chou En-lai logró el milagro de conseguir que Stalin fuese un hombre sensible a los propósitos chinos. No sólo se distanciaron ambos países, sino que llegaron a enfrentarse militarmente a causa de problemas fronterizos. Muerto Stalin, la relación no mejoró, pese a que ambos países estaban de acuerdo en brindar apoyo a Vietnam en su lucha primero contra los franceses, más adelante contra los norteamericanos. En miles de libros y artículos, recibimos explicaciones sobre las posturas de los dos colosos que marchaban supuestamente por el mismo camino.
El resto es mejor conocido. China fue convirtiéndose en potencia, utilizando su descomunal mano de obra campesina y gradualmente industrializándose. No fue fácil, la política llamada “El gran salto” y más adelante la desastrosa, en 1966-1967, “Revolución cultural” que significó un atraso y una destrucción de los avances logrados hasta el momento. Una vergüenza y una ridiculez para China, humillaba, torturaba y hasta asesinaba a intelectuales, artistas, maestros por no sumarse a ciegas al culto a la personalidad que en esa nación tenía límites insuperables.
El derrumbe de la Unión Soviética no fue tan terrible para China, quien ya pensaba en rutas capitalistas para salir del atraso. China, pues, despertaba del largo sueño y se movía con voluntad de conquistar el futuro. Podría seguir la rivalidad con el capitalismo tradicional, pero era necesario tomar muchos de sus logros para tener éxito. De tal manera nació la idea de “tener dos sistemas y una patria”, poética y discutible política que ha convertido a China en un país temible que ya le disputa muy de cerca la supremacía a sus antiguos rivales. Muchos son los que ya vislumbran el poderío económico y militar chino al frente del planeta. El lugar que ahora ocupa Estados Unidos sería desplazado y superado. El fin del imperio norteamericano.
Mao Tse-tung es una reliquia momificada. Al cumplir cuarenta años de su fallecimiento, miles y miles de chinos visitaron llorosos el mausoleo del gigante. Siempre es, a diferencia de la tumba de Lenin, un lugar iluminado, lleno de flores y vigilado por soldados inamovibles. No se permiten fotos o detenerse un segundo de más a mirar el cuerpo. Sin embargo, ya no existen festejos oficiales. Los chinos viejos recuerdan con veneración a Mao, los jóvenes piensan en las atrocidades de sus últimos años, y a pocos les ha interesado el difícil pasado, mirando un promisorio futuro que tiene mucho más de capitalismo que de comunismo. Queda, eso sí, los deseos de ser una potencia descomunal y en tal sentido la actual burocracia política conduce al partido con mano dura y sin perder de vista los objetivos.
Sus desacuerdos con Occidente por Formosa (una inmensa isla, el refugio de los nacionalistas encabezados por Chan Kai-Shek) están dentro de sus pasos a seguir, es parte del territorio chino y a él debe regresar. Por lo pronto la sacó del Consejo de Seguridad de la ONU y así como recuperó Hong-Kong y otras posesiones que estaban en manos extranjeras, es posible que logre que vuelva a formar parte de un solo país, un gran país densamente poblados de personas y sueños de grandeza. Una de las civilizaciones más antiguas está decidida a ocupar el sitio estelar que vislumbra. No será comunista del modo tradicional, pero será fanáticamente china y decidida a ser el país más fuerte del mundo y quizás nunca olvide que el arranque de su poderío moderno se lo debe al marxismo.