Tantadel

octubre 28, 2007

Seguimos huyendo, Helena Paz Garro

Seguimos huyendo, Helena Paz Garro
René Avilés Fabila (Excélsior, 28-Oct-2007 )

Helena lleva dos apellidos célebres en las letras nacionales: es hija de Octavio Paz y de Elena Garro. Tendría, en consecuencia, que ser respetada y dueña de una cómoda posición económica. Su padre fue realmente un poeta superior y un caudillo intelectual destacado, como nunca hemos tenido otro. Llegar a ser el luminoso rey de un país de sombras no resultó fácil. Su carrera fue compleja y cuando al fin encontró el prestigio total e indiscutible, se convirtió en una suerte de tirano cultural. Él decía quién valía y quién era desechable. Con Salinas y Zedillo era más que respetado, temido, tenía poder político y lo usaba. Polemizó con muchos y rompió con otros, desdeñó a unos más y a todos los suyos les exigió subordinación. No tenía amigos, tenía súbditos. La república de las letras se hizo monarquía y ello incluyó rey y aristocracia.

Por otro lado, en situación opuesta, estaba la madre de Helena, Elena Garro, sin duda la mejor escritora del siglo XX. No se trata de una frase, es algo que puede constatarse si se la lee sin presión biográfica. A Elena los odios le vienen, no me cabe la menor duda, de una época en la que sus colaboraciones en diarios y revistas mostraban su oposición a los valores establecidos y a las reglas de artistas y escritores previos al 68. Errores políticos y su feroz crítica al oportunismo de los intelectuales le fueron cerrando puertas. Que Elena poco entendía de política, es cierto, su talento era literario y lo probó con multitud de obras de teatro, novelas y cuentos de admirable perfección. Nunca fue la heroína de políticos ni la mejor amiga de los escritores y los pintores más famosos, al contrario, con todos peleó. El movimiento del 68 fue, para la escritora, una trampa. Convencida de la lucha de Carlos Madrazo, expulsado del PRI y tratando de formar un nuevo partido para democratizar al país, Elena dedicó su tiempo a los campesinos. El movimiento estudiantil le pareció un acto de anarquistas y así lo hizo saber con enorme valentía y sin percatarse del error. Fue la que más caro pagó el 68: su inexperiencia e ingenuidad la aterrorizaron y salió huyendo del país para someterse a vejaciones inauditas y dignas de la literatura de Víctor Hugo. Tanto los intelectuales como el Estado la hicieron víctima. De sobra se sabe de sus sufrimientos y desventuras, todo lo enfrentó en compañía de su única hija, Helenita, y de varios gatos, como Lola. Su regreso a México, impulsado por sus amigos, como José María Fernández Unsaín, Emilio Carballido y yo mismo, fue en apariencia la fórmula para mejor ayudarla a vivir y a que el país aceptara que era su mejor y más notable narradora y dramaturga. Pienso ahora que fue un error, debió quedarse en París. Aquí se convirtió en el centro de la polémica, del desdén, de la ira de su ex marido, del morbo y la curiosidad de periodistas en busca de una historia. Su muerte, ocurrida poco después de la de Paz, quien tuvo funeral de Estado, fue triste, miserable, en un sórdido departamento, pequeño, de la calurosa Cuernavaca. Su obra sigue buscando editor adecuado y lectores que la valoren, lejos de la postura de apariencia ideológica.
Helena Paz Garro acaba de publicar en el Fondo de Cultura Económica parte significativa de su poesía. Algunos poemas los conocía y los publiqué en Excélsior, otros son de nuevo cuño. Está delicada, vive en condiciones deplorables por no decir patéticas. La pensión que inicialmente era de poco más de treinta mil pesos mensuales se redujo a la mitad y nadie sabe exactamente por qué. Ella me ha pedido que escriba esta nota debido a que sus enfermedades crecen y no hay forma de darle el apoyo médico que requiere. Sus escasos amigos tratamos de ayudarla, pero no es suficiente. ¿Podría el Sistema Nacional de Creadores, del señor Sergio Vela, tan adicto a otorgar becas de amistad, considerarla para darle uno de sus reconocimientos? ¿O la viuda de Paz ser más generosa con una mujer débil, incapaz de defenderse, como es Helenita?

No hace mucho Helena publicó el primer tomo de su autobiografía, brillantes memorias que reconstruyen multitud de notables personajes y situaciones que pocos mexicanos han tenido oportunidad de conocer y que ella, como hija de Paz y Garro, pudo ver de cerca. México tiene mala memoria y en materia intelectual tiene caudillos ajenos al drama que vive esta escritora. Si aceptamos (con las dificultades del caso) que la madre cometió errores políticos, no hallo razones para que su hija deba seguir sufriéndolos. Ya los pagó la madre con el ninguneo, el desdén, el odio de tantos y tantos miembros de la comunidad intelectual. Creo que estamos a tiempo, antes de que las enfermedades avancen, de ayudar a una mujer cuyo talento no ha podido ser visto debido a las pasiones que sus padres desataron y a la terquedad del poder político en sólo reconocer a dos o tres figuras cercanas a ellos como lo más grande del país, cuando en realidad tienen una obra discutible y sobrevaluada.

www.reneavilesfabila.com.mx

4 comentarios:

Anónimo dijo...

¡hola!
Me da mucho gusto que haya publicado este nuevo tema, ya que el primero de "¿Quién mató a Elena Garro?" me gusto mucho en lo particular.
No me queda mas que felicitarlo por sus excelentes obras, realmente estoy de acuerdo con todas las personas cuando dicen que usted es "UN EXCELENTE ESCRITOR"
ATTE.GUADALUPE ISABEL(ITCA)

Anónimo dijo...

¡HOLA!

ESTUVE PENSANDO MUCHO SOBRE ESTE TEMA, Y CREO QUE MEXICO SE ENCUENTRA CIEGO ANTE ESTA SITUACION PUES COMO USTED LO HA MENCIONADO, HAY PERSONAS QUE DEBERIAN SER RECONOCIDAS POR LAS COSAS TAN MARAVILLOSAS QUE HACEN Y REALMENTE NADIE PUEDE RECONOCERLOS COMO DEBERIAN,PUES SOLO DEDICAN A SACAR A LA LUZ LAS COSAS MALAS QUE HAN HECHO O PEOR AÚN, LAS COSAS MALAS QUE PERSONAS MUY CERCANAS A ELLOS HICIERON.
ATTE. GUADALUPE ISABEL(ITCA)

Jorge Villarruel dijo...

Yo no soy nadie importante. Nadie se detiene a preguntarme qué es lo último qué escribí o a comentarme lo último que leyó escrito por mí. No he publicado nada (salvo algunos cuentos y artículos en algunas revistas y un periódico, en el Búho tres veces). Mis palabras puede que queden como el aire de la madrugada: sólo allí y nadie que lo sienta. Pero algo sí sé: Helena es un ser hermoso, y un modo de decirle lo importante que ha sido para mí leerla, es convertirla en un personaje de mi novela. No la conozco en persona, pero la siento cerca, como una buena amiga.

"En las paredes ya no quedaban pinturas importantes, las maquinarias de la ilusión habían sido cambiadas por fruteros y floreros. No había velocidad, ruido o vértigo, únicamente aquella triste muerte estática y estéril. La mesa donde Helena Paz Garro grabó las iniciales de su nombre con una corcholata, la misma donde Sarita y yo hacíamos planes de confeccionar juntos una larga antología de cuentos de terror, de todas las épocas, de todos los países, descomunal mantícora literaria (iba a decir quimera, pero la mantícora me parece una criatura más interesante, y las quimeras me hacen pensar en peces y mariposas) que duraría toda nuestra vida, creciendo y creciendo cada determinado tiempo, cada vez que una nueva edición saliera de las imprentas, esa mesa fue reemplazada por una de plástico con cuadros grabados para jugar damas. Aún conservo en mi casa un retrato de ella, de Helena, en una de sus visitas al CaFé."

extracto de Los elefantes son contagiosos; por Jorge Villarruel.

carmen vera dijo...

Estimado René Avilés Fabila, sus palabras fueron, son y serán un homenaje a la grandiosa Helena Paz Garro. En mi etapa preparatoriana leía con gusto el suplemento El búho que dignamente dirigió: ahí conocí a Helena Paz Garro y algunos de sus poemas. Mi agradecimiento por ser, usted, el medio para seguir y reconocer a una figura literaria quien, a mi juicio, sin ella, gran parte de la vida y obra de sus padres no podría ser completada. He leído el primer tomo de las Memorias de Helena y más allá de enterarme de circunstancias propias de su percepción en determinados momentos de la familia Paz-Garro; me quedo con la voz ingenua, infantil y jovial de una narradora poco común en nuestras letras. Ese tono es el que me permite leerla sin la presión y peso de sus padres.
Un afectuoso abrazo y una felicitación por su contribución con Helena Paz Garro que en paz descanse.