Tantadel

noviembre 07, 2007

René Avilés Fabila

Nuevo bestiario

IGNACIO TREJO FUENTES
Sección cultural,
Revista
Siempre!
4 de noviembre

La invención de animales extraordinarios parece consustancial al ser humano, y puede que responda a motivos religiosos, a miedos ancestrales, a pretensiones de inmortalidad o, simplemente, a la imaginación desatada o a meros arrebatos estéticos. Son famosos los bestiarios de Leonardo da Vinci, de Borges y de muchos escritores y pintores.

En nuestro medio, sobresalió en ese terreno Juan José Arreola, y de sus discípulos el más fiel a la tarea ha sido René Avilés Fabila, quien no cesa de imaginar bestias fabulosas; ofreció un muestrario en Los animales prodigiosos, y vuelve a la carga con El bosque de los prodigios. Como puede verse por los títulos, para el autor estos seres no son simplemente monstruos, aberraciones o delirios, sino prodigios, y puede remitirse el término a la naturaleza, a la imaginación o a ambas.

Si las culturas griega, china, y casi de todas partes y épocas se han solazado en la creación de bestias fabulosas, Avilés Fabila sostiene que en las prehispánicas (mexica, maya, inca, etcétera), no se anduvieron por las ramas y cooperaron a ese bestiario de fantasía, por ejemplo la serpiente emplumada, el nahual y tantos otros seres mitológicos. Partiendo de esa idea, el escritor inventa su propia galería, y atribuye sus “hallazgos” a las crónicas, códices y otros documentos de carácter histórico y luego a pesquisas recientes y aun personales. Sigue así las reglas impuestas por los fabuladores modernos: imbricar realidad y fantasía, para que el lector sienta que se le habla con la verdad y quede convencido de la existencia de aquellos entes.

René remite al célebre zoológico del emperador Moctezuma, y señala que en él había monstruos aterradores. Luego, lleva sus rastreos a otras regiones de México, Centro y Sudamérica y rescata una cantidad pasmosa de ejemplares que son mitad verdad y mitad invención. Sobresalen el coyote emplumado, la serpiente vampiro, las aguas carnívoras, el árbol asesino, la serpiente de plumaje verde y garras de león y hocico de hiena, el pez de agua, el pez alado, la tortuga de fuego, el perro de yerba, el conejo-coyote, el loro inteligente, el águila bicéfala, la serpiente circular, el pez-perro, el monstruo subterráneo, el hombre alacrán…

De toda esa galería asombrosa me entusiasma el pez de agua, que es invisible y que por esa cualidad ha podido sobrevivir: vivió y vive entre nosotros. Como en este caso, es celebrable la imaginación del autor, porque gracias a ella sus argumentos a favor de la existencia de las bestias se convierte en certeza, y se da aquí el acoplamiento maravilloso de realidad y fantasía, sin el cual todo se iría a pique. Las de René no son exactamente fábulas, sino extraños cuentos que hacen creer que proceden de constataciones verosímiles, y eso redobla su encanto, porque los lectores no tenemos más remedio que admitirlos, como lo hacen quienes leen la literatura maravillosa o de hadas y aun la terrorífica: su disposición, sus ganas de creer, completan el círculo necesario de esta especie literaria.

Y toda la imaginación de René está espléndidamente apoyada por la buena prosa y la adecuada concatenación de los argumentos, y por eso casi no hay pieza que no resulte “creíble” pese a su naturaleza fantástica: sí, el autor nos convence de que esos prodigios existieron o existen. Fantasía y sobradas dotes narrativas hacen de este uno de los libros más hermosos de su autor: un producto de exportación.

René Avilés Fabila, El bosque de los prodigios. Nueva Imagen (Obras Completas de René Avilés Fabila), México, 2007; 195pp.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Bien por mi ex maestro Ignacio Trejo Fuentes, está visto: es el mejor crítico del país. Me gustó su enfoque y la manera de tratar un libro poco común en México. Felicidades:

Francisco A. Avila dijo...

No hay otra posibilidad más que la de coincidir con Trejo Fuentes y al mismo tiempo celebrar el trabajo de Avilés, "El Bosque de los prodigios", es un libro no sólo imaginativo sino oportuno y necesario en una sociedad condenada al olvido y a venderse a cambio de espejitos que nunca reflejaron, ni reflejarán, la grandeza que tuvo este pueblo.

Jorge Villarruel dijo...

Citemos lo que dice el reverso de "Los animales prodigiosos", de 1994: "René Avilés Fabila es un caso excepcional en las letras mexicanas. Autor de novelas de tema amoroso y político, desde sus inicios ha cultivado con esmero la fantasía".

"El bosque de los prodigios", cómo no, continúa con esta tradición, rescatando algunos textos de "Los animales prodigiosos", pero extendiendo la obra más allá, hasta llevarla a terrenos de profundidad y divertimento que, con el riesgo de volver a ser llamado lambiscón, no alcanzarón ni Arreola ni Borges.

Un libro estupéndo, qué duda cabe.

Anónimo dijo...

Gracias por tu generosidad y a Ignacio Trejo Fuentes le envío un gran abrazo por este medio y por ser el mejor crítico literario de nuestro país, a jorge villarruel, francisco a. avila y demás visitadores de este espléndido blog deberíamos hacer una posada o una buena reunión en la Guadalupana para festejar nuestras mismas aficciones y gustos. Saludos
Lic. Imelda Robles Solís

Anónimo dijo...

EL BOSQUE DE LOS PRODIGIOS

Luis Fernando Escalona

Resulta fascinante encontrar libros que recopilen a otros extraños seres que la mente humana recreó. Porque sólo los recrea, ¿verdad?

Conozco muy poco sobre bestiarios. Al tener en mis manos El Bosque de los Prodigios del maestro René Avilés Fabila, recordé que precisamente con un libro similar lo conocí: Los Animales Prodigiosos. Porque la riqueza de René es que se asombra con el mundo, expone y comparte. Y lo mejor de todo, a nosotros los lectores, nos deja algo para meditar; algo que nos permite crecer y preguntarnos qué tan comprometidos estamos con la Gran Causa, que es la Humanidad y su entorno.

Sin lugar a dudas, El Bosque de los Prodigios es un reflejo de hombres y mujeres que estuvieron comprometidos con esa enorme Causa. Porque el hombre es un fragmento de la Naturaleza y quienes la veneraron, se recrearon en ella una y otra vez.

Hay cierta nostalgia en algunas de las fabulosas especies que nos muestra René. Animales que desaparecieron por una extrema soledad dentro de su entorno; o más bello aún, animales que murieron de tristeza al ver sus bosques y hogares invadidos por unos monstruos horribles: los hombres.

Además, son animales que vivieron en el corazón de las culturas antiguas de México. Vemos en el libro de René un arduo trabajo por darle a nuestro pueblo, una mitología; un nexo entre nosotros y la Naturaleza, entre el hombre y el espíritu. Porque solamente a través del respeto y la veneración por lo natural, podremos encontrar el camino para que hombres y animales vivan en un mismo lugar sin hacerse daño los unos a los otros.

Y entonces, habremos creado y recreado un mundo mejor.

Anónimo dijo...

Tio felicidades eres uno de los mas grandes periodistas que ha dado Mexico