Tantadel

diciembre 03, 2007

Regreso a casa

Estas dos últimas semanas fueron de mucho trabajo y en consecuencia desatendí mi blog, una manera de comunicarme con mis amigos y desde luego para recibir insultos vulgares y agresiones gratuitas. Es curioso, del mismo modo que en este blog sólo aparecen las idioteces de un tal Jairo, y las demás son reflexiones sensatas, a mi correo han llegado docenas de comentarios sobre el tema propuesto en mi larga nota sobre los tiranuelos de la cultura nacional. Ello se debe a que Gonzalo Martré un escritor desdeñado por las mafias y los grupos de poder intelectual la introdujo en una suerte de periódico virtual llamado la Rana Roja, que, por cierto, es muy divertido. Por ese lado, hubo una reacción en cascada que me permitió recibir correos hasta de París.

Pues bien, hace una semana estuve en Morelia, fui a dar un taller literario a los universitarios que estudian Letras. Fue curioso, un señor, se presentó como médico, trató de imponer el tema político sobre el literario. Los jóvenes rechazaron la propuesta. Pero a la salida aquel hombre me abordó y me dijo que había leído algún artículo mío y que yo tenía razón: los partidos políticos son un asco. Por ello es necesario llevar a cabo una “revolución” encabezada por Andrés Manuel López Obrador, como usted ha propuesto. Sospeché que me estaba confundiendo con Luis Mandoki o que de plano no había entendido mis trabajos periodísticos.

De Morelia fui, casi sin reposo, a Puebla, en la Preparatoria Emiliano Zapata de la BUAP, el 23 de noviembre, pusieron una placa con mi nombre a una aula destinada a la lectura y en ella una minificción que escribí hace algunos años y que ha corrido con fortuna: “Los fantasmas y yo”

Siempre estuve acosado por el temor a los fantasmas hasta que distraídamente pasé de una habitación a otra sin utilizar los medios comunes.

Luego platiqué con unos quinientos estudiantes sobre literatura. Me acompañaron los académicos Guillermina Pérez y Ricardo Cartas, ambos fueron generosos en la presentación. Se los agradezco.

No terminaba de llegar a mi casa cuando me recordaron que tenía que ir a Tlaxcala a participar en una mesa redonda. Carlos Montemayor que tendría que haber ido, fue operado (no de gravedad, por fortuna) y me dejó la responsabilidad. Ah, pero allí estaba el gran poeta y hombre de serias convicciones políticas Juan Bañuelos y me acompañó (un lujo) en un entretenido diálogo con maestros y sindicalistas. Al concluir, los organizadores dieron una espléndida comida típica. En la sobremesa, Juan me dijo: tú y yo no ganaremos un doctorado Honoris causa, pero como precisaba nuestro querido Otto-Raúl González (recientemente fallecido, poeta de altos vuelos), nos entregarán un doctorado Honoris Sauza. De acuerdo, querido Juan.

Ya en el DF, el sábado primero de diciembre, el ilustre director de orquesta, compositor, por añadidura, Luis Herrera de la Fuente, hizo un festejo para conmemorar el año número nueve de la revista Universo de El Búho, una publicación, dirigida y realizada por Rosario Casco Montoya, que aparece mensualmente, con un tiraje de cinco mil ejemplares que son regalados a todos aquellos que la soliciten. Debo decir que la lista de colaboradores es de primera línea y que por ello hemos podido mantenerla sin ningún apoyo oficial o particular, sólo con los recursos de la fundación cultural que lleva mi nombre y que provienen de nuestro propio peculio, el de Rosario y mío.

Esta semana imagino que estará menos complicada. Tengo que calificar a mis estudiantes, jóvenes que están por titularse en la UAM-X como licenciados en Comunicación Social y organizar el siguiente trimestre y un curso que debo impartir en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, sitio que amo porque allí estudié y en esas aulas me convertí en profesor universitario.

Para concluir, me siento obligado a incluir en este blog un artículo que recientemente publiqué en Excélsior (el pasado domingo 2), para que no haya dudas sobre mi postura acerca de los partidos políticos.

Partidocracia, enemiga de la democracia

Al despedirse de sus tareas como presidente del IFE, Juan Carlos Ugalde hizo una crítica a los partidos políticos, les llamó partidocracia, lo que indica que es un poder que rige al país y sustituye a la democracia. Es un término nuevo que políticos y partidos temen utilizar por la turbiedad que implica. Recuerdo haber escuchado por vez primera la palabra hace unos seis años. Al caer la tiranía priista nos vimos desconcertados, sin saber qué hacer. Fox, a quien la sociedad le dio el honor de llevarnos hacia una transición positiva, que no fuera únicamente alternancia del poder, fracasó rotundamente, fue un fiasco. El presidencialismo perdió fuerza.

Hubo sin embargo cosas positivas que vislumbrábamos desde los años anteriores al 2000: el país cambiaba, aparecía la crítica y una mayor libertad, gracias a los medios de comunicación. Es verdad, no a todos, pero para fin de siglo la situación había mejorado y no merced a los partidos políticos. Salió el PRI y llegó el PAN y el presidencialismo dejó de ser una constante agresión al país. En lo demás, las cosas siguieron iguales. La enorme mediocridad de Fox y su gabinete, la incapacidad política del PAN, empresarios de poca monta, rezanderos que salieron del clóset, figuras menores ausentes de grandeza, ignorantes como el propio primer mandatario, cabalgaron sobre el maltrecho caballo creado por el PRI. Lo mismo hace Felipe Calderón. Al desaparecer el presidencialismo, México tuvo un enorme vacío de poder. ¿Quién o quiénes lo ocuparon? No la sociedad, sino los partidos políticos.

Tan llenos de odio entre sí, tan enemigos los del PAN y los del PRD, tan desdeñosos los del PRI por sus rivales, rodeados de partidos morralla sin principios, que se venden al mejor postor, formaron una suerte de coalición o mafia que ahora se conoce como partidocracia. Pueden darse de patadas debajo de la mesa, intercambiar ofensas, calumniarse, pero saben que juntos, bien posicionados en las dos cámaras, son imbatibles.

Por lo pronto tienen al presidente bajo acoso, no sólo lo persiguen personajes demenciales que requieren suéter de fuerza como López Obrador, Fernández Noroña y Federico Arreola, sino que Calderón actúa bajo la presión de diputados y senadores. Antes el Ejecutivo sólo le temía al Ejército, ahora también a los legisladores, en su mayoría de escasas luces y lecturas mínimas. La mayoría viene de los bajos fondos y saben que allí está el camino al éxito: en el mar de confusión política que navegamos pueden hacer carreras que les permitan formar una buena hacienda personal.

La partidocracia se consolidó, entre otras cosas, porque el IFE de Ugalde no supo mostrar los resultados de una reñida elección, su pecado fue de torpe discreción. Debió decir que la diferencia era mínima, sí, pero que Calderón punteaba el proceso. Dejó dudas y de allí dos presidentes y una división entre mexicanos que por fortuna se extingue ante las bufonadas de AMLO y sus creyentes. Alguien tenía que pagar los platos rotos y fue Ugalde. Sin embargo el problema es que el G-3, como le llama Ricardo Alemán a la unión del PRI, PAN y PRD, y el G-5, integrado por partidos pequeños, realmente negocios familiares, tienen una fuerza descomunal que desplaza el relativo poder que pudieran tener los dos tradicionales: el Ejecutivo y el Judicial. Queda la partidocracia, fuerte y consistente, resguardada en las cámaras de diputados y senadores, la que logra superar sus graves diferencias para mostrar un frente único e ir modelando las instituciones ciudadanas o no, que garantizaban un trabajo serio. Lo que ha hecho ahora es un IFE a su medida. Pero esto no es lo más grave, lo alarmante es que ha desplazado a la sociedad y convertido en una masa sin oportunidad de intervenir. Los partidos, según el marxismo, son la expresión de los intereses de una clase o de un estrato social. Pero los nuestros no responden en ningún caso a intereses de clase o a los de la nación, responden a los suyos, a los propios, y desde esta perspectiva se han amafiado en el Legislativo. El francés André Hauriou decía que “únicamente una fuerza política organizada (la sociedad) puede reemplazar una fuerza política organizada (los partidos)”.

La sociedad mexicana enfrenta nuevos desafíos. Si antes el Ejecutivo era su peor enemigo, ahora lo es el Legislativo, representado por partidos rencorosos, vengativos y ambiciosos, que han acorralado fácilmente al presidente de la República y le han dejado la posibilidad de sacar agua de Villahermosa o hacer un gabinete de “pecadores medianos” que consultan con deidades los problemas nacionales. Las grandes acciones las llevan a cabo los partidos a través de sus senadores y diputados. Ellos nos gobiernan, mientras que la sociedad no acaba de darse cuenta del enorme poder que tiene y que de ella tendrían que salir proyectos y políticas que nos rijan para convertir a los partidos en representantes de sus legítimos intereses.

1 comentario:

Jorge Villarruel dijo...

Vaya. Sí que fue una temporada llena de actividades. Mientras, yo disfrutando de mi desempleo (se siente bien renunciar a una empresa por principios éticos, pues la dicha empresa, concesionaria de SETRAVI, ya estaba metiéndose en asuntos bastante turbios, como la adquisición de un prestigioso padrino, ni más ni menos que el Jefazo de la Policía de la Delegación Benito Juárez, entre otras cosas).

Cuando trabajé allí, impartiendo cursos de capacitación para los taxistas, llegué a conocer toda clase de posturas políticas, desde aquellos que reverenciaban al Peje, como aquellos que creen que hubo fraude y que gracias a Dios lo hubo, hasta aquellos, un poco más sensatos, que piensan que Don Porfirio debió aventarse unos cien añitos más al frente del poder nacional.

En fin, fue una experiencia bastante buena, trabajar con esta gente. Pero ahora, a buscar algo nuevo y valioso. Quizá un premio literario, ¿tendrás el teléfono particular de algún juez corrompible mediante halagos -dinero no tengo-?

Te sigo leyendo, RAF.

Saludos.