Tantadel

enero 19, 2008

Murió el escritor cubano-mexicano Lisandro Otero

Hace unos días, poco antes del fallecimiento de Andrés Henestrosa, murió el periodista y novelista cubano nacionalizado mexicano Lisandro Otero, hombre de dos mundos, el socialista de Cuba y el capitalista de México. La noticia fue difundida sobre todo por los medios escritos. Uno de ellos me entrevistó acerca de su muerte. Debo confesarlo, me desconcerté y no pude darle a la reportera una idea clara de lo que pienso. A lo publicado añado sólo una historia. Lisandro venía de Cuba dejando atrás una historia difícil y turbia. En La Habana escuché de jóvenes intelectuales severas críticas a su proceder como comisario político estalinista, rígido y brutal. Trabajó a mis órdenes en El Búho, suplemento cultural de aquel Excélsior, y yo a las suyas en la página editorial y en una sección internacional que manejaba. Él procuraba acomodarse en la política mexicana y con mucha cautela se apoyó (alrededor de 1999) en la amistad cercana de los Labastida (Jaime y Francisco). No se trata ya de discutir su periodismo o su literatura, sino su actuación pública al servicio de una causa, la del PRI. En esos momentos Excélsior vivía abrumado por las deudas y apoyó abiertamente a Francisco Labastida a la presidencia. Por tal época escribí un artículo crítico pidiendo la renuncia de Ernesto Zedillo por su incapacidad política, al paso hablaba de que Labastida sería más de lo mismo. Por supuesto, el artículo jamás apareció. Al día siguiente interrogué a Lisandro y me dijo que yo estaba "muy radical". Mi respuesta fue sencilla y difícil: renunciar a Excélsior, donde trabajaba desde hacía unos quince años; con El Búho, había ganado diversos premios nacionales, entre ellos el que concedía el gobierno de la República y mis artículos editoriales habían merecido también algunos reconocimientos en una época donde el periodismo era mudo y cobarde. Pero si uno acepta la censura una vez, vuelve a aceptarla y no es mi caso. Y la mantuve a pesar de las solicitudes de los directivos de la casa editorial. Conmigo salieron alrededor de setenta periodistas, escritores y pintores. Es verdad, muchos jóvenes que se formaron conmigo, pero también figuras como José Luis Cuevas, Sebastián, Griselda Álvarez, Andrés Henestrosa, Silvio Zavala, Alberto Dallal, Bernardo Ruiz y muchas más. Como respuesta, Lisandro fundó otro suplemento cultural Arena y desapareció todo vestigio de mi trabajo. Más aún, en primera plana del diario, él y Aurora Berdejo escribieron brutales calumnias e injurias, sin ningún análisis serio, puro rencor y por órdenes del director general, Regino Díaz Redondo.


Así, pues, salí de Excélsior, empujado por Lisandro Otero, quien en ese momento condujo una sección más, Arena. De ello hubo un silencio inaudito, inexplicable. La historia de esa renuncia masiva a causa de la censura sólo apareció en un libro mío autobiográfico, Nuevas recordanzas, y la llamé "El callado zarpazo a la libertad de expresión". La historia fue justa con Lisandro y cuando perdió Labastida se quedó, como muchos otros, al garete, desamparado políticamente, los sueños de poder se truncaron, de Excélsior lo echaron los cooperativistas cuando al fin lograron adquirir su libertad. Como si fuera poco, perdió la beca del Sistema Nacional de Creadores. Entonces volvió los ojos a Cuba, de donde había salido diciendo que no había libertad ni democracia y allí recuperó el pasado y de nueva cuenta se hizo extremista de izquierda, fuera de tono con una Cuba que ha sufrido cambios. Los pocos que mencionaron el hecho se refirieron a él con cautela, con la idiotez de que no es correcto hablar de los muertos (con ese criterio lamentable, no podríamos criticar a Hitler, por ejemplo). Vale la pena decir que el crítico Emmanuel Carballo dijo que fue una promesa literaria que no cuajó. Terrible epitafio para un hombre que utilizó la literatura y el periodismo para conseguir poder político y en ninguno de los dos mundos lo obtuvo plenamente.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Una pregunta anónima: ¿quién era el tal Lisandro Otero? En mi vida había escuchado el nombrecito.

Anónimo dijo...

Abres espacio a un ser que te ocasionó tanto daño, eso demuestra tu nobleza, sino es por tí ni nos enteramos, escribe alguna anécdota sobre Don Andrés Henestrosa sería más interesante y halagador para nuestra Patria con la falta que hará este gran oaxaqueño. Daimel