Tantadel

enero 07, 2008

Museo del Escritor

La Ciudad de México tiene un buen número de museos de alto rango. La lista es larga y destacada, la inmensa mayoría, conforme a las tradiciones mexicanas, pertenece al Estado. Pero desde hace algún tiempo han surgido algunas propuestas del seno de la sociedad civil para construir aquellos que hacen falta. Dentro del proyecto globalizador que nos han impuesto, destaca la falta de apoyo a las instituciones públicas educativas y culturales. Es, además, el resultado de las pésimas administraciones culturales de Vicente Fox, Felipe Calderón y de los gobiernos perredistas del DF. Resulta extraño que en una urbe donde incluso existen un museo de cera y otro del zapato, no tengamos uno del escritor. Por tal razón, la Fundación René Avilés Fabila (Yácatas 242, Narvarte), preocupada por la preservación cultural, difusión, estímulo y fomento de la obra y trabajo de escritores, hace del conocimiento público que ha comenzado a funcionar el Museo del Escritor (ya registrado ante las autoridades de la Secretaría de Relaciones Exteriores y legalmente constituido ante notario público, respaldada por la propia Fundación que cuenta con la exención de impuestos otorgada por Hacienda), provisionalmente en el propio local de la institución, de 11 a 15 horas, de lunes a viernes. En este museo están exhibidas primeras ediciones de autores mexicanos y de otros que han radicado largo tiempo en México. Por ejemplo, están primeras ediciones: La región más transparente de Carlos Fuentes, Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, Los recuerdos del porvenir de Elena Garro, Obras completas y otros cuentos de Augusto Monterroso, El siglo de las luces de Alejo Carpentier, La Feria de Juan José Arreola, Beber un cáliz de Ricardo Garibay, Pedro Páramo de Juan Rulfo, en fin una muy buena cantidad de ellas, todas firmadas por sus autores. Asimismo están expuestos objetos personales de algunos escritores, fotografías y una buena colección de caricaturas y dibujos de escritores realizados por afamados artistas plásticos. Cuenta con una biblioteca de alrededor de 15 mil volúmenes de literatura mexicana y como un buen principio, documentos, cartas y diplomas de algunos narradores y poetas, archivos de otros más y originales de novelas, libros de cuentos y poemas, grabaciones como los discos de Voz Viva de México y otras inéditas. El Museo contará con actividades de apoyo para difundir y mantener viva la presencia de los escritores, tales como talleres, conferencias, mesas redondas, presentaciones, becas, premios y reconocimientos literarios y, si hay apoyo, podrá incluso ser editorial con el objeto de que sea un museo vivo, con un gran movimiento literario a su alrededor. Por lo pronto editará una antología de cuentos fantásticos y reeditará los discos (antes de la UAM-X) de los poetas Marco Antonio Campos y Dionicio Morales con una bella selección de sus poemas. El Museo del Escritor deberá firmar acuerdos con instituciones semejantes, universidades, museos y en todo momento realizará convenios para enriquecer sus actividades y su propio acervo. A todos los escritores, lectores, promotores literarios y amigos que estén en posibilidades de enriquecer el acervo del Museo, le solicitamos como donación o en calidad de préstamo (en todos los casos se cubrirá el requisito de poner el nombre de la persona que dona o presta el libro o el objeto). Sus actividades serán anunciadas en internet, en las páginas de la Fundación René Avilés Fabila y a través de su revista vocero, Universo de El Búho.



La idea de crear el
Museo del Escritor no es nueva, cada tanto aparecía por allí, yo la escuché hace algunos años de boca del escritor y promotor literario Eugenio Aguirre y la platiqué con otros literatos. A todos les pareció interesante y necesaria. Con el objeto de darle a este museo una sede digna y amplia, bien situada, buscamos por la Ciudad de México. Nos parecía y nos sigue pareciendo que el Centro Histórico es el sitio más adecuado para establecerlo, ya que allí nacieron, vivieron y desarrollaron sus actividades multitud de escritores y permanecen las mayores instituciones culturales del país, tales como la Secretaría de Educación Pública, Palacio Nacional donde están algunas de las obras cumbres del muralismo mexicano, La Escuela Nacional Preparatoria, el hoy llamado Palacio de la Autonomía (de la UNAM, que fuera hace algunos años la Preparatoria número 7), la Sociedad de Geografía y Estadística, el Colegio Nacional, librerías de larga tradición, calles y edificios entrañables que estuvieron ligados a la historia cultural de la ciudad y en consecuencia del país. Sin embargo, cuando acudimos con las autoridades capitalinas nos dijeron que no tenían ninguna casa para tal efecto, que todas estaban asignadas a tareas concretas, que a ellas les interesaban el Museo Carlos Monsiváis (El estanquillo) y el Museo del Comunismo, propuesto por Carlos Payán. De este modo, decidimos abrirlo en el local de la propia Fundación René Avilés Fabila. El problema es que resulta un lugar pequeño para tales efectos y muy pronto las vitrinas, los cuadros y los libros han llenado la casa. Nos gustaría, por ello, conseguir apoyo para adquirir un local más adecuado. Hemos hablado con las personas que dirigieron el desaparecido Centro Mexicano de Escritores para ver las posibilidades de que sus patrocinadores, en este caso la Secretaría de Salud, nos donara, prestara en comodato o vendiera con ciertas facilidades la casa que tal centro ocupó, pero resulta que la mitad de la casa está invadida por paracaidistas. No cabe duda, esto sólo puede ocurrir en México. Asimismo recurrimos al supuesto altruismo de Carlos Slim que dice querer revitalizar el Centro Histórico, donde debe estar un museo como el que estamos formando. Nada, nadie nos ha respondido. A Sergio Vela, actual presidente del CONACULTA, lo invitamos a conocer los trabajos. Su deber era visitar el sitio. Ni siquiera contestó, fiel a su estilo frívolo y pedante, ajeno por completo a los intereses reales de la comunidad cultural del país.


No obstante las complicaciones el pequeño patronato que formamos para ir montando el Museo del Escritor, continúa trabajando y ya han comenzado a llegar objetos de diversos escritores. Por ejemplo, el poeta Otto-Raúl González donó la vieja máquina de escribir con la que redactó la mayor parte de sus espléndidos sonetos y además el original de un poema dedicado a esta leal máquina y Martha Domínguez, quien dirigiera el Centro Mexicano de Escritores hasta su muerte y liquidación, le obsequió al Museo la mesa donde trabajaron por cinco décadas escritores de la talla de Juan Rulfo, Juan José Arreola, Francisco Monterde, Alí Chumacero, Salvador Elizondo, Juan García Ponce, Emmanuel Carballo, Beatriz Espejo, María Luisa Mendoza, Carlos Montemayor y una multitud de grandes narradores y poetas que pasaron por el sitio y, además, un valioso lote de libros, la mayoría primeras ediciones, dedicados por sus autores. Por su parte el poeta Dionicio Morales entregó cartas de Carlos Pellicer y originales de Efraín Huerta y Sergio Magaña para ser expuestos en sus vitrinas. Hay además primeras ediciones de Edgar Allan Poe, Borges y Cortázar.

El proyecto no es sencillo, requiere dedicación, mucho esfuerzo y desde luego
apoyos materiales. No es fácil que vengan de la burocracia cultural, pero sí, a cambio, podría provenir de la iniciativa privada y sobre todo de los mismos escritores mexicanos que requieren de un lugar de tal naturaleza. Como en toda causa positiva, esperamos el respaldo de la comunidad intelectual y en general con el de la sociedad civil.



Si deseas participar en la creación de este museo, puedes dirigirte a Cristina Rosales, 56-39-59-10 y 56-39-32-66, de lunes a viernes en las mañanas.











3 comentarios:

Anónimo dijo...

Es una fortuna para todos los que nos importa la literatura que exista un escritor preocupado por un proyecto tan interesante como el Museo del Escritor. Realmente espero que la burocracia y las envidias no impidan que este lugar crezca y tenga su propia sede. Gracias por el esfuerzo de reunir y mantener tan valioso material ante la indiferencia de tantos que han podido o debido ayudar.

Fátima

Anónimo dijo...

Buena idea, pero tengo mis dudas sobre el apoyo que pueda encontrar. La burocracia cultural es de una asombrosa incapacidad y es obvio que el dinero para cultura es cada vez más escaso en un país que invierte toneladas de dinero en partidos y procesos políticos.

Anónimo dijo...

Este sueño hecho realidad por el Maestro René Avilés Fabila y su grupo de colaboradores realmente loable, lugar digno de visitar y apoyar para un mejor destino como el Centro Histórico donde el Museo del Escritor debe de operar con la ayuda de todos los que amamos la literatura, se podría formar un Patronato para tal fin. Atentamente Imelda Robles Solís