Tantadel

febrero 25, 2008

CONACULTA: Los cultos incultos


Sergio Vela, como antes Sari Bermúdez (pésima conductora televisiva, ignorante, de gestión vergonzosa), saltó al cargo más alto dentro de la burocracia cultural prácticamente de la nada, por razones de simple amistad con el presidente de la república. Si bien dice que es pianista y director de orquesta, hasta hoy nadie le ha escuchado una sonata de Beethoven o visto dirigir Mahler. Al respecto mantiene silencio. El licenciado Vela es un diletante incapaz de acreditar trayectoria musical alguna, un aficionado cuya “información” está sustentada en las contraportadas de los discos. Ésta es su realidad: un hombre cercano al poder y lejos de instrumentar una política cultural comprometida con los valores nacionales que supere nuestro deprimido ambiente cultural.

Desde que Calderón comenzó su ascenso en la carrera presidencial, el rumor de que CONACULTA quedaría bajo la responsabilidad de Sergio Vela, fue insistente. La comunidad cultural no hizo mayores comentarios. Tampoco la vieja burocracia creada al amparo del PRI y cuya lealtad a su causa se esfumó en 2000. Después de Sari cualquier cosa sería mejor. Es verdad, Vela había hecho trabajo de difusión cultural, sobre todo en materia musical. Pero desde sus inicios, en el Cervantino, tuvo por finalidad traer a sus amigos y su permanencia en la UNAM estuvo plagada de invitados personales, muchos de dudosa calidad, favorecidos con un presupuesto excesivo. Sus mayores méritos residían en la relación amistosa con Calderón: estudiaron juntos en la Libre de Derecho.

Nadie puede ignorar que el PAN ha estado distanciado de la cultura. Los intelectuales se hallaban bien con el PRI y todavía mejor con la oposición, desde la época en que las figuras mayores eran militantes comunistas. El habilidoso Carlos Salinas atendió demandas culturales y fue creado CONACULTA que empequeñeció al INBA. Habrá que aceptar que fue el PRI el que produjo una enorme infraestructura cultural que jamás dejó de crecer y de caracterizarse porque grandes artistas e intelectuales estuvieron al frente.

Sergio Vela nada ha creado y mucho ha destruido. Su nombre suele aparecer más en las notas políticas que en las culturales. La semana pasada un diario señalaba que había desechado los automóviles que utilizaban Sari y su séquito, para adquirir unos más lujosos. La lista de dispendios es brutal en un país que supone seguir un presupuesto austero. Por último, se han acentuado, a un año de su nombramiento, las renuncias importantes y las críticas a su tarea. Sigo información de Virginia Bautista de Excélsior. Vicente Herrasti, director de Publicaciones del CONACULTA se fue dejando un duro señalamiento: Vela no tiene proyecto de trabajo ni urgencia para delinear uno. Dicho en otros términos: carece de política cultural y no le preocupa cumplir con esa antigua exigencia de intelectuales, creadores y periodistas. Ya antes Ignacio Padilla había dejado el cargo de director de la Biblioteca José Vasconcelos. Falta señalar que también el poeta Saúl Juárez, quien fuera titular del INBA renunció a Bibliotecas, Raúl Zorrilla se fue de la Secretaría Ejecutiva del FONCA y Carla Rochín de la Dirección General de Culturas Populares; Griselda Galicia fue despedida del Museo de las Culturas Populares. La más reciente dimisión es de Carmen Quintanilla, “secretaria técnica A”. Movimientos que indican inestabilidad dentro de una burocracia excesiva, donde los secretarios técnicos de la A a la Z, gobiernan en ausencia de Sergio Vela. Su llegada, pues, ha sido una desgracia, un desatino.

Parecería que a Calderón, como antes a Fox, nunca le ha preocupado la cultura. Lo que fuera un orgullo del sistema, ahora se derrumba ante la indiferencia de sus propios titulares. Pero el pasado inmediato no es tan grave como el futuro. El país tiene un aceptable presupuesto para cultura y una espléndida infraestructura, sólo que ésta es un elefante blanco y el dinero en tales condiciones no tiene mayor utilidad. Cada año, por ejemplo, hay concursos que son declarados desiertos y becas del FONCA que paran inalterablemente en manos de los amigos de los jurados. Esto se debe a fallas humanas y a la falta de procesos transparentes que nos permitan saber para qué son las becas y cuáles los criterios para otorgarlas. Hay reglas, pero son tan vagas y frágiles que pocos quedan satisfechos, salvo quienes las obtuvieron.

Sergio Vela no hará ningún trabajo serio, se limita a ejercer como si fuera rey de la cultura y a disfrutar del cargo, mientras los secretarios técnicos hacen y deshacen. Muchos responsabilizaron del caos y la prepotencia a Javier González Rubio, “secretario técnico B” (que también se fue), pero en realidad la culpa proviene del propio Felipe Calderón quien con ligereza nombró a Sergio Vela. El CONACULTA requiere cirugía mayor y la participación de todos los involucrados. Calderón dijo que al año sometería a revisión los resultados en cada caso. ¿Lo hará en cultura? Francamente, lo dudo.

5 comentarios:

Armando Zúñiga dijo...

Nunca nada ni nadie les (o te) gusta ¿verdad? Los mexicanos tenemos a flor de boca siempre puras críticas. Ya es un agotamiento ¿Cuando aprenderemos a decir cosas buenas o bonitas del país? las hay, te lo aseguro. Y no son solamente las que hace uno.

Armando Zúñiga dijo...

Ah, por cierto, el pan, el prd, el pri e infinidad de mexicanos, estan separados de la cultura. Pero bueno, las ganas de echar siempre a lo mismo.

Se que borrarás mis mensajes, pero no importa ;)

Anónimo dijo...

Si no te gusta lo que lees y tantas críticas, Armando, ¿Qué haces aquí? Por lo visto encuentras algún placer al repetir de manera patética la conducta que criticas.
Hay personas que sí encontramos un sentido a la crítica fundamentada porque tenemos clara la función de un servidor público, como en este caso Sergio Vela que ha viajado y utilizado el cargo para su beneficio personal y textos como el de René Avilés y otros periodistas son fundamentales para hacer patente la ineptitud de individuos como Vela.
Ignorar los errores es no ponerles solución.
Montserrat Moreno

Jorge Villarruel dijo...

Armando Zúñiga tiene razón, te la pasas criticando y criticando, en lugar de afirmar con él (o como él) que nuestro país es el más chingón del mundo. Todo en México es muy bonito, ciertamente, por ejemplo, hoy vi a dos niñas; güeritas, de ojos verdes una, negros la otra, que molestaban a una tercera, de piel morena, de trenzas negras y vestido de colores. Era muy bonito ver cómo la llamaban india.

Pero eso no es todo; el jueves en el metrobús, unos señores intercambiaban palabras, toda una hermosa tertulia; escuché términos como pendejo, cabrón, partir tu madre, culero y otros así; supongo que deben de haber estado hablando de Bukowski o algo, y lo mejor fue ver como bajaban juntos y se daban tremendo abrazo, que hasta rodaron por el suelo.

En fin. Ya siendo serios (sé que algunos no entienden eso de los sarcasmos), ¿de qué sirve hablar de lo "bueno", si no sacamos a la luz lo "malo" de nuestra sociedad? Se nota que no sólo son incultos los que gobiernan, también los gobernados. Sí, ya me enojé. ¡Cómo no enojarse ante esta soberbia muestra de conformismo?

Ofrezco una disculpa a los caracteres sensibles que pudieran ofenderse por mi palabrería soez y vulgar; si Sari Bermúdez llega a leer esto, especialmente me disculpo, usted es una dama y yo soy un animal.

Anónimo dijo...

Poner el dedo en el nombre preciso siempre causa dolor, pero adolecer de sentido crìtico inspira terror frente a cualquier situación de la vida, sin comentarios, para oír y ver cosas buenas y bonitas es neesario viajar a Disneylandia viviendo la cultura desde esa perspectiva en un mundo feliz y fantástico, la realidad cultural de nuestro país es otra y Sergio Vela a parte de inepto le falta honradez y ser un mexicano comprometido primero con nosotros y después con quién le dió la oportunidad que será igual de deshonesto sino pone orden en CONACULTA. Atentamente Lic. Imelda Robles Solís