Tantadel

junio 11, 2008

Izquierda, nacionalismo y petróleo

A Julio Cortázar le atribuyen una frase interesante: Todo nacionalismo es reaccionario, dicha cuando el mundo se globalizaba con las variantes de socialismo. Primero fue Rusia; luego de la segunda guerra, el Ejército Rojo puso a los comunistas de Europa oriental en el poder. El socialismo se extendió hasta las puertas de Occidente. En Francia e Italia existían grandes partidos comunistas que aumentaban la histeria norteamericana. Amparados por el proceso de descolonización, comenzaron a aparecer los países que se refugiaban en el socialismo marxista. China en 1949, luego medio Vietnam logra deshacerse de los franceses. Cuba hizo una revolución socialista, en Chile, Salvador Allende triunfa mediante la vía electoral y África y Asia se agitaban bajo tendencias izquierdistas.

En México, en 1968, los estudiantes salen a las calles y muestran a sus héroes del momento: Marx, Engels, Lenin, Guevara, Fidel Castro, Ho Chi-Minh y Mao Tse-tung. Díaz Ordaz reacciona apelando al nacionalismo, a los héroes locales como Morelos, Zapata, Villa. Los jóvenes estratégicamente los toman y hacen de lado a los “extranjeros”. En efecto, el nacionalismo era reaccionario o al menos obsoleto.

El nacionalismo ahogaba a México. En cultura popular vivía abrumado por los filmes llorosos de Infante, Negrete y la inefable María Félix, tan mala actriz como aterrador cantante era Pedro Vargas. Los tríos y los mariachis que tanto irritaban a Rafael Ruiz Harrel y a Parménides García Saldaña poblaban el escenario musical. Por fortuna apareció Elvis y todo cambió. Lo siguieron una espléndida cantidad de músicos que desplazaron a los boleros que ahora han hecho famoso al insoportable Luis Miguel. Los intelectuales, al menos los de mi generación, se aferraron a la nueva moda sin importar que a la clase gobernante no le gustara. Nada más ajeno al rock que un político del PRI de aquella época.

Todo ha cambiado, el nacionalismo regresó de la mano del PRD y pareciera un deber asumirse patriota, cuando la izquierda auténtica, no aceptaba el nacionalismo porque estaba sencillamente convencida de que Marx hablaba por todos: los explotados no tenían patria y estaban a la búsqueda de algo nuevo, mejor. Para el marxismo, nacionalismo es la ideología de la burguesía y tiende a excitar los odios nacionales entre los trabajadores, a reforzar la dominación de una nación sobre otra. Es, en suma, producto de la propiedad privada, una desviación de los objetivos de la lucha de clases. Le contraponían el internacionalismo proletario, el que por cierto tampoco fue muy practicado que digamos.

Este alegato, muy resumido, viene a colación porque no hay día en que los mexicanos no muestren su fervor patrio. Pueden consumir sólo productos extranjeros y viajar a EU buscando el paraíso perdido, pero eso sí, a la hora en que juega la selección, todos se ponen la camiseta tricolor, no importa cuan mal actúe.

No es extraño que el fervor patrio del que tanta gala hace el PRD, sea el argumento básico de López Obrador: es un político reaccionario, formado en el PRI y el PRI siempre manipuló el chovinismo. Para afianzarlo, el sistema se agotó en fiestas para los héroes nacionales y trató de probar que la Revolución Mexicana era superior a la rusa. Una discusión de pereza. Por ello, en el caso del petróleo, el principal y único argumento es el nacionalismo. La patria es primero y el petróleo de los mexicanos y así debe seguir aunque se agote y apenas hayamos visto los beneficios. Los partidos políticos argumentan en función de los “intereses supremos del país”. Un nacionalismo del peor estilo se ha adueñado de México. Como en los tiempos “felices” del PRI, se habla con amor nacional para que no vengan las ideas exóticas a quitarnos nuestra identidad, hoy muy mezclada con la cultura popular norteamericana.

Jamás he podido emocionarme con el himno patrio que hace llorar a los mexicanos de todos los partidos. Pienso en la miseria y en las injusticias y ésas sí me sacuden, pienso en la infinita demagogia de los políticos y ésa sí me preocupa. El nacionalismo no ha sido de mi agrado y ello me ha permitido vivir en otros países sin contratiempos y no añorar el mole. Cualquier sitio del mundo me es grato, lo será más si no hay mariachis. Las ideas me hermanan, el arte, la literatura, las hazañas científicas, todo ello es obra del ser humano. El nacionalismo (“exasperación demagógica”) nos divide y llega a extremos: el nazismo. El problema de los gringos es justamente su feroz patriotismo que incluye a Obama: Dios (Destino Manifiesto) está con ellos. Alabado sea el nacionalismo, hoy tan ridículo en la globalización, como lo fue en los tiempos en que sí había pensamiento de izquierda. El nacionalismo sí es retrógrado. Prefiero una idea de Jean-Marie Domenach: “Condenar en bloque el nacionalismo es un ejercicio inútil. Es mejor intentar comprender que, a través de él, innumerables hombres buscan algo esencial que todavía no han conseguido encontrar.”

3 comentarios:

Luis Ricardo dijo...

Mal el nacionalismo pero peor el saqueo de la nación, ¿o no?

Anónimo dijo...

Maestro Aviles, permitame recomendarle un extraordinario ensayo titulado "El triste espectaculo del nacionalismo patriotero" de un politologo joven de apellido Lopez Rubi Calderon. Salio en la revista Replicante (creo que es el numero antepasado).
Que este bien. Cordialmente,

Martin Romo.

ChOc0-LaToSA dijo...

Rámon es mi amigo y si es buenisimo su ensayo por favor recomiendenlo aunque su trabajo habla por si mismo