Tantadel

junio 01, 2008

La pesadilla interminable

Hace unas semanas estaba en Chetumal, a donde fui a dar una plática sobre literatura. En la noche bebí en exceso, por ventura unas manos piadosas me llevaron a mi hotel. No estaba dormido, más bien en una especie de estado catatónico. Al despertar del inquieto sueño, como personaje de Kafka, estaba yo convertido en un monstruoso televidente: el estúpido aparatejo estaba prendido y en la pantalla, lo juro, estaba José Ramón Fernández, otro cronista deportivo y ¡Carlos Monsiváis! hablando de la selección nacional de futbol. Criticaban a Hugo Sánchez. No fue centro delantero, era un oportunista que esperaba pases para rematar, declaró con aplomo Monsiváis quien iba vestido con la camiseta del América. Aterrado, no pude cambiar de canal y escuché al intelectual de todos los moles hablar de lo mal que jugaba el seleccionado, el tristemente célebre Tri. Al final mostró a los televidentes cómo debe jugarse el futbol y tiró una chilena. Por supuesto, fue gol, que una señora Denisse Algomás fue incapaz de detener: había sido un tiro potente.

Recordé que poco antes yo había puesto en internet un texto sobre tal personaje ubicuo y que aparecía en una cancha de futbol jugando todas las posiciones. Me dije: Ah, entonces soy un Julio Verne del subdesarrollo.

Dos días después, el muy deteriorado subcomandante Marcos explicaba a El Universal: "Monsiváis es el crítico más filoso y brillante de la derecha mexicana", mientras que Héctor Aguilar Camín "es un mercenario de las letras".

No habían pasado tres días cuando Monsi declaró a los medios, y todos lo reprodujeron, cómo se deshizo de su pensamiento dogmático socialista, "poco a poco, como quien no quiere la cosa", es decir, de manera compleja y elaborada. En varios medios dijeron que la profundidad de sus palabras contrastaba con su enorme sinceridad, que era el poeta de la filosofía y el crítico antidogmático por excelencia. Ayer habló ante los miembros de Green Peace y los conmovió su defensa de los elefantes homosexuales de la India y la necesidad de mezclarlos con los elefantes heterosexuales de África.

Como si todo esto fuera poco, Monsiváis tuvo un homenaje en el Palacio de Bellas Artes por sus setenta años de edad: 69 de mostrarnos a los mexicanos el camino de la grandeza vestida de overol. El año que falta lo utilizó para hacerse de una impresionante cultura y de relaciones magníficas que brotan de la más oscura derecha a la más brillante izquierda, sin olvidar el soberbio centro. Todos lo admiran, yo mismo. Pero por higiene mental necesito alejarme de México, su cara fea y descuidada, su aspecto indigente me persiguen por todos los medios, en el Metro, en los taxis, dentro de mi propio auto, en los restaurantes y en las cantinas donde entra a beber una limonada en las rocas con mucho gas.

En estos días pasados, Monsiváis, el genio de Portales, como sus admiradores le dice, batió un récord de Guiness: en tres días recibió la nada despreciable suma de 2479 premios, la mayoría por poesía, cine, novela, cuento breve y teatro. Ah, y uno más que le entregó Marcelo Ebrard por ser un buen ciudadano. Se espera que con la medalla de oro puro que le entregó la señora que escribe libros de autoestima y que trabaja como secretaria de Educación Pública, Josefina Vázquez Mota, la suma de logros del "cronista de la vida diaria" bata todos los récords, aún los de Hemingway.

Vale la pena precisar que a Monsi sólo le falta el premio que concede a los mejores combatientes por la democracia y contra el usurpador Felipe Calderón, que concede el gobierno legítimo de Andrés Manuel López Obrador y que, a falta de dinero, consiste en una cena de gala en Tepito, acompañado por las "adelitas" Elena Poniatowska, Claudia Scheimbaun y Jesusa.

Vivo ya en un monasterio, lejos del mundanal ruido y a salvo de Monsi y su infinita charlatanería, pero sobre todo distante del país que lo hizo pasar de pobre pobre y desconocido a multimillonario archifamoso. Trato de concluir un libro para explicarme cómo es que el PRI, el PRD y el PAN han trabajado conjuntamente para hacerlo una atroz pesadilla de la gente sencilla de México.

3 comentarios:

Cintia Páez dijo...

Total y absolutamente de acuerdo. Pero, además, es un señor nada sencillo. Me tocó ver en un congreso, cuando una colega, emocionada, le pidió permiso a Monsiváis para tomarse una foto con él. Uf, en verdad que daba verguenza ajena el trato que le dio, no dijo nada, solo las maneras tan groseras. Al fin mi colega logró que aceptara, él, totalmente prepotente, solo optó por pararse junto y mirar para otro lado.

Igual es Poniatowska, o peor.

Fisgón dijo...

Hay que leer el numero de Replicante, en Reseñas y noticias, el articulo se llama "El fracaso del Premio Poniatowska", es de Malú Huacuja del Toro. Está muy interesante.

Anónimo dijo...

Hay que leer tambien la nueva Replicante, le ponen una madrina de lujo al capo Carlitos Monsivais. Dos grandes textos eh, se los garantizo.
Saludos,

Tomas Cedres.