Tantadel

agosto 24, 2008

Fragmento de El solitario

Fragmento del libro El tema de la dictadura en la narrativa del mundo hispánico (Siglo XX) de Giuseppe Bellini, que se refiere a la novela El gran solitario de Palacio de René Avilés Fabila. Publicado por el Consiglio Nazionale delle Ricerche. CNR-Bulzoni, Roma, 2000, en las pp. 67-70

De más sólida envergadura y significativo alcance es El gran solitario de Palacio, novela del mexicano René Avilés Fabila, que se publica en 1971, centrada en los hechos de la matanza de Tlatelolco. En su tercera edición de 1976 el autor ha «mitigado» los «excesos barrocos» de la novela, «limado las asperezas», «tachado sensiblerías y vaguedades», pero no ha disminuido la virulencia contra un Estado al que define corrupto, dirigido por un caudillo que ya lleva, en sus periódicas transformaciones sexenales, cincuenta años gobernando.

La alusión es evidente: se trata del sistema de gobierno del Partido Revolucionario Institucional, que sigue gobernando México desde más de cincuenta años, acudiendo al sólo cambio de Presidente en cada legislatura. Por eso Avilés Fabila habla de un «Partido de la Revolución Triunfante» que sigue en el poder y denuncia en los candidatos a la presidencia del país la presencia al fin y al cabo de una sola persona, transformada, maquillada, para que parezca nueva cada seis años, con ocasión de las nuevas elecciones, «de acuerdo a los factores reales de poder (iglesia, banqueros, embajada estadounidense) y a las experiencias del momento».101

Alargándose en la sátira, el escritor advierte que el candidato recibe a la vez «dosis de glándulas de mono (tal vez por esta razón en ocasiones se comporte como orangután o su físico afiance las teoría darwinianas) y tratamientos rejuvenecedores que incluyen hormonas», de modo que «De la clínica emerge un hombre revitalizado para ir a la campaña y ganar las elecciones»102. Sostienen al sistema los intereses económicos y políticos sobre todo estadounidenses. La fuerza del mandatario reside en la policía, que ejerce duras y sangrientas represiones.

La posición política del novelista queda patente en su defensa del comunismo, perseguido en México, pero no se limita a defender una ideología, sino que responde a una preocupación moral realmente viva. La saña de Avilés Fabila contra las expresiones armadas del poder se revela en la animalización a la que en su novela somete a sus miembros:

Tres soldados penetraron bruscamente [en la prisión]. Los
encabezaba un hombre de facciones caninas, de perro viejo y
malvado, que comenzó a ladrar y unos segundos después o los
ladridos se convirtieron en palabras o se hicieron inteligibles
para Sergio.
- Arriba, desgraciado. Ya te toca.103

Los militares son identificados con los gorilas, pero, al contrario de estos, que son animales inofensivos y de buen carácter, escribe Avilés Fabila, más bien se parecen a los orangutanes, hasta físicamente: «de brazos en el suelo, tienen complejos a causa de su fealdad y sus cerebros poseen capacidades mínimas».104 La desconfianza del escritor en las instituciones de su país es plena. Él denuncia el periodismo vendido al poder, la corrupción imperante en los representantes del pueblo, a quienes acusa de camaleones, siempre dispuestos a cambiar de color105, y a los que considera de menor valor que el cerdo, al cual, afirma, el político se parece, tanto que «La Cámara de Diputados es una auténtica piara»106. A pesar de todo estima «correcto e inteligente salir en defensa del cerdo», porque este animal, si vivo no sirve para nada, sacrificado proporciona «manjares exquisitos», mientras el político «ni en vida ni en muerte tiene valor», y fallecido «no tiene mayor utilidad que la que tuvo en vida»107.

Una subcategoría negativa la constituye la policía, «que ejecuta tareas que el orgulloso ejército desdeña», y en ella el policía secreto, «todavía más peligroso», un «animal en cautividad», cuya mentalidad «es inferior a la del militar y a la del policía»108.

El gran solitario de Palacio se construye sobre estas acusaciones tajantes. El autor aprovecha la ironía, la nota grotesca, para dar vida a una sátira durísima contra los responsables de la dictadura. Más que del dictador, a quien liquida apresuradamente, se demora en la denuncia de los ejecutores de sus designios. La novela tiene como objeto principal el de denunciar la matanza injustificada de estudiantes en Tlatelolco presentando una serie de espeluznantes episodios de la represión. Con este libro René Avilés Fabila descorre cruelmente el telón hipócrita con el que el gobierno intentó ocultar una realidad política de opresión. Realidad que había denunciado también el dramaturgo Rodolfo Usigli, no tanto en su lejana comedia El gesticulador109, como en ¡Buenos días, Señor Presidente!110, inspirada en los mismos acontecimientos.

Para mayor información, se puede consultar la siguiente liga de internet:
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/08148385479792984197857/
p0000001.htm#I_0

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