Tantadel

noviembre 06, 2008

Pasos de ornitorrinco: Los amores de RAF

Aparecido en El financiero Cultural. Miércoles 5 de noviembre de 2008.

La sola mención del nombre de René Avilés Fabila parece a muchos una provocación. Sin duda es uno de los autores más difundidos en México, desde hace 40 años, cuando decidió que podía rebelarse contra lo establecido, como miembro del Partido Comunista y como escritor. En Mester fue discípulo de Juan José Arreola y becario del Centro Mexicano de Escritores. Publicó en 1967 Los juegos, una ácida crítica contra La Mafia, lo que le valió un buen número de enemigos en el medio cultural de la época y llamar la atención de los lectores.

A raíz del 68, Avilés Fabila escribió El gran solitario de Palacio (1971) una novela política que se editó en Argentina. A este título lo precedieron y sucedieron diversos libros de cuentos, donde se alternan imaginación y fantasía en contraste con relatos de corte realista. Con su novela Tantadel (1975) confirmó la calidad de su oficio.

Al paso de los años, Avilés Fabila ha mantenido fresca su rebeldía y carácter. Como literato, y como periodista, RAF sabe captar la atención y es un catalizador perfecto: o se le ama o se le odia.

Ahora la colección “Tinta Nueva” de Axial publica El amor intangible, novela donde Avilés Fabila regresa al tema que lo obsesiona: el amor. El libro llamó mi atención a partir de mi hipótesis de que la mayoría de los escritores mexicanos son profundamente luddistas ante las computadoras y sus recursos: basta ver sus archivos electrónicos o sus blogs para comprobarlo.

El amor intangible se refiere a la búsqueda de relaciones sentimentales a través de Internet. El protagonista es un hombre solo, cincuentón, muy aficionado a la computación y poco dispuesto a comprometerse, quien convencido por una amiga de las bondades de conseguir pareja a través de la red se concede un primer intento.

Tras una primera experiencia, en la que recupera a una antigua compañera de escuela, se convence de que el procedimiento le atrae. Así el lector atestigua cómo adquiere una nueva y dedicada costumbre. No obstante, la búsqueda termina cuando comienza una larga correspondencia con Fátima, una psicóloga inteligente y fascinante, cuya cultura y cualidades —entre otros atributos— lo cautivan.

Este proceso de fascinación y los puentes que se establecen entre ambos personajes son el eje de la historia. De hecho, el develamiento de ambas personalidades, y el vínculo de lenta y mutua seducción que se da a través de la creciente correspondencia, van ordenando el rompecabezas sentimental de esta pareja que posterga el momento del encuentro: el del conocimiento de los cuerpos que guardan esos brillantes conceptos, los juicios contrastantes, los contrapuntos de opiniones en torno al cine, la política, la poesía, la música, etcétera.

El interés de la obra es creciente. El tópico del engaño en las relaciones amorosas, uno de los ejes narrativos de Tantadel, reaparece en El amor intangible. El protagonista, cuyo anonimato se oculta tras la voz en primera persona, busca mostrarse con sus mejores cualidades, aunque miente en diversas ocasiones en relación a la fidelidad que le ha prometido a Fátima.

Llama la atención irrumpir en los ritos íntimos de esta relación, cuyos viajes y encuentros virtuales tienen una intensidad que rebasa su lejanía física. El lector se pregunta: ¿es la pasión amorosa un autoengaño? Difícil es averiguarlo: Fátima calla y cela solamente en los momentos críticos de la relación; pero el pretendiente parece siempre tener recursos para recuperarla.

Pocos personajes femeninos tienen la consistencia de Fátima, cuyo discurso y lenguaje contrasta con el del protagonista, para quien su mayor ilusión es el encuentro con la amada.

Por ello llegar al desenlace de El amor intangible provoca tanto interés, ya que plantea: no quién es esa mujer; sino cómo es esa mujer. Con este recurso el autor ha dado la vuelta con gran acierto a la búsqueda del objeto del deseo, lo cual hace de esta novela uno de los libros más sobresalientes de la obra de Avilés Fabila. Toda una provocación.

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