Tantadel

enero 31, 2008

Salvemos el bosque de Tlalpan, el último gran pulmón del DF. No a la pista de hielo ni a los conciertos de rock en el Bosque

Desde hace diez años el proceso de destrucción del Bosque de Tlalpan avanza contra toda oposición ciudadana. Dentro y fuera han instalado puestos fijos y ambulantes que sin problemas ponen gruesas capas de cemento y derrumban árboles. En los últimos años, y pese a estar rodeado por zonas habitacionales, sin comercios, la Delegación de Tlalpan organiza tumultuosos conciertos con resultados desastrosos para la vegetación y la fauna. El Bosque es área natural protegida, tiene 253 hectáreas y es utilizado como enorme salón de usos múltiples por las autoridades delegacionales, que lo mismo hacen conciertos de rock, que fiestas y reventones para sus funcionarios, con un alto costo para los vecinos del lugar que no logran dormir por el ruido, el ambulantaje y las multitudes que tales eventos atraen. Los vecinos han insistido: no es que estemos en contra de dar diversión gratuita o de que expendan bebidas alcohólicas, simplemente no es el lugar adecuado.

El colmo ha sido trasplantar la demagogia de Marcelo Ebrard al Bosque para acabar de destruirlo: van a poner una pista de patinaje sobre hielo, como si el DF fuera Viena o Nueva York. En todo caso, el Zócalo no tiene a su alrededor habitantes y menos vegetación que salvar. El delegado Guillermo Sánchez Torres y su Director General de Desarrollo Social Adolfo Llubere piensan que su carrera política seguiría en ascenso si consiguen poner dicha pista. Desde luego, no les importa la destrucción del Bosque, ni la oposición de los vecinos, sólo piensan en los votos que esto puede acarrearles con los adoradores de las pistas de hielo y conciertos tumultuosos.

Pero las protestas se han iniciado y en los medios se inclinan por darle la razón a todos aquellos que protegen la ecología, sobre todo en estos momentos en donde el cambio climático es un problema que parece ya irreversible.

Por ejemplo, colonos de las zonas aledañas, agrupados en la asociación Pro bosque de Tlalpan y los propios usuarios, entre ellos la Asociación de Corredores del Bosque de Tlalpan, se manifestaron contra la instalación de una pista de hielo en el Bosque de Tlalpan, pues la obra contribuirá al deterioro de este parque; en respuesta el gobierno delegacional informó que no habrá marcha atrás en la colocación de la pista en este sitio pese a la oposición vecinal.

Más de 500 habitantes, que representan fraccionamientos, colonias y organizaciones vecinales de Tlalpan, decidieron manifestarse frente a la Casa de la Cultura del bosque. Colocaron pancartas en las rejas para exigirle al delegado que no instalara la pista a fin de frenar su deterioro.

Los inconformes, entre ellos el actor Eugenio Derbez, los escritores Martha Robles y René Avilés Fabila, manifestaron que desde que entró Guillermo Sánchez Torres, el Bosque de Tlalpan se convirtió en un sitio para ganar adeptos políticos, no sólo por la pista de hielo, sino también por los conciertos masivos que organiza la delegación con fines políticos y económicos.

René Avilés Fabila, en el programa radiofónico de Leonardo Curzio, en un debate sobre el tema, denunció hechos de corrupción insólita. El propio delegado Guillermo Sánchez Torres pasó de vivir en una colonia popular al costoso fraccionamiento Jardines de la Montaña. Mientras que Rosario Casco Montoya, Jorge Quintana, Julio Beltrán, Carla Campos y muchos otros están creando una amplia red defensiva para evitar la brutal acción de los funcionarios de Tlalpan, quienes por cierto, también quieren atraer la Torre Bicentenario que fue rechazada en la Delegación Miguel Hidalgo por ser de alto costo ambiental.

En respuesta a la acción ciudadana, el delegado Sánchez Torres dijo que la pista se construiría a cualquier precio. La verdad es que los habitantes de Tlalpan están frente a un hombre prepotente y autoritario, que ve en la política un lucrativo negocio. No le importa destruir el Bosque, él está de paso, como lo estuvo Eliseo Moyao, el delegado anterior, quien aceleró el proceso de destrucción de la zona boscosa e hizo negocios con poderosos empresarios para cederle parte del estacionamiento público y para que se instalaran nuevos puestos de ambulantes.

Por su parte, los vecinos se organizan y defienden no sólo el patrimonio de Tlalpan sino de toda la ciudad capital. Si las autoridades logran imponer su destructiva voluntad, habrán dado un enorme paso para que los árboles pasen a ser fotografías en un museo en el Zócalo.

En este blog solicitamos apoyo de todos los ciudadanos concientes de los problemas ambientales que padece la ciudad, así como de partidos políticos, organizaciones sociales y Ongs que quieran realmente preservar un Bosque cuya flora es única en el mundo.

http://www.reportajesmetropolitanos.com.mx/reportajes_julio_07.html

enero 19, 2008

Murió el escritor cubano-mexicano Lisandro Otero

Hace unos días, poco antes del fallecimiento de Andrés Henestrosa, murió el periodista y novelista cubano nacionalizado mexicano Lisandro Otero, hombre de dos mundos, el socialista de Cuba y el capitalista de México. La noticia fue difundida sobre todo por los medios escritos. Uno de ellos me entrevistó acerca de su muerte. Debo confesarlo, me desconcerté y no pude darle a la reportera una idea clara de lo que pienso. A lo publicado añado sólo una historia. Lisandro venía de Cuba dejando atrás una historia difícil y turbia. En La Habana escuché de jóvenes intelectuales severas críticas a su proceder como comisario político estalinista, rígido y brutal. Trabajó a mis órdenes en El Búho, suplemento cultural de aquel Excélsior, y yo a las suyas en la página editorial y en una sección internacional que manejaba. Él procuraba acomodarse en la política mexicana y con mucha cautela se apoyó (alrededor de 1999) en la amistad cercana de los Labastida (Jaime y Francisco). No se trata ya de discutir su periodismo o su literatura, sino su actuación pública al servicio de una causa, la del PRI. En esos momentos Excélsior vivía abrumado por las deudas y apoyó abiertamente a Francisco Labastida a la presidencia. Por tal época escribí un artículo crítico pidiendo la renuncia de Ernesto Zedillo por su incapacidad política, al paso hablaba de que Labastida sería más de lo mismo. Por supuesto, el artículo jamás apareció. Al día siguiente interrogué a Lisandro y me dijo que yo estaba "muy radical". Mi respuesta fue sencilla y difícil: renunciar a Excélsior, donde trabajaba desde hacía unos quince años; con El Búho, había ganado diversos premios nacionales, entre ellos el que concedía el gobierno de la República y mis artículos editoriales habían merecido también algunos reconocimientos en una época donde el periodismo era mudo y cobarde. Pero si uno acepta la censura una vez, vuelve a aceptarla y no es mi caso. Y la mantuve a pesar de las solicitudes de los directivos de la casa editorial. Conmigo salieron alrededor de setenta periodistas, escritores y pintores. Es verdad, muchos jóvenes que se formaron conmigo, pero también figuras como José Luis Cuevas, Sebastián, Griselda Álvarez, Andrés Henestrosa, Silvio Zavala, Alberto Dallal, Bernardo Ruiz y muchas más. Como respuesta, Lisandro fundó otro suplemento cultural Arena y desapareció todo vestigio de mi trabajo. Más aún, en primera plana del diario, él y Aurora Berdejo escribieron brutales calumnias e injurias, sin ningún análisis serio, puro rencor y por órdenes del director general, Regino Díaz Redondo.


Así, pues, salí de Excélsior, empujado por Lisandro Otero, quien en ese momento condujo una sección más, Arena. De ello hubo un silencio inaudito, inexplicable. La historia de esa renuncia masiva a causa de la censura sólo apareció en un libro mío autobiográfico, Nuevas recordanzas, y la llamé "El callado zarpazo a la libertad de expresión". La historia fue justa con Lisandro y cuando perdió Labastida se quedó, como muchos otros, al garete, desamparado políticamente, los sueños de poder se truncaron, de Excélsior lo echaron los cooperativistas cuando al fin lograron adquirir su libertad. Como si fuera poco, perdió la beca del Sistema Nacional de Creadores. Entonces volvió los ojos a Cuba, de donde había salido diciendo que no había libertad ni democracia y allí recuperó el pasado y de nueva cuenta se hizo extremista de izquierda, fuera de tono con una Cuba que ha sufrido cambios. Los pocos que mencionaron el hecho se refirieron a él con cautela, con la idiotez de que no es correcto hablar de los muertos (con ese criterio lamentable, no podríamos criticar a Hitler, por ejemplo). Vale la pena decir que el crítico Emmanuel Carballo dijo que fue una promesa literaria que no cuajó. Terrible epitafio para un hombre que utilizó la literatura y el periodismo para conseguir poder político y en ninguno de los dos mundos lo obtuvo plenamente.

enero 14, 2008

Del periódico LA JORNADA

El bosque de los prodigios. René Avilés Fabila. Obras completas, col. Grandes Autores, Grupo Editorial Patria. México, 2007.


Autor prolífico, académico de la UAM, periodista y funcionario cultural, Avilés Fabila retoma y amplifica la idea de su bien conocido Los animales prodigiosos y entrega, en este volumen, “una zoología ilusoria propia de Mesoamérica”. Al mismo tiempo a partir de su conocimiento del universo precolombino, aborda la “grandeza de las civilizaciones antiguas”.


Nota aparecida en el periódico La Jornada.

enero 11, 2008

Hasta en la sopa*

Carlos Bracho


María, mi amiga que atiende a los clientes de Mi Oficina, que tiene ojos muy pispiretos y muy “risueños” y que siempre me da un generoso pilón consistente en un caballito de tequila, ella la otra noche en que René Avilés Fabila y yo discutíamos los protagonismos de Carlos Monsiváis —sí. oiga usted, lector zapatista, está en todo, en el cine, en la TV, en la radio, en la prensa escrita, en las revistas, en actos oficiales, etc., etc.— y que René, por cierto, puso en su sitio de internet un estupendo perfil de la personalidad del tal Carlos y que bien leído debe de causar alguna conmoción. Y bien, María. Mi amiga del alma —está, como dicen en mi pueblo, para chuparse los dedos—, fue la que puso el punto sobre las íes al decirnos que “ya chole”, que dejáramos de hablar de ese “mono”, que ella en lo particular ya no lo lee para nada —quiero decir aquí a nuestras lectoras no pripanistas que María fue activista, era una niña, del recordado PMT— pues le parece un exceso el protagonismo que exhibe y que se regodea en ello el Monsi, y que, como ella nos dijo, lo ve hasta en la sopa, y por lo tanto ¡ya chole! con él (María dixit) que ya nada más faltaba que, como el señor Calderón, fuera a dar banderazos de salida a la ayuda que los mexicas envían a los hermanos de Tabasco. Y María aprovechó el momento para también mandarle una trompetilla a la actitud del que despacha en Los Pinos por su actitud propagandista asumida en los lamentables acontecimientos que tienen postrados —pero no vencidos— a los tabasqueños y a los chiapanecos. Total, María nos puso otros caballitos y salpicó aquello con unas verdolagas en chile verde y unas tortillas de maíz morada que también estaban como bocado de cardenal. René, para documentar más a nuestra diligente amiga, le dedicó el perfil aludido, donde a Monsi y a la Poniatowska no les va muy bien, pues Avilés hace una fiel reseña histórica del comportamiento de tales individuos y la mera verdad que, coincido plenamente con él, les va como en feria. Nos despedimos de abrazo y beso de María; René le dejó firmado y le puso en la dedicatoria todo un tratado de política marxista —que María no ignora nada de esto, por cierto—Yo le dije a RAF que como su escrito levantará ampollas, que se consiguiera unos guaruras, como el señor Calderón los tiene, pues las iras rupestres brotarán como hongos... Digo, ¿no?

Vale. Abur.

http://www.carlosbracho.com/

*Artículo aparecido en El Periódico del Magisterio. Noviembre de 2007. Año 6 Número 62.

Recuento de narrativa en 2007

“René Avilés Fabila ofreció El bosque de los prodigios (Nueva Imagen), un delicioso libro de literatura fantástica, un bestiario totalmente mexicano e hispanoamericano sobre todo de tiempos precortesianos. Es una de las mejores obras de este prolífico autor”


Ignacio Trejo Fuentes


*Extracto del artículo “Recuento de narrativa en 2007”, publicado en la Revista Siempre! 6 de enero de 2008. Número 2847. Año LIV.

enero 07, 2008

Museo del Escritor

La Ciudad de México tiene un buen número de museos de alto rango. La lista es larga y destacada, la inmensa mayoría, conforme a las tradiciones mexicanas, pertenece al Estado. Pero desde hace algún tiempo han surgido algunas propuestas del seno de la sociedad civil para construir aquellos que hacen falta. Dentro del proyecto globalizador que nos han impuesto, destaca la falta de apoyo a las instituciones públicas educativas y culturales. Es, además, el resultado de las pésimas administraciones culturales de Vicente Fox, Felipe Calderón y de los gobiernos perredistas del DF. Resulta extraño que en una urbe donde incluso existen un museo de cera y otro del zapato, no tengamos uno del escritor. Por tal razón, la Fundación René Avilés Fabila (Yácatas 242, Narvarte), preocupada por la preservación cultural, difusión, estímulo y fomento de la obra y trabajo de escritores, hace del conocimiento público que ha comenzado a funcionar el Museo del Escritor (ya registrado ante las autoridades de la Secretaría de Relaciones Exteriores y legalmente constituido ante notario público, respaldada por la propia Fundación que cuenta con la exención de impuestos otorgada por Hacienda), provisionalmente en el propio local de la institución, de 11 a 15 horas, de lunes a viernes. En este museo están exhibidas primeras ediciones de autores mexicanos y de otros que han radicado largo tiempo en México. Por ejemplo, están primeras ediciones: La región más transparente de Carlos Fuentes, Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, Los recuerdos del porvenir de Elena Garro, Obras completas y otros cuentos de Augusto Monterroso, El siglo de las luces de Alejo Carpentier, La Feria de Juan José Arreola, Beber un cáliz de Ricardo Garibay, Pedro Páramo de Juan Rulfo, en fin una muy buena cantidad de ellas, todas firmadas por sus autores. Asimismo están expuestos objetos personales de algunos escritores, fotografías y una buena colección de caricaturas y dibujos de escritores realizados por afamados artistas plásticos. Cuenta con una biblioteca de alrededor de 15 mil volúmenes de literatura mexicana y como un buen principio, documentos, cartas y diplomas de algunos narradores y poetas, archivos de otros más y originales de novelas, libros de cuentos y poemas, grabaciones como los discos de Voz Viva de México y otras inéditas. El Museo contará con actividades de apoyo para difundir y mantener viva la presencia de los escritores, tales como talleres, conferencias, mesas redondas, presentaciones, becas, premios y reconocimientos literarios y, si hay apoyo, podrá incluso ser editorial con el objeto de que sea un museo vivo, con un gran movimiento literario a su alrededor. Por lo pronto editará una antología de cuentos fantásticos y reeditará los discos (antes de la UAM-X) de los poetas Marco Antonio Campos y Dionicio Morales con una bella selección de sus poemas. El Museo del Escritor deberá firmar acuerdos con instituciones semejantes, universidades, museos y en todo momento realizará convenios para enriquecer sus actividades y su propio acervo. A todos los escritores, lectores, promotores literarios y amigos que estén en posibilidades de enriquecer el acervo del Museo, le solicitamos como donación o en calidad de préstamo (en todos los casos se cubrirá el requisito de poner el nombre de la persona que dona o presta el libro o el objeto). Sus actividades serán anunciadas en internet, en las páginas de la Fundación René Avilés Fabila y a través de su revista vocero, Universo de El Búho.



La idea de crear el
Museo del Escritor no es nueva, cada tanto aparecía por allí, yo la escuché hace algunos años de boca del escritor y promotor literario Eugenio Aguirre y la platiqué con otros literatos. A todos les pareció interesante y necesaria. Con el objeto de darle a este museo una sede digna y amplia, bien situada, buscamos por la Ciudad de México. Nos parecía y nos sigue pareciendo que el Centro Histórico es el sitio más adecuado para establecerlo, ya que allí nacieron, vivieron y desarrollaron sus actividades multitud de escritores y permanecen las mayores instituciones culturales del país, tales como la Secretaría de Educación Pública, Palacio Nacional donde están algunas de las obras cumbres del muralismo mexicano, La Escuela Nacional Preparatoria, el hoy llamado Palacio de la Autonomía (de la UNAM, que fuera hace algunos años la Preparatoria número 7), la Sociedad de Geografía y Estadística, el Colegio Nacional, librerías de larga tradición, calles y edificios entrañables que estuvieron ligados a la historia cultural de la ciudad y en consecuencia del país. Sin embargo, cuando acudimos con las autoridades capitalinas nos dijeron que no tenían ninguna casa para tal efecto, que todas estaban asignadas a tareas concretas, que a ellas les interesaban el Museo Carlos Monsiváis (El estanquillo) y el Museo del Comunismo, propuesto por Carlos Payán. De este modo, decidimos abrirlo en el local de la propia Fundación René Avilés Fabila. El problema es que resulta un lugar pequeño para tales efectos y muy pronto las vitrinas, los cuadros y los libros han llenado la casa. Nos gustaría, por ello, conseguir apoyo para adquirir un local más adecuado. Hemos hablado con las personas que dirigieron el desaparecido Centro Mexicano de Escritores para ver las posibilidades de que sus patrocinadores, en este caso la Secretaría de Salud, nos donara, prestara en comodato o vendiera con ciertas facilidades la casa que tal centro ocupó, pero resulta que la mitad de la casa está invadida por paracaidistas. No cabe duda, esto sólo puede ocurrir en México. Asimismo recurrimos al supuesto altruismo de Carlos Slim que dice querer revitalizar el Centro Histórico, donde debe estar un museo como el que estamos formando. Nada, nadie nos ha respondido. A Sergio Vela, actual presidente del CONACULTA, lo invitamos a conocer los trabajos. Su deber era visitar el sitio. Ni siquiera contestó, fiel a su estilo frívolo y pedante, ajeno por completo a los intereses reales de la comunidad cultural del país.


No obstante las complicaciones el pequeño patronato que formamos para ir montando el Museo del Escritor, continúa trabajando y ya han comenzado a llegar objetos de diversos escritores. Por ejemplo, el poeta Otto-Raúl González donó la vieja máquina de escribir con la que redactó la mayor parte de sus espléndidos sonetos y además el original de un poema dedicado a esta leal máquina y Martha Domínguez, quien dirigiera el Centro Mexicano de Escritores hasta su muerte y liquidación, le obsequió al Museo la mesa donde trabajaron por cinco décadas escritores de la talla de Juan Rulfo, Juan José Arreola, Francisco Monterde, Alí Chumacero, Salvador Elizondo, Juan García Ponce, Emmanuel Carballo, Beatriz Espejo, María Luisa Mendoza, Carlos Montemayor y una multitud de grandes narradores y poetas que pasaron por el sitio y, además, un valioso lote de libros, la mayoría primeras ediciones, dedicados por sus autores. Por su parte el poeta Dionicio Morales entregó cartas de Carlos Pellicer y originales de Efraín Huerta y Sergio Magaña para ser expuestos en sus vitrinas. Hay además primeras ediciones de Edgar Allan Poe, Borges y Cortázar.

El proyecto no es sencillo, requiere dedicación, mucho esfuerzo y desde luego
apoyos materiales. No es fácil que vengan de la burocracia cultural, pero sí, a cambio, podría provenir de la iniciativa privada y sobre todo de los mismos escritores mexicanos que requieren de un lugar de tal naturaleza. Como en toda causa positiva, esperamos el respaldo de la comunidad intelectual y en general con el de la sociedad civil.



Si deseas participar en la creación de este museo, puedes dirigirte a Cristina Rosales, 56-39-59-10 y 56-39-32-66, de lunes a viernes en las mañanas.











enero 02, 2008

DEL PERIÓDICO "EL UNIVERSAL"

En esta ocasión René Avilés Fabila ofrece un texto llamado "Pesadilla de una noche de otoño o para documentar la biografía de Carlos Monsiváis", con historias acerca de la presencia intelectual del escritor y periodista en la vida cultural mexicana. Y aquí Avilés reclama, tanto para Monsiváis como para Poniatowska, que los lectores analicemos con mayor profundidad sus obras.




Periódico El Universal, del martes 1° de enero del 2008.