Tantadel

febrero 27, 2008

Recrea Avilés Fabila el mundo fantástico de culturas prehispánicas

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26-Febrero-08


Así como los griegos, los mayas, mexicas y toltecas tuvieron seres mitológicos y Avilés Fabila, se encargó de retomar la poca información que se tiene sobre ellos y reunirlos en un compendio que habla sobre los seres que "posiblemente" habitaron en territorio mexicano.


México, DF.-Criaturas mitológicas prehispánicas son descritas y creadas por el escritor René Avilés Fabila en su libro "El bosque de los prodigios", que fue presentado dentro de la XXIX Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (FILPM). Así como los griegos, los mayas, mexicas y toltecas tuvieron seres mitológicos y Avilés Fabila (Ciudad de México, 1940) se encargó de retomar la poca información que se tiene sobre ellos y reunirlos en un compendio que habla sobre los seres que "posiblemente" habitaron en territorio mexicano.


"Cuando escribí este libro, me di cuenta que en realidad era posible rescatar la zoología fantástica del México prehispánico", expuso Avilés. Señaló que este libro le sirvió para recuperar parte de su infancia, pues "desde muy chico leí a los griegos, recuerdo un tomo donde venían `La Iliada' y `La Odisea' juntas, y también recuerdo a los pegasos, minotauros y demás seres fantásticos de la niñez".


A través de un ejercicio imaginativo, el autor relata las formas y situaciones en que peculiares especies habrían convivido con mexicas, teotihuacanos, mayas y mixtecas, entre otros. Por ejemplo, el coyote emplumado que vivió en el zoológico de Moctezuma, que desde sus entrañas vomitaba a sus crías. Además, la obra del autor mexicano se complementa con ensayos que muestran su conexión con el "Bestiario", de Juan José Arreola.


Asimismo, hace referencia a los escritos de autores como Jorge Luis Borges y ratifica la posible existencia de estos seres, afirmación justificada en el descuido de los conquistadores por recabar información del "nuevo mundo" acerca de su flora y fauna. Con descripciones que van de una cuartilla a siete, el escritor habla de casos como el chango llorón, ser que habría vivido en la península de Yucatán y se comunicaba con su manada a través de gritos y gestos, pero que de encontrarse en cautiverio lloraba hasta caer muerto.


Además de un espléndido trabajo narrativo, Avilés nutre su obra con ilustraciones o viñetas en blanco y negro, elaboradas por el pintor Guillermo Ceniceros. De la misma forma, el perro de yerba, con colmillos de una madera resistente y filosa, se encuentra con el monstruo subterráneo de los aztecas y las aguas carnívoras, horrorosos cuerpos líquidos que engulleron a personas enteras.


Se relata que muchos de estos seres surgieron de maldiciones divinas hechas por Huitzilopochtli o la misma Coatlicue, y que algunos enfrentaron la extinción de su especie de forma paralela a la conquista de las grandes capitales mexicas y mayas. Otros seres perduraron en la memoria, sea por lo extraño de su apariencia, su origen o bien su utilización. El hombre alacrán de Cacaxtla, por ejemplo, que era el encargado de realizar sacrificios humanos en esta ciudad.


Otro caso es el del conejo-coyote de Cíbola que, cuenta la leyenda, ahuyentó a una ciudad entera, o el ancestro del guajolote común, ser que enseñaba a hablar náhuatl a los niños, aunque en repetidas veces era castigado por utilizar un lenguaje obsceno. Todos estos personajes son los protagonistas de pequeños relatos y en ocasiones son los actores principales de cuentos completos.


En 1998 Avilés Fabila se adentró en el mundo fantástico con "El libro de los seres prodigiosos", obra con la que consiguió el Premio Colima al mejor volumen publicado en ese año, en esa ocasión con la colaboración de Rubén Bonifaz Nuño, en el prólogo, y José Luis Cuevas, en las ilustraciones.

febrero 25, 2008

CONACULTA: Los cultos incultos


Sergio Vela, como antes Sari Bermúdez (pésima conductora televisiva, ignorante, de gestión vergonzosa), saltó al cargo más alto dentro de la burocracia cultural prácticamente de la nada, por razones de simple amistad con el presidente de la república. Si bien dice que es pianista y director de orquesta, hasta hoy nadie le ha escuchado una sonata de Beethoven o visto dirigir Mahler. Al respecto mantiene silencio. El licenciado Vela es un diletante incapaz de acreditar trayectoria musical alguna, un aficionado cuya “información” está sustentada en las contraportadas de los discos. Ésta es su realidad: un hombre cercano al poder y lejos de instrumentar una política cultural comprometida con los valores nacionales que supere nuestro deprimido ambiente cultural.

Desde que Calderón comenzó su ascenso en la carrera presidencial, el rumor de que CONACULTA quedaría bajo la responsabilidad de Sergio Vela, fue insistente. La comunidad cultural no hizo mayores comentarios. Tampoco la vieja burocracia creada al amparo del PRI y cuya lealtad a su causa se esfumó en 2000. Después de Sari cualquier cosa sería mejor. Es verdad, Vela había hecho trabajo de difusión cultural, sobre todo en materia musical. Pero desde sus inicios, en el Cervantino, tuvo por finalidad traer a sus amigos y su permanencia en la UNAM estuvo plagada de invitados personales, muchos de dudosa calidad, favorecidos con un presupuesto excesivo. Sus mayores méritos residían en la relación amistosa con Calderón: estudiaron juntos en la Libre de Derecho.

Nadie puede ignorar que el PAN ha estado distanciado de la cultura. Los intelectuales se hallaban bien con el PRI y todavía mejor con la oposición, desde la época en que las figuras mayores eran militantes comunistas. El habilidoso Carlos Salinas atendió demandas culturales y fue creado CONACULTA que empequeñeció al INBA. Habrá que aceptar que fue el PRI el que produjo una enorme infraestructura cultural que jamás dejó de crecer y de caracterizarse porque grandes artistas e intelectuales estuvieron al frente.

Sergio Vela nada ha creado y mucho ha destruido. Su nombre suele aparecer más en las notas políticas que en las culturales. La semana pasada un diario señalaba que había desechado los automóviles que utilizaban Sari y su séquito, para adquirir unos más lujosos. La lista de dispendios es brutal en un país que supone seguir un presupuesto austero. Por último, se han acentuado, a un año de su nombramiento, las renuncias importantes y las críticas a su tarea. Sigo información de Virginia Bautista de Excélsior. Vicente Herrasti, director de Publicaciones del CONACULTA se fue dejando un duro señalamiento: Vela no tiene proyecto de trabajo ni urgencia para delinear uno. Dicho en otros términos: carece de política cultural y no le preocupa cumplir con esa antigua exigencia de intelectuales, creadores y periodistas. Ya antes Ignacio Padilla había dejado el cargo de director de la Biblioteca José Vasconcelos. Falta señalar que también el poeta Saúl Juárez, quien fuera titular del INBA renunció a Bibliotecas, Raúl Zorrilla se fue de la Secretaría Ejecutiva del FONCA y Carla Rochín de la Dirección General de Culturas Populares; Griselda Galicia fue despedida del Museo de las Culturas Populares. La más reciente dimisión es de Carmen Quintanilla, “secretaria técnica A”. Movimientos que indican inestabilidad dentro de una burocracia excesiva, donde los secretarios técnicos de la A a la Z, gobiernan en ausencia de Sergio Vela. Su llegada, pues, ha sido una desgracia, un desatino.

Parecería que a Calderón, como antes a Fox, nunca le ha preocupado la cultura. Lo que fuera un orgullo del sistema, ahora se derrumba ante la indiferencia de sus propios titulares. Pero el pasado inmediato no es tan grave como el futuro. El país tiene un aceptable presupuesto para cultura y una espléndida infraestructura, sólo que ésta es un elefante blanco y el dinero en tales condiciones no tiene mayor utilidad. Cada año, por ejemplo, hay concursos que son declarados desiertos y becas del FONCA que paran inalterablemente en manos de los amigos de los jurados. Esto se debe a fallas humanas y a la falta de procesos transparentes que nos permitan saber para qué son las becas y cuáles los criterios para otorgarlas. Hay reglas, pero son tan vagas y frágiles que pocos quedan satisfechos, salvo quienes las obtuvieron.

Sergio Vela no hará ningún trabajo serio, se limita a ejercer como si fuera rey de la cultura y a disfrutar del cargo, mientras los secretarios técnicos hacen y deshacen. Muchos responsabilizaron del caos y la prepotencia a Javier González Rubio, “secretario técnico B” (que también se fue), pero en realidad la culpa proviene del propio Felipe Calderón quien con ligereza nombró a Sergio Vela. El CONACULTA requiere cirugía mayor y la participación de todos los involucrados. Calderón dijo que al año sometería a revisión los resultados en cada caso. ¿Lo hará en cultura? Francamente, lo dudo.