Tantadel

octubre 13, 2008

Texto leído durante la entrega de objetos personales, libros autografiados y originales del poeta Rubén Bonifaz Nuño al Museo del Escritor

Texto leído durante la entrega de objetos personales, libros autografiados y originales del poeta Rubén Bonifaz Nuño al Museo del Escritor, el 10 de octubre de 2008.

Doctor Rubén Bonifaz Nuño, queridos amigos Rubén Bonifaz Nuño es sin duda el mayor poeta de México, aunque ya conozco su reacción llena de buen humor en estos casos, ¿por qué me limitas, hermano? Tiene razón, so pena de hacerlo avergonzar a causa de su extrema timidez, digo que es el mayor poeta en las letras castellanas, las que se escriben en español por todo el mundo y eso porque no soy un conocedor de la poesía en otros lenguajes. Para fortuna nuestra, es mexicano y lo tenemos al alcance de la mano. Ha ganado una enorme y sólida reputación, indiscutible, con su obra poética, sí, pero también con su tarea como traductor de los clásicos griegos y latinos, como académico de largo alcance y como conocedor de las culturas prehispánicas. Posee, pues, una obra titánica, memorable.

Pero hay algo más, es un ser humano sensible, afectuoso, respetuoso de sus semejantes, que se duele de la pobreza de su país y cuyas opiniones son conocidas. México no ha tenido otro escritor tan admirado y respetado. Hace muy poco el poeta dio una plática en su amada UNAM, en lo que él llamó el centro del país, la Ciudad Universitaria, donde dejó su vida y creó una obra literaria extraordinaria. La Biblioteca se pobló de jóvenes que mostraban devoción por su poesía, un hecho insólito y conmovedor.

Ahora Rubén Bonifaz Nuño honra y engalana al naciente Museo del Escritor al estar aquí presente y donar objetos que le pertenecieron. Si bien ya contábamos con libros suyos, primeras ediciones firmadas, con fotografías autografiadas, ahora estamos en posesión de cosas más personales y significativas para el poeta. En esta modesta Fundación la biblioteca se llama como él: Rubén Bonifaz Nuño, de tal manera que en nuestro trabajo cultural siempre hemos tenido presente la inmensa y prodigiosa figura del hombre que llevó a cabo la hazaña de traducir directamente del griego La Iliada y cotejarla con múltiples ediciones. Rubén ha hecho enormes aportaciones a las letras, pero quisiera dejar constancia de que en su poesía ha sabido mezclar lo popular con lo más estrictamente clásico, una hazaña irrepetible porque se requiere para ello una cultura asombrosa, un dominio de los poetas clásicos y un gran amor por lo nacional.

Muchas gracias, querido y admirado Rubén, por tu generosa donación que enriquece a esta naciente institución que esperamos pronto crezca y tenga un lugar adecuado. Siempre hemos contado con tu apoyo y yo personalmente con tu amistad desde aquel lejano 1969 cuando nos conocimos en el Fondo de Cultura Económica, cuanto tú recogías tu libro El ala del tigre y yo el mío, Hacia el fin del mundo, ambos publicados en Letras mexicanas. Jamás pensé que fueras a aceptarme como tu amigo y dejarme mostrarte mi admiración y mi amor por tus letras y tu persona.

Homenaje a Rubén Bonifaz Nuño

Viernes 10 de octubre 2008

Emotivo homenaje en el Museo del Escritor por su trayectoria poética y humanista, el maestro Rubén Bonifaz Nuño





El doctor Bonifaz Nuño considera que la poesía ha sido el único acto libre de su vida y lamenta sus problemas con la vista porque la máquina mecánica "era para mí un pretexto de pensamiento".




Como el más grande escritor del castellano y el más grande poeta mexicano calificó René Avilés Fabila a su maestro Rubén Bonifaz Nuño.






El chaleco brocado y la leontina con una moneda de oro, características de los años maduros del poeta cordobés, además del primer libro que leyó a los seis años, ya forman parte del acervo del Museo del Escritor.





María Luisa China Mendoza, una de las asistentes, al lado del homenajeado y de Avilés Fabila, quien dijo que Bonifaz Nuño ha formado generaciones de escritores, de académicos y de profesionales de la literatura.

octubre 04, 2008

Entrevista al escritor René Avilés Fabila

Entrevista al escritor René Avilés Fabila
"La euforia de los Juegos Olímpicos apagó la protesta de Tlatelolco"

Mario Casasús
El Clarín de Chile

René Avilés Fabila (1940) después de la controvertida edición de Los juegos (1967), escribiría una novela sobre El Che, pero las manifestaciones estudiantiles dieron un giro a su vida; testigo y sobreviviente de la matanza del 2 de octubre, comprometió su escritura para exhibir al gorila Díaz Ordaz, El gran solitario de Palacio (1971). Giuseppe Bellini elogió su narrativa escenificada en Tlatelolco, por la "gran fuerza de denuncia, un juego extraordinario de humor e ironía, una interesantísima novedad de estilo y estructura"

Nos recibe en el Museo del escritor, el nuevo proyecto de la
Fundación René Avilés; su director recuerda a 40 años: "el movimiento estudiantil era gozoso, divertido y retador"; hace un repaso por sus afinidades político-literarias y reniega de La onda; nos muestra las ilustraciones originales de José Luis Cuevas para su Bestiario de seres prodigiosos. Luego de una hora de audio y otra de fotografías, Clarín.cl presenta la palabra de un auténtico intelectual contestatario, ahora que Tlatelolco se ha oficializado, en los discursos del mármol.

MC.- René, en 1971 se publicaron dos clásicos de la literatura mexicana sobre la matanza del 2 de octubre de 1968: La noche de Tlatelolco por Elena Poniatowska y tu novela, El gran solitario de Palacio ¿qué catarsis viviste al escribirla?

RAF.- El año 1968 me encuentra militando en las Juventudes Comunistas, con dificultades al interior del PC, pues yo tenía simpatía por las lecturas de Trotsky y Mao Tse-Tung, situación que no era bien vista por el comunismo tradicional mexicano, me vinculé al movimiento estudiantil recién egresado de Ciencias Políticas de la UNAM; al principio acudí a las reuniones de intelectuales, lo que resultaba risible, pues el comité intelectual buscaba cierta notoriedad política; lo que hice fue marchar, en lo sucesivo, entre los contingentes de la facultad. Eran tiempos de la Cuba revolucionaria, de las expediciones del Che Guevara, de las campañas políticas de Salvador Allende que marcaron a nuestra generación. Veíamos al nacionalismo priísta como algo atrasado, escuchábamos rock alternativo y la nueva canción latinoamericana, el movimiento estudiantil era gozoso, divertido y retador, creo que es la parte que se nos ha olvidado; la belleza de las multitudes coreando consignas antiimperialistas, contra el PRI, levantando las efigies del Che, de Ho Chi Minh, Mao y Lenin, resultaba emotivo porque México no había vivido eso en muchos años. La izquierda estaba relegada, semiclandestina, los trotskistas éramos un grupúsculo de 30 personas, el Partido Comunista siempre contó con muchos más adherentes, las manifestaciones eran una fiesta de la conciencia. Mi esposa Rosario estudiaba economía en la UNAM y "boteaba" -juntaba plata- para la causa. Nunca imaginé que la represión sería tan violenta, a pesar de que al PRI le urgía deshacerse de las manifestaciones, porque estaban encima los Juegos Olímpicos. "Se pensaba que habría una reacción ruda, pero no al extremo del 2 de octubre, la noche de Tlatelolco comenzó aproximadamente a las 5pm cuando llegamos en los contingentes, se nos dijo que no íbamos a salir de la plaza, que se quedaría en mitin, que no habría mayor problema, pero la acumulación de tropas y 'policías secretos' –podrán serlo en las películas, en México los policías son todos gordos y de aspecto patibulario- los vuelos de los helicópteros y con el estallido de las luces de bengala, como señal, comenzó el tiroteo brutal; lo único que atiné hacer fue tomar a Rosario de la mano y correr hacia un hueco, del lado contrario a la iglesia de Tlatelolco, nos acurrucamos tratando de esquivar las balas, vimos a los muchachos corriendo en una confusión tremenda, para nosotros que no estábamos acostumbrados resultó desconcertante. Finalmente, una familia nos dio asilo en su casa, nos metimos al baño, las balas atravesaban ventanas y muros, aguardamos hasta las 2am y salimos cautelosamente; Rosario perdió los zapatos en la plaza, caminamos con dirección a La Villa, tomamos un taxi, el resto es historia conocida: estudiantes asesinados, desaparecidos y presos políticos. La euforia de los Juegos Olímpicos apagó la protesta de Tlatelolco"."Quedé herido y molesto, de tal suerte que apresuramos trámites para estudiar un posgrado en París a principios de 1969. Tenía pensado escribir una biografía novelada del Che Guevara, traté de enfocarme en el guerrillero, pero sentí que mi deber era escribir un libro sobre Tlatelolco, no soy realmente un periodista, no sé investigar, no sé entrevistar, así que escribí íntegramente en Francia El gran solitario de Palacio. Hablé al DF, para saber si se interesaban en editar mi novela, dijeron: 'no es el momento'; en eso me escribieron desde Argentina, la prestigiada casa editorial Fabril, fui a Buenos Aires a publicar El gran solitario de Palacio, apareció dentro de una colección de escritores consagrados, participaron: la uruguaya Clara Silva y el chileno Carlos Droguett, quedé como el escritor más joven de aquella colección, firmé un contrato para la segunda edición en Fabril de El gran solitario de Palacio (1971) y Los juegos (1967), pero no se llevaron a cabo porque hubo nuevo golpe militar en la Argentina, prohibieron mi novela debido a su temática: 1968, la guerrilla del Che y los militares latinoamericanos. En México se publicó hasta 1973, ya tiene más de 20 ediciones, la han comentado críticos brillantes como el italiano Giuseppe Bellini".

MC.- Participaste en la Comisión de la Verdad 1968 ¿a qué conclusiones llegaron? ¿qué amnesias son inducidas por los gobiernos del PRI y PAN?

RAF.- Trabajamos alrededor de 15 personas: Lorenzo Mayer, Paco Ignacio Taibo II, Sergio Aguayo, Carlos Monsiváis, entre otros. Las conclusiones se publicaron en La Jornada, no van más allá de lo que se sigue manejando, la responsabilidad pertenece a la clase gobernante, a Díaz Ordaz y Luis Echeverría, sobre todo en un país con acelerado presidencialismo, poco importa el milico que disparó, un argumento en mi novela es: "los soldados obedecen órdenes y gozan cumpliéndolas". Valdría la pena releer el informe y ver qué se avanzó en la investigación del crimen de Estado. Sobre la amnesia, otro ejemplo: en DF, la municipalidad Miguel Hidalgo (PAN) organizará un mes de conferencias para conmemorar el 2 de octubre, no sé qué debatirán, no sé de un intelectual panista, no sé de alguien en el PAN que destaque por las causas sociales del país; el 2 de octubre ya está oficializado por el PAN, en un año más, no sería difícil ver a Felipe Calderón haciendo homenajes a los jóvenes de izquierda masacrados por el régimen priísta que defendía los intereses económicos idénticos al PAN.

MC.- 1968 y la incipiente difusión de la contracultura en México, ustedes impulsaron aquella ruptura ¿compartes la idea de José Agustín de no querer etiquetarse como literatos de La onda?

RAF.- En mi caso es peor (risas), inicié escribiendo literatura fantástica, Hacia el fin del mundo (FCE, 1969) lo hice becado por el desaparecido Centro Mexicano de Escritores, bajo la asesoría de Arreola, Rulfo y Monterde; son cuentos que tienen que ver mucho más con Borges y Kafka, una fantasía poco nacionalista, me identifico un poquito con Julio Torri y un más con Arreola. En 1969, aparece una antología afamada de Siglo XXI Editores, hecha por Xorge del Campo, la prologó Margo Glantz, tiene tal éxito y molestias por los no incluidos que hacen una nueva edición y la titulan Onda y escritura (1970), ahí están las características que nos van a ubicar como generación (nacidos en la década de 1940). La onda, contraponiéndola a la buena escritura de Salvador Elizondo, José Emilio Pacheco, Juan García Ponce, en fin. "Por la publicación de mi primera novela dicen que juego a ser biógrafo de la zona rosa, de una juventud etílica y desmadrosa, cuando nunca fui hippie. Sí, había una actitud contestataria, contra la élite cultural y "el cine de oro" mexicano, odiábamos los cursis boleros, los mariachis nos tenían hartos. La clasificación que nos ponen de onderos tendría razón en tanto creamos un lenguaje literario distinto, el de los jóvenes, ubicamos a la ciudad no como un personaje, sino como varios –el que sí monopoliza la ciudad es Carlos Fuentes, siguiendo el ejemplo de Doss Passos en Manhattan transfer- a nosotros nos toca más grande la ciudad y la dividimos en zonas, yo me quedo con la Ciudad Universitaria (UNAM) donde me movía, pero nunca fuimos de 'la onda' o hippies, en todas las fotos de la época salgo de traje y corbata, no entrábamos en la definición de Margo Glantz, ella se hizo muy famosa, tendría que darnos las gracias (risas). José Agustín y yo íbamos a una gran cantidad de foros internacionales, diciendo –en una lucha desesperada- 'no somos onderos, mírennos'. Al pasar los años, nos reuníamos y preferíamos llamarnos Generación Mester –revista que dirigía Arreola, en la que colaboramos- o Generación del 68 o 'del 40'. Pero nos seguirán diciendo de La Onda, aunque unos ya están viejitos, otros murieron o son abuelitos bien portados, ya no beben, no se drogan" (risas).

MC.- Emerges de la literatura fantástica y ahora que citas a Giuseppe Bellini, quería preguntarte sobre El bosque de los prodigios (2007), porque Bellini compiló un Bestiario sugerido por Neruda (1964). El antecedente de tu Bestiario prehispánico es el que ilustró José Luis Cuevas, Los animales prodigiosos ¿vendrían a continuar la fantasía pictórica del Álbum de zoología de JEP y Francisco Toledo? o ¿la incursión de Borges y Arreola?

RAF.- Antes de leer a Borges o Arreola, leía a Kafka; recuerdo que mi primer texto, el que podríamos ubicar como fantástico y dentro de un Bestiario, fue una variante sobre un tema de Kafka, La cruza (el animal mitad cordero, mitad gato). Le mostré el inédito a Arreola y le gustó, propuso que yo hiciera una serie de variaciones sobre Kafka, Arreola la había intentado infructuosamente. Así que comencé mi primer libro, un zoológico fantástico; por aquellos días encuentro en una librería el Manual de zoología fantástica (1957) de Borges, fue todo un descubrimiento, sólo había leído Historia universal de la infamia (1935); quedé sorprendido, lo que Borges hizo con la maestría de un genio, yo pretendía escribirlo. Entonces tomé los animales que me parecieron más atractivos de Borges, sumé a los que ya había extraído de la mitología clásica; el poeta Bonifaz Nuño prologó mi Bestiario, finalmente le pedí a José Luis Cuevas que lo ilustrara. La literatura que me corresponde hacer es la fantástica, la menos leída en México, se ve con cierto desdén, aquí gustan las novelotas con tragedias, todo muy realista o lo histórico, que ha tenido éxito por Fernando del Paso y Eugenio Aguirre. Yo no había mostrado ningún interés por el mundo prehispánico, hasta que destacó el Chac Mool de Carlos Fuentes. ¿Por qué no ir más allá? por qué limitarse a trabajar con animales fantásticos que ya existen de la visión occidental: los griegos, el cristianismo, el medioevo, las serpientes de Brunetto Latini, los animales de Flaubert o las tentaciones de San Antonio. Al escribir El bosque de los prodigios, decidí estudiar arqueología, antropología, ver los murales prehispánicos y códices en papel amate para inventar una serie precolombina. Mis bestiarios no son sólo la descripción de los animales, son la historia, son personajes, se mueven y actúan, como en las fábulas. Sin embargo en México y España no hubo reacción, ni reseñas a mi libro, hay un tufillo antihispano, son animales que se supone ya no vieron los conquistadores o contribuyeron a su extinción.

MC.- La cantera no fantástica comienza con Los juegos, ¿qué tanto te interesa la vanguardia al elegir un tema? fuiste el primer mexicano en llevar a la literatura los clanes del mundo cultural…

RAF.- No hay intención de ser vanguardista, los temas aparecen; cuando me vi obligado a pasar del cuento a la novela, la única idea que se me ocurrió fue satirizar al decadente mundo cultural mexicano, que me sigue pareciendo digno de burla.

MC.- Ediciones Era publicará con Lom, Trilce y Txalaparta: La imaginación y el poder, una historia intelectual de 1968. En su libro, Jorge Volpi cita ampliamente Los juegos. René viendo que todavía levanta ámpula tu ópera prima ¿harías otro árbol genealógico de las tribus culturales?

RAF.- En estos días va a salir un libro que se llama Diez miradas sobre R.A.F. resultado de un homenaje en la UAM por los 40 años de Los juegos; Dionicio Morales y Jorge Munguía hacen un análisis del gran costo que pagué por publicar mi primera novela. El mundillo cultural se ofendió y eso me costó mucho más de lo que me favoreció; sí, me di a conocer y rápidamente participé en Bellas Artes, que entonces era un foro muy selecto, nosotros lo democratizamos; entré al catálogo del Fondo de Cultura Económica, mi nombre estaba en todos lados, había una cantidad de escritores latinoamericanos que se interesaban en Los juegos, fue una irrupción brutal que trajo su parte positiva. El costo viene con los desprecios, los desdenes y ajustes de cuentas que se mantienen, todavía me encargo de darles vida. Cuando desaparecía la controversia, volvía a hablar de Fernando Benítez y la puñalada al publicar la biografía de Hank González; recuperé la figura de Carlos Monsiváis que aparece en Los juegos, la serie de ironías contra Monsiváis me produjo una reacción hostil de los poetas José Emilio Pacheco y José Carlos Becerra, mucha gente que no rompió conmigo me reclamó que incluyera en Los juegos a José Luis Cuevas, Monsiváis, María Luisa Mendoza y Carlos Fuentes, él lo tomó con sentido del humor; José Luis Cuevas ha ilustrado 20 libros míos; La China Mendoza es mi amiga del alma. Los odios que no he logrado destruir están activos, recientemente solicité la beca del Sistema Nacional de Creadores y me la negaron; considerando que el año 2007 escribí 20 páginas donde ridiculizo a Monsiváis como "regalito" por sus 70 años, también soy pionero en eso, ahora sale Luis González de Alba –en Letras Libres- con una feroz descripción de "Monsi"; o el Subcomandante Marcos: "Monsiváis es el crítico más filoso y brillante de la derecha en México" (Corte de Caja; 2008), lo que dijo Marcos, es el epígrafe perfecto para mi ensayo biográfico sobre Monsiváis.

MC.- ¿Qué sucede en tu paso de escritor a editor?

RAF.- Empecé de periodista muy joven, en El día (1962), bajo la dirección de Enrique Ramírez, después lo satiricé en Los juegos porque venía de la izquierda marxista y se pasó cómodamente al PRI. Siempre fui un fallido entrevistador, recuerdo que Fernando Benítez me envió a entrevistar a Mario Benedetti, pero no quiso recibirme; Nicolás Guillén tampoco me concedió una exclusiva, preguntó si yo era un agente de la CIA, entonces saqué mi "charola" de las Juventudes Comunistas, nos hicimos amigos; igual con Alejo Carpentier, pidió el cuestionario con días de anticipación, cenamos en París, pero la conversación fue off the record. Ante tal fracaso, me dediqué a escribir notas sobre libros, que derivaron en análisis político, colaboré en la fundación del unomásuno (1978). De un periodiquito modesto -Diario de México- recibí la invitación de Excélsior, en 20 días era director de la sección cultural y en 3 meses fundé El Búho (1985), nos manejábamos con valores distintos al consejo administrativo de Excélsior, pinté mi raya con Regino Díaz Redondo, prueba de ello es que hasta Monsiváis escribió en El Búho; en 14 años siempre defendimos la libertad de expresión, junto a la revista Plural que dirigía Jaime Labastida con los poetas Saúl Ibargoyen, Jorge Boccanera y Juan Bañuelos. Clausuraron El Búho porque pedí la renuncia de Ernesto Zedillo; regresé cuando desalojaron a Regino Díaz de la cooperativa de Excélsior, las vueltas de la vida; desde 1999 edito freelance El Universo de El Búho; así pasé al periodismo, fue una amante; la literatura sigue siendo mi esposa.

MC.- ¿Por qué tus Memorias de comunista se encontraron en un basurero del "mall" Perisur? ¿es el menor de los males?

RAF.- Es un libro que me costó mucho esfuerzo, la URSS era todo para mí. Cuando llegué a Moscú, por primera vez y siendo militante del PC, preguntaba: "dónde derrotaron a los nazis", les decía a los camaradas: "llévenme al campo de batalla en Kursk, quiero ir a Leningrado". Cuba contaba con más adversarios que simpatizantes, yo no he podido ser un crítico de Cuba, sigo valorando a Fidel y a Raúl Castro Ruz. Tardé en escribir mis memorias; Enrique Semo me rescató de la crisis burocrática e invitó a la célula del PC para estudios marxistas que editaba la revista Historia y Sociedad. ¿Cómo explicar esos difíciles 20 años? recurrí a la parte cómica y juguetona para combatir la rigidez del comunismo. Pensábamos que el carnet del PC, era como traer American Express o MasterCard en el bloque socialista, lo mostraba orgulloso para pagar la cuenta en la libreta de racionamiento y los compañeros decían que ya no valía, te pedían el efectivo en rublos. Si durante una manifestación llovía, en el PC culpaban a la naturaleza de confabularse con el imperialismo (risas). El socialismo no tiene que ser tan solemne.

MC.- ¿Por congruencia a tu formación comunista inauguraste la Fundación René Avilés?

RAF.- Sí, lo aprendí de los primeros años revolucionarios de México, con Vasconcelos repartiendo libros o dando los muros a Siqueiros, Orozco y Rivera. En nuestra formación literaria todos nos ayudaban desinteresadamente, Juan José Arreola fue nuestro maestro por dos años sin cobrar un centavo, hasta su whisky nos tomábamos. En el Centro Mexicano de Escritores, Juan Rulfo, Francisco Monterde y Arreola tenían formidables muestras de generosidad; a pesar de que discutíamos con José Revueltas, me apoyó muchísimo. La
Fundación R.A.F. no es patito, ni trucha; agrupa un montón de escritores importantes; alberga colecciones de arte (de José Luis Cuevas a Sebastián) y bibliográficas (15,000 volúmenes); editamos la revista Universo de El Búho que cumplió 10 años (5,000 ejemplares mensuales, distribuidos gratuitamente); impartimos cursos, talleres y conferencias; trabajamos en El museo del escritor, gestionamos ante Conaculta un espacio en DF, para el primer museo de los escritores a nivel mundial; hemos recibimos valiosas donaciones: manuscritos, caricaturas, libros con dedicatorias, fotografías y cartas inéditas, gracias a la solidaridad y vanidad de los colegas.

MC.- ¿Estás en contacto con otras Fundaciones de escritores en Iberoamérica?

RAF.- Estoy en trámite de firmar un convenio con la Fundación Alonso Zamora Vicente –brillante académico y filólogo madrileño fallecido en 2006- la familia administra un precioso museo en España y su monumental biblioteca…

MC.- Políticamente ¿te identificas con la Fundación Rulfo?, ni pensar en colaborar con la nefasta Fundación Neruda…

RAF.- Por supuesto, independientemente de las admiraciones, a Neruda le tengo una gran devoción, desde chavo memoricé Los veinte poemas de amor y la canción encabronada. Con Rulfo, los herederos están en una valiente posición de proteger su figura y copyright. Juan Rulfo fue un hombre progresista, crítico del sistema, hizo enérgicos señalamientos contra el ejército, trabajó en el Instituto Nacional Indigenista y asesoraba a los becarios del Centro Mexicano de Escritores; con la familia Rulfo sí se puede colaborar. Con los chilenos de la Fundación Neruda tienes que ser cauteloso, por los intereses que representan.

MC.- Finalmente, tu reciente libro recrea El amor intangible u online, ¿cuándo recibiste el primer e-mail de las musas para narrar un epistolario multimedia?

RAF.- El correo electrónico,
l@s comunidades virtuales, chats y blogs son los nuevos aspectos de la necesidad de la humanidad por comunicarse con sus semejantes, de palear la soledad, de buscar el amor a cualquier precio y riesgo. Desde muy chico quise escribir una novela epistolar, donde las cartas fueran todo. Cuando arribamos al 2008, resulta que el cartero ya no existe, sólo te llegan a casa los cobros u órdenes judiciales, ahora todo se hace vía Internet. El hilo conductor del amor es el mail; por el tem@ mi nuevo libro interesó a los jóvenes y periodistas culturales; Mario ¿no te parece curioso que tú me avisabas por e-mail que el semanario Proceso publicó una reseña de El amor intangible?

octubre 02, 2008

Sección de escritores y libros El gran solitario de Palacio de Avilés Fabila

Novedades Información Nacional 30 de septiembre de 1976 Sección de escritores y libros El gran solitario de Palacio de Avilés Fabila Edmundo Valadés

Publicado por primera vez en Buenos Aires y con una segunda edición agotada rápidamente al imprimirse en México. Aparece ahora una
tercera versión. Corregida y definitiva. La novela de René Avilés Fabila “El Gran Solitario de Palacio”. Con signo de la editorial V Siglos. De esta obra se dice que es una inmensa alegoría –centrada en la matanza de Tlatelolco- de los últimos cincuenta años de la vida política del país. El escritor Bernardo Bervitsky ha dicho que sorprende el talento de Avilés Fabila ya que partiendo de la risa llega al horror. Un crítico peruano, opina que Avilés Fabila logra una feroz disección de su país y otro, italiano, visualiza esta novela como un juego extraordinario de humor e ironía, con una interesantísima novedad de estilo y de estructura.

octubre 01, 2008

EL GRAN SOLITARIO DE PALACIO

El gran solitario de palacio, para muchos la mejor novela de 1968, posee grandes méritos literarios y testimoniales que resisten las pruebas del tiempo y del espacio. Esta obra, fundamental para nuestra narrativa, no trata sólo sobre el movimiento estudiantil y la masacre en Tlatelolco, si no que es un recuento del México contemporáneo que bien puede ir de los tiempos del general Cárdenas al momento que el PRI pierde la presidencia en el 2000.

Concebida como un amplio mural, El gran solitario de palacio es una alegoría que entrelaza varias historias. El eje es la fatídica tarde del 2 de octubre en Tlatelolco. A través de sus personajes el lector puede reconocer los rasgos más característicos de la realidad tal como fue vivida. En un extremo, jóvenes idealistas enfrentándose a un régimen, en el otro, ese régimen encarnado en un hombre autoritario e intolerante; un hombre sexenal completamente solo a causa de su excesivo poder. De la novela, traducida a varios idiomas, se ha ocupado ampliamente la crítica especializada. Giussepe Bellini reconoce en El gran solitario de palacio “una gran fuerza de denuncia, un juego extraordinario de humor e ironía, una interesantísima novedad de estilo y de estructura”. René Avilés Fabila consiguió escribir un clásico, una obra perdurable gracias a su mezcla de realidad y fantasía así como a la capacidad crítica de su autor.


Revista de la Universidad de México
Volumen XXVII, número 5
Enero de 1973

Lectura
Entre la novela y el testimonio

Humberto Musacchio

Los géneros tradicionales han sido insuficientes para encerrar la creación literaria; hoy se habla de cuento, novela, poesía, relato, testimonio y hasta “cronovela”, como diría María Luisa Mendoza. Sin embargo, en lugar de que el aumento de géneros y subgéneros nos sirviera para encuadrar con mayor precisión una obra, es obvio que hoy se presentan mayores dificultades para establecer sus límites.

El Gran Solitario de Palacio,* de René Avilés Fabila, ofrece las dificultades que señalamos: mezcla de novela con pasajes de alta calidad en lo que se refiere a la técnica narrativa y al manejo del lenguaje, junto a testimonios sobre los hechos sangrientos de 1968.

Para no pecar de purismo o de excesiva liberalidad omitiremos la acostumbrada camisa de fuerza de esta obra y nos limitaremos a verla en sus partes más valiosas; pero antes, habremos de dar la “ficha” del autor.

René Avilés Fabila nació en 1940 y se nacionalizó escritor antes de cumplir veinte años. El bautizo literario lo recibió en el famoso taller de Juan José Arreola y ahí publicó sus primeras cosas en la revista Mester.

Antes de que apareciera su primera novela, Los juegos, entrega una biografía de Albert Schweitzer a la Secretaría de Educación, la cual le paga $1,000.00 al editorial. No faltarán quienes vean en esa versatilidad del escritor un signo de genio, la verdad es que nuestros literatos jóvenes tienen que valerse de cualquier cosa para subsistir y continuar así, escribiendo lo que verdaderamente les interesa.

Los juegos
es una bomba que explota en medio del ambiente intelectual mexicano: todos los que han alcanzado algún renombre son satirizados sin clemencia en un libro divertidísimo que reprocha a nuestra inteligencia la vida entre cocteles interminables que son un concurso de alabanzas mutuas mientras un líder campesino es asesinado con toda su familia en una humilde choza y un dirigente sindical ferrocarrilero se pudre en la cárcel. La mayor indignación proviene de quienes se cuelgan la etiqueta de intelectuales “de izquierda”.

Los juegos hubo de salir en dos ediciones de autor y ahora será publicada por una firma argentina, lo que demuestra que a pesar de todas sus fallas de estructura y sus atentados gramaticales era —y es— un libro que vale.

Viene después el que probablemente sea su mejor libro Hacia el fin del mundo (FCE, 1969). Despliegue impresionante de imaginación, manejo preciso de la palabra y bello transcurrir de esos relatos de fuerte contenido. Un libro redondo por el nivel sostenido de calidad y lo singular de su temática.

Alegorías
da título a un volumen de textos, la mayor de los cuales había publicado esta misma Revista entre los de trece escritores más, todos jóvenes y prometedores. Un libro de cuentos, La lluvia no mata las flores, redondeaba la tarea de varios años, pues en ese volumen había trozos de la obra, representativos de varias épocas, desde la arcaica era arreolista hasta lo escrito simultáneamente a los primeros borradores de El Gran Solitario de Palacio.

Pero hay que decir algo del libro que motiva esta nota y antes de otra cosa afirmamos que se ubica en el contexto social que condiciona al escritor. La realidad, arcilla para esculpir cualquier escultura, cobra bellas formas a pesar del clima desgarrador que condiciona las existencias de cada personaje y el ambiente en que se desarrollan las anécdotas.

Tlatelolco, la plenitud de agosto y septiembre de 1968, las infaltables torturas y la secuela represiva que cobra diferentes formas y tiende a destruir la moral de los activistas, todo esto enclavado en la tragicómica institucionalidad de un país que guarda enorme parecido con México.

El Gran Solitario es el caudillo triunfante que emerge de la Gran Revolución —todo es grande en un país así—. Se ha luchado por la democracia y contra un tirano que se perpetuó en el poder; así, los triunfadores se ven imposibilitados para recurrir al mismo expediente que los derrotados y ponen en práctica un sistema que cumple las formalidades de la democracia sin poner en peligro los sitios de mando que corresponden a los vencedores.
Cada seis años el caudillo se somete a una delicada operación de cirugía plástica, la cual, al tiempo que le permite cambiar de rostro, le deja también salvaguardar los principios de la gesta armada que le llevó al poder.
Si hubiéramos de colgarle una etiqueta, diríamos que se trata de una novela política, con todos los riesgos que tiene la adjetivación. Avilés Fabila se mete, y fuerte, con su realidad social, afrontando los enormes peligros que le presenta la inminencia del panfletismo; inminencia que no se aleja de ninguna obra política. La cuestión es no dejar que el panfleto se acerque demasiado. Eso lo consigue René y sale airoso de la prueba, a pesar de ciertas páginas donde estuvo a punto de sacrificar la objetividad literaria por la posición partidista.

Cuando parece a punto de caer en la propaganda echa mano de un recurso que sabe manejar magistralmente: el humor. Ese don tan especial del autor para manejar un humor fino a veces, explosivo en otras ocasiones, lo caracteriza desde siempre. Ese humor que le impone la obligación de satirizar en lugar de pontificar, es quizá una de las mejores cualidades para decir que sus libros valen a pesar de todos los defectos que en la actitud más melindrosa podamos hallar.

Personajes conocidos por todos, son despojados de su maloliente solemnidad y situados donde corresponde. Las sacrosantas instituciones no se salvan de la corrosiva prosa de Avilés Fabila y de ese modo nos permite asistir al espectáculo maravilloso de un mundo desmitificado, cruel frecuentemente, pero que conserva siempre la vista puesta en una perspectiva más humana.

Un crítico eminente decía hace poco que nuestra literatura no ha dado a últimas fechas obras con la suficiente altura estética, pero a cambio de ello, los escritores se han mostrado comprometidos con su realidad. El se refería a lo publicado en 1971. René Avilés Fabila no arribó a ese compromiso después de 1968, sino desde su emersión como escritor, y lo mejor: ahí se conserva sin hacer concesiones ni en la posición política ni en la autenticidad literaria.

* Avilés Fabila, René. El Gran Solitario de Palacio, Cía., General Fabril Editora. Buenos Aires, 1971. 222 pp.


Ovaciones página 5
Miércoles 27 de febrero de 1975
HONESTIDAD Y LITERATURA
Por Humberto Musacchio

Hoy voy a invadir el campo que generalmente surcan los compañeros Alejandro Miguel y René Avilés Fabila. Quiero referirme a un libro que es muestra del valor cívico y crítica social; que es un vigoroso ejercicio de la libertad y una obra literaria que se ubica sin miedo y sin trampas en el mundo convulso donde vive su autor.

La Obra se llama El Gran Solitario de Palacio y el autor es, precisamente René Avilés Fabila, a quien los pacientes lectores han visto exponer sus puntos de vista, sobre diversos problemas, en esta página que ha sabido acoger, de manera amplia y generosa, las inconformidades y disidencias de nosotros los colaboradores.

El Gran Solitario…
presenta en forma novelada esa tragedia inmensa que conocemos como 1968 mexicano. Resulta oportuno referirnos a ella porque acaba de aparecer su primera edición mexicana. Una publicación anterior se realizó en Buenos Aires agotándose en pocas semanas los miles de ejemplares que vieron la luz. Fabril Editora, la casa que la publicó, quebró al poco tiempo y por eso tuvo que ser otra firma la que la volviera a editarla. Esta firma es mexicana y ello muestra que la autocensura empieza a desterrase en México.

Pero volviendo a los hechos que se tocan en la novela, hemos de decir que la inscriben en uno de los géneros más ingratos de la literatura: el político. Todos sabemos que pocas obras que abordan la realidad, el poder y la opresión han tenido éxito. Si la política es ingrata muchas veces con las que la ejercen profesionalmente, más todavía lo es con aquellos que asumen una posición contestataria en la creación artística.

El Gran Solitario… se ha encontrado con la ingratitud que significa el silencio, con la complicidad que encierran las actitudes de algunos “críticos interesados, o de aquellos que en nombre del artepurismo se resisten a dar por buena la literatura que olvida la intimidad y la churriguera. René es directo en el lenguaje y agresivo en su forma de decir las cosas. Toda su obra ha sido un combate permanente contra la impostura, contra la inteligencia que desprecia las luchas sociales porque es incapaz de ver en ellas otra cosa que contaminantes de su arte “inmaculado”

René Avilés acusa, señala culpables, denuncia con pasión furiosa la mugre y la bestialidad que ensucian nuestra vida social. Para él, como para muchos ciudadanos, los muertos de Tlatelolco merecen algo más que lágrima hipócrita y la lamentación que se niega a concretar responsabilidades. La tiniebla que cayó sobre la Plaza de las Tres Culturas y sobre la vida pública mexicana exigen actitudes viriles y honestas. René Avilés las adopta sin dobleces en este libro amargo.

Pero no se crean que esas páginas son el canto plañidero de un militante desilusionado. No el escritor que hay en René, con oficio y sinceridad dan un tratamiento humorístico a los hechos para que la burla acabe de situar a quien, se dio muerte ante la historia.

Una mezcla bien dosificada de humor explosivo de decir efectivo -no efectista- y honda y desgarradora franqueza, eso es El Gran Solitario de Palacio. México lo podrá conocer ahora que el libro se edita aquí. Es una obra de creación donde la realidad –materia prima de la literatura- se levanta con la fuerza por sí misma tiene y con el poder que sólo puede darle un escritor entero.

Contra los que reniegan de su tiempo y su realidad queda ese libro. Su valor no lo pueden dar más que los lectores capaces, por sensibilidad e identificación, de asumir plenamente la verdad que ahí se recoge. No serán los amantes de la exquisitez ni los buscadores del elogio gratuito quienes se emocionen, serán los hombres y mujeres que caminaron de cara al futuro.