Tantadel

abril 13, 2009

Un amigo del alma: Avilés Fabila * José Agustín

René Avilés Fabila y yo no sólo compartimos los mismos, agitados y tormentosos tiempos, ya que pertenecemos a la misma generación, sino que además nos conocemos prácticamente desde la adolescencia, cuando Luis Gaytán, mi compañero de escuela y vecino de René, nos puso en contacto en 1959.

Él y yo congeniamos en el acto. Los dos éramos muy jóvenes y con ambiciones monumentales que en esa época se manifestaban en el deseo de evadir los horrores de la clase media idiota y en expresarnos a través de la escritura. A los dos nos gustaban las artes en general la literatura, la música clásica, la pintura cine y el aguerrido rock and roll. Eso nos ubicaba con el aprecio de la digámosle vida común: ir a fiestas, beber como cosacos, ligar chavas y demás deberes propios de la primera juventud.

Al poco tiempo, y sin ser conscientes de ello, nos ofrecimos mutuamente lo que teníamos: nuestras familias, nuestros cuates, nuestros espacios más queridos; a mí me correspondió invitar a René al enclenque taller literario que nos entusiasmaba a Gerardo de la Torre, a mi hermano pintor Augusto y a mí. Se trataba del Círculo Literario Mariano Azuela, que primero era el juguete de gente más grande que nosotros, pero que al poco tiempo lo llenamos de chavos, como René, Gerardo, Margarita Dalton y Juan José Belmonte, quien se quería suicidar con dos mejorales y un Alkaseltzer. Por su parte, René me convenció de que renunciara a mi deseo de entrar en la prepa Cinco, cuyo teatro en Coapa era un tremendo imán para mí, y en vez de eso, me inscribí en la prepa Siete, donde René, que pertenecía a la generación fundadora, ya llevaba avanzada su talacha de líder político.

En 1961 conquistamos sin demasiados esfuerzos la sociedad de alumnos. René fue electo presidente y a mí me correspondió encargarme de la acción cultural. Por supuesto, el manejo de la “grilla” le correspondió a él, pero yo aprendí rápido y pronto formamos un espléndido “uno-dos” que funcionó muy bien, y así nos divertimos como enanos y pusimos en muchos aprietos al director de la escuela, que era un perfecto pendejo Los dos éramos de izquierda, fans de la revolución cubana y críticos del gobierno priísta. Ese año yo me lancé como alfabetizador de Cuba, pero regresé a tiempo para participar en las actividades político-culturales de fin de año de la prepa, que culminaron con el padrinazgo de Cuauhtémoc Cárdenas y con una fiesta sensacional que yo narré con cierto detalle en mi autobiografía “El rock de la cárcel”.

“Grillas” aparte, nuestra amistad se ahondó tremendamente, y no fue de extrañar que los dos conociéramos y nos ligáramos a nuestras chavas de toda la vida en el viejo edificio colonial de la prepa Siete. Por tanto, René fue testigo de matrimonio, en 1963, con Margarita Bermúdez, y poco después yo puse mi firma en el libro de su boda con la gran Rosario Casco. Por cierto, no deja de ser significativo para mí que hasta la fecha nuestros matrimonios hayan sobrevivido más de 30 años. Por si esto fuera poco, la literatura resultó un vehículo poderoso entre los dos. Juntos participamos en los cafés Literarios de la Juventud en el café San José creamos Búsqueda, con César H. Espinoza, alias Horacio Juván, Andrés González Pagés, Alejandro Aura y Elsa Cross. Después, todos juntos, fuimos a dar al taller literario de Juan José Arreola cuya revista “Master” consolidó nuestro carácter de grupo generacional, en el que, además de Gerardo de la Torre, Jorge Arturo Ojeda, Eduardo Rodríguez Soria, Rafael Rodríguez Castañeda, Federico Campbell Y Víctor Villela, también habría de agregar a Juan Tovar, Parménides Garcia Saldaña y Gustavo Sainz, aunque ellos no iban al taller de Arreola.

Este último, decisivo para nuestra formación literaria, fue el trampolín para llegar al Centro Mexicano de Escritores y finalmente, a la publicación de nuestros primeros libros. A mí me tocó estar muy cerca de la edición de Los juegos, la acelerada novela que aterrorizó a Emmanuel Carballo, Rafael Giménez Siles y Joaquín Diez-Canedo, quien por cierto le dijo a René: “Mejor quema ese libro”. Ayudé intensamente en la preventa, edición y promoción de la novela, además de que escribí el texto de las solapas y un artículo que me costó la salida de la plana cultural de El Día. Nunca dejamos de beber como monjes de Carl Orff, de echar un relajo sensacional con otros grandes amigos, como Bernardo Giner de los Ríos y Edmundo de los Ríos.

Juntos fuimos acusados de “terroristas culturales”, cuando no damos en apoyar nuestra argumentación literaria con sólidas madrizas a dos que tres ojetes. Y también volvimos a quedar juntos cuando nos asestaron el reductivismo de la literatura de la “literatura de la onda”. Muchas gracias, Rambo Glantz.

Después, René y Rosario se lanzaron a las Europas, pero la sicodelia ya había pintado una sutil raya entre nosotros que se volvió física, cuando yo me mudé a otra ciudad, por lo que nuestros encuentros se redujeron, aunque siempre lo he querido como a un hermano. Lo apoyé en su pleito con Coquis Carpizo y me dio mucho gusto que dirigiera un nuevo suplemento cultural, El Búho, en Excélsior. Lo vi perder entusiasmo por los contenidos políticos, que un tiempo le atrajeron mucho, y, en cambio, consolidar la escritura de fábulas y cuentos fantásticos, y de temas relacionados con el amor. Sumamente, fértil René ha publicado numerosos libros, de los cuales yo prefiero la corrosiva Los juegos, aún insólita en nuestras letras, Lejos del edén, la tierra, Tantadel y Réquiem por un suicida.

* Publicado en El Universal. Lunes 26 de octubre de 1998

1 comentario:

Anónimo dijo...

HAN PASADO 10 AÑOS DE TAN INMEJORABLE OPINION ENTRE GRANDES AMIGOS Y SI AMBOS RENOVARAN UN SUPERENCUENTRO SUS LECTORES SERIAMOS LOS BENEFICIADOS POR QUE NO EN EL MUSEO DEL ESCRITOR, UN ABRAZO PARA AMBOS IMELDA