Tantadel

marzo 23, 2010

Setenta años de erotismo y humor sarcástico

Setenta años de erotismo y humor sarcástico
Mario Saavedra

La creación artística se ha debatido desde siempre, y conforme nuestra condición humana, entre dos fuerzas antagónicas y a la vez complementarias: Eros y Thanatos. Constantes también de toda nuestra tradición literaria de OAñadir imagenccidente, amor y muerte constituyen los temas perpetuos del que ha sido el más fiel de los espejos de la existencia del Hombre. Como escribiera el alemán Walter Muschg en su trascendental Historia trágica de la literatura, “...amor y muerte forman el vórtice sobre el cual se apuntala toda nuestra herencia literaria, legado que ha tenido en estas dos fuerzas la base y el porqué de su existencia”.Y si estos han sido los fundamentales y más visibles pivotes sobre los que se sostiene el andamiaje literario, y por 1o mismo la base del llamado arte literario clásico, en ellos descansa de igual modo la prolífica y polifónica obra narrativa de René Avilés Fabila. Escritor siempre propositivo que por otra parte ha nadado a contracorriente con respecto al más bien “lacrimoso y flagelante” panorama de la literatura mexicana, definido por Xavier Villaurrutia como “predominantemente melancólico y de hora crepuscular” en su medular ensayo Introducción a la poesía mexicana, caben de igual modo en la obra de este escritor tan incendiario como entrañable el humor desenfadado y la ironía despiadada, la observación meticulosa y la imaginación desbordada.

Fiel a una línea personal desde sus inicios, que en su caso ha trabajado además el género fantástico como pocos (heredero directo, en este sentido, de Marcel Schwob, Jorge Luis Borges y Juan José Arreola), la plural y sui generis obra de René Avilés Fabila representa un hito en el curso de la literatura mexicana de las más recientes cuatro décadas. Inteligente y muy agudo lector, por 1o que la mayoría de las veces aparecen en su obra las más justas y reveladoras citas -respetuosos e invaluables homenajes-, su literatura oscila entre la imagen inesperada y el corrosivo sarcasmo, entre el ingenio fabulador y la devastadora picardía. Quien hace escasos tres años celebró los cuarenta años de la publicación de su incendiaria Los juegos de 1967, esa precoz novela a la usanza de La mafia de Piazza permaneció mucho tiempo satanizada, por el desparpajo con que evidencia las trampas de una política cultural y literaria donde no siempre están todos los que son ni son todos los que están, sólo aquellos se disponen para salir a tiempo en la foto.

Valiente y feroz analista de la vida política mexicana de la que se ha hecho uno de sus más enconados críticos, talante por el cual se ha ganado innumerables enemistades pero también el incondicional respeto de quienes son capaces de apreciar tales severidad e intuición, Avilés Fabila ha sido ante todo leal a sus convicciones. Cuentista y novelista de sorprendente imaginación, y escritor de innegables recursos estilísticos, la transparencia y la gracia de su escritura son las virtudes cimeras de quien el pasado domingo 28 de febrero fue objeto de un más que merecido homenaje por parte de la Universidad Nacional Autónoma de México en su Feria del Libro del Palacio de Minería, en los por cierto todavía no cumplidos setenta años de vida de este también protagonista (¡le pese a quien le pese!) de nuestros quehaceres cultural y literario de las más recientes cinco décadas. Por razones extraliterarias excluido muchas Veces del llamado Parnaso de nuestras letras, como tantos otros valiosos escritores mexicanos que igualmente han sido víctimas de un canibalismo y un ninguneo que por desgracia permean nuestra corrosiva condición, lo cierto es que la obra de René Avilés Fabila ha ido ganando terreno con el tiempo, y cada nuevo libro suyo resulta prueba fehaciente de ello.

Escritor y periodista de tiempo completo por vocación y por convicción y autor de una obra tan nutrida como multitonal (al igual que maestro y amigo particularmente generoso), de no menos obligada lectura resultan los ya clásicos de nuestro acervo literario contemporáneo El gran solitario de Palacio, Tantadel o La canción de Odette.

Autor del no menos imprescindible y evocador Hacia el fin del mundo, compendio de veintiún pequeños relatos que muy bien revelan su talento tanto fabulador como satírico, alcanzó su plena madurez literaria con Réquiem por un suicida, libro que a menos de un año de su lanzamiento en México, en 1991, ya había tenido su tercera edición en España.Estupendamente escrita, esta demoledora novela da cabida a dos de las más firmes constantes en la obra de este dotado y rebelde polígrafo, que decía lo son del arte todo: Eros y Thanatos.

Réquiem por un suicida viene a ser una por demás sobrecogedora y elocuente reflexión sobre la existencia, un desgarrador viaje introspectivo de iniciación hacia la muerte de mano propia, de frente a aquel estado de “inconsciente consciencia” que según Sartre y los demás existencialistas constituye el único posible acto de libertad absoluta, y que por su implacable peso específico con lo dicho y como se dice nos recuerda a los más despiadados narradores decimonónicos rusos.

De frente a la muerte, en realidad se trata de un diálogo con la vida, con la maldita vida, con eso que irónicamente llama nuestro no menos admirado Fernando Vallejo (como los ya necesarios El evangelio según Jesucristo de José Saramago y La puta de Babilonia del propio Vallejo, René tiene su Evangelio según René Avilés Fabila, que sabemos se encuentra ya agotado en su primera edición) “el don de la vida…”

* Publicado Siempre.Mx 23 marzo 2010

marzo 20, 2010

Conferencia magistral de René Avilés Fabila en la UAM

La División de Ciencias Sociales y Humanidades
tiene el honor de invitarle a la conferencia magistral
de la serie de profesores distinguidos
impartida por René Avilés Fabila
que se llevará a cabo
el martes 13 de abril de 2010 a las 11 horas
en la Sala de Consejo Académico Edificio Central 3er piso

El amor intangible



El amor intangible

2da. Edición

marzo 16, 2010

Del humor como buena nueva: El Evangelio según René Avilés Fabila


Como bien señalaba hace tres décadas Vicente Leñero en el prólogo a su Evangelio según Lucas Gavilán (Barcelona, Seix Barral, 1979), además de los tratados teológicos y exegéticos, los trabajos apologéticos y piadosos y los estudios, las artes se "han tomado con tal frecuencia la figura de Jesucristo para conformar toda suerte de biografías, novelas, adaptaciones de los evangelios y paráfrasis, que la sola adaptación de los evangelios y paráfrasis, que la sola idea de escribir una nueva obra literaria sobre el tema se antoja en estos tiempos poco menos que inaguantable" (11). Sin embargo, los creadores vuelven al tema religioso, trátese de premios Nobel como Saramago o de cineastas como Mel Gibson. Estamos inmersos en un continuo re-cuento, una constante re-visión, una permanente re-escritura, en donde podemos encontrar lo mismo al furioso Cristoloco de Fernando Vallejo o una parodia del texto joánico motivada por los planteamientos de la teología de la liberación, como la de Leñero, en la que busca literariamente, "con el máximo rigor, una traducción de cada enseñanza, de cada milagro y de cada personaje al ambiente contemporáneo del México de hoy desde una óptica racional y con un propósito desmitificador" (11-12). En fin, hay algo de entrañable y antropológico en el asunto que invita a pronunciarse sobre un emblema de la cultura occidental -inevitablemente judeocristiana-, ya para aproximarse, ya para tomar distancia, yendo de la denostación al elogio, viniendo de enseñanza moral a la crítica severa. Y entre tantas voces, nos encontramos ahora con El Evangelio según René Avilés Fabila (México: Plan C Editores, 2009). ¿Uno más?

Habrá que decir -de inicio- que en el título elegido por el autor del blog Recordanzas, el término Evangelio es válido en tanto que anuncio festivo y un tanto carnavalizado de buenas nuevas (una enunciación plena de humor para una época de crisis); aunque más bien es una lectura paródica que parte de su versión peculiar del Génesis, en donde se afirma que


En el principio, el Hombre creó a los Dioses.

Dijo: Sean, pues, hechos los dioses y los dioses quedaron hechos.


Después de seis días de intenso trabajo, el Hombre descansó. (13)







Y culmina en el comentario al Apocalipsis:








Quien o quienes hayan ordenado la Biblia, seleccionando de entre muchos textos los mejores y más coherentes con los intereses de una nueva religión, no pudo hacer mejor selección que el Apocalipsis del apóstol San Juan para el grandioso final. El ciclo se ha cerrado. Allí está el libro de libros. (146)





Por ello, no habrá que sorprenderse de que bajo el título "La lujuria en los Evangelios" se haga una clara alusión al famoso pasaje del capítulo 11 del Segundo libro de Samuel.


En una revisión general, con ecos sociales y antropológicos, Avilés Fabila nos recuerda que el politeísmo fue vencido por el monoteísmo, a través de cambios ideológicos que responden a las circunstancias de cada pueblo y con el paso del tiempo consolidan o corroen instituciones. Algunas divinidades también le entran al juego político. Después de todo, las religiones –aún las reveladas- son históricas, situadas en épocas, localizadas en entornos geográficos precisos: de modo que ni todos los relatos documentados son ciertos, "ni toda la mitología es falsa" (15). Y en consecuencia, siempre queda un margen para las preguntas bien intencionadas, esas del tipo "¿Qué demonios comían los hombres en los tiempos bíblicos? Habría que saberlo, puesto que todos los grandes personajes llegaban a edades notables". (17) "¿En qué consiste la sabiduría divina? En que no puso a los hombres y a los dinosaurios juntos" (142) Y "[s]i el Cielo o Paraíso es un lugar sublime, hermoso por excelencia, y Dios la perfección de la belleza, la bondad y la sabiduría, ¿por qué los creyentes se resisten a morir?" (147)


En este entramado, el autor de Lejos del Edén la Tierra (México: Universidad Veracruzana, 1980) nos invita a leer en su evangelio "La Biblia como historia y como novela", no sin antes advertir que la colección de textos canónicos "es historia que ha perdido, con el paso de los siglos y de las muchas manos entrometidas, algo de sus méritos originales, detalles y contradicciones" (22).





Esta invitación está lejos de la provocación y el escándalo, sobre todo si recordamos que, a comienzos de la década de los 90, la Pontificia Comisión Bíblica presentó un documento titulado La interpretación de la Biblia en la Iglesia (1993), en donde se asume la disposición a atender las críticas, las quejas y aspiraciones sobre la hermenéutica bíblica, y aunque al final se enfatiza que la interpretación ha de realizarse en el seno de la Iglesia y de acuerdo a la tradición, admite el valor y las aportaciones del método histórico-crítico, los métodos del análisis literario (retórico, narrativo, semiótico),los acercamientos de las ciencias humanas (sociología, antropología cultural, psicología y psicoanálisis), así como de los acercamientos contextuales (liberacionista y feminista). De modo que, difícilmente algún creyente podría resultar ofendido por el Evangelio según René Avilés Fabila (aunque nunca se sabe, tal vez quede en el siglo XXI alguno que otro fundamentalista).




Así pues, el lector se encuentra con un texto inteligente y divertido en el que se reconoce a la Biblia como




la obra grandiosa que




revela las maravillas y los prodigios de una religión que muy rápido dejó sus grandes principios éticos en pos de riquezas y poder inimaginables. Es la historia de un Dios que fue suplantado por un largo ejército de curas ambiciosos y dogmáticos, arrogantes y dueños de un medio mundo conquistado a sangre y fuego. (23)





Esto, sin olvidar que, como novela,




la Biblia es perfecta, posee las características de las mejores obras de todos los tiempos, quizá en algún capítulo haya descuidos y los personajes se diluyan en el aire, las fechas sean de poca precisión, pero eso es culpa del tiempo y no de los autores. (23)Cursiva





Y como poesía, también, ya que el Cantar de los cantares




es la minuciosa y espléndida relación amatoria de una pareja, hombre y mujer, y bien leído se trata, más que de una parábola, de un hermoso y cachondo poema que por sí mismo vale toda la existencia del Viejo Testamento. (24)





Por supuesto, después de leer los versos/versículos del poema largamente atribuido a Salomón, uno termina por compartir el suspiro nostálgico y la expresión subjuntiva:




Ah, si todo el texto bíblico fuera como El cantar de los cantares, si todos los profetas, los discípulos y redactores de las Sagradas Escrituras hubieran escrito al amor y al sexo. Otra cosa serían las religiones cristianas. (38)


La belleza del texto religioso, sin embargo, no hace olvidar al autor de Hacia el fin del mundo (México, Fondo de Cultura Económica, 1969) las contradicciones de la "lógica bíblica" ya que afirma en su más reciente libro que "[l]as cosas no parecen justas en el reino de Dios" (31), "[a]mar a Dios tendría que ser el resultado de sentirse amado y no atemorizado" (33) por el belicismo, los castigos físicos o espirituales, y es terrible pensar como el apocaliptista que la única solución sea la destrucción catastrófica del mundo, idea renovada –de cuando en cuando- por los milenaristas, y que le permite a René compartir una anécdota:




Para el segundo milenio hubo algo igual, pero a nivel muy restringido: sólo entre los más idiotas o fanáticos, quienes advirtieron de toda clase de calamidades para la humanidad. Por si las dudas, yo decidí pasar esa memorable noche del 31 de diciembre en la ciudad de Nueva York, en uno de los mejores hoteles, donde bebí y comí opíparamente en espera del Apocalipsis: sólo conseguí una formidable resaca de la que me repuse bebiendo nuevamente. (34)




Por supuesto, el libro no es un ensayo hermenéutico sino un divertimento literario en el que lo mismo se elogia a los apócrifos, libros "en ocasiones son más claros y menos sangrientos" (41), que se cuenta "La segunda muerte de santa Verónica" o se concluye que "Dios no hizo a su hijo escritor porque tal vez con estas cualidades Jesús hubiera preferido escribir poemas, dramas y novelas [...] en lugar de marchar directamente al suicidio crucificado" (47).


El evangelio según René Avilés Fabila está anclado en el palimpsesto, pero no sólo respecto al gran libro, sino a la misma producción del autor. Por ejemplo, cuando afirma que "[u]n monarca absolutista es siempre un solitario" (51) en el capítulo titulado "El gran solitario del cielo" es inevitable pensar en El gran solitario de Palacio. Pero hay otros ejemplos, como puede apreciarse en la siguiente terna de citas, primero, cuando hace un poco de angelología e incluye una nota al pie:




René Avilés Fabila narra en su libro autobiográfico Nuevas Recordanzas la desafortunada manera en que por un accidente de pistola, su ángel de la guarda falleció; de tal manera que en lo sucesivo el escritor careció de defensas ante la vida, salvo las que él mismo, a duras penas, pudo proporcionarse. (69)


Antes, un comentario a propósito del relato de la Caída, en el quese habla de una víbora que tenía la capacidad de hablar y si consideramos que existen serpientes lujuriosas (cfr. René Avilés Fabila, quien habla de una "serpiente falo" en Los animales prodigiosos), podemos pensar que la Eva y la víbora fueron más allá de una invitación a devorar un fruto prohibido: la manzana. (61)




Y luego, en una referencia a la mítica lluvia de los cuarenta días y las cuarenta noches, apunta:




El pegaso y el unicornio fueron dos prodigios de la naturaleza, obras perfectas utilizando a uno de los más bellos animales: el caballo, el Creador le puso al primero alas de ángel y al segundo un delicado y esbelto cuerno. Por desgracia, el diluvio universal acabó con ellos: en un descuido de Noé, quien el día anterior había bebido más celebrando su cumpleaños seiscientos, olvidó incluirlos dentro del arca. (64)




Existe también una referencia a Requiem por un suicida, pero basta de citas (o terminaré transcribiendo el libro).


En la nota introductoria a Casa del Silencio (México, UNAM, 2001), Ignacio Trejo Fuentes ha señalado tres asuntos capitales en la obra de Avilés Fabila: el amor, la fantasía y la política. En consecuencia, no es extraño que en este volumen editado por Plan C Editores se cuelen "los curas obesos y enjoyados, en absoluto humildes, más bien soberbios y llenos de gruesa arrogancia, [que] contemplan las hazañas de doblegar pueblos y quemar libros y personas de otras creencias, como acto de fe y justicia" (123).




Pero no se trata de una crítica violenta como la que realiza Fernando Vallejo en La Puta de Babilonia, donde el oriundo de Antioquia arregla cuentas pendientes con "la impune bimilenaria". Dicho sea de paso, mientras el colombiano insiste en que –desde los tiempos de la Septuaginta- estábamos irreversiblemente "alejados de Jesús por una triple separación: geográfica, temporal y lingüística" (92); la estrategia narrativa del mexicano consiste exactamente en ignorar tales distancias. Revisa los textos bíblicos como si estuviera leyendo el periódico, es decir, como si la buena nueva hubiera llegado esta mañana al puesto de periódicos.

marzo 04, 2010

¿Que 70 años no son nada?


En punto de las 13 horas, afuera de la Capilla del Palacio de Minería, la gente comenzó a reunirse para entrar a lo que parecería una presentación más, afortunadamente no fue así. El motivo de la enorme fila se debió al homenaje que se le rindió al escritor René Avilés Fabila, quien cumplió 70 años de edad y 50 como escritor.

Este domingo 28 de febrero de 2010, las actividades de la Feria del libro del Palacio llegaron a su fin. El marco fue el idóneo, la fila, como todos los días de la Feria, daba la vuelta hasta llegar al eje central Lázaro Cárdenas; la gente se encontraba muy emocionada por entrar. Esto llama la atención y contradice lo que muchas autoridades se han empeñado en pregonar: los mexicanos no leen. Si no lo hacen ¿cómo explicar que ésta sea la XXXI edición de la Feria? Y con una cantidad impresionante de gente -en algunas partes del Palacio no se podía caminar por los pasillos-para entrar al último día en el que, entre otros eventos, uno de los más relevantes fue el homenaje a Avilés Fabila.

La capilla pronto se llenó y hubo problemas en la logística de la entrada. Si ya de por sí la fila era larga para entrar a la Feria, la que había para entrar a la capilla era un poco menos que enorme, lo que nos llevaría a replantear la dinámica y los espacios de este tipo de eventos.

Y es que no era para menos, la presencia de un periodista y escritor como René, convocó a mucha gente. Una vez que los problemas siguieron en la entrada, se cerró la puerta y Fernando Macotela comenzó con la presentación, en donde mencionó la labor de Avilés en el campo del periodismo, publicando en Excélsior, y además resaltando su trabajo como académico, no sólo en la UNAM, sino también en la UAM, de donde es profesor.

Al lado de Avilés Fabila se encontraba la siempre sonriente María Luisa “la China” Mendoza, quien con su particular malabarismo verbal nos recordó los inicios del trabajo de René. Mendoza fue parte fundamental en aquellos años de combate en los que en México se peleaba en contra del sistema totalitario del PRI. Después de arrancar varias sonrisas al recordar la parte íntima de la vida de René, pues dijo que no sólo conoce a su esposa Rosario, sino también a varias de sus enamoradas, María Luisa dio fin a su presentación para cederle el micrófono al homenajeado.

René comenzó agradeciendo de manera particular a Macotela y a “la China”, y después de manera general a todos los asistentes, y a continuación comenzó a hablar de lo que él conoce: de política, periodismo y literatura.

Como siempre, Avilés Fabila se declaró un crítico del poder, por ello, dijo, “me he ganado muchos enemigos, pero lo mismo critico al PAN, al PRD y al PRI”, y después añadió “no sólo crítico al partido en el poder, sino de todo aquel que ostente el poder”, lo que hizo que el público le aplaudiera, no sin antes señalar la maldición que alguna vez un diputado perredista le dijera: “ojalá y se muera su madre”.

René Avilés Fabila recordó sus inicios en la literatura -junto con José Agustín-, en sus años de juventud con la publicación de su primera novela Los Juegos; después dio paso a la plática de cómo nació El Bosque de los Prodigios, Tantadel, Memorias de un Comunista, Réquiem por un Suicida, hasta llegara a Recordanzas y Nuevas Recordanzas, título que “la China” Mendoza le celebró con anterioridad en su intervención.Casi al finalizar, Avilés Fabila hizo alusión una vez más a su divorcio con algunas de las figuras de la literatura mexicana, —léase Carlos Monsiváis y Elena Poniatowska— de quienes dijo “sentirse celoso” (sic), pues les han dado más Doctorados Honoris Causa que a él, “60 a cada uno de ellos en el mismo día” (sic), puntualizó René.

Antes de concluir, llegó un momento emotivo, pues “la China” Mendoza, le hizo ver a René que entre el público se encontraba Helena Paz Garro, a quien Avilés se refirió cariñosamente y el público la recibió con un fuerte aplauso.Así dio fin el homenaje que la Feria de Minería le otorgó a uno de los más críticos escritores, y que sin embargo, está en espera de obtener su lugar en la literatura mexicana.

marzo 01, 2010

Celebrando la literatura de René Avilés Fabila - Obras Completas

El mejor homenaje a un escritor es leerlo, adquiere los libros de René Avilés Fabila, están en la editorial Nueva Imagen