Tantadel

abril 24, 2011

Leonora y Leonora

Su belleza era excepcional. Quería ser bailarina de ballet, pero ya en los sanatorios pensó que le gustaría ser doctora.

En 1948, una niña de doce años, quien llevaba nombre de obertura de Beethoven, Leonora, agonizaba. Su padre en vano probó con varios médicos y distintos hospitales. Ninguno encontró la forma de salvarla de una peritonitis. Finalmente murió. ¿Cómo era? Como todas las niñas de esa edad, inquieta, juguetona, inteligente, sensible. Su belleza era excepcional. Quería ser bailarina de ballet, pero ya en los sanatorios pensó que le gustaría ser doctora en medicina para preservar vidas. El padre entró en una profunda depresión. Pero era escritor y para superarla decidió hacer una novela con la breve vida de su hija a quien adoraba. A su único hermano, Leonora le llevaba siete años de edad, lo protegía y ayudaba en la escuela. Era una hermosa relación imborrable.

El adolorido escritor se encerró a redactar la vida de Leonora. Lo movía sí el dolor de la pérdida, pero asimismo la aversión por los médicos. En un capítulo de la novela, el narrador, agnóstico y desesperado, le exige a Dios que su hija sea como Lázaro, resucitada. En otro, un atribulado hombre que acostumbraba ir a la iglesia, fue a llorar. En el atrio un grupo de niños, al verlo circunspecto, enlutado, con el rostro atormentado, confundiéndolo con un sacerdote católico, corrieron a besarle la mano. Los contuvo al decirles: No, por favor, ya no soy padre: mi hija ha muerto.

La novela fue concluida y la publicó en 1949, nueve meses después del fallecimiento de su hija. La tituló como se llamaba la niña: Leonora. Recuerdo haber visto la novela en una librería a un costado de la Alameda. Allí estaba la obra y a un lado la fotografía del autor. En esos años México todavía vivía bajo el influjo de la literatura rural desatada inconteniblemente y en distintas variantes por la Revolución Mexicana. Leonora era una novela urbana. Vista con rigor, era sicológica, otra característica que apenas pasaba por nuestras letras, íntima. El retrato de una chiquilla agonizante que ignora su futuro fallecimiento, absorta más que en sus dolores en su futuro de bailarina o doctora.

Al morir Leonora pasó al papel como personaje llamado Leonora ¿Qué tanta fantasía utilizó el autor para reconstruir la vida de su hija? ¿El dolor le restó objetividad y dejó el propósito de contar una historia real? Es difícil saberlo, él también está muerto. La novela está más dentro del ámbito de la literatura fantástica que de aquélla que copia servilmente la realidad. Era (es) un bello libro, escrito con rigor y una prosa muy ceñida, justa, como pedía Flaubert. Cada capítulo es un cuento que puede ser leído de manera independiente, el resultado o suma de ello es el sufrimiento irreparable de quien perdió el más grande valor que poseía: su hija.

La novela Leonora se agotó y nunca fue reeditada. El autor se dedicó a la pedagogía, escribió muchos otros libros, la mayoría de historia, habló del pasado de su padre en tanto discípulo distinguido de Enrique C. Rébsamen y finalmente se concentró en una tarea monumental: trabajó con Martín Luis Guzmán en la creación del Libro de Texto Gratuito, una idea que le platicó en París a Jaime Torres Bodet, cuando estaba al frente de la UNESCO. Aunque era amigo de muchos y notables intelectuales de su época, prefirió la soledad. Me gustaría ver de nuevo circular a Leonora, con su prosa poética atormentada, pero son otros tiempos: de best-sellers y obras fáciles sobre escándalos, asesinatos, secuestros, fraudes electorales, odios, un sistema político que nos envilece y un mundo que nos ha arrastrado a una globalización ajena a nuestra identidad. El escritor ruidoso es quien está de moda o el que mejor sabe acercarse al poder y adularlo.

Conozco bien la historia, porque Leonora era mi hermana y el novelista fue mi padre: René Avilés Rojas. En las páginas de ese libro me vi por vez primera y quizá marcó mi vocación literaria.


1 comentario:

Anónimo dijo...

ES IMPORTANTE QUE LEONORA SIRVA PARA RESCATAR MUCHOS VALORES QUE SE HAN PERDIDO EN LA ACTUALIDAD URGE UN EDITOR QUE LE APUESTE A LOS SENTIMIENTOS DE UNA FAMILIA DE CLASE MEDIA COMO LA MAYORIA DE LOS MEXICANOS QUE LA HAN PERDIDO