Tantadel

julio 24, 2011

El dictador latinoamericano

A nadie debería sorprender esta suerte de género literario, América Latina ha brindado dictadores de toda índole.


Por un boletín del INBA, supe de la mesa sobre el tirano latinoamericano compartida por Javier Vargas, Vicente Francisco Torres e Ignacio Ruiz, en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia. Un tema fascinante. Los ponentes, explica la información, señalaron que entre nosotros es una referencia constante como lo es en España Don Juan, La Celestina y Don Quijote. Y algo inagotable, pienso. Los antecedentes literarios no son precisamente latinoamericanos, aunque sí los personajes. Por ejemplo, Tirano Banderas de Valle Inclán, es uno de los inicios. Una novela muy castiza con un dictador muy mexicano. Martín Luis Guzmán con La sombra del caudillo arranca la galería de siniestros o ridículos tiranuelos de Latinoamérica. El señor presidente de Miguel Ángel Asturias la consolida y le da aires de extraña grandeza. A nadie debería sorprender esta suerte de género literario, América Latina ha brindado dictadores de toda índole. En la mesa citada hicieron un recuento: Alejo Carpentier con El recurso del método, Vargas Llosa con La fiesta del chivo, Roa Bastos con Yo el Supremo, García Márquez con El otoño del patriarca. Los mexicanos, añade la nota, cuentan con las aportaciones de Jorge Ibargüengoitia y de quien esto escribe. El primero publicó Los relámpagos de agosto y yo El gran solitario de Palacio. Hay una lista muy amplia. Por tal razón, la novela de dictadores es peculiar, concluyeron los investigadores.


Mi novela El gran solitario de Palacio no es tan sólo la historia de un crimen, el 2 de octubre de 1968 y de un asesino, Gustavo Díaz Ordaz, así lo han visto diversos críticos y así la veo yo mismo. Publicada en Argentina, en 1971, es el mural de un sistema autoritario. La ironía es muy distinta al jocoso humor que despliega Ibargüengoitia. El longevo dictador no es el Porfirio Díaz que inspira a Carpentier, lo es un partido y el soporte político creado para mantener el poder. La trama se sostiene a través de un hombre despótico al que cada seis años lo someten, como en la literatura de ciencia ficción, a una operación de cirugía plástica, lo revitalizan, le conceden una personalidad política distinta y un proyecto con variantes de lo mismo para gobernar con dureza a México. El escenario está conformado por los medios de comunicación, las intrigas en busca del poder y los favores del tirano y la lucha de los jóvenes por encontrar caminos democráticos. El eje es la matanza de Tlatelolco, pero la obra es el mural de una larga jornada histórica. Como estudiante de la UNAM me tocó presenciarla, pero otras eran las razones que motivaron la novela: una rebeldía total contra lo establecido.


De El gran solitario de Palacio se han hecho infinidad de ediciones y ha sido traducida a diversos idiomas. A pesar de lo que México ha cambiado, no la siento distante de nuestra realidad. No hemos sido capaces de eliminar los elementos que niegan el paso a una auténtica democracia y a una pluralidad enriquecedora. Nuestra historia de caudillismos y mínima tradición democrática persiste, pero se refleja de manera distinta a lo ocurrido en 1968. El presidencialismo persiste, los partidos son tiránicos, los medios no acaban de acertar en su papel de intermediarios entre el poder y la sociedad y los estudiantes piensan más en un futuro lamentable que en la posibilidad de modificar el presente. Otros países de América Latina han superado la fase del dictador, del golpe militar. Nosotros seguimos atorados en un sistema creado por la mano dura de un tirano perpetuo que cada sexenio modifica su rostro.

Es posible que la novela del dictador latinoamericano sirva más como experiencia histórica que como fenómeno estético. Pero en su momento cada una contribuyó a debilitar esa figura todopoderosa y brutal que nos tipificaba. Hoy nos sirven de ejemplo de lo que no debe hacerse para ingresar en una modernidad inteligente.

René Avilés Fabila
Escritor y periodista
http://www.reneavilesfabila.com.mx
Publicado Excelsior domingo 24 julio 2011

1 comentario:

Anónimo dijo...

Un zoon politikón al 100% profesor Avilés Fabila y el Gran Solitario lo confirma donde se vislumbra un Periandro de Corinto por naturaleza propia que se antepone a las Diosas Dike y Alétheia de la Grecia Arcaica.
Daimel