Tantadel

noviembre 16, 2011

De tres candidatos, ¿tres ganaron?

A eso de las 19 horas del pasado domingo, quienes estábamos atentos al proceso electoral de Michoacán, recibimos las primeras noticias sobre sus resultados: Lo primero que vimos en la televisión fue, en el canal de un diario, que minutos antes de la hora convenida, un jactancioso Gustavo Madero mostraba dos encuestas de firmas poco prestigiadas que daban fe del memorable triunfo de María Luisa Calderón, Cocoa, atrás de él, los mejores panistas y desde luego aspirantes a la candidatura presidencial, aplaudían con euforia, destacaba Santiago Creel. Tres minutos después, el mismo canal daba información sobre la victoria del candidato priista Fausto Vallejo. Enseguida, Zambrano, del PRD, acompañando a un candidato titubeante e inseguro, Silvano Aureoles, señaló la forma estrepitosa en que derrotaron al PAN y al PRI, pese a “sus marrullerías”. Total, dieron las 20 y las 21 horas y los tres candidatos aseguraban haber triunfado. Maravilloso, en tal lógica, Michoacán tendría tres gobernadores, algo inaudito y digno de la historia universal de la mentira. Un Gustavo Madero gozoso hablaba de la victoria de su partido, desde el mediodía. O sus encuestadoras le mentían o él mismo veía el triunfo como algo fácil. En algún momento las lentas autoridades electorales suplicaron que no desconcertaran a los medios y a la opinión pública con sus discutibles vaticinios.

Para medianoche, el PRD comenzó a notar que era imposible seguir la farsa. El control sobre ese estado había llegado a su fin, como en Zacatecas y Baja California Sur, los ciudadanos no podían más con la corrupción y la ineptitud de “las izquierdas”. Los michoacanos buscaron otras rutas, pero todavía se ignoraba si habían seleccionado a la familia Calderón o al PRI para salir del pantano manejado por una suma de mafias llamada PRD, donde actúan hasta narcotraficantes dentro de su élite de poder. Justo un familiar cercano de Leonel Godoy, diputado prófugo que recibió ayuda del Alejandro Encinas, ex candidato a gobernador del mismo partido al Estado de México. El lunes, los medios sólo tenían claro que el PRD había sido derrotado y que el PAN y PRI disputaban el triunfo, muy parejos según datos del PREP, algo que sin duda abrirá las puertas de un conflicto postelectoral: la hermana del presidente de México no puede perder y menos a manos de los enemigos favoritos de la familia. Al PRD sólo le queda el DF. Algo tenían que inventar para salvar el honor de los Calderón y maldecir al priismo.

El lunes por la tarde, ya la victoria del PRI era clara. Cocoa había perdido y Gustavo Madero y demás panistas habían dejado de lado la arrogancia. Ahora se trataba (se trata) no de encontrar una explicación sensata al fracaso sino de culpar a una nueva mancuerna malvada: el PRI y el narcotráfico. Entrevistada por López Dóriga, la señora Calderón Hinojosa no supo decir algo coherente sobre lo que horas antes era un triunfo de la democracia y la dignidad electoral. Se fue por lo más fácil: los malos del filme, los narcotraficantes habían impedido un proceso perfecto e intachable. Pero no dio ninguna prueba; recurrió al viejo expediente de los perredistas a grado tal que el periodista le dijo: No me digas que ahora pedirán voto por voto casilla por casilla. No cabe la menor duda, el PAN, antaño luchador limpio, se ha convertido, luego de los sucesivos fracasos de Fox y Calderón en cavernícola. El problema, en este caso, es que desde la presidencia fue vigilado rigurosamente el proceso electoral. Que, para colmo, el PAN elogió antes y después la limpieza de los comicios. Hoy, derrotado, se traga sus propias palabras.


Ya conocemos la historia, la hemos visto hasta el cansancio en el PRD: cuando gana, fue un proceso estupendo, cuando padecen una derrota, estuvo viciado. Lo sorprendente es que ahora es alguien de las altas esferas del PAN, Cocoa, quien recurrirá a toda clase de artimañas (basándose en las perredistas, las que usaron contra el triunfo de Calderón) para negar el de Fausto Vallejo. Si la derecha tuviera decoro, reconocería el éxito de sus rivales y esperaría mejor oportunidad. Pero no. Buscará algo que le permita vociferar. Qué lamentable espectáculo en menos de 24 horas: de gritos de triunfo y verbenas a reclamos, amenazas y mentiras. México, definitivamente, muestra que tiene un pésimo sistema de partidos. Pero lo que más sorprende es que Acción Nacional, que tanto ha criticado los vicios del pasado, ahora, desde el poder presidencial, no tenga grandeza ni valor para aceptar que la hermana del presidente de México fue derrotada. Para qué hablar del PRD, su caída es total o casi. Le queda el DF, entre dos o tres cosas de escaso valor, la joya de la corona, dice la frase hecha. Su último bastión. Lo defenderán con encono. Y aquí sí puede haber una alianza entre perredistas y panistas, más urgida que la de Puebla o de Oaxaca, para detener a los malosos del PRI que se aprestan a retornar a Los Pinos por la más siniestra de las vías: las urnas.


Opinión 2011-11-16 -
La Crónica

No hay comentarios.: