Tantadel

noviembre 11, 2011

La lucha que se acerca

El miércoles pasado Marcelo Ebrard presentó en horas laborales y conduciendo a la gran capital a través de su Blackberry un esbozo de programa presidencial, puntos con escasos soportes. Más llevado por la necesidad de conquistar la candidatura de “las izquierdas” que por su talento de estadista, añadió que si las encuestas a las que él y AMLO se han sometido producen un empate, ambos se sentarán a buscar una solución. Eso es civismo, lucha fraterna. De caballeros que están muy lejos de serlo, porque quienes tienen realmente una buena educación, no suelen mentir, en consecuencia, jamás se hacen políticos, tratan de dar una imagen lejos de su verdadero carácter y formación: de priistas fieros a miembros de una extraña secta que ellos, sin pudor y fastidiosa tenacidad, llaman izquierda.

Sin embargo, en su afán de mostrarse como un hombre educado y rival gentil, Ebrard se puso paternal con quien lo reinventó: López Obrador. Dijo casi textualmente que ve con optimismo que AMLO haya modificado su discurso. Ha cambiado tanto que ya acepta que el presidente legítimo no es él, sino Felipe Calderón. Borrón y cuenta nueva, dijo coloquial, ya no habrá venganza. Ello es verdad, desde su pasado discurso en Monterrey, algunos empresarios, sorprendidos, escucharon un discurso deshilvanado donde el líder tabasqueño mostraba su aprecio por los “empresarios honrados”, su nuevo rostro. Nada queda del largo plantón que dividió en dos a la ciudad que acababa de gobernar, ni de la ridícula ceremonia donde una actriz lo hizo “presidente legítimo”. Mucho menos recordamos quiénes integran su gabinete. Ahora recorre con aparente humildad el territorio nacional confiado en que sus simpatizantes, que cada vez son menos, le darán una nueva posibilidad para competir por la Presidencia de la República. Realmente la merece.

Pero volviendo al principio, Marcelo Ebrard tuvo que morderse, una vez más, la lengua. ¿Hablar de cambios ajenos y no mirar los propios es parte de una arrogancia ilimitada? Lo que en otros es defecto, en él es virtud. Recordemos apresuradamente: Marcelo fue un eficaz priista. Él junto con su jefe natural, Manuel Camacho, eran intensos seguidores de Carlos Salinas. Veían en él a un salvador y más que admirarle sus cualidades de estadista y hombre inteligente, esperaban que les entregara la sucesión presidencial. Al no recibirla, cambiaron el amor por odio y resentimiento, deseos de venganza. Ya no era sólo Salinas, sino el PRI que habían dirigido. Luego de varios traspiés, dieron con la fórmula para rehacer su carrera: seguir a López Obrador, otro ex priista, de mil maneras inventado por dos ex priistas: Enrique González Pedrero y Cuauhtémoc Cárdenas. Con perverso y cauteloso talento trabajaron al lado del caudillo de reciente cuño y hoy al menos tiene el 50% de la candidatura de las tristemente célebres “izquierdas”.

No obstante hay algo más. En su afán por cautivar a Obrador, de suyo autoritario y brutal, Marcelo y Camacho se añadieron a las pretensiones de tener un gobierno paralelo al de Calderón. Se sumaron al odio por la derecha, aborrecieron al “usurpador”. Marcelo, cuando coincidían por protocolo, evitaba a Calderón, era áspero en sus declaraciones hacia el mandatario. En suma, era el mejor enemigo de don Felipe Calderón. Con el paso del tiempo, Obrador vio que su táctica había sido errada y la modificó. Marcelo hizo lo mismo y ambos ahora ven al “ilegítimo” como el presidente real que es. Ya ninguno quiere clamar aquello de “primero los pobres”. Como antes AMLO, Ebrard hace vistosos e inútiles segundos pisos, para al menos conquistar algunos votos entre los que no usan transporte público. Falta algo: los dos tienen mal carácter y son en exceso autoritarios. Un periodista de larga carrera que ha cubierto sus respectivas tareas, me lo dijo en una frase popular: Son de mecha corta.

Tras su falsa cortesía, Obrador y Ebrard ocultan sus verdaderas intenciones: ganar la candidatura presidencial de “las izquierdas” (siempre en plural para ocultar las palabras clave: bandas, mafias, tribus…). Tarde o temprano dejarán los buenos modales que le aprendieron a Guadalupe Loaeza y se mostrarán como son: violentos. Pero por ahora, cuando notan que al pueblo no le hace mucha gracia la violencia verbal, el intercambio de insultos tipo Gustavo Madero, son dulces y apacibles. Aquellos que tratan de descifrar la realidad política, sucia, pantanosa y de bajo nivel, advierten que a pesar del tono monacal, “las izquierdas se dividirán y tendrán dos candidatos: Ebrard por parte significativa del PRD y Obrador por el PT, lo que fuera Convergencia y, desde luego, por Morena, su propio movimiento de carácter nacional. Yo no estoy seguro: pareciera que el mucho trabajo de AMLO, pese a estar lleno de vaivenes, chantajes y violencia, le dará resultados positivos y ganará la anhelada candidatura. Por lo pronto, las tribus de falso izquierdismo perderán este domingo Michoacán, como antes perdieron Zacatecas. Falta ver qué ocurre con el DF que gobernaron de manera autoritaria y donde toleraron una inaudita corrupción.


Opinión 2011-11-11 - La Crónica

1 comentario:

Fundación Equipo dijo...

Queremos una izquierda unida que garantice beneficios sociales y desarrollo económico para todos.

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