Tantadel

noviembre 09, 2011

La política: el bajo mundo

Los propios políticos aceptan vivir en un universo pleno de desprestigio. Naturalmente no reconocen sus defectos personales, la culpa es de los demás, de los otros partidos. De muchas y muy claras formas, la política nos ha dividido y enfangado. Aceptamos y asumimos sus pugnas y odios. La intolerancia campea. En algunos casos el cinismo es indignante. Un dirigente perredista reconoce que por ahora se matan entre ellos, pero que llegado el momento de saborear el triunfo en el DF (su principal baluarte, su banco, el teatro de sus “cochineros”), todos se darán la mano y cerrarán filas en torno al ganador. Es una peculiar manera de señalar que en la victoria están juntos: el fin es acumular puestos, hacer negocios y obtener dinero.


El lunes, en los medios de comunicación, fue posible ver el nivel de la política mexicana. Todos destacaban la turbiedad de las elecciones perredistas y, asimismo, hablaban de Michoacán, estado que sin duda saldrá de manos de la familia Cárdenas para ingresar a un nuevo feudo, al de la familia Calderón con el triunfo de su hermana Cocoa. Atrás de esta lucha política que al parecer acaba con el reinado del PRD, se imponen nuevas familias, las del crimen organizado, el narcotráfico, las que hacen negocios con el secuestro, el robo y la penetración de las instituciones, donde ninguna queda a salvo. Hay una relación directa entre la descomposición política y el crimen organizado: éste sube porque el sistema nacional es incapaz, corrupto y dividido ferozmente. Sólo unas cuantas voces sensatas buscan afanosamente en salir del grave problema que impide la gobernabilidad y tolera las mentiras y la demagogia. Tal vez no seamos un Estado fallido, pero padece tal debilidad que el menor golpe severo de viento, podría desplomarlo.

El PRD no sale de un lío que muestra su indignidad y bajeza y ya está en otro. Sin embargo, mantiene su poder sobre la capital y según sus cálculos la ciudad seguirá siendo suya. El PAN, que antes fuera un enemigo tenaz pero caballeroso, ahora recorre el país mentándoles “su mandarina a los priistas” en boca de un heredero de Francisco I. Madero, un hombre que se entregó con dignidad, valor y coraje a una causa superior. El delfín de Felipe Calderón, Ernesto Cordero, recién ingresado a las filas políticas, hace de las suyas convertido (se ha repetido hasta la saciedad) en un vulgar peleador callejero. No pasa un día, como Marcelo Ebrard, sin que rete a Enrique Peña Nieto a un debate público. Y el PRI ve cómo sus “nuevos” políticos se desmoronan a causa de errores y pifias. Es el caso de Humberto Moreira.

Lo anterior, escrito en pocas líneas por razones de espacio, arroja datos de un grave descontrol. No es casual que buena parte de la ciudadanía se considere independiente y ajena a los partidos, sin embargo, su voto decidirá las elecciones capitalinas y presidenciales. No hay encuesta donde no aparezcan un nombre y un partido muy por encima de los demás: Enrique Peña Nieto y el PRI. Excélsior y El Universal acaban de publicar resultados ya habituales, con un nuevo elemento: este partido de pésima historia ha elevado notablemente la simpatía de votantes. Ahora cuenta con una aceptación del 31%, mientras que atrás quedan el PAN con el 18% y el PRD alcanza apenas el 11%. Las encuestas son nacionales y la del segundo diario obtuvo sus datos luego de entrevistar a un pasable universo de 32 mil personas, mil por cada estado, el DF incluido. Faltan los que se declaran independientes y no tienen preferencia por ningún partido. Es una cifra alta: alrededor del 50%. El llamado voto duro también es favorable para el PRI, pues mientras un 22% se declaró militante suyo, el PAN obtuvo el 15% y 7% el PRD. El partido que quiera triunfar tendrá que buscar el voto de los independientes. En México éste es el grupo que crece, que busca no ir a las urnas para demostrar su enojo o está integrado por gente que supone que los candidatos deben ser “ciudadanos”. Aunque aquí el problema es más complejo a causa de la ausencia de leyes claras que permitan su ascenso y éxito. Requieren un partido con registro, desde luego necesitan recursos económicos y una estructura partidista que no poseen. Esto les da un peligroso acercamiento con un partido, el que sea. No hablemos de ideologías, sino de posibilidades de llegar a un alto cargo de elección popular. Es, por lo tanto, ingenuo ver la solución en este tipo de posibilidades.

Pero si el PRI regresa triunfal a pesar de que no ha modificado sus hábitos ni su apariencia, no se debe a su novedoso equipo sino a los errores de sus enemigos, muchos de ellos egresados de sus filas. La bajeza del PRD, la incapacidad evidente del PAN, producen una rara nostalgia en los mexicanos. ¿Qué pueden decirle a los priistas de corrupción y autoritarismo si ellos han retomado esas tradiciones? Nada. Mal estamos, la frase final podría ser una paráfrasis de una muy conocida: Pobre México tan lejos de Dios y en manos de los políticos. Al parecer un mal necesario hasta que el pueblo decida buscar su ruta propia y haga historia. Total, ya ha ocurrido.

Opinión 2011-11-09 - La Crónica

1 comentario:

Fundación Equipo dijo...
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