Tantadel

noviembre 25, 2011

Manlio se retira de la contienda presidencial

El pasado martes 22 los medios confirmaron el rumor que había sido muy comentado los días anteriores: Manlio Fabio Beltrones se retiraba de la lucha por la candidatura presidencial del PRI. El camino para Enrique Peña Nieto queda franco, no hay más sombras que aquéllas que sus enemigos (que no rivales) puedan mostrar con saña: de Felipe Calderón a López Obrador, pasando por figuras muy menores como Manuel Camacho, Ernesto Cordero o Marcelo Ebrard, quienes inútilmente han pretendido y pretenden la Presidencia. A través de un desplegado de extrema sensibilidad política, de talento y agudeza, el senador Beltrones explica las razones de su renuncia a seguir en una contienda que claramente no le favorece. Pero el documento no es únicamente un retiro, es una recomendación para mantener la unidad y un ejemplo de habilidad política. Considera que parte sustancial de sus objetivos está cumplida: por ejemplo, anteponer el programa al candidato o vincular más al partido con la dirigencia, algo que en ochenta años ha sido palabrería hueca. La unidad es importante no para regresar a Los Pinos, también para transformar el rumbo. Eso significa que hay quienes tienen claro que desde los tres o cuatro periodos presidenciales previos a la derrota del 2000, los caminos hacia el éxito como nación estaban trastocados. La alternancia se limitó a consolidar esos fracasos y hacerlos ostentosos.

Manlio Fabio Beltrones, de todos los aspirantes presidenciales, es quien mayores cualidades políticas tiene. Ha sabido aprovechar tragedias, derrotas y éxitos, con lecturas, actuaciones y relaciones adecuadas. Es sin duda un estadista y como tal sabe que los tiempos no son los mejores para sus propósitos naturales. Churchill como De Gaulle mostraron grandeza en la victoria y entereza en la derrota. Manlio sigue por esa línea. No es que Peña Nieto sea mejor político que él, simplemente estamos en un país urgido de caudillos, de personas carismáticas. López Obrador lo es, rudo, tosco, demagogo, pero caudillo al fin y ha logrado, como antes Cuauhtémoc Cárdenas, ser de nuevo candidato presidencial. El PAN no tiene figuras. Ernesto Cordero es lamentable por decir lo menos y Josefina Vázquez Mota, profesional de los cursos de autoestima, echa mano de tales recursos para ir punteando en la derecha. Suponen en el PAN que el triunfo del Partido Popular en España es un buen presagio para ellos. No saben cómo reponerse más que soñando de la derrota que sufrió María Luisa Calderón en Michoacán y han encontrado, al menos algunos, doña Josefina y Madero, un método descabellado en el éxito de Mariano Rajoy: indicaciones para triunfar.
El mismo martes, apareció en El Universal una encuesta más: otra vez el favorito de los mexicanos es Peña Nieto con el 44% de la intención del voto. Le sigue Vázquez Mota con el 24% a pesar de no contar con el afecto de Calderón y al final marcha el autor de una nueva teoría política: la “república amorosa”, quien a pesar de que se desvive por hacernos notar su metamorfosis de guerrero callejero a Gandhi tabasqueño: López Obrador con apenas el 15%. Pero todo este festivo escenario para el PRI, todavía conducido por el incómodo Humberto Moreira, puede sufrir modificaciones. De allí que la renuncia de Manlio Fabio Beltrones sea una muestra de la importancia no sólo de la unidad a toda costa como de una serie de tareas que conduzcan a un excelente programa nacional, hacia un modelo político económico más acorde con las necesidades del país y no de los intereses de la globalización donde gracias a diversos gobiernos sólo jugamos el triste papel de globalizados.

Alguna vez un viejo político priista, en esos momentos encumbrado, me habló de un sueño editorial: quería publicar y analizar las renuncias políticas. Para él probaban o no la entereza de una persona. El dolor de la derrota o el mal sabor de un dramático cambio en los planes. En eso pensé al leer el muy bien redactado documento de Manlio Fabio Beltrones. Si los priistas piensan que son capaces de no retornar al ominoso pasado y mejorar las cosas después de dos periodos lamentables del PAN, hay que rehacer todo, replantear todo, criticar todo. Por lo pronto podíamos decir en lenguaje coloquial que una golondrina no hace verano. Falta que cientos de priistas imiten a Beltrones. Pensar en el país es mucho mejor que hacerlo en la hacienda personal. Sus interrogantes, puestas en libros, entrevistas, discursos y ahora en su renuncia, ¿Poder para qué? ¿Para qué queremos ganar la elección de 2012? Son vigentes e indispensables, preguntas que deben tener respuesta con hechos y acciones. Ya la palabrería, las promesas fáciles y la retórica chabacana a nadie convencen en este país harto de demagogia y mentiras. Como hoy, la clase política está plena de desprestigio. ¿Comenzaremos a verla cambiar, a hacerse digna? Ojalá.
Manlio Fabio Beltrones seguirá haciendo política, es su vocación. Esperemos que logre un lugar distinguido en el nuevo gobierno, donde pueda seguir mostrando que también hay decoro en un gremio cercano a la abyección. Su señalamiento de que no es un sacrificio sino su aportación a la victoria, lo enaltece.


Opinión 2011-11-25 - La Crónica

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