Tantadel

noviembre 02, 2011

Vicente Fox, el escritor

Varios intelectuales, creadores o periodistas, se han acercado al fuego de la política: algunos han sido consumidos, otros han logrado salir indemnes o casi. A la inversa, que un político se convierta en intelectual, creador o periodista, no es frecuente, tampoco insólito. Hay casos donde el hombre que aspira a parte significativa del poder, comienza su vida escribiendo. Una vez, en una plática personal, Manuel Camacho me confesó que en su juventud quiso incursionar en la literatura. Un caso excepcional fue sin duda don Emilio Portes Gil, quien escribió buenos libros de historia, entre ellos, la Autobiografía de la Revolución Mexicana. Lázaro Cárdenas, legó unas apretadas memorias, útiles para apreciar su época: no miente, cuenta. Eso sí, todos nuestros políticos, de medio pelo para arriba, se sienten obligados a contarnos sus hazañas y hacer de sus vidas una experiencia memorable. De este modo nos hemos topado con auténticos mamotretos escritos por José López Portillo, quien, en honor a la verdad, venía de familia culta, su abuelo y su padre redactaron obras significativas, mucho antes que Pepe, como le decían sus amigos cercanos, entre otros, Luis Echeverría y Arturo Durazo, arruinara la economía del país. Carlos Salinas ha dejado ya varios libros polémicos.


Ahora es parte del quehacer político, cada vez que alguien desea empleo importante, nos endilga un libro memorioso o casi. En la izquierda, el centro o la derecha. La lista es larga: nos hemos poblado de libros prescindibles. Tampoco somos el único caso: en América Latina, aparte de las tediosas memorias de Evita Perón, están libros magistrales de hombres que compartieron el poder: pienso en Arturo Uslar Pietri, venezolano, o en el guatemalteco Miguel Ángel Asturias. Pablo Neruda fue diplomático, como Octavio Paz, y senador. En México, Martín Luis Guzmán fue senador y su camarada generacional, José Vasconcelos secretario de Educación Pública y candidato presidencial. En fin, hay casos en que la política y el arte de escribir se juntan, frecuentemente con la idea de comunicarse con la sociedad: para justificarse, arrepentirse o simplemente explicar algunos de sus pasos. No mezclemos con simplismo. Martín Luis, Neruda, Pietri o Asturias: fueron escritores notables.

Esta apretada introducción viene al caso porque hace un par de días con total incredulidad, encontré un artículo de Vicente Fox. Imposible, las pocas veces que platiqué con él supe que si era incapaz de hablar adecuadamente, menos lograría escribir buena prosa. En un artículo titulado “Es la hora inédita de México”, nos señala el rumbo. Puntualiza las tareas a seguir e indica a los intelectuales que podrían encabezar el cambio. Todo en unas 850 palabras. Supongo que pudo dictarlo o tomar ideas sueltas que un asesor le ayudó a pergeñar en cierto orden. Al final no pone, como es usual, su correo electrónico sino un título pomposo, pero innegable: “Ex presidente de México”.

Para no pecar de inculto, desde los primeros párrafos no cita a José Luis Borges sino a Albert Eistein. Bien leído, es una crítica a la política de su sucesor, centra la atención en lo que está mal. Al tiempo, indica que no hay más ruta que legalizar las drogas, consigue frases novedosas: “Rescatar a los miles de jóvenes que hoy andan en el camino equivocado y que son en buena medida el futuro del país”. ¿Dónde he escuchado eso? Para colmo, medio explica sus ideas: “Los presidentes de Colombia -Gaviria, Michelsen, Pastrana- buscaron el diálogo con los cárteles, guerrilleros y criminales en una búsqueda apasionada por la paz y la concordia, el más alto valor al que puede aspirar una sociedad. Propusieron condonación de penas, respeto de patrimonio o intercambio humanitario, bajo el sometimiento a la justicia colombiana, el respeto a la ley y el abandono de actividades delictivas.” Uf, no imagino a Calderón, Cordero o a Vázquez Mota, negociando con los cárteles, rogándole al Chapo Guzmán que deje de ser maloso, se convierta en bueno e invierta su dinero en un negocio, donde Hacienda lo eximirá de impuestos.


La legalización de las drogas ha sido propuesta de modo inteligente por multitud de políticos e intelectuales, García Márquez, por ejemplo. Fox sólo toma soluciones ofrecidas por diversos personajes y las abarata. Alguien me dijo que él no lo había escrito. Puede ser, pero allí están las palabras que nos ha venido diciendo para hacerse notar desde su aparatoso rancho de San Cristóbal, convertido en una soberbia fundación, donde existe una réplica de la oficina que tuvo en Los Pinos. Lo que me convenció que sí era un artículo suyo y corregido por alguna mano piadosa, fue cuando escribió: “Es el tiempo de ideas nuevas, audaces, del pensamiento lateral y creativo.” Para concluir tajante y sonoro: “Recuperar el momento positivo, optimista, de esperanza y futuro, es lo que importa en esta hora inédita de México”. ¡Sopas! Y pensar que en sus manos arrancó la alternancia.


Me intriga saber qué pensaron Felipe Calderón y el PAN en su conjunto (si lo leyeron) de la frase inicial: “El costo para México ya es demasiado alto… y el futuro se vislumbra peor.” ¿Lo dirá porque Calderón es el presidente o porque el PAN piensa que ganará nuevamente Los Pinos?

René Avilés Fabila Publicado

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