Tantadel

diciembre 07, 2011

El periodismo cultural, la diversidad posible

Para la década de los sesenta en Estados Unidos comenzaron a aparecer escritores importantes que preferían trabajar en diarios y revistas, quizá al sentir que el diarismo se achicaba en muchos sentidos y no sólo el físico. Tom Wolfe acuñó el término Nuevo Periodismo para señalar la mezcla de dos lenguajes: el periodístico y el literario. Esto aparece como una novedad asombrosa y así lo manifiesta el propio Rysarzd Kapuscinski en su libro Los cinco sentidos del periodismo, pero como entre nosotros, ha señalado Marco Aurelio Carballo con tino, siempre ha habido escritores que anhelan ser periodistas y periodistas que exigen ser literatos y que, entonces, ambos lenguajes se fusionan en uno. En el México del siglo XIX ante los inauditos hechos políticos, una multitud de escritores de literatura se convirtieron en periodistas para mejor dar la batalla contra los conservadores primero y más adelante contra la invasión norteamericana y la intervención francesa. Algunas de las mejores características del Nuevo Periodismo, la ironía, el buen humor, el lenguaje coloquial y una sintaxis atrevida, se dieron en la segunda mitad del siglo XIX. Escritores como Ignacio Ramírez, el Nigromante, e Ignacio Manuel Altamirano convirtieron el acartonado periodismo en ágiles notas que de pronto estaban más cerca de la creación que del informe de hechos precisos, justos. Incluso las formas poéticas fueron utilizadas para zaherir a norteamericanos y franceses en los diarios.
Durante los años de la Revolución Mexicana ocurrió otro tanto. De este modo fue apareciendo nuestro Nuevo Periodismo. La llamada novela de la Revolución Mexicana contiene tantos elementos autobiográficos que resulta imposible no ver la mezcla de periodismo y de creación literaria. Algunas obras como las Memorias de Pancho Villa de Martín Luis Guzmán son falsa autobiografía (basadas en historias que el general dictó) y la mayor parte de las novelas de José Vasconcelos no son otra cosa que autobiografías. Hay, pues, deliberada combinación de géneros con tal de lograr obras maestras. El periodismo ha sido capaz de apropiarse de los lenguajes de las ciencias sociales y de tal manera los hechos históricos, la investigación antropológica y el análisis sociológico, con las posibilidades que concede el lenguaje literario, se convierten en mejores correas de transmisión. Pero no basta, si queremos ser dueños de un sano periodismo que utilice la mejor herencia y lo haga aprovechando las nuevas tecnologías, tendríamos que pensar en algo cierto: el buen periodismo es la suma de ética y estética. No importa si hablamos de los viejos impresos o del periodismo en línea. Veo en este hecho un aprendizaje que el aspirante de periodista o comunicador, egresado de las aulas o de las redacciones, no puede desdeñar.
Desde su nacimiento, el periodismo se ha debatido entre la ciencia (social) y el arte, a veces fue una cosa, a veces fue otra. A partir de ese momento existió la preocupación de fusionar el arte y la ciencia con la ética y la verdad. La lucha no ha sido fácil ni breve, a la fecha no hay tantas personas que entiendan una idea de Kapuscinsky: el periodismo no es para cínicos, en cambio, es arte.

El mundo es cambiante, lo es en consecuencia el periodismo. Si antes sus avances se daban con lentitud, hoy, en un mundo globalizado básicamente a través de la comunicación, son más acelerados. El mundo se reduce y globaliza a gran velocidad aprovechando los medios de comunicación que han encontrado un enorme apoyo en la tecnología. Internet, desde luego, puede ser arte, sentido de la ética, espíritu de justicia, todo depende quién maneje la computadora. Esto nos lleva a un dilema: ¿qué clase de periodistas necesitamos? ¿Los queremos improvisados, superficiales, frívolos, que se limiten al boletín y a las generalidades, o los requerimos convertidos en rigurosos investigadores como Sherlock Holmes o Hércules Poirot, hurgando hasta en los detalles más nimios para ajustarse a la verdad y dándole a su prosa el sentido estético que manejaron Melville, Proust y Hemingway?

El periodismo no es sólo la noticia, es la historia de todo un proceso y sus efectos, donde hay seres humanos, dramas, conflictos y resultados preocupantes. De este modo, en la década de los sesenta, trabajaron periodistas-literatos como Ernest Hemingway, Norman Mailer, Truman Capote y, desde luego, Tom Wolfe, para desatar una revolución que aún avanza y recupera los mejores elementos del pasado que lo hicieron posible: los novelistas y sus obras de ficción basadas en realidades que inquietan.

La globalización conlleva desafíos que debemos vencer. Uno es la frivolidad, la innegable tendencia a ser superficial en aras de la rapidez y el entretenimiento fácil. El desmesurado crecimiento de la televisión comercial y la incapacidad del Estado para realizar un tipo de televisión distinto, educativo y cultural, sin dejar de lado a lo gozoso. No debemos considerar como única una televisión tediosa. ¿Tiene sentido transmitir una mesa redonda donde sólo vemos caras solemnes y temas áridos? ¿Y el uso de las imágenes? Lo comercial está convirtiendo a los lectores en televidentes que apenas reflexionan, que son receptores de emisiones estúpidas.

Opinión 2011-12-07 - La crónica

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