Tantadel

diciembre 19, 2011

¡Felicidades, José Agustín!

El jueves pasado José Agustín me telefoneó para invitarme a que lo acompañara a la entrega del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2011. Con gusto lo hubiera hecho: somos amigos de toda la vida, pero un accidente me impedirá estar con él. Me topé con uno de los millones de hoyos y baches que el mejor “alcalde del mundo”, Marcelo Ebrard, ha creado como un refinado detalle urbano y me rompí la pierna izquierda. Carajo, me dolió. De cualquier manera, Agustín (como le he llamado siempre) sabe que estoy a su lado, como he estado en las malas y en las peores. ¿Por qué no en las buenas? Desde mi silla de ruedas le mando un abrazo cariñoso, él sabe que lo acompaño, igual que cuando se cayó de un escenario en Puebla y se rompió la cabeza. Acababa de salir de terapia intensiva y ya estábamos tomándonos unas cervezas que es lo único que en ese hospital poblano hallamos (en el restaurante, desde luego). Hoy brindaré a su salud y la de Margarita, por más de cincuenta años de cálida amistad.

Buenas han sido las décadas desde que estudiamos juntos; mucho mejores fueron los talleres literarios donde nos formamos como escritores. Desde los que organizamos con otros jóvenes colegas, hasta el que condujo magistralmente Juan José Arreola (Mester), pasando por el inolvidable Centro Mexicano de Escritores, fundado por la novelista y ensayista norteamericana Margaret Shedd, apoyada por Julio Jiménez Rueda y Alfonso Reyes, entre otras celebridades. A nuestra generación nos correspondieron como profesores: Arreola, Juan Rulfo y Francisco Monterde. Juntos dimos muchas batallas. Le dije a José Agustín durante nuestra reciente conversación telefónica: en ti premian a una generación que fue vista con desdén, como lo hizo Margo Glantz cuando en su antología Onda y escritura, nosotros, los nacidos alrededor de 1940, éramos los onderos y la hermosa escritura la representaba la generación anterior. Ahora, José Agustín prueba su error.

El sábado me telefoneó para repetirme la invitación sin saber mi estado. Platicamos un rato y le expresé mi entusiasmo por la obtención de los premios que le han sido concedidos como reconocimiento a su notable creatividad, por ser un hombre que innovó el lenguaje de los mexicanos como pocos. Horas antes leí la entrevista que El Universal le hizo. Sigue idéntico a los años de juventud. Me encanta su desparpajo. Al verse lleno de honores, muestra su incredulidad con un bofetón a las instituciones: “Mi ingreso a la Academia es el colmo. No he estado en ninguna sesión y quién sabe si vaya a asistir a alguna, a mí lo que me importa es la lana que me echan”.

Es curioso que José Agustín, que no soporta ni las formalidades ni la vida solemne, ahora sea no sólo parte de la Academia de la Lengua (la que tanto horror le producía al inolvidable periodista Nikito Nipongo a grado de satirizarla con tenacidad y encono), sino que esté presente en el recién inaugurado Museo del Escritor, al que le entregó dos originales: La tumba y Ciudades desiertas y el que además posee cartas personales, fotografías poco comunes y otras cosas más que le pertenecieron. Las donó a petición mía en una suerte de ceremonia con amigos y reporteros culturales.

A la pregunta si escribiría un volumen más de su espléndida Tragicomedia mexicana, repuso defendiéndose: “¡Pero hacerlo me da una güeva espantosa!, es un trabajo pesado. Si lo tomo será con gusto porque hay mucho qué decir en México. ¡Qué horror 12 años de panismo!”. Sólo espero que no externe su opinión en plena ceremonia en Los Pinos, con Felipe Calderón a la cabeza, hablando de una política cultural que no tiene y defendiendo su costosa manera de conducir la guerra contra el crimen organizado. Podría, incluso, hacer algún alarde literario, pero confiemos en que se limitará a entregar los premios y no utilice a los intelectuales y artistas (congratulaciones, Óscar Chávez, igual, bien merecido). En todo caso, podría hablar de su tema favorito: futbol, para promover a su partido. Una vez más, ahora en público, felicito a mi entrañable amigo Agustín y lamento el fallecimiento de Daniel Sada, quien asimismo conquistó con su extraordinario trabajo de prosa narrativa dicho galardón; por desgracia la muerte le impidió recibirlo.
Y ya que José Agustín ha mencionado al panismo, no está de más desear que no padezcamos otro sexenio para dicho partido. Mientras que el PRI y el PRD ya tienen candidatos en plena acción, el PAN sigue entretenido con lo que ellos ven como un ejemplo democrático, cuando sólo se trata de un proceso atorado por el empeño de Felipe Calderón en imponer a Ernesto Cordero, quien, junto con Santiago Creel, fastidia con sus ocurrencias y discursos. Lo sensato hubiera sido que el PAN dejara de lado a sus notables electores y que Josefina Vázquez Mota estuviera mostrando sus habilidades ante Peña Nieto y López Obrador. José Agustín tiene razón en no desear escribir un tomo más de su Tragicomedia: los panistas son de güeva, tediosos y aburridos, pero ése no es el problema, sino lo mal que gobiernan.

Opinión 2011-12-19 - La Crónica

No hay comentarios.: