Tantadel

diciembre 21, 2011

Haga su partido y gane mucho dinero

Hace unos días, como todos los años, desde su fundación, el IFE (una institución que pretendía ser ciudadana y que hoy bien representa los intereses de los partidos) le regala dinero a los partidos políticos. Claro, en principio no es dinero propio, es de la nación. En segundo lugar, es, nos explican todos los días, el costo de la democracia. ¿Así será en todo el mundo? ¿Pagarle a los partidos para que nos mal gobiernen y además se queden con algo para sus bolsillos? En esta ocasión el IFE entregará 3,361 millones de pesos, directamente a los institutos políticos. Y faltaría aumentar los gastos internos del IFE. El PRI, por ser el más fuerte, se lleva 1075 millones de pesos. Movimiento Ciudadano, el más modesto, se queda con 206 millones. Al PRD y al PAN no les va nada mal. Suponemos que toda esta millonada servirá para llevar a cabo un costoso proceso para elegir Presidente de México y cambiar de sitio a legisladores, ya que la reelección inmediata no es permitida. Pero además, hay diversas sumas asignadas a programas tales como fomentar y fomentar en cada partido la presencia y liderazgo de las mujeres. En este rubro, son apenas 67 millones de pesos, mientras que para financiar franquicias postales, sólo, en el 2012, se otorgan 135 millones de pesos.

Imagino que es una desmesura en un país de tantas carencias, donde las escuelas públicas son ruinosas y los hospitales insuficientes, donde vivimos en guerra contra la inseguridad y el crimen organizado y al carecer de policía adecuada, se recurre a las fuerzas armadas cuya función y preparación es otra, donde hay un desempleo alarmante y crece el comercio informal y la piratería. Pero se trata de ver a los políticos bien vestidos, en lujosas camionetas, con largos cortejos de empleados y, desde luego, comiendo, bebiendo y vistiendo bien. No conozco a muchos de ellos, pero no hace tiempo vi a Ricardo Monreal descender, en el colmo de la elegancia, de una impresionante camioneta de lujo, con guardaespaldas. Me escandalicé y le hice a un colega periodista, con quien estaba desayunando, un comentario acre. No estaba sorprendido. Dijo: Es normal, fue gobernador, ahora es senador y es muy cercano a López Obrador. Contra argumenté: Pero es perredista y ellos afirman que primero están los pobres. Tendrían que ser menos ostentosos al menos. Fue inútil. No tenía por qué ser un hombre modesto: era un político prominente. Punto. Ése es el problema ya que a muy pocos les importa costear la existencia de los partidos políticos. Hay malestar ciertamente, pero se concentra en ciertas figuras más que en partidos y en cuanto surge un remedo de caudillo, de cualquier tendencia, todo se olvida: no importa el costo de la democracia. He visto tercas campañas contra Felipe Calderón o contra López Obrador. Ahora mismo hay una sorda guerra contra Peña Nieto. Pero los partidos están más o menos a salvo. Parafraseando una frase tonta de otras épocas: Los partidos no fallan, fracasan las personas. En el mejor de los casos, han armado campañas para eliminar en este momento a lo más estorbosos de nuestra democracia sui generis: los plurinominales. En sus orígenes tenían sentido, hoy sirven para que los partidos saquen sus peores uñas, acomodan en una lista de celebridades que no quieren ni deben hacer campaña, para simplemente llegar a una diputación o a la Cámara de Senadores, no trabajan porque nadie les pide cuentas y cobran un altísimo salario.

Al parecer a todos los mexicanos nos queda claro, supongo, las enormes cifras de dinero que consumen los partidos. Hace años, al PAN o al Partido Comunista, para dar ejemplos extremos, les costaba su existencia. En las esquinas céntricas, los panistas rifaban autos y en la izquierda había esfuerzos denodados para mantener viva una ideología y un proyecto social de envergadura. En 2012, los partidos extienden la mano y exigen. El Estado da y nosotros ponemos el dinero. Tener un partido político, como lo tienen Alberto Anaya o Dante Delgado es un negocio extraordinario.

El dinero se toma del esfuerzo nacional, de quienes trabajamos y pagamos impuestos, el gobierno lo exige y le entrega a los partidos miles de millones de pesos que son invertidos en imagen de las figuras glamorosas de cada partido, es decir, los dirigentes y caudillos, quienes terminan en el poder en alguno de sus niveles. El círculo se cierra. Muy buena parte de ese dinero para en los medios de comunicación quien nos los regresa en monótonas imágenes y voces sin sentido, huecas, en publicidad. Aparte de pagar la democracia, tenemos que oír sus voces, verlos en la televisión, soportarlos en millones de mensajes a la nación, salvándonos de ellos mismos. Vaya paradoja

Creo que la primera gran pregunta que un candidato que desea llegar a la presidencia tendría que hacernos es si queremos seguir pagando este sistema obsoleto, que por añadidura no produce mejoría en la nación. Que los partidos busquen formas para financiar sus acciones, como ocurre en otros países más avanzados. No hemos conquistado la democracia, estamos sujetos por una partidocracia feroz, brutal. Como ha resultado: nuestra peor enemiga.

Opinión 2011-12-21 - La Crónica

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