Tantadel

diciembre 25, 2011

Irak, luego de la guerra con EU

Ya se retiraron las tropas. ¿Qué resolvieron aparte de ajusticiar al mejor estilo western al tiranuelo Hussein?

Hace unos días, Barack Obama anunció el fin de la guerra en Irak, con el retiro de los últimos 500 soldados estadunidenses; la salida fue nocturna para evitarse problemas. De este modo, EU supone que se ha redimido. Puede ser, pero su historia es posible resumirla en dos palabras: guerra y violencia. Aún faltan los que están en Afganistán y que la ignominiosa base naval de Guantánamo deje de ser un centro de tortura y regrese a manos cubanas. Desde que eran 13 colonias inglesas en la costa atlántica, hasta la invasión en Oriente Medio y en Asia, pasando por guerras infinitas, como las que sostuvo contra pieles rojas, con México, en 1847 y 1914, en Europa, en el Pacífico. Desde luego, con un pretexto: la Divina Providencia, el Destino Manifiesto, que les ha autorizado a combatir donde sea para salvarnos y hacernos a su imagen y semejanza, como ha ocurrido en Filipinas, donde hasta el idioma heredado de la conquista española perdieron, o en Japón, al que vencieron y modificaron sus costumbres.

Ya se retiraron de Irak. ¿Qué resolvieron aparte de ajusticiar al mejor estilo western al tiranuelo Saddam Hussein? Nada, salvo destruir brutalmente un país. Las tropas regresan a EU, dejándolo devastado, sin democracia real, con gobernantes impuestos y a merced del capitalismo estadunidense. Nueve años duró la guerra y ocupación. Durante ese lapso mantuvo un ejército abrumador: un millón 750 mil soldados, de los cuales murieron cuatro mil 408 efectivos y tuvo un saldo de 32 mil heridos. Cifras bajas, si las comparamos con dos guerras que EU no ganó: Corea y Vietnam. Pero eso es poca cosa con la destrucción que los estadunidenses dejaron a su paso. Una nación en ruinas. Según cifras oficiales, perdieron la vida unos 126 mil civiles y 20 mil soldados y policías iraquíes; fallecieron o fueron masacrados más de 21 mil “rebeldes” y los movimientos militares obligaron a desplazarse a más de un millón de hombres y mujeres, de sus lugares de residencia. Los daños materiales son atroces: Irak quedó desolado, y no aparecieron las armas secretas que amenazaban los intereses estadunidenses en la zona. EU lo deja en guerra civil, en total caos: apenas sacó sus tropas, hubo una docena de atentados y más de 67 muertos, sólo en Bagdad.

Es posible que Irak se convierta en manso receptor de los capitales de EU y países europeos. También es factible que el odio acumulado por los iraquíes se transforme en ataques terroristas a Israel o al territorio estadunidense. Lo que le permitiría a otro presidente, o al mismo Obama, golpearlos nuevamente en nombre de la libertad y la democracia. Obama comprendió que no es lo mismo prometer que ir contra los intereses del poder estadunidense.

Con frecuencia hablan de guerras justas e injustas. Todo depende del éxito que se tenga. Los imperios han sido edificados a golpes de espada. Para los romanos, los demás eran bárbaros; hoy hablamos de guerrilleros, revolucionarios, terroristas, para calificar a quienes discrepan con el modelo político-económico imperante. La invasión a Irak se hizo para salvar los intereses de EU y no los del pueblo iraquí. Que Saddam era un tirano, un peligro para sus vecinos, cierto. Pero tampoco hay dudas sobre quién le proporcionó armas a Irak para combatir largamente contra Irán: EU. Cuando el dictador dejó de serle útil al gobierno estadunidense fue sencillo mandar tropas apelando a la libertad y al papel que Dios le asignó: salvarnos del enemigo, cualquiera que éste fuera. Kennedy fue católico convencido y demócrata, lo cual no fue obstáculo para bombardear vietnamitas y promover la invasión a Bahía de Cochinos en Cuba. Un francés me contó un chiste posterior a la Segunda Guerra Mundial: “Podemos soportar otra invasión alemana, pero jamás otra liberación estadunidense”. Creo que algo semejante dirán los iraquíes, una vez a salvo de su dictador.

Excelsior - 2011-12-25

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