Tantadel

diciembre 28, 2011

Marx en Corea del Norte

Muchos de los guerrilleros mexicanos de la primera oleada luego de la brutal represión de 1968 buscaron entrenamiento militar en Cuba. Nadie en la Isla estaba dispuesto a tener una confrontación con México, pues era la única vía de acceso al continente americano. Allí me tocó ver parte de la negativa a preparar combatientes mexicanos. Un alto funcionario cubano me explicó: No queremos un Granma a la inversa. Estamos en deuda con México. La presión de EU era severa y pese a ella, los gobiernos mexicanos la soportaron. Las relaciones entre ambas naciones fueron correctas hasta que llegó el PAN de Fox y con su célebre torpeza las deterioró mortalmente. Aquellos que pensaban que el camino adecuado para liberar al país del capitalismo y la dependencia de EU era el armado, miraron esperanzados hacia otros sitios. Fue Corea del Norte donde encontraron un discreto apoyo para formar combatientes.

Los resultados de las guerrillas mexicanas han sido desastrosos, buena parte de los revolucionarios fueron masacrados y sólo sobreviven quienes siguieron al subcomandante Marcos en Chiapas luego de un fallido intento por generalizar el movimiento armado. Otros fueron absorbidos por el sistema

De todos los países comunistas que pude conocer durante su existencia, sólo Corea era un enigma, como sigue siéndolo. China, Cuba y Vietnam defienden algunas de sus conquistas revolucionarias, pero la caída del bloque socialista, un visible error en la puesta en práctica del marxismo clásico, los ha arrastrado hacia formas singulares. El capitalismo se ha infiltrado. China es un gigante, pero bajo el culto a Mao, los ropajes de la economía de mercado son evidentes. Está destinado, como lo previó Napoleón, a ser un coloso. En breve lo será, pero ya sin un sólo elemento del proyecto que vieron Marx, Engels, Luxemburgo, Lenin, Trotski y otros más. En todo caso, resta la rigidez autoritaria del viejo comunismo de Stalin, el modelo brutal que impuso luego de la Segunda Guerra Mundial y cuyos pies eran de barro. Sin las muy discutibles tesis de la solidaridad proletaria internacional, los países que se consideran socialistas, se acomodan a las reglas del capitalismo. Hay una rara mezcla de ambos sistemas donde la presencia del Estado se debilita. Me intriga Corea del Norte, sólo he visto unas cuantas fotos de esa nación y desde el lado sur del Paralelo 38, lo he tratado de imaginar orientado por feroces enemigos del comunismo coreano.

A todos nos queda claro que allí llegó el estalinismo y se instaló cómodamente. Peor aún: establecieron una suerte de monarquía roja, donde la continuidad gobernante reside en el primogénito, es decir, es hereditaria. El nuevo rey comunista es Kim Jong-un (nieto de Kim Il-sung e hijo de Kim Jong-il), asimismo jefe del Comité Central del Partido de los Trabajadores y comandante supremo del ejército. Pero lo más impresionante es ver las escenas callejeras donde hombres, mujeres y niños lloran ostentosamente y lamentan su dolor por la muerte del padre. Exactamente duplican las muertes de Stalin y de Mao-Tse-tung, donde sus respectivos pueblos gritaban su dolor y sus deseos de morir con sus emperadores. Cuando existía el comunismo en la Unión Soviética fui invitado a una estancia de tres meses. Lo primero que hicieron luego de instalarme en la Escuela de Cuadros del Partido Comunista, fue llevarme a la tumba de Lenin, en la Plaza Roja. El frío calaba hondo y a pesar de ello había una fila interminable para ver el cadáver momificado de Lenin. Cuando pasé ante él, pensé que jamás quiso estar expuesto al morbo público ni al culto a la personalidad. Cuando muchos años después, visité el mausoleo de Mao en Beijing, nada me sorprendió, ni los miles y miles de chinos que pasaban con respeto y lágrimas evidentes. Sólo me llamó la atención el cuerpo del gran timonel cubierto por una bandera roja con la hoz y el martillo. Afuera, predominaba el bullicio y la necesidad de llegar a un McDonald a comer una bigmac acompañada de una Coca-Cola ligth.

Kim Jong-un nació destinado a dirigir una pequeña nación pobre, pero bien armada y con misiles atómicos. En un mundo capitalista resulta una nube modesta, pero tiene cierta amistad con China y los “comunistas” chinos la ven con simpatía, al menos tiene en jaque permanente a los norteamericanos cuya histeria ha subido de tono luego del ataque a las torres gemelas. Viendo la historia del siglo XX y lo que va del XXI, no concibo la necesidad de preocuparse, a mediano plazo: el nuevo monarca comunista, quien dudo haya leído a Marx y a Lenin, perderá el poder tal como ocurrió en la URSS, sin mayor estrépito, simplemente se derrumbó porque a esos “comunistas” se les olvidó el bienestar del pueblo para darle un excesivo poder a la burocracia dominante.

Es una tragedia que hayan torcido al marxismo clásico de tal forma que una fascinante utopía haya terminado en odiosa dictadura. O los norcoreanos cambian el rumbo, algo casi imposible, o tarde o temprano terminarán con un furioso despertar del país, como ha ocurrido en otros países, donde los dirigentes salvadores se convirtieron en atroces caudillos vitalicios.

Opinión 2011-12-28 - La Crónica

No hay comentarios.: