Tantadel

diciembre 30, 2012

¿Pluripartidismo o partido único?

Carecemos de partidos con sus respectivos e inteligentes idearios; son sospechosamente semejantes.


Los partidos políticos se imaginan distintos entre sí; los medios de comunicación nos han hecho creer que vivimos bajo un sano multipartidismo. La gente lo cree. Incluso nos explican, no muy bien, quién está en la izquierda, quién pertenece a la derecha y quién se ha situado en el centro. Cuestión de siglas y la verdad es que nada indican. Todos luchan por el centro, cómodo y anodino, y son clones del PRI. Seguimos padeciendo la dictadura perfecta. La diferencia es que hay variantes en el discurso, ninguna de fondo. El PRD se desgaja del PRI; a veces se parece tanto al oficialismo de otras épocas que infunde temor. Basta ver el DF. El PAN odia al PRI, pero cuando llegó a Los Pinos se identificó con sus principios y banderas. El libro de texto gratuito, digamos, no fue más comunista ni anticatólico, sino parte de su ideario. Poco a poco los partidos han ido hallando más afinidades que diferencias. El poder, si es grande, une. Si es pequeño, también.

Siendo justos, hace 15 años las diferencias eran poco más evidentes. Hoy las fronteras han desaparecido. Si antes el PRI ejercía su influencia en los demás partidos, hoy se han globalizado o son una pésima versión de Los tres mosqueteros de Dumas: Uno para todos y todos para uno. No vayamos lejos. El PRD acaba de afirmar que las reformas recientes tienen alrededor de 70% de ideas perredistas. El PAN, que odiaba al PRI, utilizó indiscriminadamente las instituciones creadas por él y se esmeró puliéndolas. Morena intenta recuperar a Juárez y al general Cárdenas, hoy que son obsoletos.

La expresión desconcertante de Peña Nieto de que es tiempo de ensuciarse los zapatos, parece tomada de Echeverría, quien a su vez se la obsequió a López Obrador. Estos dos últimos derrocharon energías caminando por toda la República. Desde ahora los reporteros gráficos, en lugar de rostros satisfechos o rabiosos, concentrarán sus cámaras en los zapatos. Ya lo habían hecho al descubrir que el hijo mayor de AMLO utilizaba tenis de marca costosa. Habrá que ver quién los mancha luego de caminar con indígenas en zonas marginales o quién le pide a su chofer que le unte un poco de lodo hasta en el pantalón de casimir inglés. Para colmo, Peña, como AMLO, no quiere oficina fija, sino sesionar en cada estado. ¿Recuerdan a Fox?

Por ahora Peña Nieto sólo ha logrado crear un coro afinado entre los partidos con registro. Falta Morena, que aún no lo tiene. Allí existe una enorme pobreza ideológica. Un supuesto izquierdista que desconoce a los clásicos de la tendencia y que inventa la República del amor para reunir desafortunadas piezas de rompecabezas distintos. Va y viene. Detesta a las instituciones y enseguida las ama. No odia a sus enemigos, pero vaya que les reparte toneladas de rencor. Los admiradores de Obrador juran que Peña se birló su “ideario”, tan es así, que hasta rescató a Rosario Robles del olvido. Pero eso de las dádivas, en lugar de empleo, es muy socorrido en toda clase de populismos. No es ninguna novedad sino un lugar común globalizado. Calderón, en este aspecto, hizo lo suyo.

Si vemos con atención al sistema político mexicano, comprobaremos que las diferencias son, día tras día, más pequeñas. Las brechas se cierran y ahora los guerrilleros perredistas visten con la elegancia que antes era exclusiva del PRI y del PAN. Asisten a costosos restaurantes, utilizan camionetas blindadas, guardaespaldas y se abrazan como si fueran miembros de la misma cofradía. Con rigor, lo son. El sistema político les brinda pingües beneficios materiales para todos ellos, menos para el grueso de la población.

Carecemos de partidos con sus respectivos e inteligentes idearios; son sospechosamente semejantes. Nos manejan el PRI, sus herederos y cómplices peleándose por el poder. Cuestión de detalles. La dictadura perfecta es realmente perfecta. México ha sido incapaz de crear grandes partidos, con ideología propia y un amplio respaldo militante. Sólo clones.

Excelsior - 2012-12-30

diciembre 28, 2012

Jorge Ruiz Dueñas, poeta y promotor cultural

Jorge Ruiz Dueñas es uno de mis más talentosos amigos. Lo imagino triste en estos momentos a causa de la muerte del poeta brasileño Ledo Ivo, a quien tradujo y con quien llevó una cálida amistad. En estos últimos meses, Jorge ha publicado dos libros, uno de poesía y uno más de relatos de difícil clasificación: Juan José Arreola les diría varia invención o textos. Los narradores más recientes lo verían como nuevo periodismo. En cualquier caso, Jorge escribe con un estilo cuidado, fino y muy peculiar. Rico.


Políticamente le hago bromas: estudió y es experto en administración pública; el problema es que no hay más que administración de empresas, hasta el Estado es conducido como una fábrica, con criterios de escaso mérito social, particularmente bajo los dos angustiosos gobiernos panistas. Pero con estos métodos, debido a la globalización hecha bajo el peso de la economía de mercado, no hay más rumbo: los utilizan hasta los que se ven a sí mismos como “las izquierdas” y hasta hoy nada en el discurso de AMLO lo hace enemigo del capitalismo salvaje.

Jorge Ruiz Dueñas es una potencia como administrador o conductor de empresas o instituciones culturales. Dondequiera que ha trabajado, lo ha hecho de modo magistral, impecable. Así fue en la UAM, con la responsabilidad de la Secretaría General a su cargo. Convirtió al IMER en una empresa magnífica, de alto nivel; supo darle sentido a sus tareas: hacer radiofonía estatal y no privada. Como segundo de Víctor Flores Olea, primer presidente de Conaculta, le dio al naciente organismo un brillo especial y un orden severo y eficaz. Y lo mismo sucedió en el Fondo de Cultura Económica, donde estuvo bajo las órdenes de Miguel de la Madrid. Asombra su capacidad de trabajo y honestidad. Finalmente, multitud de jóvenes escritores, poetas y prosistas se han formado con su apoyo. Entre los muchos premios que posee, recibió en 1992 el Premio Nacional de Periodismo Cultural que entregaba con tino la Presidencia de la República.

Hace poco me tocó presentar, junto con Marco Antonio Campos y Bernardo Ruiz, su más reciente libro en prosa. Contratas de sangre. De mi parte leí un largo texto (obra en exceso sugerente) que publicará la revista de la UAM. Una multitud de ricas herencias son las que le permitieron a Jorge Ruiz Dueñas, un hombre de letras, cuentista, novelista, periodista, infatigable y eficaz promotor cultural, principalmente poeta, confeccionar este libro de título desconcertante: Contratas de sangre y algunas noticias imaginarias. Son sus recuerdos, lecturas, experiencias, los recuentos de una vida dedicada al trabajo y al culto literario, acaso periodístico si consideramos que el autor posee reconocimientos periodísticos, entre muchos otros. Jorge explica la génesis de su obra en las páginas iniciales. Pertenecen en rigor a una clase de nueva literatura, relatos que los nuevos tiempos no han dado con ideas ya depuradas, textos donde el escritor mezcla los géneros literarios con los periodísticos y la libertad es mucho mayor.

Jorge es de los pocos mexicanos que han podido exitosamente ejercer la novela, la poesía y el cuento. En esta ocasión, su libro contiene cuentos de corte tradicional, hasta donde él podría serlo, y relatos de difícil clasificación. Sin embargo, el placer que su lectura produce es infinito. Historia tras historia, el lector se sumerge en una obra magistral. Tenemos que insistir en que México es un país de notables cuentistas donde están Julio Torri, Juan José Arreola, Juan Rulfo, Edmundo Valadés, Inés Arredondo, Beatriz Espejo, José Revueltas, Rafael Solana, Carlos Valdés, Guillermo Samperio y muchos más y que, entonces, los lectores nacionales tienen al frente una amplia variedad de posibilidades. Contratas de sangre posee, a pesar de la diversidad de temas y tratamientos, una unidad que no es sencilla de explicar en pocas palabras, pero es de la estirpe que Borges le dio a sus libros de relatos, donde está, digamos, Historia universal de la infamia.


Hablar con Jorge Ruiz Dueñas no deja de ser desconcertante. Científico social, especialista en administración pública con más de media docena de voluminosos libros, es el poeta de musicalidad y ritmo impecables, el prosista certero que ha observado el entorno y lo ha modificado con sorprendente imaginación, el académico que sabe estimular la vida universitaria, que le queda claro que las funciones sustantivas sí son tres: docencia, investigación y la desamparada difusión de la cultura, el funcionario justo e innovador… En fin, es un intelectual consumado, un hombre que gusta de reflexionar cada paso. Para mí es un amigo insuperable, cuya relación jamás ha tenido mácula alguna.

Alguna vez, cuando Jorge obtuvo el Premio Nacional de Periodismo, ante un pequeño grupo de amigos, levantó su copa y en lugar de un discurso farragoso y pletórico de elogios personales nos dijo: Por la amistad. Quienes lo conocemos desde hace muchos años, como Carlos Montemayor (lamentablemente fallecido en plenitud intelectual), Marco Antonio Campos, Bernardo Ruiz, Sebastián, José Luis Cuevas, Sandro Cohen y yo, sabemos que para él la amistad es importante, tanto o más que el cumplimiento impecable de sus tareas, sean literarias, sean las del agudo promotor cultural que ha probado ser.

Opinión 2012-12-28 - La Crónica

diciembre 26, 2012

La reaparición del EZLN

La semana pasada, como un recordatorio al nuevo gobierno encabezado por Enrique Peña Nieto, reaparecieron los zapatistas. Esta vez no llevaban armas, era un ejército de hombres, mujeres y niños que desfilaron lentamente y en silencio por algunas ciudades donde su presencia ha sido destacada. Tienen al frente nuevos desafíos. A Chiapas ha llegado un gobernador distinto y a México un Presidente de la República que afirma querer lo mejor para la sociedad. ¿Tendrán la sensibilidad de escuchar las voces que representan siglos de opresión o seguirán el camino que comenzó cuando el EZLN le declaró la guerra al “mal gobierno” en vista de tanta miseria y explotación? o ¿la situación seguirá siendo la misma y de nada habrán servido las muertes? No lo sabemos con precisión. Por lo pronto, reapareció el subcomandante Marcos y le dijo al país que allí estaban los indígenas, recordándole que no hay modernidad posible sin ellos, que no hay un México justo con la ausencia de los habitantes iniciales, de los despojados.


Hacía tiempo que los zapatistas no estaban en los medios de comunicación (no eran noticia) y menos en las agendas de los políticos. El PRI trataba de recuperar la presidencia. El PAN tuvo dos momentos, el primero cuando un charlatán del tamaño de Vicente Fox dijo que resolvería el problema indígena en quince minutos. El segundo fue el total silencio de Felipe Calderón. Para el PRD y principalmente para López Obrador, el discurso sincero y realista de Marcos fue molesto. Para los zapatistas todos los partidos son iguales y repugnantes. La supuesta izquierda puso distancia con parte de la realidad, la que bien representan los indígenas sublevados y con armas en la mano, solicitando lo natural: respeto y dignidad.

Si Peña Nieto quiere que el país avance, tiene que sentarse en la mesa de negociaciones con los zapatistas, tiene que devolverles el decoro arrebatado, sacarlos de la miseria en que una injusta historia los ha sumido. Debe entrar en el complejo universo de la globalización y salvar lo propio, lo valioso de culturas ancestrales. Muchos suponen que el nuevo gobierno trata de hacer bien las cosas, intenta reparar los daños que el sistema político mexicano ha causado a los más marginados de los marginados. ¿Lo hará?

El problema no es sencillo, pero los zapatistas no pueden seguir viviendo en condiciones tan extrañas. Son de muchas maneras los perseguidos en sus propias tierras. Son aquellos que tuvieron la osadía de retar al Ejército nacional y los que han mantenido una conducta limpia y frontal. No buscan el poder ni el dinero. Son ya muchos los años que han pasado desde que los indígenas chiapanecos se levantaron en armas. Hemos visto enfrentamientos a tiros, forcejeos, discusiones, diversos negociadores por la parte oficial que han fracasado. Marcos transitó de héroe a malvado porque no apoyó a López Obrador. El subcomandante, ajeno a los chantajes de los políticos convencionales, se ha mantenido por lustros en las selvas de Chiapas, esperando con paciencia y sabiduría a que las autoridades sepan dialogar.

Ahora de nuevo le muestran al país que siguen existiendo y manteniendo sus demandas. Allí está el EZLN, por ahora sin armas, exigiendo que el sistema se sensibilice. No quiere ser más la moda que fue entre los jóvenes supuestamente avanzados, sino un amplio sector de la población que tiene cultura propia y valores destacados. Si el nuevo Presidente tiene sensibilidad, de inmediato establecerá un diálogo serio y respetuoso con aquellos que solamente desean dignidad y vivir en paz y tranquilidad, ajenos a los políticos convencionales, sin aceptar el perverso juego de la política a la mexicana. Es de imaginar que habrá modificaciones en el gobierno, diferencias con los anteriores cuyos resultados son lamentables. Para eso, queremos creer, que en el primer círculo del Presidente está Rosario Robles, cuyo exagerado perredismo fue célebre y parte de la demagogia de AMLO: primero los pobres. Ahora es su obligación, promover la justicia social. Asimismo tenemos a la hermana del subcomandante Marcos en un lugar destacado. Es tiempo de hacer de lado la charlatanería y enfrentar los problemas reales, los de carne y hueso que vemos todos los días y que para los políticos sólo son parte de un discurso gastado y desprestigiado.

La presencia nuevamente en las calles de hombres, mujeres y niños en las calles demandando respeto y diálogo, soluciones a sus graves y ancestrales problemas, es un recordatorio para toda la nación: no vamos bien, no vamos por el mejor camino. Hay que rehacerlo, buscar las rutas de la justicia, el bienestar público, la igualdad y desde luego, el respeto a todos aquellos que han sido despojados durante siglos.

Opinión 2012-12-26 - La Crónica

diciembre 23, 2012

Borges y Fernando del Paso

Siempre he tenido gran respeto por la persona y obra de Fernando del Paso. Lo conocí hace mil años cuando comencé a escribir periodismo. Fernando Benítez o Juan Rejano solían mandarme a entrevistar intelectuales. Luego las integré en un libro: El escritor y sus problemas, publicado por el FCE. Solía visitar a Fernando en una elegante oficina de publicidad. Si mal no recuerdo, lo entrevisté tres veces. Una respuesta suya, sobre el estilo literario, me impresionó y con frecuencia la he citado porque sus conceptos venían de una aguda heterodoxia. Acababa de publicar José Trigo en la naciente editorial Siglo XXI y le aparecían admiradores y críticos gratuitos. Aquello probaba una tesis que sigo sosteniendo: en México la crítica literaria es inexistente. Tenemos notables críticos cuando se trata de hablar de poetas y novelistas probados por el tiempo. Dos casos brillantes: Jaime Torres Bodet y Octavio Paz. La crítica cotidiana, la que nos indica qué leer y cuáles son los méritos y los defectos de los libros que van apareciendo, apenas existe y son los propios escritores quienes ejercen la riesgosa actividad.


En EU y Europa la crítica literaria más interesante surge de las aulas universitarias. En México la crítica aparece más para redondear un presupuesto que para orientar tanto al narrador o poeta como a sus lectores. Entre Emmanuel Carballo e Ignacio Trejo Fuentes, por ejemplo, hay un inmenso bache. La crítica se lleva a cabo por odio o por amor.

De alguna manera me hice amigo distante de Fernando del Paso. Me gustaba escuchar sus conceptos y él es de esos narradores que con naturalidad hablan de sus secretos literarios, como Arreola o Martín Luis Guzmán. Luego vino Noticias del Imperio, vaya novela: impresionante. Sin usurpar las funciones del riguroso crítico literario, constructivo y objetivo, pienso que la de Fernando está entre las mayores del país en el siglo XX, junto a obras como La sombra del caudillo, Los recuerdos del porvenir o La muerte de Artemio Cruz. Para esos años, ya poco veía a Fernando del Paso. Ocasionalmente. Lo encontré dos veces en la FIL de Guadalajara y me firmó su libro Linda 67: historia de un crimen.

Noticias del imperio es un clásico, ejemplo de rigor que funde historia e invención, en efecto, una de las mejores novelas históricas del castellano. Fernando pudo, como otros tantos, utilizar su peso artístico para acercarse a los poderosos, a la política, pero prefirió seguir entre libros. Poniendo orden en mi biblioteca, encontré una sencilla revista, Soberbia. El plato fuerte es una entrevista con Del Paso. Es breve y está llena de respuestas que tienen dos, tres o más interpretaciones. Me gustó mucho que al hablar de los mayores narradores del continente, Lezama Lima, Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier y Carlos Fuentes, separara a Jorge Luis Borges. Sobre el argentino dijo: “Esto teniendo a Borges completamente aparte porque es un fenómeno único en la literatura latinoamericana y mundial”.

Borges ciertamente es la gran revolución literaria del castellano, no hay país del mundo que no tenga a diversos escritores trabajando bajo su influjo mágico. Modificó tanto a las letras universales, que alguien escribió: Muerto Borges, la literatura se ha terminado. Puede ser una exageración, pero es evidente que dejó una huella muy profunda. Era un hombre perfectamente diseñado para convertir en arte literario lo que tratara. Por eso el mundo se ha poblado de obras suyas y sobre él. Uno de los mejores prosistas mexicanos, Juan José Arreola, cuya admiración por Borges fue proverbial, cuando le conoció, fiel a su aprendizaje francés de arte dramático, cayó de rodillas y dijo: Borges, 25 años de admiración. El porteño lo ayudó a ponerse de pie, a recuperarse del gesto dramático, y respondió: Qué pérdida de tiempo, che.

Historias y personajes así, cada vez son menos, lamentablemente.

Excelsior - 2012-12-23

diciembre 21, 2012

Las muertes, las cercanas y las distantes

Las muertes de personas y la desaparición de objetos queridos suelen afectarnos gravemente. Me han contado que cuando parte de la biblioteca de Octavio Paz se incendió, las llamas destruyeron parte de su alma. De lejos, pareciera que ese fuego contribuyó a su derrumbe en la total plenitud del éxito y el poder. Pero sin duda es el fallecimiento de los seres queridos, familiares o no, lo que nos oprime al mostrarnos de cerca nuestra fragilidad. No creo ser un hombre duro, poco sensible, la muerte no me tocó el hombro en riguroso orden cronológico. De mi familia, todo pareció comenzar sin orden, a través del azar: la muerte de mi hermana Leonora, mayor que yo, me produjo una tristeza que no he logrado superar. Un niño de siete años fue agredido de manera impiadosa. Mi padre, antes de abandonarnos a mi mamá y a mí, fue capaz de escribir una hermosa novela para perpetuar la vida y el nombre de una niña que apenas arañó la adolescencia. Cada tanto releo Leonora y veo las fotografías que de ella guardó celosamente y que incluso aparece en mi página web.


Enseguida de esta muerte que no correspondía a la lógica, volvió la cordura y los muertos vinieron en severo orden: primero mis abuelos maternos y al final mi madre. Escritor como mi padre, yo escribí un libro en el que reconstruí su vida o lo que de ella sabía (muy poco ciertamente), en las 24 horas de agonía callada, sin dolor. Aunque el sufrimiento no sea físico, su naturaleza siempre provocará llanto y una descomunal idea de injusticia. ¿Por qué ella, por qué él? Nadie se acostumbra a ver morir a los seres entrañables, los que te dieron algo muy grande como el amor o algo muy importante como la educación. En tal sentido, fueron mis amigos mayores los que me produjeron un malestar con la vida, porque eso es lo que provoca la muerte.

Como una generosa herencia paterna, de un hombre al que muy poco vi, pero en cada fugaz encuentro me enriquecía al grado de regalarme su vocación intelectual, me dio asimismo a sus amigos. José Revueltas, Germán List Arzubide, Ernesto de la Torre Villar, Jaime Torres Bodet, Rafael Solana, Juan Rejano, una multitud de escritores que amé y que, como era natural, murieron mucho antes que yo. Mis maestros de letras adquiridos sin su ayuda como Francisco Monterde, Juan Rulfo, Edmundo Valadés, Gastón García Cantú, o Juan José Arreola, fueron asentados en mi lista funeraria. Muy pronto, antes de sentirme viejo, me quedé con pocos amigos, aún los de mi edad, como Parménides García Saldaña, Antonio Castañeda o Luis Carreón, fallecieron prematuramente.

Fue el asimismo fenecido Enrique Loubet, quien me hizo notar la profundidad del fragmento de John Donne utilizado por Ernest Hemingway como epígrafe de su memorable novela Por quién doblan las campanas: “Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de la tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y, por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti.” Por ello si me sentí disminuido ante el suicidio de un amigo distante, el asesinato de Salvador Allende o el de Ernesto Guevara me calaron muy hondo. Al primero lo vi en La Habana, cuando ya presidente de Chile visitó el hotel Habana Riviera, donde solían alojarlo antes de conquistar su país por la vía electoral. Al segundo, jamás lo encontré. Pero ambas muertes me dolieron y me siguen afectando, como lo hizo la pila de cadáveres que a mi alrededor se acumulaba la noche del 2 de octubre de 1968. Es posible que ninguno haya sido amigo mío o siquiera conocido, pero estaban allí por las mismas razones que yo. Eso más que atemorizarme, me lastimaba.

El tema de la muerte regresa a mí por estos días navideños por el recuerdo obsesivo del fallecimiento de mi abuelo paterno, quien no se limitó a ser el cordial abuelito, era un hombre duro que creía en Dios y al que le dolía mi incapacidad para seguirlo en sus creencias. A poco de haber sido derrotado por un extraño cáncer que le carcomió la belleza facial, lo siguió su esposa, mi abuela. Ambos me educaron. Padecí sus desapariciones, pero siempre una idea eliminaba parte del dolor: murieron casi simultáneamente. Cuando falleció mi abuelo, ella decidió seguirlo. Me recuerda una frase de Gautier que usara en un libro mío: Mi amor es más fuerte que la muerte y terminará por vencerla.

No sé quién siga en esta interminable lista, podría ser yo mismo. Jamás había pensado en mi propia muerte ni siquiera cuando sufrí un secuestro exprés, hasta que una joven poeta, Citlali Ferrer, en el homenaje que me organizaron en Morelos por mis cinco décadas como escritor, leyó un texto muy triste en el que se preguntaba, qué haré cuando se vaya René Avilés Fabila. Al final, no tan conmovido, le dije espero que no sea muy pronto, tengo libros inconclusos.

Opinión 2012-12-21 - La Crónica

diciembre 19, 2012

Mis escuelas de periodismo

Existen cosas difíciles de olvidar. Entre mis recuerdos más vivos están los de mayor antigüedad. El día en que escribí mis primeros cuentos aceptables, que fueron publicados por Juan José Arreola, y los momentos en que sin muchas complicaciones se abrieron las puertas de los medios de comunicación que me importaban: los escritos. Aunque he trabajado largamente en radio y televisión, jamás los electrónicos fueron medios para mí.


Al periodismo llegué más por vanidad que por razones expresivas. Me gustaban dos cosas: ver mi nombre en los diarios y dar opiniones críticas. Ni en la literatura ni en el diarismo tuve maestros formales. Mi escuela de letras fueron los libros y los escritores de reconocido talento que aceptaron conversar conmigo, atender mis inquietudes y leer mis trabajos iniciales. Pienso en José Revueltas, Ermilo Abreu Gómez, Rafael Solana, Sergio Galindo, Ricardo Garibay, Juan Rulfo, Juan José Arreola y algunos más, de talento y elegante generosidad. Los maestros de periodismo fueron la revista Siempre, Política de Marcué Pardiñas y Excélsior que siempre compraron en mi casa, mis abuelos. No más. Pensé que si sabía escribir con algún cuidado, los diarios se abrirían y así fue. Comencé a escribir en los años del bachillerato, Preparatora 7, cuando estaba en Licenciado Verdad y Guatemala, a un costado de Palacio Nacional, y me acompañaba José Agustín. El medio fue El Día, fundado por Enrique Ramírez y Ramírez.

El Día era un diario novedoso, audaz, pronto tuvo un excelente suplemento cultural, El gallo ilustrado, donde vi arrancar a María Luisa Mendoza, original y audaz con las palabras. Eran tiempos de cambio y el periódico aparecía mostrando un nuevo rostro, el de una izquierda moderna, que trataba de mezclar lo más valioso del legado de la Revolución Mexicana y los avances de una izquierda de corte marxista. Su fundador había sido un militante del comunismo vinculado al soviético y un hombre cercano a Vicente Lombardo Toledano. Buscaba otros derroteros políticos y un diarismo original, lejos de la entonces llamada “gran prensa”. Su amistad con el presidente López Mateos le permitió adquirir los créditos para arrancar un periódico distinto esperanzador. Mi primera tarea, la recuerdo bien, fue escribir sobre libros. Arturo Cantú, intelectual regiomontano y lector atento de Reyes y los Contemporáneos, dirigía la página cultural y allí fui asignado. De pronto me daban otras tareas, cómodas para mí. Entreviste a Enrique González Pedrero, entonces director de Ciencias Políticas de la UNAM, mi escuela. E iba feliz a interrogar a mi maestro de Teoría del Estado.

Pero mi mayor impulso periodístico lo recibí de Juan Rejano, poeta español, comunista, que venía de una emotiva lucha: la Guerra Civil Española. Dirigía el suplemento cultural del diario El Nacional, medio de lucha y expresión del gobierno mexicano. Estaba en su segunda etapa y por allí habían pasado los poetas y prosistas más destacados, de tal manera que cuando Rejano me abrió las puertas (a mí y a media generación mía), me sentí emocionado. Juan Rejano, quien falleciera en su intento por regresar a España, muerto Franco, era muy amigo de mi padre, de tal manera que estaba yo en casa. La Revista Mexicana de Cultura, tal era el nombre del suplemento, fue mi gran escuela de periodismo cultural. La amistad con el poeta español fue básica en mi vida y aprendí no a respetarlo sino a amarlo. Era un hombre generoso como amigo y de una pieza políticamente hablando. El Partido Comunista Mexicano, por cierto, me comisionó con otro amigo, para escribir una breve biografía sobre un hombre fundamental en España y en México. Poco más adelante, fue Alberto Dallal, otro discípulo suyo, quien realizó una bella edición con sus mejores poemas. Por fortuna, en España, ya comienzan a leerlo y a conocer su trabajo y lealtad a sus principios políticos.

Más adelante, trabajé con Fernando Benítez, quien ya estaba en la revista de Pagés Llergo, la generosa publicación donde brillaba la libertad de expresión y el número tan notable de colaboradores distinguidos: Siempre! Allí estuve hasta que el mal carácter de Fernando me ahuyentó. Pero antes de irme realicé muchas entrevistas, algunas las publicó y otras no. Eso me permitió practicar un género que me parecía difícil, extraer de un personaje sus secretos y darlos a conocer a los lectores. Aquí sí que el refrán de que cada ser humano es un mundo, es auténtico. No me era fácil pasar de uno a otro.

El resto fue accidentado. Escribí en el suplemento cultural de Excélsior. Contribuí en la creación del Unomásuno, donde arrancó mi amistad con Marco Aurelio Carballo y Rafael Cardona, de allí casi todos los colaboradores y reporteros fundadores paramos al Diario de México, donde estaban colegas de la diáspora de Excélsior y al fin volví a este diario a través del célebre Nikito Nipongo, donde fundé el suplemento cultural El Búho que me llenó de premios y del afecto de miles de lectores. De nuevo salí de Excélsior a causa de una torpe censura y fue Beatriz Pagés quien me abrió las puertas de su revista. Ahora y desde hace tiempo, estoy en estas generosas páginas, tratando de cumplir con la mayor seriedad posible. Un día dejaré el periodismo para concentrarme en mi vocación principal: la literatura. Pero dudo que logre deshacerme de esa pasión acaso insana que me llegó en la juventud.

Opinión 2012-12-19 - La Crónica

diciembre 17, 2012

Camilo y Camila, dos vías, un fin

Para el distinguido académico de la UAM, Ricardo Yocelevzky, con aprecio


Camilo Cienfuegos murió atareado en llevar a buen término la guerrilla cubana, es decir, haciendo la revolución. Camila Vallejo también es comunista y luego de buscar la toma del poder por una ruta violenta, optó por la lucha parlamentaria. América Latina sabe bien que no existe otro camino para llevar a cabo profundas reformas sociales que frenen el neoliberalismo.

Ernesto Guevara y Salvador Allende buscaron lo mismo, el socialismo marxista por dos caminos distintos: el primero llegó a través de la lucha armada, el segundo mediante procesos electorales. Los dos fueron asesinados de distinta manera. Allende estuvo en México, poco después del trauma de la matanza de octubre de 1968. Hizo importantes declaraciones, inteligentes y realistas. En Guadalajara, ante universitarios, precisó que las revoluciones no pasan por las aulas. Las hacían los trabajadores. Hace unos meses, Camila fue invitada por la UAM-X y tuvo un discurso vigoroso. Su actitud ante el tipo de lucha política que debe llevarse a cabo, ha sufrido modificaciones y va en pos de una curul para buscar el poder dentro de los cánones parlamentarios.

El columnista Carlos Ramírez hizo comentarios precisos al respecto. Deja atrás el sectarismo callejero, una suerte de enfermedad infantil, diría Lenin. Trataba de decirle a unos para que lo oyeran los ruidosos y poco eficaces jóvenes del Yo Soy 132, quienes suponen que utilizando una violencia callejera de poca monta, el rumbo del país cambiará. Ya vieron que no. Seis años de pedir, gritar, utilizar las redes sociales y las marchas, los destrozos, con el fin de que Calderón, el usurpador, en la lógica de López Obrador, cayera. Nada de ello ocurrió, el hombre concluyó como pudo, no como quiso, su periodo y ahora busca qué hacer. Lo mismo pasa ante la victoria de Peña Nieto. Con un asombroso simplismo, un puñado de estudiantes rijosos comete actos de vandalismo. Alumnos míos, tocan el tema. Pregunto: De acuerdo, derriban a Peña Nieto, ¿qué sigue? ¿La destrucción del capitalismo, llevar a Los Pinos a un caudillo lamentable que ha dado muestras de no haber leído marxismo?

Por ahora y por mucho tiempo, la lucha será electoral. Los perredistas de hoy han descubierto que sufren derrotas presidenciales por sus pugnas vulgares y de taberna, usando un lenguaje de carretoneros. La presencia de políticos hábiles, sensatos, que prefieren el debate a la violencia, como Miguel Ángel Mancera, Graco Ramírez o Arturo Núñez, seguramente ha beneficiado al antiguo perredismo, iracundo y agresivo, que inspira más terror que respeto. Ahora se les ve discutir, intercambiar puntos de vista con los priistas. Dar una lucha parlamentaria porque no hay ninguna condición para irnos al campo a declararle la guerra a las instituciones, especialmente a las fuerzas armadas. Lo hizo, en mejor momento, el subcomandante Marcos y allí sigue, en la selva chiapaneca, abandonado hasta por quienes nos presumen su falso izquierdismo.

Quedan sectores duros, duros y corruptos, como los que encabeza la pareja maravilla: René Bejarano y Dolores Padierna. No irán a ningún sitio. Tampoco López Obrador triunfará sobre los restos de millones de mexicanos que creyeron en su discurso demagógico y distante de una izquierda moderna como la de los brasileños encabezados por Lula. Lo mantiene vivo su devoción por el poder y porque se ve a sí mismo como el Mesías redivivo.

Camila es joven y sensata. Su marxismo está en busca de mejores soluciones. Nadie puede decirnos que se requiere la lucha armada y la dictadura del proletariado, que el nuevo hombre aparecerá pronto salido de un koljoz o granja colectiva, creada a punta de bayonetas por nuevos émulos de Stalin.

Es tiempo que cese la tosca y rudimentaria lucha callejera de los jóvenes del Yo Soy 132 y sindicatos comandados por líderes corruptos y valetudinarios y busquen por la ruta del estudio y la reflexión política, las formas de frenar los excesos del neoliberalismo que practican priistas y panistas, sí, pero también los perredistas. Camila precisó: “La actitud sectaria llevó al movimiento estudiantil a un aislamiento político, lo alejó de la ciudadanía que este año ha empezado a rechazar ampliamente nuestras formas de movilización, pero no el contenido de nuestras demandas”.

Carlos Ramírez da su punto de vista: “De ahí el mensaje de Camila Vallejo: como en la calle sólo se toman fotografías pero no decisiones y en el Congreso se legisla, entonces los jóvenes estudiantes chilenos han comenzado a inscribirse como candidatos a diputados para las elecciones del 2013. Así, el movimiento estudiantil de protesta de tipo antisistémico de Chile decidió entrar a disputar espacios de poder en el centro neurálgico del sistema político: el parlamento. La decisión de los estudiantes fue significativa: cambiar el grito callejero por los votos en el legislativo”.

A su vez, ya pocos le creen a las comisiones de derechos humanos que toman fotos donde un policía se defiende del coctel Molotov de un joven iracundo y embozado y piden que cese la brutal represión y detengan a Peña Nieto por asesino. Basta ya. Es un buen momento para la inteligencia, la reflexión profunda. De lo contrario, los dogmáticos obradoristas se quedarán más solos que nunca. Sí, como peleadores callejeros. Lo fundamental será decidido en las cámaras.

Opinión 2012-12-17 - La Crónica

diciembre 16, 2012

¿El PRI es un partido político?

El cambio de dirigentes en el PRI y sus declaraciones iniciales deberían abrir una polémica sobre los partidos políticos mexicanos. Todos sin ideología, con militancia de escasa participación y el poder en manos de dirigentes, caudillos y del propio Presidente del país, jefe nato de su partido durante seis años. Miremos la miseria que tenemos. Duverger decía que existen partido arcaicos o prehistóricos en Medio Oriente, África y América Latina: simples clientelas agrupadas alrededor de una familia feudal o un líder carismático. No vale la pena estudiarlos, precisa. Aquí caben los mexicanos.


La propuesta del marxismo es obsoleta, sólo la intentan países que algo del comunismo mantienen: ¿un partido único para orientar a las masas y disolver las clases sociales en contradicción? No. Es una aberración. En la realidad, el pluripartidismo se ha impuesto a la dictadura del proletariado. La estratificación social está mucho mejor matizada que la propuesta marxista. Algo más: los partidos no representan perfectamente a cada estrato de un país. Los obreros, digamos, apenas participan como gremio y son groseramente manipulados por líderes y partidos que pueden ser calificados de pequeño burgueses. La lucha es por el centro. El PRI se calificó en voz de César Camacho como centro-izquierda, como lo ha hecho el PRD. Ninguno está en la izquierda. Son tendencias o mezclas que van y vienen. Lo que diga un partido de sí mismo no importa, son sus acciones las que determinan su postura ideológica y ésta no aparece, sus más conspicuos dirigentes son oportunistas o cínicos con la idea de perpetuarse en el poder.

El PRI surgió de la Revolución, supo adaptarse a la ideología del presidente en turno. No más. Aunque se ha definido de múltiples maneras, ninguna atinada, documentos recientes lo ven como socialdemócrata. El simplismo impuesto por el PRD, que busca identidad desde su nacimiento, hizo creer a un amplio sector del país que es la “izquierda”. Poco de su trabajo hace pensar que lo es. Hablar de la pobreza y proporcionar dádivas no lo hace poseedor de una ideología izquierdista. Dentro de tal partido a nadie se le ocurre pensar en lo que decía Marx, transformar al mundo.

Pero lo que más sorprende es la ausencia de los militantes en la toma de decisiones. En el PRI jamás han decidido sus muchos activistas, los que pocos beneficios reciben. Es el presidente, caudillo sexenal, quien toma las decisiones. El PRI es una máquina (como el PAN y el PRD) electoral, en caso de triunfar se convierte en fábrica de empleos. Antes los distribuía únicamente entre los suyos, hoy se ha visto obligado, luego de dos derrotas, a atraer figuras de la oposición y recuperar a los tránsfugas, asimismo utiliza ideas que a otros les funcionaron.

Si el PRI fuera lo que nunca ha sido, un partido político, como en Europa y en EU, actuaría con distancia del mandatario. Apoyarlo sí, pero cada quien tiene su modo de operar. En el PRI el presidente es automáticamente dueño del partido. Su voz es imponente. Quita y pone, según su habilidad y necesidades, a los dirigentes partidistas. Mantiene un modelo autoritario, útil para transmitir señales, obedecer órdenes y ganar elecciones. No hay más disposiciones que las presidenciales. Existen figuras y grados de participación, pero nunca nadie intenta alejarse de Los Pinos. Carlos Madrazo quiso hacerlo y tuvo que salir del partido.

César Camacho, hombre respetable, sabe que no fueron los militantes quienes lo eligieron, fue una sola persona: Peña Nieto. Las reglas del partido son claras y las mismas de siempre desde que fue creado: su jefe nato es el presidente y quiere resultados que le permitan mover sus piezas políticas. Simplismo puro. Prehistoria. En los partidos restantes, el método es mera repetición. Se conducen por ideas dispersas e infaltables ocurrencias, sin ver ambiciosamente un futuro luminoso.

Excelsior - 2012-12-16

diciembre 14, 2012

La cultura recobrará su dignidad

Doce años panistas poco aportaron al desarrollo cultural de México. Obras espectaculares, excesivas e inútiles, desorden y animosidad. Al no conocer las necesidades nacionales en tal materia, Fox y Calderón llevaron a cabo unas cuantas obras fastuosas pero sin mayor sentido o lógica dentro del reordenamiento que México debe tener en cultura. Un conjunto de bibliotecas acumuladas en un solo punto, sólo contribuye a la centralización que ha sido un asunto infortunado. O una biblioteca descomunal, hecha bajo la temeraria idea de que carecemos de Biblioteca Nacional, cuando nadie ignora que existe y la tiene la UNAM, ha sido un hazmerreír que sigue mostrando irregularidades. Una remodelación de limitada cordura del magnífico Palacio de Bellas Artes y una serie de homenajes a los amigos personales de ambas presidentas del Conaculta, mientras que a sus enemigos o intelectuales distantes de ellas, les cerraban las puertas a su trabajo, aunque fuera de calidad.


Peña Nieto no parece preocupado por los temas culturales, la FIL de Guadalajara fue un traspié ruidoso y magnificado por sus enemigos, sin embargo supo seleccionar. La persona destinada a conducir la transición cultural, María Cristina García Cepeda, hizo un discreto y hábil trabajo. Acaso sea lamentable que hasta el momento el Presidente no se haya reunido con los intelectuales y artistas del país, pero está todavía a tiempo. La persona designada como titular del Conaculta, Rafael Tovar y de Teresa conoce profundamente la cultura, no sólo la promueve, es parte de su vocación: buen crítico, mejor lector, ha escrito libros significativos. Su experiencia en la conducción del aparato cultural es larga y conocida. Es seguro que él y Maraki tendrán resultados positivos y con algún esfuerzo pondrán de pie a las instituciones que fueron utilizadas más con fines personales que para beneficio de México, una potencia cultural que de pronto vio a sus artistas distanciados y en pugna.

El trabajo cultural sólo se cumple, dijo Rafael Tovar y de Teresa en su toma de posesión, cuando realmente llega a millones. Ésta es una concepción novedosa, porque de hecho tenemos al país dividido, uso la terminología de Mario Vargas Llosa, en civilización del espectáculo y alta cultura. El primero no requiere apoyo estatal, la segunda sí y aquí ha sido visible el esfuerzo histórico que han hecho muchos gobiernos, salvo los panistas.

En otra parte, y como resultado de su experiencia como promotor cultural y autor él mismo de libros valiosos, Rafael ve a la cultura como integrador social. Lo que se hizo antes de su llegada, fue desarticularla, darles a unos y negarles a otros, según caprichos. Vivimos doce años en total desarmonía. Sin la ayuda de un periodismo cultural, en decadencia, apenas aparecieron las denuncias. Fueron los propios creadores no beneficiados quienes subieron a internet sus quejas y las majaderías recibidas de parte de un autoritarismo de escasa elegancia y desde luego, sin un proyecto nacional de largo alcance. Caprichos o decisiones tomadas sobre las rodillas. No pensadas con grandeza y talento.

El encuentro más reciente que tuve con Rafael Tovar y de Teresa fue en la casa cordial de María Luisa Mendoza, la muy querida China Mendoza, autora de libros memorables y marginada en estos atroces doce años, la plática fue como siempre cordial y alegre. Rafael habló tanto de los libros propios como de las lecturas que estaba llevando a cabo. Vivía lejos de la posibilidad de su retorno al Conaculta, hicimos algunos recuerdos de amigos comunes y de encuentros afortunados. Al despedirnos, me percaté de que había alcanzado su total madurez, en tanto creador y desde luego como potencial funcionario cultural. Su paso por la diplomacia lo enriqueció y le dio el aplomo y la fineza que se requiere para llegar a un cargo de tal naturaleza.

Si antes teníamos la idea vaga de que los titulares del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes debían estar en manos de creadores, ahora el gobierno federal ha hecho esa imagen una realidad. Conociendo a Rafael Tovar y de Teresa, a su hermano, Guillermo, un enamorado de los libros y autor de obras memorables, podemos tener confianza: fue una atinada selección. En el INBA, Maraki, dueña de una amplia experiencia cultural, cuidadosa funcionaria que supo conducir el Auditorio Nacional con sobriedad, sin que jamás hubiese algo fuera de lo normal. Muchos pensamos que dentro del mundo de los creadores, escritores, artistas plásticos, músicos, vienen buenos años para reactivar la luminosa tradición del Estado mexicano: extender la alta cultura, la que necesitamos y urge recuperar.

Rafael y Maraki saben que el Estado por sí sólo ya no es capaz de brindar cultura a casi 120 millones de habitantes de diversas tradiciones y niveles sociales, pero les queda claro, se observa en las palabras de Rafael, leal a sus estudios en una universidad pública, la UAM: “Leer cuáles son las necesidades que se tienen, reconocer las nuevas voces que hay que escuchar, las nuevas condiciones en las que se trabajará y, sobre todo, las necesidades sociales que hay que satisfacer.” Con la certeza de que han surgido empresas culturales debido a nuevas condiciones político-económicas del país, es prever que coexistirán distintos esfuerzos sociales con los estatales. La comunidad cultural está satisfecha con ambos nombramientos. Sin duda contarán con el apoyo indispensable, lejos de las pugnas que padecíamos por un caótico trabajo autoritario y de violentas confrontaciones.

Opinión 2012-12-14 - La Crónica

diciembre 12, 2012

Mi carta a los Reyes Magos

Los mexicanos creen en dos instituciones sagradas: la Virgen de Guadalupe y la Presidencia de la República. Ambas tienen poderes extraordinarios, sólo resta que te escuchen y hagan caso, lo que no es frecuente.


La política da asco, principalmente en estos tiempos, y en los Reyes Magos me es imposible creer por ser republicano y agnóstico. Así que estoy perdido. Santa Claus es un lindo invento del consumismo.

Acierta edad, imagino, es importante creer en algo.

Yo creo en la literatura. Pero me gusta el optimismo y así escribiré hoy, cuando las posadas están por arrancar y viene Navidad.

Mi generación concluye y, al verla, reparo en los muertos y en los que ante la falta de éxito desaparecieron. De mi edad, hubo personajes que mucho me ayudaron sobre todo en la música popular, para citar sólo dos bandas, los Beatles y Rolling Stones. Me encanta verlos porque desde muy joven estuvieron conmigo y los escuché en vivo un sinfín de veces, aquí y en Europa. Nunca creí en el poder y siempre desprecié la política convencional, soñé con una revolución marxista. Desde niño luché contra el PRI.

Sin izquierda real, pensé que Fox haría una buena transición, aunque fuera de derecha. Fue un fracaso que nos hizo añorar a los dinosaurios.

Al panista Calderón, México le dio una forzada nueva oportunidad: su gestión fue fatídica.

Pocos lo han hecho peor. Ya se fue el conservadurismo oficial y regresó el PRI como si fueran esforzados legionarios que vienen de conquistar las Galias y entran en Roma, con laureles.

No sé qué decir. Amí no me han convencido.

En el DF estuvo Cuauhtémoc Cárdenas, pero sólo unas semanas y nos dejó botados en manos de las personas más ladronas que he podido ver, incapaces por añadidura y aquí siguen. He votado escasas veces. Por Valentín Campa la primera vez. Luego por Cárdenas no una, sino tres veces. Regresé a mi habitual escepticismo, para qué ir a las urnas si ningún candidato me atraía, al contrario, todos me repugnaban.

No entiendo que medio México diga nostálgico: Ah, el PRI robaba, pero dejaba robar. Con el PAN y el PRD también hubo una intensa y nada discreta corrupción.

Qué pena, me educaron en la sana distancia con los negocios sucios y las pillerías.

Mis amigos que gustan de la política a la mexicana, o que algo esperan, están felices. Los buenos tiempos regresaron.

Tengo esperanzas en que la sociedad, que es la que ha sufrido serias transformaciones, impida que el pasado horroroso se apodere de oficinas gubernamentales. Los políticos seguirán en lo suyo, la demagogia. Es inevitable.

Entonces, ¿qué puedo esperar? Las ideas en las que creí desaparecieron por completo. De pronto recibo algunas invitaciones de jóvenes o de muy viejos a reorganizar el comunismo, crear un partido de corte marxista, con las innovaciones naturales. Imposible decirle a la sociedad que vamos a instaurar una dictadura del proletariado o que vamos a colectivizar la tierra. El modo en que Stalin condujo las ideas de Marx y Lenin no deja posibilidades a ese tipo de propuestas. Si Marx dijo que el Estado debería desaparecer por represivo, Stalin lo fortaleció y convirtió en un monstruo atroz. Así que mejor se queda uno como está y a mí la vida me condujo a la docencia, la literatura y al periodismo.

Esta última actividad, me dijeron mis maestros, debe ser fundamentalmente crítica. Pues sí, pero a nadie le da uno gusto. Todos reaccionan negativamente y las acusaciones y las ofensas te llueven.

Lo mejor sería emigrar, sí, pero a dónde.

He pensado en distintas ciudades del país, pero el presidente es el mismo y algo peor, los gobernadores son francamente ineptos. Dinero para irme a París, donde estudié el posgrado, tengo amigos y grandes y maravillosos recuerdos, no lo tengo. Debo en consecuencia prepararme para vivir mis últimos años en México y con el PRI en Los Pinos. Pienso que, como están el PRD y el PAN, desechos, no podrán con el monstruo.

Por lo menos tendrá otro sexenio, y eso suponiendo que sus rivales de mayor peso puedan reponerse de como los dejaron, en paños menores. El último lo sabe, lo dijo Madero, olvidó decir que era su culpa. El primero cree que está en su mejor momento cuando está colgado de un delgado hilo que sostiene López Obrador. Pronto lo dejará caer y enseguida Morena será la Izquierda con mayúscula, para fracasar en su tercera intentona por llegar al paraíso que sus admiradores y seguidores le prometieron: Los Pinos.

No veo salida para mí, un dinosaurio marxista, metido en un bloque de hielo.

Me queda escribir una obra: Del comunismo al consumismo, jubilarme, pedirle al DF y al gobierno federal que me den mi obligado apoyo por ser adulto mayor, con eso saco para el whisky. De la UAM obtendré la pensión necesaria para que mi silla de ruedas sea motorizada y tenga la suficiente velocidad para atrapar alguna enfermera sensual.

Todo esto, bajo la mirada severa y paternal de gobernantes priistas a los que no les interesa la cultura, tampoco la sociedad, únicamente el poder. Allí les dejo el país, lo cuidan y, si pueden, lo salvan.

Opinión 2012-12-12 - La Crónica

diciembre 10, 2012

Los fieles adeptos del PAN, según Madero

En rueda de prensa, don Gustavo Madero declaró, sin pensarlo mucho, que al perder su partido, el PAN, muchos militantes o simpatizantes se alejarían. ¿La razón? Estaba allí por una sola causa: querían empleo, él dijo chambitas. A pesar de que don Gustavo lleva años tratando de convertirse en un político, no lo consigue. Siempre tiene desatinos, errores, falta de tacto y algo peor: no sabe exactamente a dónde va. No es fácil prever sus movimientos por una sencilla razón: sigue la política del célebre Indiana Jones, legendario personaje de Spielberg, marcha por donde puede, no por donde quisiera. Da tumbos, selecciona mal a los candidatos del PAN. En suma, la política no es lo suyo. Allí las diferencias perceptibles con los priistas y los perredistas. Los primeros han inventado el sistema que rige en México, los segundos, salidos principalmente del PRI, le han hecho rectificaciones al aparato, tales como mayor corrupción, suponer que representan a la izquierda y carecer de principios.


Muchos suponen que el PRD y el PAN son como el agua y el aceite. Ya vimos que no. Son capaces de reunirse y hacer alianzas como en Oaxaca y Puebla, donde las cosas no parecen ir muy bien. En cambio, dentro del gastado discurso obradorista, se insiste en que la mafia del poder la encabezan 30 multimillonarios, dos empresas televisivas y, obviamente, la dupla infernal: PRI y PAN, que, dice López Obrador, son los peores.

Si meditamos el párrafo anterior y lo comprobamos con la realidad, veremos que el PRIAN no existe tanto como la extraña fusión PAN-PRD. Aquí López Obrador puede zafarse y decir que por eso ya no está más en el PRD y que se ha concentrado en formar un partido sin nepotismo, sin corruptos, con políticos decentes y eficaces, dignos en su firme postura de izquierdistas. Dicho en otros términos, quedará él solo, porque Bejarano, Batres, Padierna, Monreal, Muñoz Ledo, algunos camaradas del PRD y otros pocos de Movimiento Ciudadano se quedarán con él, todo bajo las órdenes directas del propio AMLO y de sus familiares, porque tampoco habrá nepotismo, lo advirtió desde el inicio.

Pero si la política nacional se ha hecho compleja por la cantidad de deshonestos, mentirosos y corruptos que saltan de un partido a otro, y de pronto nos hace dudar a quienes somos simples observadores desde hace muchos años, ¿qué le sucederá a Madero, tan poco ducho en la vocación que de pronto le surgió? Imagino que, como su ilustre familiar, don Francisco I. Madero, tendrá al menos un par de socarrones espíritus que lo aconsejan y le dictan los pasos a seguir en materia política. Notemos, si es que hemos leído las libretas espiritas del iniciador de la Revolución, que nunca los espíritus que le hablaban, le advirtió que su mejor militar, su hombre fuerte, su brazo armado, Victoriano Huerta, lo traicionaría y asesinaría salvajemente.

Por estas mismas razones, la lógica de Gustavo Madero es elemental. No se van por falta de empleo, se van decepcionados del triste papel que tanto Fox como Calderón hicieron. Bajo la égida del último y con la complicidad del mismísimo Madero, cometieron tantas pifias que asustaron a los votantes y a los simpatizantes que no buscan empleo, sino la certeza de un partido rector de alto nivel y decencia. No dudo que algunos funcionarios panistas busquen en otros rumbos; allí está, por citar un caso, Lía Limón. Tenía derechos que el PAN le negó. ¿A quién demonios se le ocurrió imaginar que la señora Wallace podría ganar el DF? Los resultados están a la vista, la candidata dizque ciudadana quedó en tercer lugar, igual que el PAN bajo la dirección de Calderón y Madero. Y todavía este segundo espera fidelidad ante un partido que no supo más que cometer desatinos. Perdieron la presidencia, en la lucha por el DF pelearon duramente por el último lugar y apenas pudieron conservar la delegación Benito Juárez. Perder Miguel Hidalgo ante un joven incapaz, con severas limitaciones, pero aplicado en sus tareas, fue el colmo.

Si el PAN quiere volver a un segundo lugar para dentro de tres años, necesita cirugía mayor y esa operación pasa por quitarse de encima a políticos de sexto o séptimo orden que no han sabido darle sentido a un partido que fue tenaz oposición y hoy ni rumbo tiene. Podrían comenzar por disculparse con Manuel Espino, volver a los principios fundacionales y abrir sus puertas a cuadros profesionales, no bisoños que suponen que con la ayuda de Dios ganarán procesos electorales. Ya vieron que no.

El estilo elemental, tosco, de Madero ahuyenta a cualquiera. Si el PAN cuenta con políticos jóvenes, con talento, como Obdulio Ávila o Federico Döring, Mariana Gómez del Campo o Gabriela Cuevas, por qué insistir en que conduzcan el PAN valetudinarios de poca monta, personas que no acaban de entender qué es la política y cómo debe operar un partido en un contexto perverso como el que México padece.

El colmo es que Madero, sin que nadie se lo pida, informa que miles de panistas se van porque no tienen chamba. ¿Lo hubiera dicho Winston Churchill cuando perdió las elecciones luego de triunfar en la segunda Guerra Mundial? No.

Opinión 2012-12-10 - La Crónica

diciembre 09, 2012

Los indignados y los satisfechos

El mundo actual es complejo, no lo entenderemos si antes de poner barricadas no sabemos qué deseamos...


José Revueltas, en un texto poco conocido, habla de quiénes eran en América Latina las figuras mexicanas más populares cuando Lázaro Cárdenas era Presidente. Destacaba Vicente Lombardo Toledano, nacido en 1894, creador polémico de instituciones que jugaron un papel decisivo en las luchas antifascistas; algunas sobreviven. Perteneció a la generación llamada Los siete sabios y sus obras completas, superan los cien tomos. Sin duda, el continente no ha tenido una figura semejante, brillante y de profunda cultura. Fundó el Partido Popular Socialista y fue candidato a la Presidencia tratando de frenar al poderoso PRI. Fue un marxista lúcido y un luchador infatigable que cometió, al final de su vida, un acierto y un desatino. El primero, en 1967, al escribir un libro intenso: A un joven socialista mexicano, y en 1968, año de su muerte, señalar al movimiento estudiantil como anarquista.

La obra citada es una sincera reflexión dirigida a los jóvenes, son aceptables consejos para que se apoderen del pensamiento de Marx. Según el antropólogo Francisco Javier Guerrero, autor del prólogo de la segunda edición, hecha por la UAM, el marxismo es la doctrina de la emancipación humana. Hombre de su tiempo, Lombardo amaba a la Revolución Mexicana, a la que le vio potencial político hasta su muerte, cuando el PRI ya había momificado dicho movimiento. En consecuencia, suponía que era posible transitar de una revolución democrático-burguesa a una de corte socialista. La carta es conmovedora porque les pide a los jóvenes sean poseedores de una ideología y así de un proyecto revolucionario. Recomienda la lectura de los clásicos del marxismo y explica que sólo así, con la clase trabajadora, llegaremos “con los pies firmes sobre la tierra… a un futuro, sin imitación extralógica de lo ajeno; pero sin chovinismo aldeano, sin despreciar el internacionalismo proletario, que es información recíproca, intercambio de experiencias y estímulo y ayuda a los que luchan por los mismos ideales”.

Muerto el llamado socialismo real y ante el triunfo apabullante de la economía de mercado, los jóvenes se indignan, salen a las calles, protestan, chocan con la policía, pero todo ello sin ideología. El #YoSoy132 nada indica más que malestar, tampoco tiene sentido tener muchachos anarquistas que destruyen comercios y gritan consignas simplistas. No es Marx o Bakunin quienes los orientan, el suyo es un caudillo lamentable: los mueve y aprovecha su rabia natural. He vivido siempre entre jóvenes. Primero fui uno de ellos y milité en la Juventud Comunista, ahora y desde hace varias décadas soy profesor universitario de la UNAM y la UAM. Sé, pues, cómo piensa y actúa este amplio sector. Lo veo apenas preparado ideológicamente. Si en 68 los activistas tenían claridad política, un proyecto de nación, en 2012 se limitan a detestar a Peña Nieto y a su partido, sin duda incluyen al PAN y a los medios. ¿Cuáles son sus armas? No las ideológicas. Poseen furia natural (lo cual no es poca cosa), pero sin más soporte que la aversión que les brindó un demagogo ex priista.

Si lograran que Peña renunciara, lo que no consiguieron con el endeble Calderón, qué sigue: el sistema queda intacto, ¿por qué y quiénes lo sustituyen? En síntesis: ¿dónde está la propuesta alternativa? Revueltas, como Lenin, supuso que en el proletariado guiado por un partido. ¿Morena, el de la república amorosa donde están personajes como Monreal, Muñoz Ledo o Bejarano?

La indignación siempre es saludable, pero hay que mostrarla de manera inteligente y con una propuesta alternativa. Destruir comercios y cerrar calles es darles armas a sus enemigos. Deben prepararse intelectualmente para eliminar un sistema que no funciona y que no conseguirá eliminar las contradicciones.

El mundo actual es complejo, no lo entenderemos si antes de poner barricadas y tomar Palacio Nacional, no sabemos con precisión qué deseamos ideológicamente y cómo transitar a un cambio serio.

Excelsior - 2012-12-09

diciembre 07, 2012

Mancera: ¿Continuidad o cambio?

El título de esta nota es la pregunta que muchos periodistas, intelectuales y capitalinos en general se hacen. Me parece que, como en el caso de Peña Nieto, lo que por ahora cabe es el beneficio de la duda. Sin embargo, durante las dos ceremonias del pasado miércoles, hay elementos para suponer que el de Miguel Ángel Mancera podría ser un buen gobierno, eficaz y ajeno al corrupto PRD que hemos visto desde que lo tomaron las mafias, tribus y familias venidas de los bajos fondos políticos. Si algo acercó a miles de personas bien orientadas a tal organismo en la época en que Cárdenas era su voz más autorizada, su creador, fue el decoro político, la sensatez, la búsqueda de una izquierda moderna, acorde a los nuevos tiempos. Luego el partido se perdió y la mejor prueba de su corrupción radica en las delegaciones. Hoy vemos a un jefe de Gobierno del DF rodeado de algunos personajes brillantes y de talento, la mayoría honestos, como lo ha sido el propio Cuauhtémoc. Por añadidura, Mancera posee un discurso bien hilvanado, de propuestas razonables, no de ocurrencias o amenazas. Palabras cordiales. No las de Obrador y Ebrard.


Los mensajes que Mancera envió el miércoles son congruentes con un país que no desea corrupción ni políticos rijosos. Están más cercanos a la sociedad que a la clase política, tan conocida en México. La presencia de Cárdenas, que aceptó un cargo dentro de su gabinete, relaja. Pone sana distancia con quienes han utilizado al partido para sus propios fines y para desprestigiar a la izquierda histórica. No deja de ser extraño que un candidato ciudadano, producto de situaciones complejas dentro de un partido fragmentado y con graves desgajamientos, se convierta en la salvación de la política capitalina. Ante un PRI que en el DF es inexistente y un PAN que en doce años perdió su prestigio, el PRD con Mancera se transforma en un ejemplo positivo.

La duda persiste, alrededor de Miguel Ángel Mancera se mueven multitud de insanos intereses, pero es probable que los pueda derrotar y convertir al PRD en lo que tantos mexicanos vimos hace un par de décadas: como una esperanza. Simultáneamente, el organismo intenta recuperar sus principios y eso le da serias posibilidades de coadyuvar a buscar una nación de sano pluripartidismo. En pocos meses sabremos, como en el caso de Peña Nieto, si Mancera logra imponer sus modales y conducta política que hasta hoy no son una característica del perredismo.

Por ahora, dentro del PRD, coexisten dos amplias tendencias. No es difícil imaginar que la peor se irá tras de Obrador, en tanto que la más coherente intentará reconstruir un partido muy dañado. El futuro no es promisorio. AMLO arrastrará, en un país de caudillos, a muchos militantes de “las izquierdas”, PT, Movimiento Ciudadano y a las mafias que destruyeron la buena reputación inicial del PRD. Pero es posible contrarrestarlo con la actuación de un equipo preparado, decente y hábil para hacer política de alto rango. Ésa es una tarea compleja, que salvaría a dicho partido del desastre que se avecina cuando Morena se convierta en partido y Obrador exija de nuevo sumisión. Es el momento de las voces que saben que el camino es otro. Ya Obrador tuvo no una sino dos oportunidades. Es tiempo del relevo. Pero es más urgente darle al PRD características de una izquierda inteligente. En Brasil han gobernado espléndidamente un hombre venido del comunismo y una mujer combatiente que vio en la lucha armada la solución. Ambos tratan de cambiar el rumbo del gigante por métodos que son legítimos y reales en este momento, utilizando armas válidas en el arsenal político de hoy: la electoral. Apedrear policías y destruir comercios, deja las cosas peores. Para modificar al sistema es indispensable utilizar nuevas formas. El simplismo político de dividirnos en buenos y malos, es una torpeza. Allí está López Obrador, cada día peor, casi arrinconado, destilando odio y acabando con su propia imagen.

Miguel Ángel Mancera llega con un discurso distinto. Su mensaje y presentación del gabinete (discutible y resultado de ciertas concesiones a las mafias), fue aplaudido por un amplio sector de capitalinos de todas las profesiones y de diversos estratos sociales. Sus palabras fueron sencillas y directas. No hubo promesas grandilocuentes, la demagogia fue alejada. Eso hace que los capitalinos sean optimistas. Ahora existe la posibilidad de que los tres grandes partidos se pongan de acuerdo para darle a México no sólo tranquilidad sino evitar la violencia, la corrupción y las confrontaciones cotidianas. La Cámara de Diputados debe ser un recinto para debatir los grandes problemas nacionales, no una arena donde la agresión y el tedioso secuestro de la tribuna siempre salen de las izquierdas. La discusión debe superar a los insultos y el acarreo de organizaciones, como ganado, debe ser frenado.

En tal sentido, luego del breve periodo de Cárdenas como jefe de Gobierno del DF, no hemos tenido más que rijosos, taberneros, y nunca hábiles políticos. Con Mancera esperemos que se recupere el orden, aparezca la lucha civilizada, el debate inteligente y la corrupción sea frenada.

Opinión 2012-12-07 - La Crónica

diciembre 05, 2012

Los insultos entre intelectuales

Acabo de recibir y leer dos libros mexicanos: El arte de insultar, de Héctor Anaya, y una obra indefinible de Gonzalo Martré, autor de uno de las mejores novelas sobre el 68, Los símbolos transparentes: Idilio salvaje, una despiadada sátira sobre un personaje de tormentas: Consuelo Sáizar, quien de la nada irrumpió en la vida cultural mexicana apareciendo como directora del Fondo de Cultura Económica y enseguida como titular del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. El primero es un recuento bien documentado sobre las pugnas de distinguidos intelectuales mexicanos entre sí. Pleitos que surgieron de envidias, antipatías o simplemente por cobrar una afrenta. Los nombres de quienes han dejado huella en el arte mexicano de insultar son muchos y Héctor lo acepta, la lista sería eterna. Las diferencias en el mundo de los artistas suelen ser resueltas a golpes de inteligencia, con agudeza y mala leche. En estos encontronazos han participado desde figuras oscuras como Guillermo Sheridan hasta las monumentales como Jaime Torres Bodet y Salvador Novo.


Me parece que el de Héctor Anaya es un esfuerzo loable para saber cómo dirimen sus diferencias personales los intelectuales. Imposible hacer una obra totalizadora. Mi propio caso me lo aclara. Recuerdo que Jorge Volpi, en su tesis doctoral, convertida en libro, utilizó algunos intercambios de críticas en la época en que yo publiqué mi primera novela, Los Juegos. Fue un libro que ofendió a prácticamente la totalidad de los grandes escritores y artistas plásticos de aquella época, los que, por cierto, siguen siendo los mismos, salvo algunas bajas. La verdad es que Héctor pudo preguntarme algunos casos concretos sobre aquel escándalo que consiguió que una intelectual sensata como María Elvira Bermúdez escribiera en un afamado diario: René Avilés Fabila no es objeto de crítica literaria, sino de juicio penal. Respondí ataques y agresiones con muchas más, las publicaba normalmente en la revista generosa de José Pagés Llergo, en Siempre! Su dueño me veía llegar y preguntaba a quién se chinga esta semana. Debo confesarlo: fue un mal arranque, los odios me han seguido desde entonces y si bien en la literatura me inscribo en una tendencia fantástica, en el periodismo soy más directo. Sólo esta historia personal me hace pensar que en tal campo la lista es infinita y no fácil de obtener completa. Y Héctor lo prueba con docenas de frases irónicas de destacados literatos de otras nacionalidades.

El libro contiene, como añadido, entrevistas con algunos de aquellos que tenemos fama de peleoneros. José Agustín, Huberto Batis, Emmanuel Carballo y yo, a quienes Héctor considera insolentes o quizás arrogantes. De este capítulo me desconcertaron mis palabras, al contrario de las de mis colegas, son suaves, tersas, poco aguerridas. ¿Me estaré haciendo viejo o cobarde? A mi edad, Germán List Arzubide o Salvador Novo eran capaces de terribles palabras. En las redes sociales soy cordial y poco recurro a la violencia verbal, salvo con un pendejo que me exigió una reparación a Monsiváis por haberlo ironizado largamente. Para colmo, mis alumnos me aceptan con agrado y sólo los políticos me detestan, siempre solemnes y tan lejos del sentido del humor.

Héctor Anaya consiguió un libro interesante al documentar las insolencias y blasfemias de los intelectuales mexicanos. Algunas son muy divertidas e ingeniosas.

El libro de Gonzalo Martré, Idilio salvaje, es una prueba de lo dicho por Héctor. Gonzalo le dedica docenas de páginas a Consuelo Sáizar. No me gustaría ver su reacción si es que llega a leerlo. Pero como dice el refrán, quien siembra vientos cosecha tempestades. Los académicos dirían que Gonzalo escribió un libelo, yo lo veo como una crítica satírica, tal como la califica el autor. Pero es una prueba contundente de que hay en efecto mucha maledicencia en los escritores, sobre todo si han sido agraviados por el poder. Consuelo, cuya gestión fue para beneficiar a sus amigos y humillar a sus enemigos, pasó a la historia nacional de la infamia con este libro terrible.

Entre ambos libros, se abre la posibilidad de analizar con buen humor a los complicados intelectuales. Cuando medio México intelectual me insultaba (el otro medio México me apoyaba) por ironizar a los futuros clásicos, Rafael Solana escribió un artículo en El Universal pidiendo una lectura humorística de mi novela Los Juegos, otro tanto hicieron en México en la cultura Juan Vicente Melo y el fino narrador Antonio Magaña Esquivel y mi querido Andrés Henestrosa hacían notar que si en la literatura mi pasión era la fantasía, en el periodismo mi saña era a veces excesiva. Pero no hay que tomarse tan en serio las pugnas entre intelectuales, por ahora muchos son producto de su cercanía con el poder. Están en espera del juicio de la historia. Yo no seré célebre, pero eso tiene una ventaja: no habrá una calle con mi nombre, eso evita el riesgo de hacer esquina con Octavio o, peor todavía, con Carlos Monsiváis. Por cierto, el primero dijo que Monsi no era un hombre de ideas, sino de ocurrencias. Para colmo, Paz escribió un artículo irónico calificándome como Ah vil es. Y yo recordé que Chucho Arellano escribió que el poeta era peruano, pues en los círculos literarios le decían el Inca-Paz, por sus plagios reconocidos.

Opinión 2012-12-05 - La Crónica

diciembre 03, 2012

La izquierda y "las izquierdas"

La Revolución Francesa formaliza el concepto izquierda y lo utiliza. Marx y Engels no pensaron en el término sino en el proletariado como impetuosa clase social emergente. La Comuna de 1871 les permite ver la necesidad muy puntual de crear un partido vanguardia de las luchas obreras. Lenin desarrolla ampliamente la idea y crea un partido del proletariado, su vanguardia, la punta de lanza de las luchas por el poder. En ese momento, ante el crecimiento del imperialismo, última fase del capitalismo, no ve más solución que la lucha armada. La de Lenin y los suyos fue una lucha violenta. Así suelen ser las revoluciones, antes que aparecieran las aterciopeladas y las floridas que produjeron débiles cambios en las sociedades que actuaron.


América Latina se debatió entre dos tipos de lucha: la armada y la vía electoral. El Partido Comunista en México tuvo indecisiones al respecto, buscó afanoso su camino. Lombardo Toledano daba sus puntos de vista y el Partido Comunista fue evolucionando hacia otras posturas a través de búsquedas que pasaron por el prosovietismo, la toma violenta del poder, el eurocomunismo, en fin, multitud de posibilidades fueron analizadas. Prevalecieron la ortodoxia, la severa presencia del PCUS y la escasa imaginación. La Revolución Cubana, por un tiempo, fue una enorme inspiración para los jóvenes. Luego de 1968, se generalizó la idea de que no era posible modificar el estado de cosas sin la guerrilla convertida más adelante en ejército popular. México tuvo diversas intentonas guerrilleras que fueron literalmente masacradas. Hoy las recordamos como “guerra sucia”. La muerte de Ernesto Guevara en Bolivia, detuvo el avance de quienes veían la salvación en la lucha armada. Tanto las guerrillas rurales como las urbanas fueron cayendo una tras otra. El enemigo aprende también, había sentenciado Fidel Castro. EU se convirtió en una eficaz y brutal máquina antiguerrillera.

Hoy a pocos se les ocurre irse al monte a crear un foco guerrillero. Salen a las calles ejecutan actos de mero vandalismo y ante la ineptitud y temor político de las “izquierdas” oficiales, destruyen lo que pueden. No son todos los jóvenes, son un grupo sectario, cuya devoción por un caudillo surgido del PRI, los transforma en liberadores del país. El problema no es quitar a Peña Nieto sino transformar al país. Van tras él como fueron sin éxito en pos de Calderón. Quedan instituciones aunque avejentadas, sólidas y por supuesto Fuerzas Armadas difíciles de vencer. Si no lo creen, pueden preguntarle al subcomandante Marcos.

Ante los hechos de ciega violencia, donde no hay un programa político, una ideología clara y precisa, “las izquierdas” se dividieron en dos amplios grupos. De un lado los que gritan fraude y acometen contra negocios pequeños, monumentos de enorme simbolismo patrio, golpean a quien suponen enemigo (el policía que recibe órdenes) y aquellos que han contribuido grandemente al caos de esas propias fuerzas, las que ahora llaman al orden y al civismo, a dar luchas políticas y no a cometer acciones vandálicas. En medio de esta confusión, las redes sociales contribuyen con entusiasmo: ya van varios estudiantes muertos, nos están masacrando, alto a la violencia, mueran los dueños de México, queremos libertad… El propio Marcelo Ebrard trata de evitar no tanto que la cordura retorne y que los jóvenes obradoristas den la pelea dentro de cauces civilizados. Por desgracia, no son los que imperan.

Salvo varios países asiáticos y africanos, existen muy pocas naciones que proporcionen elementos sociales y políticos para levantarse en armas y tomar el Palacio Nacional. Los resultados son el ridículo y la enemistad de quienes hasta hace poco vieron en López Obrador un salvador o una posibilidad de modificar la situación de México. Está visto que el sistema no es fácil de destruir, no basta con mandar al diablo a las instituciones. Por seis años pidieron la salida del “teporocho de Los Pinos” y éste salió por la puerta que le cerraron para rendir protesta, triste (como todo el que deja el poder), pero sin mayores problemas. Y pensar que miles de personas canalizaron su malestar para derrumbarlo.

La lucha por ahora tendrá que llevarse por cauces formales, a través de debates, pugnas intelectuales, batallas sociales dentro de los cauces legales. Apedrear policías, echarles bombas molotov o destruir monumentos, a nadie le ayuda, menos a su causa. La izquierda ha encontrado el camino ideal para autodestruirse. El arrogante PRI, el humillado PAN y el confuso PRD, verán cómo las huestes de Obrador contribuyen a la eliminación de un proyecto avanzado que llegó a su punto límite. O buscan un camino civilizado por frenar a los “treinta dueños de México” y a las televisoras comerciales y al PRI y al PAN o mejor se incorporan a algunas de estas instituciones explotadoras.

En menos de tres años, ya quienes el sábado jugaron a la revolución urbana, verán cómo gracias a su desaforado vandalismo sin ideales, reforzaron a la derecha, al sistema que tanto dicen odiar. De parte del conservadurismo mexicano, ¿para qué golpear a las “izquierdas”, si ellas solitas están dándose en la madre?

Opinión 2012-12-03 - La Crónica

diciembre 02, 2012

Política: ¿ciencia, arte o charlatanería?

Los mexicanos piensan que el nuevo mandatario traerá la felicidad, la prosperidad y la justicia social.


Hay quienes ven a la política como un arte complejo, una suerte de ajedrez que demanda habilidades intelectuales extremas. Para otros es una ciencia, como para los marxistas, sujeta a severas reglas de comprobación. México está distante de ambas posturas, entre nosotros prevalece una absoluta degradación política, el triunfo del pragmatismo obvio. Es oportunismo puro, la búsqueda de una mejor hacienda personal, no hay ideologías y quienes están fanatizados por el poder lo desean para beneficio propio. Si en la época de Lázaro Cárdenas hubo principios y una clara idea del rumbo nacional, hoy, en plena globalización, México va al garete. No existen las certezas, sólo ocurrencias, decisiones precipitadas. ¿Estadistas de gran aliento? Ninguno. Es probable que el último esbozo haya sido Adolfo López Mateos, quien se desdobló entre el buen gobernante y el hombre autoritario empeñado en mantener en la cárcel a un pintor comunista, Siqueiros. Los demás son, guste o no, del montón, de ese mundillo de políticos latinoamericanos carentes de grandeza. Con frecuencia, más cercanos a la tiranía que a la libertad y al desarrollo económico solidario.

Si Max Weber y el literato Albert Camus le demandaban al político buscar una y otra vez lo imposible (éste último en una bella metáfora, pedía darle la luna al pueblo, si tal era su exigencia), los presidentes mexicanos se concentran en poner modestos parches aquí y allá, y ajustarse lo más posible al centro, por más que provengan de la derecha histórica y otros sean de una izquierda reciente e ilusoria. Fidel Castro tuvo en su momento ese sueño, sin embargo, el derrumbe de la URSS le impidió llevar a cabo lo que junto al Che Guevara imaginaron: el hombre nuevo, la abolición del Estado, la inexistencia de la división de clases sociales. Lo que Marx, Engels, Lenin y Trotsky vieron como un cambio en el destino de la humanidad.

Los mexicanos a su vez, a pesar de los cambios ocurridos, siguen participando en el juego de las esperanzas perdidas. Agotado un sexenio de fracasos, ruidosos o discretos, piensan que el nuevo mandatario traerá la felicidad, la prosperidad y la justicia social. La política es entre nosotros una extraña religión, odiada y buscada, que nos dará los beneficios indispensables para vivir con certidumbre colectiva. Ya se fue Calderón y nos dejó mal, pero llega Peña Nieto con un saco cargado de espléndidas promesas y en el fondo la esperanza. Cada seis años participamos gustosos.

En tal sentido, los medios ahora, acaso representándonos, ven una nueva oportunidad para que México avance. ¿Por qué? Ya tenemos los nombres de los colaboradores inmediatos de EPN. No son para saltar de alegría. Ninguno es un poderoso estadista, a lo sumo son hábiles políticos. La cultura es un talón de Aquiles que no será subsanado. En Gobernación no hay una clara idea de cómo trabajarán. El perfil del secretario de Educación parece ajeno a las nuevas funciones y la presencia de Rosario Robles más que sugerir pluralismo, indica que el gobierno de Peña Nieto seguirá la ruta de las dádivas, en lugar de restructurar la política económica y estimular la creación de empleos. Se inclinará por lo que políticamente a Obrador y Ebrard les dio éxito.

De cualquier forma hay desesperanzas y pocas ilusiones, la agresividad crece, pero es el momento de ponerse optimista y esperar a que durante los próximos seis años se logre la reunificación del país intensamente fragmentado y con visos de violencia, caótico. Peña Nieto no parece ser el estadista buscado por México, pero goza de una relativa popularidad positiva. Hace un esfuerzo (su mensaje de ayer lo indica), no hay duda. El gabinete no es el ideal, pero son mejores que los que acompañaron a Fox y a Calderón. Son políticos profesionales, de mayor experiencia.

El triste juego de Pandora, quizás algún buen día nos permita ser la nación que todos queremos.

Excelsior - 2012-12-02

noviembre 30, 2012

¿El fin de la pesadilla?

A horas del cambio de poderes. El presidente Felipe Calderón insiste en mostrarnos sus logros. Al parecer dos de ellos son el deporte y la cantada, pues con frecuencia lo vemos en los medios televisivos pedalear y hasta cantar de manera desafinada y sin respeto a la banda que porta simbólicamente en el pecho. Si al menos fuera Plácido Domingo, nos alegraría escucharlo, pero con esa voz lamentable da risa. Haría un buen coro con Consuelo Sáizar, su titular del CNCA, quien según las crónicas escritas por el infatigable novelista Gonzalo Martré y dadas a conocer a través de Internet, quien recién acaba de publicar un libo donde la muestra de cuerpo entero, no canta mal las rancheras. La llama incluso, con escaso respeto a su imaginaria alta investidura cultural y su facilidad para gastar dineros públicos, “cantante de rancheras”. El deporte desmiente a quienes acusan al mandatario de que suele pasarse de bebidas espirituosas. Ha inaugurado carreteras en bicicleta y participado en carreras maratónicas.


La gente sencilla y la complicada también se preguntan por qué tanta fiesta si su sexenio estuvo lleno de ruidosos fracasos. Es posible hallar la respuesta en una anticipada defensa de las críticas y acciones punitivas que puedan darse una vez que deje Los Pinos en manos de su enemigo el PRI.

Pese a los comentarios adversos, Calderón recorre el país, como Marcelo Ebrard lo hace en las abrumadas calles capitalinas, sin descanso: inaugura obras inconclusas, declara, pronuncia discursos infatigables llenos de lugares comunes y justificaciones no solicitadas. No obstante su euforia, hay cifras que lo contradicen: si hizo su mejor esfuerzo, no fue suficiente. En materia de derechos humanos, lo que implica hablar de lucha contra el crimen organizado, fracasó por completo, ruidosamente. Según el presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Raúl Plascencia, el periodo de Calderón deja “más de 100 millones de delitos y 46 mil muertos”. Una cifra escandalosa para un mandatario salido de las filas de un partido que afirma tener principios éticos y una gran cercanía con Dios, al que Felipe Calderón ha citado con frecuencia, dejando de lado que el nuestro es un Estado laico.

La cifra de muertos no parece ser exacta, varía, hay medios y organizaciones responsables que hablan hasta de 70 mil fallecidos sin contar los desaparecidos. De cualquier manera, aceptar 46 mil es algo que no puede enorgullecer a nadie. EU en la guerra contra Vietnam tuvo alrededor de 55 mil bajas, como consta en el cementerio de Arlington. Y ésa fue una guerra de gran violencia que los norteamericanos perdieron. En México, 46 mil o 70 mil, qué importa, es algo monstruoso. Indica que el Presidente nos metió en un problema de largas consecuencias y que parece no tener fin. Se despide dejándonos una suerte de memorial donde se recuerdan las bajas oficiales: apenas unas cuantas más de 200 muertes de soldados y marinos, de policías. ¿Y los demás, aquellos que murieron en lo que llamamos efectos colaterales?

Habría que obtener primero una cifra de los criminales liquidados físicamente, sumar a los que han sido detenidos y finalmente veríamos que el mayor número de víctimas han sido civiles, personas que nada tenían que ver con la guerra entre Calderón y el crimen organizado. ¿A ellos quién los va a recordar? ¿Sólo Javier Sicilia, algunas organizaciones de derechos humanos? ¿Quién? Sin duda sus amigos y familiares. Para los demás son solamente una cifra, una cifra que es utilizada con fines políticos.

También Raúl Plascencia tuvo algunas alusiones a la tortura. Calderón no ha respondido o mejor dicho, nos explicó que no había otra solución más que la de entrar en esa guerra. No deja de tener razón cuando precisa que fue un problema heredado por la complacencia de los gobernantes anteriores a él, pero no justifica el haber entrado en una guerra descomunal sin ninguna preparación, sólo suponiendo que las Fuerzas Armadas del país podrían vencer con relativa facilidad. No ha sido así. El crimen organizado, en un país pobre y en manos de pésimos políticos, es capaz de renovar sus cuadros dirigentes sin mayores dificultades. Por otro lado, México carece de verdadera inteligencia. No es EU, tampoco Israel o Alemania. Entonces los éxitos llegan por denuncias, por pugnas internas de los capos, por accidentes, jamás porque las autoridades realizaron un trabajo espléndido de inteligencia.

De otra parte, es bien sabido que las Fuerzas Armadas no estaban preparadas para una lucha de tal índole. Sus rutinas y educación persiguen otros fines. Se han ido formando en la lucha cotidiana y entonces no es difícil que de pronto cometan errores y hayan recurrido a métodos que no deberían existir como la violencia y la tortura.

El siguiente gobierno tendrá que replantearse a profundidad el problema y ver cómo es posible mantener la lucha llevándola con inteligencia y eficacia. No será fácil: hay que retirar al Ejército y la Marina de las calles, luego de lograr una eficaz policía capaz de combatir con éxito al crimen organizado y al narcotráfico. En eso hay que pensar y no preocuparse más por las fiestas de despedida de Los Pinos de Felipe Calderón. La historia lo juzgará, dice la frase común. La realidad es que ya lo juzgó y lo halló culpable.

Opinión 2012-11-30 - La Crónica

noviembre 28, 2012

El DF y la cultura

La ciudad de México es dueña de una rica herencia cultural. Es el centro de un amplio país que carece de política educativa y cultural. La parte artística tiene vida propia, se mueve por profundos instintos estéticos. Posee, por donde la veamos, ricas herencias culturales. Sólo que nunca ha sido capaz de darles cohesión, sentido, organizarlas. En nuestra tradición, el Estado se ocupa de tales tareas, pero en vista del crecimiento caótico del país y en especial de la ciudad capital, las ha descuidado desde los últimos gobiernos del viejo PRI y, desde luego, en los dos periodos panistas, donde se llegó a niveles ignominiosos. Hoy, a punto de tener nuevo Presidente y nuevo jefe de gobierno capitalino, el problema sigue en pie y se agrava por las ambiciones personales de algunas figuras intelectuales y sobre todo por los deseos de poder de una burocracia, que contrabajos ha leído tres libros memorables y quiere darle algún sentido al esfuerzo.


El DF es el peor caso. López Obrador tuvo el tino de brindar a la cultura capitalina rango de secretaría, nombrar a Enrique Semo titular y crear un Consejo de Cultura (del cual formé parte) y el desatino de imaginar o suponer que la cultura es espectáculo, entretenimiento. Las casas de cultura y la propia dependencia han aumentado el tamaño del desconcierto, pues sus actividades son de una alarmante pobreza: pésimas exposiciones, cursos elementales, fiestas cívicas, cursos de guitarra y de folklore.... Por razones más políticas que culturales, todo el esfuerzo se canaliza a gastar un presupuesto que ni convence ni modela a los usuarios y vecinos. Al contrario, en Tlalpan, por ejemplo, sus conciertos de rock y los deseos de poner en el Bosque, área natural protegida, una pista de hielo, provocaron una reacción violenta, aguerrida, de los vecinos. Por otro lado, la ciudad ha padecido la devastación cultural de malos gobiernos. No es fácil ver un movimiento artístico moviéndose por toda la capital. Los grandes centros educativos y culturales van más bien del Centro, lugar de su pasado esplendor, al sur, a donde se han ido siguiendo la ruta de la UNAM. Tenemos zonas privilegiadas y zonas desamparadas. En lo personal, he intentado poner el Museo del Escritor en toda su amplitud; la delegación Miguel Hidalgo le dio cobijo, hoy no sabemos que será de esa muestra de un proyecto ambicioso e inconcluso por falta de apoyo.

Dentro de tal confusión, todo intento “cultural” es para darle popularidad a un funcionario. El mayor ejemplo han sido López Obrador y Marcelo Ebrard, quienes se hicieron rodear ruidosamente por algunos de los más afamados intelectuales y de plano los hicieron intelectuales orgánicos, a su completo servicio y no al de la sociedad. Las actividades, al contrario de lo afirmado por Mario Vargas Llosa en su notable libro La civilización del espectáculo, han privilegiado a la cultura popular de estilo televisivo. Toda gran acción va al Zócalo a llenarlo con música de rock, cuando es un tipo de música que no demanda apoyos estatales a causa de su éxito. Es el arte mayor, el que necesita apoyo. Es, como lo afirma Vargas Llosa, la alta cultura la que requiere del sustento oficial.

El DF necesita darle coherencia a su Secretaría cultural. Para ello no se exigen agitadores ni discursos violentos, lo indispensable es realizar un trabajo de reflexión colectiva, donde participen los intelectuales, artistas plásticos, académicos, periodistas y promotores culturales, en fin, todos los involucrados en las artes, y crear un proyecto serio de difusión cultural, el que bien podría estar vinculado al trabajo que hacen dos importantes instituciones educativas: la UNAM y la UAM.

Desde hace tiempo que la cultura se está, por decirle de alguna manera, privatizando como resultado del desdén de las más altas autoridades del país. Es natural por otra parte, pues la globalización ni contempla los aspectos culturales y la identidad nacional ni el Estado siguen tan preocupados como en los momentos en que, más por razones políticas, fue creado el CNCA por Carlos Salinas. Aquí y allá los particulares hacen fundaciones culturales, algunas serias, otras para evadir impuestos, los jóvenes recurren a internet para dar a conocer sus trabajos artísticos, abren blogs o se dan a conocer a través de las redes sociales.

Una forma de recuperar los grandes proyectos intelectuales que surgieron de la Revolución, es crear una novedosa, audaz, política cultural. Como van las cosas no será cosa nacional, pero podría serlo a escala capitalina, lo que no es poca cosa ni tarea menor, sino una empresa colosal y ejemplar. Seguimos siendo ciudadanos de segunda clase los defeños, pero también el eje de los poderes y de la cultura. Sería una ventaja del centralismo que sufrimos, aprovechar la presencia en el DF de grandes figuras del arte y apoyarnos en ellas para edificar algo distante de proyectos populacheros. Una reforma cultural es lo que necesita una ciudad descomunal, con graves problemas que hasta hoy no han estallado por fortuna. Darles a los capitalinos arte legítimo, mostrarles las otras vías de la cultura, las más altas, es recuperar un pasado espléndido. El resto, lo popular, los medios electrónicos comerciales lo hacen a la perfección.

Opinión 2012-11-28 - La Crónica

noviembre 26, 2012

La cultura en internet

El Búho, como suplemento cultural, apareció en el antiguo Excélsior en 1985. Allí estuvo casi trece años y consiguió un alto número de lectores, el respeto de la comunidad intelectual y, desde luego, diversos premios, entre ellos el Nacional de Periodismo en la rama cultural que concedía el gobierno de la república. Luego vino un acto de censura en mi contra, no en El Búho, sino en la sección editorial donde publicaba artículos políticos. Me vi obligado a renunciar a ambas tareas: si uno acepta la censura una vez, la tolera para siempre. Ante el silencio cómplice, escribí un artículo: “El callado golpe a la libertad de expresión”, que sólo una revista académica publicó.


Al dejar Excélsior, aquellos directivos, irritados, desaparecieron el suplemento. Conmigo se salió la mayor parte de los colaboradores, unos ochenta, entre periodistas culturales, escritores, artistas plásticos, críticos. Puedo decir que entonces nos vimos forzados a resucitar a El Búho ahora como revista. Esto fue hace más de trece años. Hicimos la revista sin ninguna experiencia y sin dinero. El tiraje inicial fue excesivo: diez mil ejemplares que se quedaron arrumbados, no teníamos aparato distribuidor. A los tres meses, optamos por imprimir la mitad y regalarla a quien lo permitiera. Tampoco fue fácil. Así vivimos mucho tiempo. Del bolsillo de Rosario Casco y del mío salían los dineros para pagar diseño, papel e impresión, también el envío de periodistas culturales. Finalmente los recursos se acabaron y optamos por mantenerla en internet, donde ahora aparece cada mes, con un diseño atractivo.

Sabemos que el futuro es internet, pero por ahora coexiste con los impresos y quedan millones y millones de lectores que prefieren o aman el papel. Cuando anunciamos que la revista dejaría de aparecer impresa, diversos colaboradores renunciaron al esfuerzo y dejaron de colaborar. En cambio, muchos jóvenes se han acercado a nosotros con sus materiales, a veces de buena manufactura. No ha sido fácil entrar de lleno a internet dejando de lado la revista impresa. Pero vamos avanzando pese al desinterés de los medios en la cultura.

Tenemos tres formatos para leer la revista: Online, Mutimedia y Básico. Los tres incluyen PDF de la revista completa. Hemos creado bases de datos que se actualizan cada vez que llega un número nuevo. El buscador funciona con facilidad, sólo hay que teclear la primera palabra y buscar. Existen, además, enlaces con Facebook y Twitter. Es posible buscar por autor, tema, título y artista. La portada siempre está destinada a un pintor de talento y aparecen los artículos más destacados. Haga la prueba: http://www.revistaelbuho.com/libro/144/index.html.

Las personas pueden participar enviando artículos que, previamente valorados por el Consejo Editorial, estarán dentro del número que se les asigne. Se pueden suscribir para recibir actualizaciones mensuales. Los datos que nos hacen llegar los lectores para suscribirse son conservados de forma segura y la base de datos es confidencial. Los anuncios que tiene El Búho poseen su propio sistema de control, por fecha, para dar de alta o baja con facilidad la publicidad contratada. En este sentido, tenemos varios formatos, tamaños y lugares dentro de la revista para colocar los anuncios.

En la portada aparece todo el número de la revista Online con pequeñas entradas de cada artículo, tiene toda la información de colaboradores, artistas plásticos, etcétera. Su contenido posee un sentido útil, práctico, visual e informativo. Desde luego, cada escritor y artista plástico tiene su página y correo dentro de la revista. Tal información aparece desde la portada con el nombre de cada uno de ellos. Finalmente, el sitio está diseñado para que se visualice con facilidad en todos los navegadores.

Algunas estadísticas.

En octubre del 2010 la revista Online tuvo 53 visitas sin haberla anunciado.

De octubre a diciembre del año pasado, 2011, hubo 173 visitas a pesar de que seguíamos sin anunciarla. Pero en septiembre de 2012, el número de visitantes aumentó a 2,872. Cada uno consultó un promedio mínimo de 8 páginas, teniendo una lectura aleatoria de 103,514 por mes.

En 2011 los visitantes fueron 5,831 con una lectura promedio de 300,350 páginas en el año. A la fecha, tenemos 17,987 visitantes, con una lectura aproximada de 654,222 páginas. Los días de mayor lectura son sábados y domingos. El día que tenemos más visitas superan las 1,014 personas. Contamos con visitantes de todo el mundo. El mayor número es naturalmente de mexicanos. Luego los hay de EU, Argentina, España, Colombia, China, Ecuador, Perú, Francia, Finlandia, Alemania, Chile, Rusia, Gran Bretaña, Uruguay, Japón, Venezuela, Italia, y otros más.

Desde luego, hay mayor información en las páginas de Google, pero El Búho está incluido en más de 20 directorios importantes y en más de 2,000 distintos buscadores. El sistema operativo que tiene el 78% es Windows y el navegador principal es Internet Explorer. En un año, los visitantes en número de 1,271 entraron directamente desde la carpeta de “Favoritos”. Los restantes, a través de enlaces desde Facebook, el blog y la página web de René Avilés Fabila, director de la revista, Oleajes, Fundación René Avilés Fabila, Galería o a través de buscadores tecleando “El Búho”.

Por todo ello, velozmente explicado, es que consideramos tener una gran revista que ofrecer a los lectores de internet.

Opinión 2012-11-26 - La Crónica

noviembre 25, 2012

DF: frenar su acromegalia

El mejor alcalde del mundo deja una severa deuda y graves problemas.


La Ciudad de México, fundada por los aztecas en la región más transparente del aire, según dijo Reyes, destruida totalmente, la rehicieron los españoles. Balbuena le dedicó una obra memorable, Humboldt y la marquesa Calderón de la Barca la elogiaron y Novo rescató sus sitios mágicos. Recuerdo el entusiasmo de la noticia cuando el DF llegó a tres millones de habitantes. Mi niñez transcurrió en una ciudad apacible, donde quedaba mucha vegetación y todavía uno encontraba pequeños lagos y ríos. Hoy es una fábrica de humanos, padece las atroces consecuencias de la sobrepoblación y siempre con lamentables gobiernos. Imposible separar al DF del Edomex. El aquí nos tocó vivir de Fuentes, significa compartir pesadillas y problemas abrumados por unos 20 millones de seres que pueblan el Valle de México. El Metro llegó tarde, los ejes viales y las vías rápidas edificadas sobre ríos ya de aguas negras, y los segundos pisos no sirven… Es una fortuna no haber colapsado. Pero se pierden horas de trabajo en la transportación y el desgaste físico es enorme. Las políticas de desarrollo no existen. Nadie acaba de entender, el populismo imperante, que el crecimiento capitalino debe ser frenado. La experiencia de pasados desastres naturales sólo consigue amontonarnos en media calle. El DF es la mejor prueba de que somos un país centralista y una torpe capital que permite la destrucción de sus joyas arquitectónicas, como el Paseo de la Reforma; tolera el caos de ambulantes y trastornos de terrenos y uso de suelo, que arruina monumentos como el de la Revolución; elimina sistemáticamente la vegetación y le ha entregado el Zócalo al espectáculo. Ver la actual Alameda y compararla con la que existió es ponerse a llorar de indignación por la demagogia de Ebrard y Martha Delgado que, a cambio de dólares, nos trajeron un tirano a adueñarse de un trozo de jardín. ¿Hablar del transporte público, donde han convertido al auto en majestad?

El mejor alcalde del mundo deja una severa deuda y graves problemas. A cambio y en contra de toda lógica, propone un proyecto de diez años de duración. Ebrard envió a la ALDF el Programa General de Desarrollo Urbano del DF 2012-2022 (PGDU), el cual ha sido rechazado por especialistas y ciudadanos. Enrique Fernández del Valle, entendido en desarrollo urbano, dice al respecto: “Considero se debe procurar el respeto al entorno y no permitir diseños que afecten el contexto de la zona como se permite actualmente, donde sólo se respeta una crujía del inmueble histórico catalogado y atrás se construye un inmueble de mayor altura y con materiales modernos. Las áreas históricas que nos quedan son muy pocas y los inmuebles menos, por lo que se deberá cambiar la normatividad para protegerlos de forma efectiva y no permitir usos de suelo no compatibles”. Lo que han hecho ciudades como Londres, Buenos Aires, Berlín, Praga, Nueva York y París, entre otras.

Continúa Fernández del Valle: lo más grave del PGDU es que “no se tomó en cuenta la vulnerabilidad de la ciudad ante eventos de alto riesgo como: sismos, inundaciones, estabilidad de laderas, consistencia y resistencia de suelos, fallas, grietas y fisuras tanto activas como pasivas; así como tampoco la disponibilidad, capacidad y condiciones de la infraestructura (agua, drenaje, energía eléctrica, vialidades, disposición de residuos), con lo cual sustentar los incrementos de densidad propuestos”.

Kenia Ramírez, en este diario, comenta las recomendaciones de expertos en materia de planeación y ordenamiento urbano de la UAM, quienes apuntaron: “La recomendación es no aprobarlo debido a que es un documento que no cuenta con los elementos mínimos necesarios para constituirse como un instrumento de normatividad territorial para el DF”.

Queda mucho en la computadora como la basura, la calidad del agua y del aire. Pero todo es parte de un libro que la historia escribirá.

Excelsior -2012-11-25