Tantadel

enero 16, 2012

Ciudadanos y políticos

Nada más distante de un ciudadano que un político. Podemos aceptar la idea clásica aristotélica de que el hombre es un animal político, pero el que tendamos a reflexionar políticamente no nos convierte en profesionales de la administración pública. En México, en vista de la repugnancia que producen los partidos, la sociedad se ha visto obligada a dos cosas: a rechazarlos o a pretender que un ciudadano de pronto se convierta en gobernante. Esta última posibilidad le elimina la respetabilidad que le concede ser parte fundamental de la sociedad y ponerse al servicio de un partido, el que sea. Las leyes en tal sentido son rígidas y para postularse a un cargo de elección popular es indispensable la aceptación de uno de ellos. Por más que se diga independiente, tiene que asumir algunos compromisos con el postulante.

La impresión que en general producen quienes son ciudadanos y de pronto saltan a un partido es que era el proyecto o fueron consolidándolo poco a poco. Nadie resiste el poder. Algunos para explotarlo, otros para hacer el bien o al menos intentarlo. En Tlalpan, hace años, hubo un aspirante a delegado ciudadano, José Alcaraz, me pareció que si sus intenciones eran las de contribuir a la dignificación de una tarea altamente desprestigiada y en una delegación por donde han pasado los más corruptos perredistas, de El Pino a Higinio Chávez, como vecino de esta zona debería ayudarle. Fue aplastado. Más adelante se sumó al PRD, se hizo furibundo pejista y marcelista, se olvidó de la ciudadanía y sus viejos propósitos, hoy ocupa un importante cargo y con frecuencia veo acusaciones de corrupción o ineficacia en su contra. Entiendo. Para ganar es necesario estar afiliado o vinculado a un partido político, estos son tiempos de saltimbanquis.

En las redes sociales suelen exigir candidatos ciudadanos. ¿Pensarán que esta posibilidad libera de ataduras con los partidos? Al contrario. Hay que distinguir en principio al verdadero ciudadano del político en ciernes. Lo que tenemos realmente son políticos que no tienen una clara militancia, aunque sí simpatías por alguno de ellos. Un ciudadano bien intencionado, decente, con cultura y conocimiento de los problemas, debido a nuestra legislación, tiene que poseer una base, una estructura, recursos económicos; el IFE no se los dará a él a menos que tenga un partido como apoyo y representación. Por más candidato ciudadano que se diga, contenderá por una plataforma y un conjunto de ideas y valores que caracterizan a un organismo político. Por más que el PRD diga querer ciudadanos para cargos de representación popular, no los tomará de entre sus mayores críticos, sino de personajes afines. Los ejemplos son infinidad. Pero si alguien acepta la mejor propuesta hecha por un partido político, estamos ya en presencia de un arribista, alguien de origen ciudadano, ciertamente, pero que ha asumido un compromiso con un organismo cuyas reglas son más o menos claras.
Jorge Castañeda quiso ser candidato presidencial ciudadano y no pudo a pesar de la larga batalla que dio. Si hubiera sido propuesto por un partido en calidad de aspirante ciudadano y se hubiera comprometido a tener algún respeto por los valores que representa, tal vez hubiera conseguido su objetivo. Fuera de la partidocracia nada, dentro de ella, todo, incluso la ausencia de tablas axiológicas. El PAN acaba de dar una clara muestra de este tipo de acciones, cínicas y demoledoras para sus principios fundacionales. ¿Para qué Calderón y Madero solicitaron que sus militantes buscaran la candidatura al GDF a través de procesos de apariencia democrática, si con tal de ganar votos recurrieron a una figura externa, quien ya había tenido contactos similares con PRI y PRD? Eso fue un dedazo a la manera del PRI tradicional. Jamás un acto abierto y limpio. En todo caso, el PAN pudo ponerla a competir por el cargo con los demás aspirantes. Optó por una acción autoritaria.

La señora Miranda de Wallace tiene todavía un alto prestigio, pero lo irá perdiendo en la medida en que se asuma, muy a su pesar, según dijo, candidata y quizá funcionaria panista. No representará tanto a la ciudadanía como al partido que la “convenció” de abandonar la postura que la hizo famosa. Con cautela, Javier Sicilia mostró su desacuerdo. Hay mejores rutas para los ciudadanos, como la movilización social, la búsqueda de grandes proyectos ideológicos que permitan la transformación positiva de México. ¿Por qué suponer que el cambio se da desde adentro del monstruo? En la época en que la izquierda existía, cuando alguien se hartaba de pobrezas y luchas desiguales, justificaba: Entraré al PRI para modificar las cosas y hacer la revolución desde adentro. Está visto que no hemos transformado las argucias para llegar al poder. Queda una inquietud: ¿Es posible gobernar un Estado populoso y conflictivo sin ninguna experiencia? La lucha social, ciudadana, se da desde la sociedad y en contra de los excesos del poder.

El notable Fernando Vallejo tiene razón en su definición de los partidos: PRI: escuela de corruptos. PAN: alcahuetes de corruptos. PRD: disidencia de corruptos. PT: apéndice de corruptos. Verde Ecologista: empresa familiar de corruptos. ¿Con cuál de ellos los ciudadanos quieren perder la virginidad?

Opinión 2012-01-16 - La Crónica

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