Tantadel

enero 01, 2012

Conaculta y la China Mendoza

No hay política cultural: hay odios y amores, ignorancia y perversión.

Desde que el PAN se instaló en Los Pinos, la cultura oficial ha venido a menos, ha perdido dignidad y en lugar de crear un magno proyecto de política cultural, los dueños del Conaculta se concentran en ideas propias y arbitrarias, en glorificar a los ya glorificados por el antiguo régimen. Hace 50 años satiricé en una novela, Los juegos, al grupo que se hacía llamar La Mafia, enaltecido en un libro de Luis Guillermo Piazza. Eran los dueños de la cultura oficial y de los medios de comunicación. Sus nombres son los mismos que hace unos días se reunieron, los vivos y los muertos, en Bellas Artes, como si el tiempo no hubiera transcurrido. Era el PRI de la cultura: ellos decían quién valía y quién no. Lo curioso es que ninguno recordó sus deudas y compromisos con la dictadura perfecta. Fueron, por ejemplo, apologistas de Luis Echeverría y hasta trabajaron para él. El Presidente respondió con premios, reconocimientos y cargos diplomáticos. Carlos Fuentes fue embajador en Francia. Más adelante, Fernando Benítez lo fue en República Dominicana y entre sus trabajos está una larga entrevista apologética a Carlos Hank González. Allí estaban, pues, vivos y muertos, los mismos de siempre. Por eso digo que México, visto desde fuera, no tiene media docena de autores valiosos.

Había algunas diferencias, aparte de la edad: José Emilio Pacheco, por regla general tímido profesional, la emprendió contra Peña Nieto más por solidaridad con Fuentes que para exhibirse como crítico de la ignorancia del priista. En esos mismos días, Pacheco accedió a retratarse con Mario Delgado, tampoco afamado por su cultura, y prestigiarlo: es el candidato de Ebrard al GDF. Ambos sonreían y el primero festejaba su salida del clóset del retraimiento. Total, tiene ya todos los premios desde los reconocimientos del priismo hasta los del PRD y del PAN.Consuelo Sáizar estaba regocijada, rodeada de los hombres más poderosos de la cultura nacional. No se le veía desconcentrada como cuando Fernando Vallejo dio sus puntos de vista contrarios a los presidentes panistas en Guadalajara. Viaja por todos lados segura de que gane quien gane (así lo afirma en público), conservará el cargo merced a su buena amistad con Elba Esther Gordillo. La lista de cuestiones criticables a su deplorable gestión, es más vista en las redes sociales que en los medios tradicionales que suelen ser cautelosos ante su violento carácter. Mi trato con ella es casual. Supe de su existencia cuando llegó al Fondo de Cultura Económica por sobre un escritor afamado y talentoso, Gonzalo Celorio. Alguien me la presentó y ella reaccionó con dosis de mal humor y muecas de desagrado. Ignoro por qué y no me interesa saberlo.
Ahora, apoyada por un mandatario de escasas luces culturales (como todos los políticos actuales), Conaculta edita el libro de una persona apenas conocida que justamente lleva como título el muy famoso, de origen popular, utilizado por María Luisa Mendoza: Ojos de papel volando, una obra bella y exitosa que editara Joaquín Mortiz y que hace poco reeditó Porrúa, con prólogo mío. Eso se llama plagio de parte de la autora e ignorancia de los burócratas del Consejo. ¿Qué hará la China Mendoza? ¿Demandarla a ella y a sus editores? En México no es fácil. Aún así, es indignante la ignorancia o mala fe de la burocracia cultural.
Sabemos que en el Conaculta existen criterios personales para llevar a cabo homenajes, reconocimientos y entrega de becas. No es un problema de talento, lo es de cercanía con Consuelo Sáizar, quien avasalla todo lo que Calderón en su infinita ingenuidad le entregó. No hay política cultural: hay odios y amores, ignorancia y perversión. Por fortuna, no será la burocracia cultural y educativa la que decida quién tiene méritos artísticos. La majadería, el robo a la China Mendoza será olvidado ante su enorme talento literario.

Excelsior - 2012-01-01

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