Tantadel

enero 04, 2012

El Papa, ¿por quién votará?

Leí una nota periodística que preguntaba por quién votará el Papa en su viaje a México. Lo natural explicaba el artículo, es que muestre, de una u otra manera, su voto o sus simpatías por el único partido que oficialmente se declara católico: el PAN. Tanto Vicente Fox como Felipe Calderón lo son y han acudido a misa y han comulgado públicamente. En ambos casos, y contrarios a la tradición priista, los mandatarios han invocado a Dios, desde luego, el de los católicos, no el de judíos o musulmanes.

La nota añadía que el viaje es sospechoso, pues ocurrirá justamente en vísperas electorales. Y México, imposible olvidarlo o dejarlo de lado, es un país predominantemente creyente. Desde tal perspectiva, imposible desdeñar que la presencia de la más alta autoridad del catolicismo y por más que en las redes sociales muchos manifiesten su repudio a tal viaje, se llevará a cabo, está confirmado, y sin dudarlo será exitoso tanto para el gobierno de Calderón como para el Papa.
Para mayores datos, Ratzinger sostendrá un encuentro con Calderón, ambos son jefes de Estado. Por tal razón, el articulista sostiene que eso, en periodo electoral, beneficiará al PAN. Es muy posible que así sea. Pero la pregunta es, ¿el Papa sólo sostendrá el encuentro obligado con el presidente de México, o se dejará utilizar por Marcelo Ebrard, por ejemplo, quien desde su privilegiada postura de jefe de gobierno capitalino, podría entregarle las llaves de la ciudad (las que por cierto nada abren)? Para no ir más lejos, los aspirantes presidenciales del PAN y del PRI van a misa y comulgan. Peña Nieto se casó en segundas nupcias por el rito católico y el candidato de “las izquierdas”, López Obrador le confesó a Joaquín López Dóriga su profundo cristianismo. Incluso, en esa entrevista, dijo ser católico, quizá por dos razones: una, para que la población sintiera mayor simpatía por él, pues está educado en el protestantismo y la segunda porque es mitómano.

No cabe duda que los políticos mexicanos tratarán de llevar agua a su molino como bien dice el refrán y buscarán la manera de encontrarse con el alto prelado. A su vez, Ratzinger querrá atraer a más almas para su rebaño, que en México es inmenso. No hay duda que el Papa carece de la enorme popularidad que poseyó, y conserva su antecesor, Juan Pablo XXIII, pero eso no le quita el rango. Ya veremos el recibimiento espectacular que le darán los mexicanos, no importa que algunos inconformes señalen su militancia inicial en las tropas de salto de Hitler.
Hay muchos políticos, sobre todo conservadores, que piensan en que no estaría mal crear un partido demócrata cristiano en México. El PAN está a segundos de serlo, pero sin la seriedad que en algunos países europeos tienen. La discusión será retomada en esos días de marzo, cuando los aspirantes presidenciales quieran una plática, un saludo o una bendición papal para que lleguen sin contratiempos a Los Pinos. Una especie de milagro. Sin embargo, tengo la impresión que eso en México, por católico que sea, no sucede. Ninguna de las grandes batallas de los conservadores tuvo éxito.

Tener relaciones con el Vaticano y recibir al Papa tendría que no ser un problema. A Cuba va a ir y dudo que las cosas cambien gran cosa, a lo sumo habrá intercambio de cordiales saludos, promesas de bienestar y sin duda alguna discreta crítica de Ratzinger al régimen cubano, la que bien podría ser contestada con la misma cautela recordando la militancia juvenil del sacerdote. Se entrevistará con el no creyente Fidel Castro. Pero no nos anticipemos tanto y preocupémonos por México. Tratemos de preservar algo que es fundamental: la separación del Estado y la Iglesia o las iglesias para ser más preciso. La católica es poderosa arrogante, pero no es la única.

La democracia moderna exige pluralidad, pasa por multitud de tolerancias y escasos temores. La Iglesia católica mexicana se ha hecho insolente y gusta de entrometerse en los asuntos del Estado. Tarde o temprano terminará por entender que no vivimos más en el siglo XIX y que su preocupación fundamental debiera estar concentrada en la parte espiritual, aunque no por ello debe abstenerse a participar en las luchas que la sociedad da por adquirir un mayor bienestar material.

El Papa conversará con Calderón y hasta es seguro que lo bendiga y comparta públicamente la guerra contra el crimen organizado que tantas vidas ha costado. No más. Los votos estarán orientados por los proyectos de los partidos y sus candidatos, por sus historiales y compromisos y no por las posibles simpatías que Ratzinger pueda atraerle a un gobernante que le es leal espiritualmente.
El Papa nos visitará, hará publicidad para sus creencias y se irá. Los problemas de México requieren algo más que oraciones, exigen una sociedad fuerte, capaz de enfrentar las adversidades en que los actuales políticos nos han metido. La mayoría de los mexicanos tenemos la certeza, nuestra historia nos ha llenado de ejemplos evidentes, de que el Estado y las iglesias deben marchar cada quien por su propio camino y no fundirse en una sola institución, jamás.

Opinión 2012-01-04 - La Crónica

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