Tantadel

enero 30, 2012

Entre la URSS y Cuba

Hace treinta años, la izquierda internacional parecía satisfecha pese a que vivía las pugnas habituales entre una tendencia y otra. Para muchos comunistas, por ejemplo, el camino era la toma del poder por la vía armada. Así fue en 1917 en Rusia y así fue en China en 1949. Cuba, en 1959, pareció confirmar las tesis de quienes pensaban en esta posibilidad. Pero poco después el triunfo electoral del socialista marxista salvador Allende en Chile y la muerte de Ernesto Guevara en Bolivia, la lucha democrática comenzó a desplazar a la ruta violenta. Los comunistas pensaban más en procesos electorales que en ir a una lucha armada incierta, difícil y muy costosa.

La Unión Soviética, ya en la época de Stalin, no fomentó la lucha armada, prefirió seguir la tesis de construir el socialismo en un solo país. Sin embargo, ayudó a los españoles en la guerra contra el golpista Francisco Franco en uno de los mayores sacrificios de lo que aquellas épocas se denominaba internacionalismo proletario. Cuba, en cambio, hizo más de un esfuerzo, sobre todo en vida del Che Guevara para impulsar las guerrillas en África y América Latina. Con su muerte las esperanzas en este tipo de lucha se desvanecieron. Fidel Castro advirtió: nosotros aprendemos, pero el enemigo también. Era verdad, Estados Unidos había formado expertos en contraguerrilla en todo el mundo. Nuevos países se incorporaban al llamado bloque socialista. Era claro que la potencia no toleraría que la globalización se diera en rojo.

Eran tiempos de rudeza ideológica, de una suerte de maniqueísmo que no condujo a nada. Los titubeos de la URSS escondían sus propias contradicciones internas. El capitalismo estaba agazapado tras de proyectos de liberalización de la economía y una mayor democracia al modo occidental, es decir, inspirada en el modelo anglosajón. Los medios occidentales contribuyeron al desgaste y de aquella época en que, decíamos tener muchas respuestas, pasamos a una donde solamente existen preguntas. En México, por ejemplo, tenemos una falsa izquierda. De aceptarla como tal, ¿a dónde va, cuál es su modelo, el proyecto que la orienta, su ideología?

La sorprendente caída de la URSS y su conversión de potencia a país atrasado en más de un sentido dejó a Cuba desprotegida. Se había creado, por complejas razones históricas, geográficas y culturales, una incómoda relación. Fue un amor-pasión del que nada queda. No hay huellas de la fraterna relación entre dos pueblos por completo opuestos. Cuba se mantiene como país comunista, pero evidentemente cada día que pasa pierde lazos con el proyecto original. Los capitales extranjeros llegan, los pequeños empresarios salen de cada casa ruinosa y no hay solidaridad de ninguna potencia; hay, en el mejor de los casos, negocios lucrativos con un pequeño país que fue la esperanza de los desprotegidos de varios continentes. Se hundió el bloque soviético y quedó Cuba como dice la pintoresca expresión: colgada de la brocha.

Rusia es una nación de segunda o tercera clase, que a nadie atemoriza, con niveles enormes de corrupción y una próspera industria de millonarios, produce muchos pobres. China crece y crece, ha sido inteligente: luego de pasar excesos ideológicos, como la revolución cultural, vive una intensa mezcla de comunismo sectario y capitalismo salvaje. En México, en tiempos de López Mateos, se llamaba economía mixta. Los chinos están hoy más ocupados por convertirse en el país número uno, a donde no tardan en llegar, que en ayudar a naciones como Cuba.

En este contexto, rápidamente trazado, Cuba llega a un Congreso Extraordinario, cuya idea central es llevar a cabo reformas económicas y políticas que sean más tolerantes con las inversiones privadas. Piensan los dirigentes cubanos que no tiene más sentido soportar el peso de los viejos dogmas y los criterios obsoletos, precisó Raúl Castro.

Alguna vez, Nikita Jruschov, a quien todavía le cargaban los portafolios aquellos que le entregaron la utopía al habilidoso capitalismo, Gorbachov, Yeltsin y Putin, dijo que el pueblo soviético necesitaba más pan y mantequilla que armas. No estaba lejos de la realidad. Lo mismo le sucede a Cuba, pero tiene encima graves retos: ni contarán con la supuesta generosidad de Obama y menos se podrán mantener lejos del poderoso capitalismo cubano que se formó y consolidó en Miami, siempre en espera de la caída de Fidel Castro.

El pueblo cubano tiene que ser muy cauteloso en los pasos a dar para sortear los problemas materiales. Así como los guerrilleros consideraron la experiencia de los bolcheviques al ascender al poder en la Isla, del mismo modo deberán considerar los problemas que la Rusia actual padece. Lo que debe quedar claro es que hasta hoy, ningún país del mundo ha logrado eliminar la contradicción principal, la diferencia entre ricos y pobres, las injusticias, y tampoco creer que la puesta en marcha de la utopía marxista significa el fin de todos los problemas. La humanidad es más compleja. Cuba ya lo sabe: no es fácil mantener un sistema socialista y menos donde ha triunfado plenamente el capitalismo. En Vietnam hicieron un sacrificio inmenso para ser libres y no tanto para ser comunistas. El caso de Corea del Norte es otra cosa, es una aberración.

Opinión 2012-01-30 - La Crónica

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