Tantadel

enero 09, 2012

Estela de luz, estela de miseria política

El encabezado de primera plana de La Crónica de hace unos días: anticipaba con lucidez analítica el significado real de lo que fue planeado, sin mucho talento, de lo que sería la majestuosa conmemoración del Bicentenario (dejemos de lado el Centenario, porque al PAN la Revolución nunca le ha hecho gracia): una obra producto de la incapacidad y de la corrupción que nunca se ha ido. El sábado pudimos comprobar que a pesar de las severas críticas, la mayoría razonables y fuera de tiempo, con un costo de mil 35 millones de pesos, que Calderón no tiene empacho en ser tan charlatán como su rival López Obrador. Su discurso fue vacuo y todo el ruido musical, los acarreados, los cohetones, las luces que brotaban como si fuera una escena de filme de Hollywood o de Disney, no son capaces de hacernos creer que será una obra memorable.

Parece increíble que hace más de cien años, un militar glorioso, Porfirio Díaz, convertido en atroz dictador, haya hecho obras que hoy son el símbolo de la nación como el conocido como Ángel de la Independencia. Ninguno de nosotros lo verá, pero valdría la pena hacer un ejercicio cercano a la ciencia ficción: ¿qué pensarán dentro de doscientos años del mamotreto que Calderón mandó edificar y el que por añadidura mostró la corrupción e incapacidad administrativa de su gobierno? Para empezar, imagino que Calderón será unas líneas en la historia y en ningún caso le serán favorables. La estela de luz podrá seguir allí, nadie estará dispuesto a invertir otra millonada en demolerla. Será un recuerdo de los gobiernos derechistas que tanto criticaron el ominoso pasado para dejarlo peor. Constituirá a no dudarlo un magnífico símbolo de la ineptitud política.
Evidentemente Calderón no tenía opción, luego de tanta palabrería sobre los festejos, de tantas promesas, sino inaugurarla con mucho ruido, mostrarla a México y al mundo como una de las maravillosas arquitectónicas, sólo equiparable a la remodelación del Monumento a la Revolución hecha por otro político demagogo: Marcelo Ebrard y que transformó un monumento funerario a los muchos muertos de esa gesta, donde están los cuerpos de Calles y Cárdenas, en un espacio para festejos y tocadas de rock comercial. Los aparentes extremos se tocan.

Así como ver en el Zócalo alegres patinadores al mejor estilo neoyorquino para gozo popular y satisfacción política de un Ebrard visiblemente neoliberal, la estela de luz a muchos les recordó la imagen que en esa misma ciudad norteamericana se repite cada año nuevo en Times Square, cuando comienza la cuenta para despedir los doce meses anteriores. Fue emotivo ver llorar de falsa emoción a miembros del primer círculo de Calderón, la más conmovida era la titular de Conaculta, Consuelo Sáizar, quien necesita mostrar su amor al PAN por si se mantiene en el poder. Ahora, si gana Peña Nieto, la señora jura que igual se mantendrá en el cargo.

Me parece ocioso y hasta ridículo reflexionar sobre cuántas escuelas y apoyos pudieron darse a los niños con más de mil millones de pesos, era necesario hacer una obra destacada para conmemorar el Bicentenario, pero no con una estela de luz diseñada en las rodillas, que varió de presupuesto y que fue puesta a funcionar con un enorme retraso. Además con un alto consumo de energía.
El México de hoy trabaja sin ver el pasado y sin imaginar el futuro, sólo piensa en lo inmediato, en el presente. Lo peor del asunto es que alguien en unos cuantos años, escriba que se trata de una estela fúnebre, en honor a los miles y miles de caídos en la guerra contra el crimen organizado.

Retomando de nuevo a La Crónica: no cabe duda que fue un acto precipitado, hecho a escondidas, vergonzante; a los medios se les citó con horas de anticipación y a quienes participarían en la ceremonia se les dijo que era un ensayo. “Dio la impresión de que sólo se quería cumplir con el trámite y evitar expresiones de rechazo por la opacidad, el retraso, presuntos actos de corrupción y manifiesta ineptitud en todo el proceso para contar con un monumento al Bicentenario que nació con mal hado.”

Imagino, según están los valores en México, que vivimos bajo una enorme tensión política, donde todos reparten leña contra todos, aún entre correligionarios, en vísperas de un imperfecto proceso electoral, con una inmensa corrupción y un cinismo poco usual en el sistema político. Por ello, el monumento a la incapacidad, que mide 104 metros de altura y está constituido por 1704 placas de cuarzo, con un complejo sistema de iluminación y que fue inaugurado 16 meses después de la fecha programada, es lo que menos importa, será a lo sumo un punto de referencia para evitar confusiones en una ciudad caótica.
Lo más lamentable es que el presidente Felipe Calderón haya tenido que dar explicaciones “técnicas” del retraso, en lugar de pronunciar una memorable pieza oratoria sobre la historia de México y en especial sobre su futuro, un futuro promisorio, no el cargado de oscuros nubarrones a causa de las pésimas administraciones panistas que muchos imaginamos liberadoras del pasado.

Opinión 2012-01-09 - La Crónica

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