Tantadel

febrero 26, 2012

Calderón, el encuestador

Con o sin intención, el Presidente desataó una descomunal polémica que incluyó no sólo a los partidos.

La tensión política, hasta el jueves, parecía disminuir. Los partidos fingían respetar las reglas del IFE, los medios carecían de noticias espectaculares, salvo las habituales informaciones de la guerra civil que se ha extendido a las hacinadas cárceles mexicanas, donde imperan el caos y la corrupción. De pronto, el sistema informativo se reactivó violentamente. ¿Qué sucedió? Poco en apariencia. En una pasarela para mantener satisfechos y felices a los empresarios, antes de que transitaran por allí Peña Nieto, López Obrador y Vázquez Mota, Felipe Calderón dijo (eso dicen), entre otras cosas, que la candidata panista se acercaba a Peña Nieto, que el mexiquense sólo le llevaba la pequeña cifra, no insuperable, de cuatro puntos. El escándalo se desató.
La noticia apareció inicialmente en el programa radiofónico de Joaquín López-Dóriga, quien en ese momento estaba con el encuestador profesional Roy Campos. La información y las opiniones comenzaron a fluir con rapidez. Peña Nieto fue cauteloso, López Obrador reaccionaba a la defensiva, Vázquez Mota no tenía preparada una respuesta aún. Poco más tarde teníamos comentarios a granel y la mayoría agresivos. Calderón, con o sin intención, había desatado una descomunal polémica que incluyó no sólo a los partidos políticos sino también a líderes de opinión, diputados y senadores. PRI y PRD protestaban en todos los tonos. Los especialistas decían que Calderón no tenía experiencia alguna en encuestas o trabajo de medios; se preguntaban de dónde viene una información tan grave, tendenciosa, porque anulaba de un plumazo al que hasta hoy va arriba en las encuestas y humillaba a quien va al último, López Obrador, esto sin mencionar a Quadri, quien está en Alemania arrancando su campaña presidencial.

En la Cámara de Diputados, donde posiblemente estén los políticos más soeces y provocadores profesionales, el asunto, para eso de las seis de la tarde, había alcanzado un tono especialmente severo. Gerardo Fernández Noroña, parte del amoroso equipo de AMLO, acusaba al presidente de México de haber hablado dopado o borracho, afirmó, como si hubiera estado junto a él, que a esas horas solía estar ebrio. Para qué seguir. De las oficinas de comunicación social de Los Pinos que, por cierto, nada trascendente informan, desmentían las acusaciones contra Calderón. Nunca dijo algo sobre su ahora candidata presidencial. De todos lados respondían con la exigencia de aclaraciones, ¿cómo, de dónde, con qué metodología había realizado la encuesta el Presidente de todos los mexicanos?
En momentos como los que México vive, con dificultades, guerras, crímenes y desorden político, partidos que luchan sin mucha ética ni principios, una declaración emitida por el Presidente de todos, le da al debate un tono grave, que trastoca más a la sociedad. Una sociedad que da muestras de haber sido contagiada por los excesos partidistas. Acabo de leer un artículo en internet donde acusan a un grupo de periodistas, tres de Excélsior, yo incluido, de preparar el despojo a López Obrador. Es obvio, el fraude, como insistió AMLO el jueves, viene del PRIAN. Y yo que pensaba que las alianzas en Puebla y Sinaloa, por ejemplo, se habían dado entre PRD y PAN contra el PRI.

Esto significa que hay una compleja descomposición en aquellos que ya han tomado partido de manera fanática y sin espíritu crítico y científico. Ellos son quienes mayor daño le hacen al país y su intento desesperado por ser moderno y democrático. Me siento egresado de la Universidad Complotense y parte de una maniobra infernal para bloquear el camino de AMLO al Cielo. Está visto que a los ojos de los seguidores de Obrador, no es posible ser crítico porque entonces uno conjura contra el bienestar de la patria. Ello hace prever una campaña majadera y perversa. Las palabras de Calderón echaron gasolina al fuego.

Excelsior - 2012-02-26

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