Tantadel

febrero 01, 2012

La política en los medios y en las redes

No es sencillo, pero sí muy lucrativo, vivir en México de la administración pública. Ser político significa poder y dinero, ser intocable. Los periodistas lo sabemos porque vivimos de comentar sus acciones, sus felonías o el cumplimiento ocasional de sus tareas. Alguna vez mi colega Rafael Cardona, en un programa de televisión en el que participábamos, dijo: Trabajamos con lo peor de la sociedad: los políticos. Tenía razón. Nuestra tarea es leer sobre ellos, entrevistarlos, seguirlos, escucharlos, valorarlos. Los resultados suelen ser desastrosos: a ninguno le interesa el periodismo crítico, quieren adulaciones. Lo fundamental es que los políticos gustan de la política, no la aman, la cultivan por sus peores defectos. A estas alturas es imposible creer que tienen esa ridiculez que llaman “vocación de servicio”. Son otras cosas las que les interesan, menos la ciudadanía que debiera ser la receptora y beneficiaria de la pasión por la gestión estatal.

Niveles los hay. No es lo mismo un simple burócrata, alguien que trabaja como modesto empleado, funcionario menor, que aquél que hace una exitosa carrera política que lo conduce, y aquí sí los caminos son diversos, a la cúspide del poder. No todos logran llegar a los altos cargos, esos vienen por golpes de suerte o habilidades poco escrupulosas. Dudo mucho que la limpieza de cada dirigente de partido político sea evidente. Siempre es turbia, por eso ahora quienes hacen las campañas y conducen las relaciones públicas de los personajes que presentan candidaturas a las más altas tareas que necesita el país para su conducción, gustan de solicitarles a quienes los contratan toda clase de intimidades y recovecos personales. Tarde o temprano aparecerán, por eso hay que estar a la defensiva. Serán utilizados en su contra.

La política nacional se halla en su peor momento. Los medios de comunicación y las redes sociales que en otros lados contribuyen a derrumbar dictaduras y a denunciar actos de corrupción pública, entre nosotros sirven para denostar, ofender, insultar con rabia y odio y quienes actúan activamente ni siquiera muestran el rostro, principalmente en las redes, dan un ridículo pseudónimo y se hacen expertos en enfangar a quienes suponen sus peores enemigos. En tal sentido, los fanáticos de López Obrador son los mayores expertos. Su actividad central es buscar a todos aquellos que discrepan y contra ellos enfocan baterías de bajeza.

Algo peor, nadie investiga la autenticidad de la información, si conviene a sus intereses, la esparcen y sazonan con toscos adjetivos, trucan videos y fotografías y sin el rigor que tienen o deben tener los periodistas más serios, evitan la investigación y consecuente comprobación para anular al enemigo. Josefina Vázquez Mota se tropieza y el rumor se hace noticia alarmante: la precandidata “estaba borracha”. Felipe Calderón, nos dicen en las redes, a mediodía está ebrio, por ello sus enemigos lo llaman “El teporocho de Los Pinos” y dan por un hecho inobjetable que Calderón por propia mano ha matado 50 mil 386 personas, lo han visto. Hay “pruebas”. En los medios, para probar su falta de seriedad, sólo hay que leer comentarios sobre cada artículo que no elogia al Mesías tropical. Es inaudita la cantidad de ofensas que recibe el autor en campañas orquestadas.

Desde el tropiezo de Peña Nieto en la FIL por una simpleza en un tipo que se preparó para gobernar no para impartir literatura, se lo han acabado. Sin embargo, apenas ha perdido puntos en las encuestas, es algo mínimo. ¿Qué pasaría si trajéramos a colación el supuesto crimen de López Obrador, cuando riñó con un hermano suyo? Un escándalo: sus admiradores dirían: “calumnias”, “mentiras”, pero si es Peña Nieto quien “preparó el suicidio de su primera esposa”, eso sí es cierto. ¿Qué clase de periodismo estamos haciendo, qué pretenden quienes utilizan las redes sociales?

Jamás el buen comunicador debe ser transmisor de información cuyo origen es incierto, tiene que comprobar que sus fuentes no mienten. El sensacionalismo nos ha atrapado. Los medios electrónicos han contribuido a envilecernos. Los políticos con su diario trabajo nos degradan en primera instancia. Los periodistas, en todo caso, se mueven dentro del mundo que ellos producen.
De “las izquierdas” nacen los peores defectos en tal sentido. Desde hace años están organizados en redes que sistemáticamente atacan a cada periodista o intelectual que no está de acuerdo en que López Obrador es Dios. A una conferencia, por ejemplo, llega una docena de organizados fanáticos y la emprenden contra aquél que no tiene otro interés que ser un crítico de los partidos. Para los seguidores de Obrador, el problema es que su ídolo es impoluto, no se cree Dios, es Dios. Y AMLO miente, hace demagogia, se contradice y bendice las armas de sus leales.De seguir por este rumbo, la democracia mexicana no avanzará, quedaremos atrapados en este pantano llamado política mexicana. Tendríamos que hacer un esfuerzo para evitar que la lucha llegue a tan bajos niveles. La tarea se antoja imposible. Dentro de los medios la preocupación existe. Falta saber cuándo los usuarios de las redes sociales controlarán sus pasiones y ayudarán no a endiosar a un pobre mortal, sino a orientar correctamente a la sociedad.

Opinión 2012-02-01 - La Crónica

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