Tantadel

febrero 22, 2012

Las virtudes y defectos de los presidenciables

Una encuesta reciente (ahora padecemos una nueva enfermedad: encuestitis aguda), nos indica lo que se ha hecho monótono políticamente hablando: Enrique Peña Nieto sigue en la cúspide de la popularidad, Josefina Vázquez Mota le sigue, luego aparece Andrés Manuel López Obrador. Pero lo que llama la atención es que la tomó y distribuyó la agencia noticiosa española EFE de El Universal, y las preguntas no todas son habituales. Al primero le dan el 48% de la intención del voto, a la panista el 32% y AMLO va al tercer sitio con el 20%. Gabriel Quadri no aparece porque fue realizada antes de su designación como candidato por el Panal.

Los resultados indican que los mexicanos suponen que Peña Nieto “generaría más empleos”, “solucionaría los problemas de la violencia asociada al narcotráfico” y “reduciría la pobreza” con más certeza que sus rivales. Lo ven asimismo como un político honrado, mientras que en este aspecto, a Vázquez Mota la consideran menos honesta y a López Obrador, que durante seis o siete años usó como estrategia de campaña la “honestidad valiente”, lo califican mal los encuestados. Es decir, de nada le sirvió rodearse, como está, de políticos y funcionarios corruptos, entre ellos René Bejarano, Clara Brugada, Dolores Padierna, así como Guillermo Sánchez Torres, quien materialmente ha saqueado a Tlalpan y ahora pretende volver de nuevo como delegado para concluir su obra destructiva e inmoral. Sin duda a López Obrador le pesa un gran enigma: ¿de qué vive, de dónde provienen sus recursos de apariencia infinita, cómo sobrevive, mantiene a su familia y hace trabajo político sin sueldo?

Entre los temores de las personas que fueron encuestadas, aparece uno que no es frecuente: aumentar los impuestos y privatizar Pemex. Tales miedos los provoca Josefina Vázquez Mota, la miran como una mujer semejante al español derechista Rajoy y que en caso de triunfar pudiera endurecerse como en su momento lo hizo la señora Thatcher. Esto es, le hallan un rostro más conservador y privatizador, oculto en la supuesta magia del discurso de autoestima, siempre enmarcado por una voz dulce y una sonrisa cordial, en cuyo fondo está un capitalismo feroz, que dentro del conservadurismo tradicional, representado por Vicente Fox y Felipe Calderón, fue cauteloso. Como ya es normal, la mayoría ve a López Obrador como a un político que de ganar “provocaría una devaluación.”

A Peña Nieto lo encuentran “cordial”, lo sienten “cercano”, suponen que sus palabras “se escuchan sinceras y espontáneas”. Para una cifra que oscila entre el 52 y el 63% es el candidato ideal para la Presidencia. Mientras que a López Obrador lo encuentran “esforzado”, opinan que “viene desde abajo”. A pesar de que Josefina Vázquez Mota se halla en segundo lugar, los entrevistados no le encontraron mayores cualidades. Tal vez se inclinen por ella por ser una mujer que de muchas formas ha ido contra la corriente y ha sabido imponerse a la adversidad, que en este caso tiene nombre y apellido: Felipe Calderón.

La presencia de Gabriel Quadri no modificará los resultados que hasta hoy las encuestas han reflejado. Lo único que hará es quitarle el último lugar a López Obrador. Es difícil suponer que este hombre experto en ecología sea capaz de superar a los tres representantes de los mayores partidos. Primero porque son ampliamente conocidos, segundo porque son políticos de cierta habilidad y finalmente porque es un desconocido para la mayoría de los mexicanos, un hombre de prestigio intelectual entre académicos y especialistas en el tema. El problema es que unos y otros tienen tomada su decisión e incluso se encuentran comprometidos, principalmente con López Obrador.

Claro que las encuestas no son la palabra de Dios, sirven para orientar y vender diarios. Existen imponderables, falta saber cómo se moverán los candidatos ya en plena campaña, a qué artimañas o tácticas recurrirán y qué pecados saldrán a relucir. Cárdenas lucía imponente en su primera intentona presidencial. Un golpe demoledor de Diego Fernández de Cevallos lo eliminó de las posibilidades reales de triunfo. Algo semejante le sucedió a Roberto Madrazo, entre su ruptura con Elba Esther Gordillo y sus titubeos durante el debate que se suponía consolidaría su candidatura, cayó al tercer lugar, fue aplastado. López Obrador fue víctima de sí mismo, del carácter autoritario y brutal que no ha podido ocultar ni con sus teorías de la República amorosa, una bobería que muchos han tomado en serio. En fin, no es posible garantizar el triunfo de un candidato. No hasta terminar de contar los votos.

Las encuestas sirven para orientar opiniones de periodistas y ciudadanos, de los mismos partidos. No debemos olvidar que el PAN está en el poder y desde Los Pinos es posible manipular las cosas y hacer una elección de Estado. No parece que Calderón esté dispuesto a entregarle la Presidencia al PRI, que hasta hoy puntea. De allí que quien triunfe deba hacerlo por una clara mayoría. De lo contrario aparecerá la sospecha inventada o real de quienes han sido derrotados. Sobre esto, los partidos se han hecho expertos.

Opinión 2012-02-22 - La Crónica

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