Tantadel

febrero 12, 2012

Mi generación

La primera antología que nos reunió fue la hecha por Xorge del Campo y prologada por Margo Glantz.

No fuimos Taller o Contemporáneos ni los Siete sabios, menos los Ateneístas, fuimos un grupo de amigos gozosos con ideas afines, de la misma zona capitalina, que coincidimos antes de que arrancara la década prodigiosa, la de los 60. José Agustín y yo, por ejemplo, iniciamos una infatigable y terca amistad en 1959, adolescentes y enamorados de la literatura. El grupo original lo integramos nosotros, Alejandro Aura, Gerardo de la Torre, Jorge Arturo Ojeda, Juan Tovar, Gustavo Sáinz, Parménides García Saldaña, Andrés González Pagés, Elsa Cross, César H. Espinoza y muchos más. Somos contemporáneos de los Beatles, Rolling Stones, Procol Harum, Bob Dylan, Janis Joplin y Doors. Luego, conforme avanzábamos al amparo de maestros generosos y a veces momentáneos: Juan José Arreola, Juan Rulfo, José Revueltas, Ermilo Abreu Gómez y Guillermo Rousset Banda, los integrantes aumentaron: Roberto Páramo, Ignacio Solares, Ramírez Heredia, Marco Aurelio Carballo, Xorge del Campo. La primera antología que nos reunió fue la hecha por este último, prologada por Margo Glantz y publicada por Siglo XXI. Entre el taller de Arreola, el Centro Mexicano de Escritores y una segunda edición de la citada antología: Onda y escritura, donde Margo incluyó a otros narradores, fuimos dándonos a conocer en los años en que Who cantaba My generation.Éramos distintos y supimos vivir nuestra época con intensidad pasional. Hoy poco nos vemos y el sentido solidario original se ha perdido entre recuerdos brumosos y hallazgos literarios. Acusados, no clasificados, como de la Onda, término peyorativo que rechazamos tenazmente José Agustín y yo en diversos foros, Parménides García Saldaña parecía a gusto con la etiqueta simplista. La generalización era torpe y pobre: hoy puede apreciarse: los habíamos con preocupaciones sociales, los enamorados de la literatura como arte sin compromiso político, los que experimentaban y quienes amaban a la literatura fantástica. Como empezamos muy jóvenes, nuestros personajes, la estructura y el lenguaje eran novedosos. El DF era nuestra casa, teníamos que ser, en consecuencia urbanos cuando todavía prevalecía el mundo rural. Recibimos incomprensión y mal trato; con el tiempo, los sobrevivientes, hemos ido superándolos. Fuimos críticos del sistema político y en general de la sociedad. Puede entenderse nuestro alejamiento de los partidos.El primero en morir fue Parménides. El pasado jueves 9 recibí un correo de su hermano Edmundo: Hoy el Parme hubiera cumplido 68 años. Parménides destacaba, era distinto, contracultural, grueso, a él no le molestaba que lo acusaran de ondero. Era lo que era y punto. Las drogas, el alcohol y el desmadre eran lo suyo, como lo fue en Agustín y en mí, pero de distinta forma. Él no llegaría a los 40 años, en ese tiempo escribió libros en un idioma muy propio que se han hecho legendarios. Es, entre nosotros, el único de culto. En la ruta de la onda, Pasto verde y El rey criollo son leídos en pequeños grupos marginales, que rechazan la sociedad y no saben cómo modificarla porque es inmodificable. Fue el más fiel a nuestro tiempo. Poco después de su muerte en plena soledad, mandé hacer un reportaje para El Búho de Excélsior sobre las causas de su fallecimiento. Fue un trabajo memorable que narra sus últimos días, su abandono y autodestrucción. José Agustín dijo: lo mató un pasón; yo dije no, fue la sociedad, se detestaban. Vivía aislado, en sus propias fantasías. Se acercó a un Partido Comunista que agonizaba lejos del sentido de clase y lucha revolucionaria. El rock y el blues, lo apasionaban. Pese a los excesos, conservó una cara fresca, juvenil, su ironía y su difícil carácter. Se lio a golpes con sus colegas y se distanció de otros. Ignacio Solares lo recuerda con malestar. Yo con amor.Los héroes y los escritores malditos suelen vivir poco.

Excelsior 2012-02-12

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