Tantadel

febrero 13, 2012

Mis asesores y yo

Mis artículos y libros son de mi exclusiva autoría (no soy plagiario como Sealtiel Alatriste), pero debo confesar aquí entre nos (mis tres lectores y yo) que en buena medida contribuyen los políticos. Sin ellos jamás podría pasar de la primera línea. Cuando no tengo tema, aparece una nueva burrada en boca de algún perredista, panista o priista y salgo del atolladero. Para colmo, me pagan, así que debería compartir mis ganancias con ellos, el problema es que todos son ricos siguiendo las instrucciones legendarias de Carlos Hank González: “Político pobre, pobre político”.

A veces aquellos que me leen y no les gusta (podrían dejar de hacerlo, masoquistas), me envían regaños, insultos y hasta se atreven a opinar. Casi no los leo, pero cuando lo hago me estimulan a escribir nuevamente y así hasta el infinito, a ver quién se cansa primero. Ayer domingo publiqué un artículo sobre mi generación literaria, hablé de José Agustín, Alejandro Aura y principalmente de Parménides García Saldaña, quien murió joven a causa de una sociedad poco comprensiva. Pero, pienso, no me pagan para escribir de mí y de mis colegas novelistas, sino para redactar artículos políticos.

Sin mucho material, salvo el monótono desfile de interminables políticos fallidos, me encontré con que López Obrador, para su ridícula República amorosa lleva unos veinte nombramientos. Supongo que aumentará sensiblemente su futuro gabinete creando nuevas secretarias como la de la Honestidad, la del Amor Puro y Sincero. Sólo antier hizo dos nuevos nombramientos: incorporó a su primer círculo, ya en Los Pinos, a Manuel Mondragón y a Bernardo Bátiz. La mayoría son de la tercera edad.

Pero lo que más me agrada es la facilidad de AMLO para armar programas sobre las rodillas. No sé para qué entonces aceptó los muchos puntos que Cárdenas y sus cuatro leales que le restan le entregaron en fingida ceremonia. Acaba de decirnos dos cosas notables: Retirará a las fuerzas armadas en los primeros seis meses de su administración. No dice cómo lo hará ni de qué manera enfrentará al crimen organizado. Para acabar con la corrupción, antiguo mal nacional, creará una nueva dependencia, como lo hizo Miguel de la Madrid sin éxito. Confiemos en que allí no ponga a nadie del PRD: su corrupción es proverbial. Entran líderes pobres y salen líderes ricos. En el exceso y en vista de que ni Peña ni Vázquez Mota le hacen caso, ha dicho que su gobierno será “mejor que el de Lula”. ¿Es posible que así lo tomen en serio?

No basta prometer trenes bala, decir necedades como las que ha venido diciendo tan sólo para mostrarnos que ha cambiado, lo que es falso. A cada instante retoma su mal carácter y su autoritarismo y deja de lado todas sus humoradas sobre la República amorosa. Agredió a Josefina Vázquez Mota y no pierde la oportunidad de lanzarse contra Peña Nieto. En la lucha política las críticas son normales, los insultos no. AMLO, más que argumentos tiene un arsenal de ofensas. Lo graves es que los suyos, fanáticos hasta de nivel académico, asumen sus humoradas y hasta su agresividad. ¿De verdad personas como Enrique González Pedrero, Víctor Flores Olea, Carlos Fuentes y algunos más, que militaron o fueron cercanos al marxismo, pueden tomar en serio las tesis sobre el amor? Parece que sí. Ya vemos a Fuentes, hoy más crítico que en la época en que Luis Echeverría le dio la embajada de México en Francia, declarar que AMLO está rodeado de personas honestas. ¿Se refiere a Dolores Padierna, a René Bejarano, Clara Brugada, a una lista interminable de corruptos? Espero que no.

Hoy la ciudad de México está tapizada materialmente por publicidad de perredistas, cientos de hombres y mujeres disputan cargos por el DF. Lo hacen porque es una mina de oro: es posible hacer negocios y obtener mucho dinero. Eso es lo que Fuentes halla positivo. Si yo viviera en París podría pensar que al Pejecillo valiente lo rodea solo gente honesta, pero no es así, no hay ideología y tan no existe que ahora todas “las izquierdas” traen corazones en el saco. Es decir, siguen los dictados del caudillo y ello es con el fin de salir de la pobreza a costillas de los capitalinos que pecan de ingenuos.

He dicho cien veces que entiendo el periodismo como una actividad crítica. Los elogios quedan en manos de quienes escriben a sueldo. Lo he probado a lo largo de casi cinco décadas de laborar en diarios, revistas, radio y televisión. Que los jóvenes y los ignorantes no lo sepan, no es mi problema. Para eso hay hemerotecas. Hace unos días, un lector perredista me reclamó con cifras mi periodismo. De cada cinco artículos suyos, he podido percatarme que sólo uno es de crítica al PRI. Tiene razón, pero no consideró mi situación personal: como mexicano, quedo bajo la tutela de Felipe Calderón; en tanto capitalino, lo que veo es la demagogia y la podredumbre perredista. Tan sólo en mi delegación, desde hace más de diez años he apreciado políticos que llegan pobres y salen millonarios. No soy mexiquense ni padezco el gobierno de Coahuila o de Jalisco. De allí que centre mis críticas en los dos partidos que mal me gobiernan y afectan.

Opinión 2012-02-13 - La Crónica

No hay comentarios.: