Tantadel

febrero 03, 2012

PAN: de los tres ninguno

Gómez Morín y un grupo de personas conservadoras, un día, ante lo que les parecían excesos comunistas del general Lázaro Cárdenas, cuando la izquierda era real y no formada por ex priistas y charlatanes, decidieron formar un partido político, o casi. Corría el año 1939. Desde entonces aprendieron a criticar al abuelo del PRI, al que entonces veían como un proyecto marxista. Pero estaban equivocados: la Revolución Mexicana contó con anarquistas como los Flores Magón y comunistas que comenzaron a trabajar abiertamente organizados desde 1919. La posrevolución mostró el error. Es cierto, algunos marxistas y leninistas por añadidura, como Vicente Lombardo Toledano, le vieron posibilidades al movimiento de 1910 a 1917, año en que triunfa Venustiano Carranza y aparece la Constitución Mexicana, que, como en Rusia, el país podría transitar de una revolución democrático-burguesa, como la definió el historiador Jesús Silva Herzog, a una con características comunistas, bajo la égida del proletariado. Nadie tuvo razón. Sólo algo quedó claro: el tradicional conservadurismo, la derecha, para usar un término actual, se organizó y recuperó su ímpetu a través del Partido Acción Nacional.

Desde entonces, los panistas se dedicaron con entusiasmo a objetar todas las acciones del PRI, a veces tenían razón, pero partían de una base imaginaria: no eran comunistas. Cuando algún mandatario como López Mateos se confesaba de izquierda dentro de la Constitución, era para justificar su tiempo, no para llevar al proletariado a ejercer la dictadura que señala Marx en su utopía. Pero el PAN aprovechaba para gritar: ¡comunista, comunista! Y así fue creciendo, con el apoyo de los curas en el púlpito y las beatas, de los mismos priistas santurrones que aumentaban, de los hipócritas que elogiaban la educación pública, pero tenían a sus hijos en privadas donde les enseñaban el catecismo. Vaya partido, siempre orgulloso de su proyecto (que realmente no tenía) y dispuesto a denunciar a los que deseaban quitarnos a la Virgen de Guadalupe e imponer un Estado laico.

Un día México se hartó del PRI y lo sustituyó con el PAN. El primer presidente de abierta derecha se llamó Vicente Fox y no supo qué hacer más que subirse al jamelgo que había utilizado el priismo y de pasada a llenarse de dinero, como lo prueban su rancho y su fundación, los dineros con los que sigue haciendo una política lamentable. Ya está siendo investigado, no por el PRD o el PRI sino por sus antiguos correligionarios: los panistas.

Luego vino Calderón y pareciera ser el último del conservadurismo mexicano en el poder, al menos por ahora. La guerra contra el crimen organizado que está dando, no ha sido ni exitosa ni ha tenido respaldo popular. Son demasiados los muertos. Sus errores, debido a la inexperiencia política natural del panismo, nos hacen sospechar que el PAN deja Los Pinos. Calderón se hizo priista en los métodos, le gustó el presidencialismo de viejo cuño y hasta la sucesión a modo la ha estado preparando junto con Gustavo Madero. Buscan que Cordero sea el candidato a toda costa. No les basta el dedazo para designar a la señora Wallace a la candidatura del GDF, quieren un equipo “ganador”.

Pero no saben mover las cosas al estilo priista y nunca han tenido un método propio, así que allí están los tres aspirantes, odiándose entre sí, pero siempre tratando de hacer el esfuerzo de mostrarse bien educados y decentes. En los debates que han sostenido no ha habido debate. Intercambian puntos de vista y los que van debajo de Josefina Vázquez Mota, le deslizan improperios que ella, experta en ayuda personal, deja correr para seguir hablando de lo mismo que sus colegas: de nada. No hay propuestas serias, sólo palabras acerca de las bondades de la administración que ellos hacen. Ninguno de los tres conoce al país, vienen de un mundo de pequeños empresarios, de personas que de pronto vieron en la política un camino para mejorar sus posibilidades de ingreso a la historia. Pero pronto serán olvidados. Son meros fantasmas que están metidos en una pugna discreta y en espera del beneplácito de Calderón que ya está dado en favor de Cordero, sin duda el peor de los tres.

El país no puede más con el actual juego de los partidos políticos. El problema es que está atrapado en sus redes. Si no es el PAN, será el PRI o el PRD. Entonces lo que podemos escuchar es que debe votarse por el menos malo y la discusión ahora está en saber quién de los tres candidatos que aparezcan finalmente, es el merecedor de la presidencia del país. Si pienso que en el PAN de los tres ninguno debería ganar, me ocurre lo mismo con la lucha final: de Peña Nieto, Cordero o Vázquez Mota y López Obrador, ninguno debería ganar y sí a cambio perder. No merecen gobernarnos. Pero no es así, alguien ganará y ya veremos qué hace con el premio mayor, mientras la ciudadanía acaba de hartarse y deja de pensar en caudillos iluminados y rechaza a cientos de politicastros que buscan toda clase de empleos sin pensar en la salud social de México. La nostalgia cabe, las propuestas de cambio real también.

Opinión 2012-02-03 -
La Crónica

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