Tantadel

febrero 08, 2012

Realmente no hubo sorpresas en el PAN

Los panistas suelen ser obvios, pocas veces inteligentes y casi nunca cultos y experimentados. Comienzan a tener cuadros profesionales, pero se mueven con lentitud orientados por dirigentes ajenos a una excelente formación política. Si el mayor político es Felipe Calderón, el partido está perdido, lo derrotarán en la siguiente elección presidencial. No todo es buena suerte y ayuda divina, a veces también hay mala suerte y la presencia del Diablo.

El proceso para determinar quién sería el candidato presidencial panista produjo más tinta y palabras que buenos análisis. Ante todo, el PAN sigue siendo un partido de élite, no abierto a la sociedad. Participan miembros y adherentes. Los demás se mantienen o, mejor dicho, son mantenidos al margen. En segundo lugar, si la presencia del PRI es muy severa en el PRD, tampoco podemos decir que en el PAN, su eterno enemigo, no existe. Durante más de diez años hemos visto al panismo cabalgando el sistema, de principio a fin, construido por el priismo. Con sus escasas virtudes y sus muchos defectos. Lo principal es que el Presidente en turno no puede sustraerse a la necesidad de intentar poner a su sucesor. Lo hizo Fox con Creel y lo hizo Calderón con Cordero. Ambos fallaron. Pero el segundo mandatario fue más agudo, tiene un historial político que el vendedor de refrescos no tuvo, por ello su manejo de la candidatura presidencial de la derecha fue más tortuoso que el de Fox.

Desde un principio, fue obvio que Felipe Calderón seleccionó a un precandidato y lo estimuló y apoyó: Ernesto Cordero. A pesar de la cercanía con Vázquez Mota (eso creo yo, entre tantas líneas como han aparecido), pensó en términos convencionales: una mujer en la presidencia mexicana, imposible. No se le ocurrió ni siquiera especular en términos de dramaturgia nacional: Rafael Solana escribió una magistral comedia, clásica en México, titulada Debiera haber obispas, donde como es obvio, juega con la posibilidad de que de pronto pudiéramos contar con una obispa entre nuestras autoridades eclesiásticas. El machismo mexicano ve esas cosas imposibles. Sin embargo, de todos los aspirantes conservadores, Josefina Vázquez Mota era desde el principio la candidata mejor dotada política e intelectualmente. Creel ya había dado infinitas muestras de pobreza y su discurso era tedioso, de viejo cuño conservador. Al señor Cordero sencillamente nadie, salvo Felipe Calderón, le vio alguna cualidad.
Josefina Vázquez Mota supo utilizar sus conocimientos originales de buena vendedora y experta en autoestima para mostrarse al público con cortesía, habilidad y tacto. A pesar de que pedía un suelo más parejo en clara alusión a las preferencias presidenciales, nunca fue más allá de indirectas y alusiones para defenderse. Supo mostrarse como la más capacitada de los tres y así llegó a la candidatura. Moviéndose bien entre dos bultos, tres si contamos a Calderón, y triunfó. Después de leer y escuchar a tantos colegas, me queda claro que el Presidente llegó confiado en las mejores cualidades del presidencialismo a la mexicana, pero pronto, entre la visible incapacidad de Cordero y el discurso tedioso de Creel, con un árbitro, Madero, que más parece un Santa Claus sin uniforme, un empresario de medio pelo y un político deplorable, notamos con claridad que Josefina ganaría, no por ser la mejor, sino porque era y es la menos mala.

Entonces el Presidente tuvo una idea y la cuidó: hay que tener un “plan B”, y ésa es Josefina Vázquez Mota. Así llegaron al domingo pasado, en medio de futbol nacional y norteamericano, toros, puente vacacional y lluvia en la capital, la gran fuente de votos ingenuos. Cuando Brady y sus Patriotas parecían quedarse con la victoria, en México ya a través de internet estaba claro que la ex secretaria de Educación Pública tenía el triunfo en las manos. Casi al mismo tiempo que Manning alzaba las manos en señal de éxito, entre nosotros teníamos una candidata presidencial en serio, con ciertas posibilidades de vencer a los que ya desde hace un rato están en campaña: Peña Nieto y López Obrador.
Todos quedaron satisfechos, menos Creel y Cordero. Ahora viene lo difícil, mostrar que se trata de talento político y no de género como muchos insisten ver. Si de género únicamente se tratara, no hay en México otra mujer con mayor talento político que Beatriz Paredes, pero su época ya pasó, el Jurásico es historia antigua. Es muy anticipado decirlo, pero Vázquez Mota quedará en segundo lugar en el mejor de los casos. Para dar una opinión menos agresiva, habrá que esperar a que ocurran, dentro de un par de semanas, las primeras encuestas nacionales. Ello nos permitirá ver cómo va la lucha electoral, ya con “el suelo más parejo”. Hasta hoy, el PAN, por su propio peso, camina arriba de López Obrador y debajo de Peña Nieto. Cuando Josefina dijo que superará al viejo autoritarismo, sin duda se refería al PRI, aunque el PRD es más autoritario. Pero no se trata de frases, sino de programa, y esto es lo que nunca un dirigente panista ha tenido. Si pierde no es cuestión de género, sino de experiencia política. Peña Nieto y López Obrador tienen más tablas y trabajo que Josefina.

Opinión 2012-02-08 - La Crónica

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