Tantadel

febrero 10, 2012

Todo sea por el poder

Cuauhtémoc Cárdenas es un cadáver político, también lo es López Obrador, sólo que a él nadie se lo ha dicho y supone que en verdad tiene un voto duro de nueve millones, la mayoría concentrada en el ingenuo DF, más lo que se acumule con aquellos que quieran ser cupidos de la república del amor. Sumadas sus fuerzas no ganan mucho. El primero dejará que la gloria familiar repose en la figura enorme del general Lázaro Cárdenas. El segundo se perderá en la historia de los demagogos más evidentes que México ha visto después de Antonio López de Santa Anna, en cerrada lucha con Vicente Fox.

El abrazo de apariencia cordial, con un fondo de total hipocresía, será una prueba de que vivimos tiempos viles. Demagogia pura. Cárdenas fue arrumbado por su propia creación de tal manera que su aportación, tan ansiada por Obrador, no llevará más que unos cuantos cientos a la cuenta de “las izquierdas”, esa enorme mentira que dejaría muerto de envidia a Francisco Bulnes, nuestro principal cazador de falsedades históricas.

La fotografía que reprodujeron los diarios, Cárdenas fingiendo felicidad y AMLO sintiéndola porque el severo padre lo perdonó, me hizo recordar una historia reciente. Fui el último director de la revista decana de México en su momento, Revista de Revistas de Excélsior, en 2004-2006. El primer número lo dediqué al ingeniero Cárdenas y le pedí al notable artista plástico Oswaldo Sagástegui la portada: un magnífico retrato del perredista. Los contenidos estaban dedicados a revalorar sus aportaciones a la democracia nacional. Desde luego, para la presentación de la publicación giramos invitaciones a granel. Cárdenas era el primero de la lista y allí estuvo, pero lo llamativo fue que entre tanto político como había en ese cóctel, destacaba uno más: el senador priista Manuel Bartlett, responsable de la “caída del sistema” que produjo la derrota de Cuauhtémoc Cárdenas.

Ni remedio, atendimos a los dos. En algún momento, entre una multitud de reporteros y fotógrafos, quedamos Cárdenas, Bartlett y yo juntos. De inmediato comenzó la sesión de fotos. En ese momento, todavía estaba fresca la culpabilidad de Bartlett en el fraude a Cárdenas y ya López Obrador echaba lodo sobre el anterior caudillo para sustituirlo y ser el nuevo dueño de lo que hoy llaman con idiotez “las izquierdas”. Un reportero se acercó a mí y me preguntó: “Cómo hizo para juntar a dos enemigos mortales”. Mi respuesta fue sencilla: “Los invité y ningún político tiene decoro”. La fotografía puede ser vista en mi página web.

De tal modo que cuando los cercanos a Cárdenas me dieron la noticia de lo que tramaba López Obrador, acercarse a su antiguo jefe, inventor y luego enemigo, era un golpe efectista, mediático, de falsa reconciliación para ganar votos. Lo mismo que ha hecho con los empresarios que antes denostó por ladrones y usureros. A toda costa desea hacernos creer que ha cambiado de violento y majadero a un promotor del amor, una auténtica sandez. Por lo pronto, ante el desdén de Josefina Vázquez Mota, mostró que no hay cambios: es el mismo salvaje que conocemos y que muchos idolatran. Un ex priista formado en el populismo de Echeverría y López Portillo. Cuando la señora, emocionada por su triunfo, señaló como su rival a Enrique Peña Nieto, el pequeño Napoleón tabasqueño, recuperó su mal carácter, su autoritarismo y deseos vengativos.
Lo más grotesco del caso es que Cárdenas y dos o tres acompañantes le entregaron una lista de lugares comunes, de peticiones demagógicas y de tal ambigüedad, que de inmediato fueron aceptadas (no suscritas) por un elegante y complacido López Obrador. Para salvar a México se requiere: sacar al PAN de Los Pinos e impedir el regreso del PRI. Esto es, “las izquierdas” serán el mecanismo de cambio, con Bejarano, Brugada, Padierna, Fernández Noroña, Ebrard, Muñoz Ledo… y los recién llegados como Manuel Bartlett. Sumar esfuerzos. Apoyar a los desprotegidos. Luchar por la democracia. Carajo, imposible rechazar tan elevadas y generales propuestas. Hasta Cordero o Creel podrían suscribirlas. Fue un maniobra para que AMLO se mostrara magnánimo en lo que imagina la victoria y Cárdenas no se sintiera marginado. Una farsa perfecta.

Dudo que muchos hayan tomado en serio la tomadura de pelo. México vive un extraño momento en que cada quien está convencido de lo que considera suyo. Cada aspirante presidencial cuenta con un voto duro de cierta magnitud y sólo falta conseguir que se muevan los indecisos, ellos son quienes le darán el triunfo a alguno de los aspirantes. Por eso los tres se mueven con cautela, tratando de evitar a los enemigos y mostrando que atrás suyo hay un ejército de muchas divisiones, proyectos que todavía no vemos. A las vaguedades de Peña Nieto y López Obrador se han sumado las de Josefina Vázquez Mota, campeona del lugar común. Es ridículo que digan que el menos malo es fulano o perengana, habrá que insistir en el partido de la sociedad, es una fuerza poderosa pero incapaz de organizarse y mostrar sus posibilidades. Lo que tenemos es un montón de fanáticos que recorren el país mintiendo. Nadie como AMLO, sin embargo, ha engatusado a personajes que lo padecieron como Cárdenas. Así que habrá un extraño choque de tres trenes, todos desvencijados, atrasados e incapaces de conducirnos a la modernidad anhelada.

Opinión 2012-02-10 -
La Crónica

No hay comentarios.: