Tantadel

marzo 21, 2012

Cochineros por igual

La palabra cochinero es afortunada por lo menos en México, porque hay países donde los cochinos, puercos, cerdos o marranos, viven en medio de una gran limpieza, rodeados de cuidados con el objeto de brindar carne higiénica y libre de bacterias nocivas. Los mexicanos la utilizamos ya no para referirnos a los animales sino a los procesos políticos. Hoy es palabra frecuente. Entre el domingo y el martes pasados apareció multitud de veces para referirse a las designaciones de candidatos del PRI, PRD y PAN. En muchos puntos de la República hay protestas e inconformidad a causa de los resultados. Los partidos no encuentran la manera de salirse con la suya aplastando la voluntad poco consistente de sus militantes.

Como es de suponer, el PRD se llevó una vez más el campeonato del torneo. En la delegación Magdalena Contreras solamente, uno de los rumbos donde trabaja incesantemente René Bejarano para mostrar su poder en el DF y su lealtad a López Obrador, hubo un escándalo de tal magnitud que luego de que perredistas inconformes bañaron con cerveza y agua a Bejarano, lo jalonearon e insultaron. La aspirante a la jefatura de esa delegación Leticia Quezada pidió la protección de la PGJDF tras los lamentables hechos que vimos en fotografías y videos. Ella afirma que el responsable de la violencia es el actual delegado Eduardo Hernández Rojas. Lo sorprendente es que para la dirigencia perredista todo transcurrió en tal calma y que su partido puede ser reconsiderado como “no violento”.

Los priistas no se quedaron atrás. En Tabasco, digamos, hubo protestas en diversos lugares y disturbios en Huimanguillo, Centla y Tenosique. Lo mismo que en los demás partidos: los dirigentes impusieron a sus favoritos, no necesariamente a los mejores o a quienes resultaban menos ofensivos a la población en cada caso. En el DF, Beatriz Paredes logró a medias contener, desde la cúpula, las ambiciones de los que no pudieron obtener alguna nominación, aunque todavía faltan piezas que ajustar al modo de la candidata a jefa del gobierno capitalino. La pregunta es ¿podrán los priistas hacer algo limpio y transparente en el DF? Lo dudo. Pero de eso a ganarlo, es otra cosa. Lo que se juega en la capital es un poco de presencia. Buscan algo de lástima en una ciudad que seguramente votará por Miguel Ángel Mancera.

El PAN hace rato que dejó de ser impoluto, honesto, casto y limpio. En cuanto tomó el poder, mostró su verdadero rostro, el de un priismo añejo y por completo inoperante. Los resultados los prueba día tras día Felipe Calderón y su partido, al que domina y que no supo mantener la pureza que tantas décadas presumió. Hoy, como priistas y perredistas, manipula a sus militantes y por “dedazo” selecciona candidatos con tal de triunfar (caso Miranda de Wallace). Nuestro diario, el lunes cabeceó en primera plana: “Cochinero del PAN-DF al elegir a sus candidatos”. Los propios panistas denunciaron un padrón rasurado o inflado, compra de votos y utilización de recursos públicos para favorecer a ciertos aspirantes. Los resultados fueron decepcionantes. La breve e incisiva columna “La esquina”, precisó: “El padrón azul estaba ‘rasurado’ o ‘inflado’; denunciaron compra de votos y afiliación corporativa; acusaron que rebasaron los gastos de precampaña. A diferencia de las elecciones internas de otros partidos, en las del PAN del DF no se registró (hasta ayer) robo de urnas y entrega de despensas. Pero en el fondo, el cochinero de la elección panista es muy similar a los del sol azteca. Son igualitos en las mañas.”

En páginas interiores y en otros medios, hacían señalamientos de la conducta del PAN capitalino, cuyo responsable es Juan Dueñas. Señalaron que este personaje suele señalar los cochineros de sus vecinos y ocultar el propio. Lo grave realmente son las acusaciones de la ex militante panista Lía Limón, quien presentó su renuncia al partido. Y muestran que Manuel Espino tiene razón.
Pero esto lo sabemos. En todo caso, los seguidores de uno u otro partido señalarán la casa del vecino. En la suya, nada ocurre salvo tranquilidad y honestidad. No hay dudas de que el siguiente será un proceso turbio, lleno de irregularidades, acusaciones, chantajes y calumnias. Lo estamos presenciando. Con el paso de los días, únicamente se acentuará. En tal turbio contexto, ¿qué deben hacer los electores? Pues ver con ojos más severos, críticos y atentos no sólo a los candidatos, hay que estudiar las propuestas, los proyectos. La desgracia de nuestra sociedad es su división, su guerra civil. Si antes en el siglo XIX el combate era entre dos grandes fuerzas opuestas: conservadores contra liberales, hoy esa implacable guerra la dan tres partidos rodeados de pequeñas organizaciones más o menos afines. Ninguno tiene ideología ni valores y para colmo los tres luchan por el centro.

Más que pensar en votar por el menos malo, hay que trabajar en pos de una sociedad capaz de conducir a los partidos y a las instituciones. Hasta ahora hemos sido sus marionetas. Es tiempo de modificar el panorama político. De lo contrario seguiremos siendo una nación de farsas y partidos que operan como negocios turbios.

Opinión 2012-03-21 - La Crónica

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