Tantadel

marzo 01, 2012

¿Cómo recordaremos a Calderón?

Tengo la impresión que los políticos mexicanos que han trabajado para el futuro pensando cómo pasarán a la historia, qué se dirá de ellos, son muy pocos. En años recientes, es posible que lo hayan imaginado Adolfo López Mateos y desde luego Lázaro Cárdenas. Ambos tuvieron una idea precisa de su tiempo y actuaron con cautela, más el segundo que el primero. La mayoría se ha limitado a actuar en el ámbito de lo inmediato. Cada paso dado no iba más allá de solucionar un problema coyuntural. Los presidentes intentan dejar huella, pero al preocuparse más por el presente que por el futuro, no logran imprimirla profundamente en el imaginario colectivo. Gustavo Díaz Ordaz no parecía un mal mandatario, las cosas iban bien hasta que se topó con un problema mínimo que mal llevado lo condujo a ser un asesino. Es la palabra con la que se le recuerda.

A otros, como Luis Echeverría y José López Portillo, los mexicanos los recuerdan mal. Al primero como cómplice de Díaz Ordaz y autor de un feroz populismo demagógico. El otro era un hombre brillante, pero sin mucha experiencia real (su carrera hacia la Presidencia fue veloz), prefirió llevarse por su buena fortuna más que por actos inteligentes bien meditados. En sus manos, con enorme frivolidad, se dejó llevar por errores que arruinaron al país. Pocos han olvidado sus romances sin mucho tacto y sus desplantes de “último presidente revolucionario”, cuando era un tipo hispanizante que fue a buscar sus orígenes familiares a un pueblo perdido en España.

Muchos presidentes lograron borrar sus propias hazañas al cometer torpezas infinitas. Miguel Alemán es recordado como un hombre que basó su éxito y el de un grupo de cercanos en tanto gobernante corrupto, que permitió abusos visibles. En cambio, ya muy pocos recuerdan que la majestuosa Ciudad Universitaria fue una hazaña suya que destacó en su libro de memorias. Desde hace décadas, ningún rector habla del creador de la magna obra. Es curioso, Luis Echeverría y Carlos Salinas supieron rodearse de intelectuales, los apoyaron y estimularon. Hoy, ninguno de ellos mira al PRI con buenos ojos. Los hay que incluso han pasado a la oposición surgida de su propio seno. Es el PRI de Miguel de la Madrid, quien con sus muchas limitaciones y grisura, de donde se desprende el hoy llamado Partido de la Revolución Democrática. Es decir, Miguel de la Madrid no supo ver el futuro, apenas le daba para resolver cuestiones de poca monta y al no entender que México quería cambios, fomentó a una oposición que hoy es tenaz.

Jaime Torres Bodet, secretario de Educación Pública, era un hombre que miraba hacia el futuro, lo probó al crear el Plan de Once Años, mediante el cual, en ese plazo, el país dejaría de padecer el analfabetismo; asimismo, con la creación del Libro de Texto Gratuito. Por ello, y porque era un hombre de finas letras y enorme cultura, hoy es visto con respeto. Tuvo tanta grandeza como la tuvo José Vasconcelos. En los demás, las tareas fueron llevadas a cabo por la rutina y el deseo de ascenso. De todos los políticos que intentan llegar a la Presidencia, sólo uno por generación lo consigue y no necesariamente es el mejor. Puede ser el más afortunado por diversas razones, nunca el más dotado intelectualmente.

La pregunta que hoy se antoja es cómo México recordará a Felipe Calderón, pues su correligionario Vicente Fox hoy está olvidado, aunque hable y hable. Es invisible. En la memoria colectiva es el hombre que consiguió la transición y la desperdició. Ambos se han negado a realizar cambios de fondo, siguen montados en el mismo añoso sistema que hace agua por todos lados. Más hábil Felipe que Vicente, más osado, involucró al gobierno en una guerra que parece salida de las páginas memorables de García Márquez: una guerra que nadie sabe cómo inició y que nadie sabe cómo terminará. A cada rato sus críticos y enemigos le recuerdan la cifra de muertos que ha dejado el violento combate. Ello es un hecho que él ha defendido con tenacidad. Se justifica diciendo que no había otra forma de luchar contra el narcotráfico, sino con el apoyo de las fuerzas armadas.

A diferencia de López Mateos o de Cárdenas, por ejemplo, ni Fox ni Calderón supieron rodearse de buenos funcionarios. El colmo ha sido este último. Sólo en Gobernación ha designado a varios y ninguno ha cumplido con su cometido. Es probable que México no guarde buenos recuerdos de Felipe Calderón. Ya vemos los muchos votos que aglutinan sus rivales del PRI y del PRD. En cuanto empiece la campaña formal, es posible que la atención se concentre en ellos y se distancie de Josefina Vázquez Mota y del PAN por su incapacidad hasta para tratar de imitar los vicios y defectos del pasado. Es evidente que no supo tratar y resolver con habilidad los problemas nacionales. Deja al país lastimado. Para colmo, hereda asimismo un partido, el suyo, maltrecho y con resentimientos que antes no tenía. Si Vázquez Mota obtiene el sitio que le asignó Calderón ante los banqueros, será por su propio trabajo y no por la complacencia presidencial.

Opinión 2012-02-29 -
La Crónica

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