Tantadel

marzo 23, 2012

El PAN de cara a la sociedad

Hasta hace poco tiempo, el PAN era un partido conservador, reaccionario, la derecha, pero nadie podía negar la claridad de sus principios y propósitos. Desde su fundación en 1939 fue un severo crítico de la dictadura priista, de su corrupción y en general de sus vicios. Pero llegó al poder con la persona menos adecuada, Vicente Fox, cuya frivolidad e ignorancia son proverbiales y multicitadas. Allí comenzó la destrucción interna. No más ideas de Gómez Morín, ahora se trataba de mantener el poder, trepado en el mismo sistema creado por el PRI y utilizando sus mismos vicios y defectos. Hubo voces de alerta. Podemos perder al partido por querer afianzarnos en el poder, decía Castillo Peraza. Manuel Espino en vano intentó revertir el proceso. Fue expulsado y tratado como un ser despreciable. El ex panista respondió con libros.

Calderón de cuerpo entero, escrito por Julio Scherer, gracias a encuentros con Manuel Espino y sustentado por documentos que van al final de la obra, es una de las muchas pruebas de una fea metamorfosis, no sólo la de Felipe Calderón sino la del partido en su conjunto. La llegada al poder, a Los Pinos, más que hacerle un bien al PAN, lo hirió de muerte. Podrá seguir existiendo, pero ya no logrará mostrarse como un aparato digno, limpio y ajeno a la corrupción, al autoritarismo. Ya utiliza cómodamente todos los vicios políticos y Calderón se desprende de sus actos, es un priista más de viejo cuño: inescrupuloso, falsario, que utiliza lo que le viene en gana para doblegar al partido y a la nación. De allí sus muchos tumbos, sus evidentes fracasos, con un gabinete que nunca llegó a ser modelo y ejemplo de servicio público. Por allí han desfilado campeones de la ineptitud y protagonistas de corrupción y nepotismo. El Presidente podrá tener todavía muchas simpatías, pero la historia se anticipó y ahora lo muestra como el autor de una costosa guerra de unos 60 mil muertos que, como en la novela de García Márquez, Cien años de soledad, nadie sabe cómo empezó y tampoco conocen quién la concluirá. Hace doce años la alternancia despertó una oleada de esperanzas. Era indispensable para el país, pero no estuvo en las mejores manos.


Lía Limón, qué duda cabe, perdió el proceso para ser candidata a delegada de Miguel Hidalgo, quedó en tercer sitio, luego de Miguel Errasti y Ricardo Pascoe, quien aceptó la derrota. Ella, por el contrario, hizo una serie de acusaciones graves a los dirigentes del PAN y tajante presentó ante los medios de comunicación su renuncia. Se suma a Sada y Clouthier. Seguramente se excedió, su rabia fue excesiva, en el fondo queda muy claro que su ahora ex partido está herido de muerte. Podrá sobrevivir, pero quedará lastimado para siempre. Las palabras de Lía Limón fueron severas, calificó a la dirigencia como “una pandilla de cuatreros que controla los procesos internos”. No le respondieron seriamente, con argumentos de lo contrario, se quedaron en explicaciones simplistas y de llamadas de solidaridad partidista. No son los caminos, dijo Juan Dueñas con timidez y falta de carácter, con sentimiento de culpa. Los verdaderos responsables son Felipe Calderón y Gustavo Madero que no han sabido dar una pelea limpia para conducir al PAN ni al país. Al contrario, los han tratado de someter. Con el PAN pudieron, no con el país: es demasiado grande y complejo.
De ahora en adelante, luego del ofensivo “dedazo” para designar candidata al GDF a la señora Isabel Miranda de Wallace, quien comienza a pagar los resultados de su transformación de luchadora social a activista o simpatizante de un partido político y de los muchos señalamientos internos, de militantes como Gómez Mont, el PAN, otrora impoluto, de altos méritos políticos como oposición conservadora, no tiene encima más que las acusaciones de ser peores que los viejos priistas.

Felipe Calderón se va a escribir quizá un libro que trate de limpiar su imagen manchada, incapaz de rodearse de hombres y mujeres con sensatez e inteligencia, de clara honestidad, pero el PAN se queda. ¿Cómo va a llegar con una Josefina Vázquez Mota, impetuosa, pero mal formada para hacer política, al proceso electoral de 2012? Sin duda mal. Las esperanzas se desvanecen. El PAN debería (no lo hará) concentrarse en su organización interna, hacerse cirugía mayor y luego dar de nuevo la lucha por el poder. Así lo han hecho otros partidos en Europa, así podría hacerlo Acción Nacional. Manuel Espino ha dicho una y otra vez que la idea es volver a los orígenes y tiene razón. Pero no, los dirigentes han probado el grato sabor del poder y no pensarán en el partido, sino en degradarlo más para derrotar a sus rivales, a los que nunca ha visto con claridad porque ni siquiera se ha examinado a sí mismo. Es una pena verlo utilizar las melladas y repulsivas armas del antiguo sistema, las que ni siquiera manejan bien a juzgar por el fracaso de Vázquez Mota en su estreno público, fiasco que seguramente no vio Mario Vargas Llosa.

Opinión 2012-03-23 - La Crónica

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