Tantadel

marzo 07, 2012

Entre encuestas nos vemos

El pasado lunes, Excélsior dio a conocer una encuesta más, un trabajo serio que ayuda a ver el avance de los candidatos. No es, desde luego, la que Felipe Calderón mostró a los banqueros, tampoco la que ahora presume Vázquez Mota. En términos generales mantiene la percepción que los mexicanos tienen en estos días.

Según dicha encuesta, no hay cambios dramáticos. Enrique Peña Nieto mantiene una cómoda ventaja de 47% y para desmentir a Calderón, muestra que Josefina Vázquez Mota no está tan cerca del puntero: tiene el 29% de la intención del voto; es decir, está 18 puntos atrás. Andrés Manuel López Obrador se mantiene en el tercer sitio, gracias a Gabriel Quadri, quien se aferra al último lugar con tan sólo el 1%. AMLO ahora desconfía de las encuestas, las llama “a modo” y no deja de tener razón, muchas, incluidas las del PRD y PT son de tal índole, igual que las mostradas por Calderón y el PAN para favorecer a su candidata Vázquez Mota, cuya fuerza, ya vimos, no radica en el deporte para promoverse, corrió tres kilómetros en cuarenta minutos, mientras que el ecologista Quadri consiguió llegar a la meta luego de los cinco kilómetros, sudando.

Hasta hoy, todas las encuestas favorecen a Peña Nieto, incluso en aquéllas que hizo el Presidente y las que han pedido los enemigos del PRI, que los tiene y bien ganados. Pese a errores y equivocaciones estratégicas, el ex gobernador mexiquense continúa muy arriba.

Nadie ignora que las encuestas son inestables e impredecibles, muchos factores las modifican. Pero llevamos ya muchos meses en tal situación y a pesar de los descalabros del priista y de los golpes publicitarios de Vázquez Mota y López Obrador, la situación no ha dejado de ser la misma. La encuesta de Excélsior, vista en detalle, es abrumadora: Peña Nieto “inspira más confianza”, “logrará crear más empleos”, “tiene más experiencia de gobierno”, “representa más un cambio”, “es más creíble lo que dice”, “es más honrado”. Me desconcertó su nivel de éxito. En estas dos últimas preguntas, queda mejor posicionado que AMLO y Vázquez Mota. En cuanto a honradez, estos dos obtienen respectivamente: 17% y el 16%. Los otros resultados están por el estilo.

Pero los casi cuatro meses que faltan para la encuesta definitiva pueden hacer que tales resultados sufran modificaciones. Los imponderables, los pecados, los errores, los debates, pueden cambiar el actual escenario. O pueden confirmar lo que las tercas encuestas han señalado. Ahora, no todo depende de los candidatos, también lo que ocurra dentro de cada partido puede provocar variantes. Para ser francos, si los rostros y tareas de los candidatos reflejan un cierto grado de limpieza, no así el de los partidos que están atrás de ellos. Cada uno tiene su propio historial negro. El más largo es, por obvias razones, el del PRI, pero el más intenso le pertenece al PRD y ahora que vemos las protestas, los manejos internos en el PAN, sabemos que ha dejado de ser la imagen de la pureza. Padece los mismos vicios y corruptelas que la política mexicana maneja desde sus inicios y que no se han podido erradicar. Fernández de Lizardi, en El periquillo sarniento, con claridad expuso los defectos del mexicano; en tal sentido filósofos, escritores y periodistas no han hecho más que repetir las críticas del novelista. La corrupción es la gran enfermedad nacional.
Así que con paciencia, complacencia o cinismo, los mexicanos vamos a las urnas por el “caudillo” menos malo, por el que medio ofrece transformaciones. La lucha presidencial en México es el juego de las esperanzas perdidas. Al fin, con éste nos irá mejor. Así pensamos cuando echamos al PRI de Los Pinos y así pensamos antes de que el PAN cumpla doce años de torpezas y errores. Los partidos de inmediato muestran que siempre pueden ofrecer algo peor. De Cuauhtémoc Cárdenas a Los Chuchos y demás tribus, de Gómez Morín a Gustavo Madero.
Al PRI le faltan dos cosas: pedirle perdón al país por sus graves errores y prometer enmendar el rumbo. ¿Podrá hacerlo si en su seno están los mismos de siempre? Bueno, no todos, muchísimos han emigrado al PRD o al PAN. Manuel Bartlett siguió, para no quedarse fuera del erario, el camino de Manuel Camacho, Marcelo Ebrard y cientos más. México necesita tener una sociedad fuerte, pensar menos en los partidos y confiar en su propio poderío. Hasta hoy, de mil maneras, hemos sido víctimas de los partidos, cuyos intereses son idénticos y sólo aparecen variantes en casos electorales. El saqueo no lo ha cometido únicamente el priismo, gustosos lo han acompañado el PRD y el PAN. Si las encuestas no padecen alguna modificación, tendríamos que comenzar por exigirle al PRI de Peña Nieto la certeza de que nunca volverá aquél al que en el 2000 le impedimos la entrada a Los Pinos. Si el candidato se siente con las manos limpias y sin culpas por el pasado, con mayor razón deberá ofrecer disculpas por los errores de sus mayores, y jurar que no habrá un PRI como el que perdió ante Fox.

Opinión 2012-03-07 - La Crónica

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