Tantadel

marzo 25, 2012

Escritores y política

No sé cuántos votos le aporte Mario Vargas Llosa a Josefina Vázquez Mota; dudo que muchos.

Hace muchos años comenzaba yo a escribir y publicar, y un inquieto reportero, David Siller, me entrevistó para el Excélsior de Julio Scherer, a petición de Ana Cecilia Treviño, Bambi, entonces directora de la Sección B. La entrevista apareció bien desplegada y para colmarme de gozo la ilustraron con un magnífico dibujo de Naranjo. El gran artista puso a un intelectual imaginario e imaginable de cuyos labios salía la siguiente frase dicha por mí en la entrevista: “Los grandes escritores latinoamericanos son capaces de decir grandes barbaridades”. Naranjo se lo regaló a David y éste me lo obsequió como valioso recuerdo de amistad.Desde entonces pensaba que a los escritores se les lee y juzga por la obra literaria, no por sus acciones. Mario Benedetti precisó que admiraba a Borges, que era insustituible, un inmenso artista, pero eso no era impedimento para criticar su conducta política. No fue fácil, pero los franceses tuvieron que dejar de lado el fascismo de Louis Ferdinand Céline para amar su obra maestra Viaje al fin de la noche. Uno quisiera que el escritor admirado fuera coherente y que su gran literatura tuviera como apoyo una biografía ideal: la del ser comprometido con las formas más avanzadas de pensamiento. El problema es que ahora nadie sabe cuáles son esas ideas progresistas que en algún momento mantuvieron la esperanza de millones de hombres y mujeres. En México, ninguno de los partidos tiene una ideología precisa, inteligente y de vanguardia. A lo sumo, pelean por el centro, los cero grados de la política, decía Duverger.Esto viene a cuento porque Mario Vargas Llosa, quien gusta de la política, ha mostrado su simpatía por Josefina Vázquez Mota. En un artículo publicado hace algunos meses en El País, “Corrido mexicano”, hizo severas críticas a López Obrador y todos sabemos qué piensa del PRI. El año pasado, en la UAM, me correspondió entrevistarlo. Mi primera pregunta fue justamente hacerle notar a Mario su activismo político. Respondió que en sus libros no sólo está presente tal tema, asimismo, por ejemplo, aparece el amor.Vargas Llosa ha sido muy claro en sus posturas políticas; lo fue cuando sentía alguna simpatía por Cuba y lo es ahora que está empeñado en acelerar la globalización sobre el modelo anglosajón (pienso en la rediviva Thatcher de la mano de Reagan derrotando solitos al socialismo). Ninguno de los candidatos mexicanos me satisface; de todos no hay uno que me convenza. Las palabras de Vargas Llosa sobre Vázquez Mota son gentiles, pero políticamente no corresponden a una persona que él haya visto actuar. Dudo incluso que Vázquez Mota sea liberal, no al menos en el sentido que los mexicanos le damos; es, por lo contrario, conservadora y al usar el término pienso en el siglo XIX, donde están las raíces panistas. Tampoco es transparente ni ha hecho mayores contribuciones a la democracia. No es Gómez Morín, Clouthier o Castillo Peraza, sino una funcionaria de poca capacidad política, con habilidad para dirigirse a la gente. Valiente y cautelosa, sin embargo, no hay una tarea suya que pruebe los excesos verbales de Vargas Llosa.

No deja de ser interesante que una persona militante del PAN, partido ajeno a la cultura, al campo intelectual, se acerque a los escritores y dialogue con ellos. No lo hace Peña Nieto, López Obrador los utiliza y Quadri conversa consigo mismo. Supongo que tanto Vargas Llosa como el expresidente colombiano Álvaro Uribe, quien compartió los elogios, sí conocen el pensamiento político de Josefina, porque en México la vemos elusiva, discreta. Ha dicho generalidades que coinciden con la política de Calderón, pero ¿y las ideas propias, dónde están? Quizá las escuchemos en la campaña; por ahora no aparecen.

No sé cuántos votos le aporte Mario a Josefina; dudo que muchos. Yo seguiré emocionándome con los libros de uno de los mayores novelistas del castellano.

Excelsior 2012-03-25

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