Tantadel

marzo 30, 2012

Josefina, mentir no es el camino

No es fácil entender al PAN de hoy, hago esfuerzos vanos para precisar qué le sucedió, por qué se atoró, por qué no supo mantener la dignidad que llevaba hasta que obtuvo la Presidencia de México. Al parecer se engolosinó y gradualmente se hizo de un añejo priismo. Lo vemos trampear, acarrear pobres, mantener vivo un sistema caduco que a nadie le gusta más y desde luego mentir y mentir, algo evidente en el discurso cotidiano de Felipe Calderón. ¿Dónde están los panistas que intentaban modificar el rumbo del país positivamente? A cambio, los panistas tramposos son cada vez más visibles.

Allí está la candidata presidencial del PAN. Una mujer intelectualmente limitada, autora de libros de autoestima que por razones de buena fortuna llegó a secretaria de Educación Pública, un tema que desdeña según sabemos a través de uno de sus escasos trabajos académicos. Por la UNAM, la que espera una respuesta satisfactoria, siente desprecio. Su masificación le molesta y no deja de tener razón, pero es claro que no entiende su función social y en consecuencia su necesidad de crecimiento. Tampoco que los gobiernos neoliberales, priistas y panistas, la han cercado y llenado de incomprensión.

Los cargos que Josefina ha podido atender, los ha dejado igual o peor, aunque nunca ha sido una presencia tan inútil como padece Gobernación. Aquí una cadena de ineptos ha contribuido a enrarecer la situación política del país. El o los gabinetes del presidente han fracasado en todo, pero en todo, todo. Calderón es perfectamente El gran solitario de Palacio. Más cercano al tiranuelo que al estadista. Su célebre guerra, justa quizá, ha sido tan mal conducida que ya 60 mil muertos prueban su error. Heredará una nación en pésimo estado, por más que sus panegiristas digan lo contrario. Para colmo, ha pisoteado el Estado laico. Cuando comulga públicamente, se justifica con un torpe argumento: Soy un mexicano más. No sabe lo que dice. Ese señor que se inclina ante su fe y ante el representante del Vaticano es ni más ni menos que el presidente de todos los mexicanos y entre esos millones estamos protestantes, musulmanes, judíos y ateos. Nunca le ha quedado claro que sus funciones no son las de orar frente a la sociedad, hacerle publicidad a una religión determinada por más que la profese.

Pues ahora Josefina Vázquez Mota miente con audacia o cinismo. No iba mal. Enfrentó a la cúpula presidencial y a la de su partido, el PAN y lo hizo con valor, se impuso al candidato de Calderón y apareció de pronto en el segundo lugar de las encuestas, arriba de López Obrador que es un político de largas tareas, asimismo tramposo y amigo de las mentiras. A Vázquez Mota le muestran una grabación donde ella descubre que su propia gente la espía, la acosa y reacciona con decoro. Pero rápido supone que ahora no debe pelear más con sus enemigos panistas sino con el PRI de Peña Nieto y luego de acusar a García Luna y a Sota, cambia su postura y señala a los priistas y a Peña Nieto que no tienen ninguna responsabilidad en el espionaje que el gobierno calderonista le hace o le hizo a su propia camarada Josefina. La mentira es monstruosa, la señora pierde votos. Si es realmente una buena católica, y profesa con seriedad su religión, ¿por qué entonces agrede un mandamiento de la ley de Dios: No mentirás? Sí, miente con desfachatez. La candidata recibirá un castigo ejemplar, pero no será su Dios quien se lo proporcione sino la sociedad que la ve engañar con impudicia. Allá ella, parecía gente decente, ahora vemos que es una militante política del montón. Qué pena.

Hasta hoy, López Obrador triunfaba con creces en el arte de mentir. Sólo su club de fanáticos cree que ha cambiado y perdonado a Felipe Calderón, vaya ridiculez. AMLO mantiene vivos sus rencores y sus afectos. Sigue odiando a quienes no están con él, porque se trata de un hombre violento, de extremos. No hay “República del amor” y menos “Cartilla moral”. El hombre odia más de lo que ama. Ninguna persona sensata y bien informada puede creer que es un hombre afecto a la verdad. Miente una y otra vez, sin mostrar fatiga. Pero ahora Vázquez Mota se ha incorporado a este torneo de falsedades con tal de triunfar. Falta poco para concluir un penoso proceso electoral donde triunfan las calumnias, las campañas sucias y el odio. El problema es que todo esto comienza en Los Pinos y desde allí se esparce por el país.

Rodeada de egresados de universidades privadas, tan caras al espíritu de la candidata panista, marcha dando tumbos. No iba mal cuando obtuvo la postulación de su partido. Trata ahora de hacernos creer que el duro fuego amigo al que Calderón la ha sometido, proviene de los priistas que a duras penas tienen capacidad e interés en saber qué dicen las pláticas telefónicas de una candidata, mal aconsejada, que pierde puntos, que entra de lleno, como dice el lugar común, a los fracasos por la puerta grande.


Opinión 2012-03-30 - La Crónica

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