Tantadel

marzo 12, 2012

Manuel Bartlett, ¿ex priista o anti-panista?

Conocí personalmente a Manuel Bartlett en Puebla, cuando era gobernador. Fuimos del DF, concretamente de la Sogem, un grupo de escritores, invitados por el secretario de Cultura, Héctor Azar, dramaturgo y prosista de talento, amigo generoso. Tuvimos por la mañana algunas actividades culturales y al mediodía nos dijo que el gobernador Bartlett nos invitaba a comer. Luego de engullir un excelente mole poblano, Manuel nos invitó a conocer el Palacio de Gobierno y allá fuimos caminando sin escoltas. De pronto se detenía a saludar a alguien, pero pronto retomaba la conversación con nosotros, principalmente con el poeta José María Fernández Unsaín, presidente del gremio de escritores. Descubrí que un compañero mío de la preparatoria 7, Rogelio Espinoza de los Monteros, era un hombre cercano al político poblano.

Manuel Bartlett había sido un eficaz funcionario priista. Sus enemigos lo señalaban como el responsable del “fraude” que permitió el ascenso de Carlos Salinas y la derrota de Cárdenas en 1988. Su priismo es indudable, aún ahora que está lejos del partido madre. Pero posee talento político, el mismo que le ha permitido no sólo subsistir, sino luchar contra sus enemigos y rivales. Su anti-panismo es también conocido. Será interesante ver cómo actúa en tanto senador por Puebla, coexistiendo con un gobernador de origen también priista pero que cambió de partido, en la alianza PAN-PRD, para echar a Mario Marín de la política.

Más adelante, cuando Manuel intentó ser candidato presidencial por el PRI, me tocó entrevistarlo para una revista e invitarlo a la UAM-X, junto con los demás aspirantes al cargo a exponer su programa: Labastida, Cárdenas y Muñoz Ledo, ya separado del grupo fundador del PRD y a punto de irse con Vicente Fox. Labastida ni me tomó la llamada pese a que le hablaba en nombre de la institución pública, Cárdenas fue atento, pero me explicó que ésa era una plaza suya. Sólo Porfirio y Manuel asistieron a hablar ante un público hostil. Ambos hicieron un buen papel, Porfirio no dejó hablar a nadie con su retórica inteligente, educada y siempre audaz. Temía que la presencia de Manuel Bartlett causara un escándalo por la acusación de ser el causante del “fraude” de 98 que encumbró a Salinas. No. Habló, según el tema que les solicité del papel del Estado en México. Lo hizo por escrito y con brillantez. A la salida platicamos de Labastida, estaba muy apoyado por Ernesto Zedillo y ya la famosa cargada funcionaba. El resto es historia. Alguna vez tocamos el tema y me dijo dos cosas: el PRI está muy mal y con el PAN no se puede tratar, son empresarios, no políticos. Anticipó que estaba en mejor situación el PRD.

Ahora Manuel Bartlett será senador por el PRD representando a Puebla. Algunos lo critican por el cambio, algo que ya es natural: el PRD está hecho y se ha mantenido fuerte a causa de los ex priistas. Otros, incluido el propio López Obrador, también surgido del PRI, como Camacho, Ebrard, Núñez, etcéteras al infinito, lo justifican y aplauden su llegada. Los cambios de partido muestran la necesidad que tienen los políticos de seguir en los cargos, pero también la descomposición del sistema, la ausencia de ideologías. Realmente todos los partidos pelean por el centro, hasta la derecha panista. Supongo que en cada caso hay razones para cambiarse de partido y aspirar a una alta responsabilidad.
Algunos, Cárdenas entre unos pocos, han insistido en que Manuel diga la verdad de lo ocurrido la noche en que “el sistema se cayó”. Hay ingenuidad, eso no se sabrá nunca. Formarán, cosa que dudo, mil “comisiones de la verdad”, quedaremos con la sospecha de los “fraudes” y los políticos seguirán en lo suyo.
Tengo la impresión que México va a seguir en una larga etapa de cambios de partido, las camisetas son desechables, ahora hay diversos pretextos para ir del PRI al PRD, lo que ha sido normal, pero también comienzan a ocurrir viajes en sentido inverso y hasta quienes dejan el PRI para irse al PAN o al revés. Esto oculta la debilidad ideológica de los partidos, la facilidad con la que modifican sus posturas y la necesidad de mantenerse en el poder. La negativa del político a retirarse a escribir sus memorias o ir a Las Vegas a divertirse, ya sin pensar en la política, es real. No es una vocación, es una patología. Si una vez me sentí ridículo fue cuando me presentaron en un cumpleaños de la gran escritora María Luisa Mendoza al ex gobernador Arturo Montiel, cuando, por buscar tema de conversación, le pregunté a qué se dedicaba ya lejos de la política. Mire, repuso, los políticos nunca nos retiramos.

Así es. Si los partidos dejaran de tomar decisiones cupulares y en su lugar permitieran las voces de los militantes, de sus bases, el asunto sería otro y quizá, con un poco de buena suerte, hasta tendrían una ideología firme, consistente que no les diera pretextos para cambiar de camiseta como si fueran futbolistas. Pero eso es mucho pedir. Los partidos se mueven por los caudillos y sus principales dirigentes. Las bases jamás han tomado una decisión; la asumen, que es distinto.

Opinión 2012-03-12 - La Crónica

No hay comentarios.: