Tantadel

marzo 11, 2012

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Con o sin Obama, Estados Unidos como potencia, sabe que de muchas formas es la virtual dueña del planeta.

Cuando estudiaba en la UNAM, mis profesores hablaban del decoro que México debía mantener frente a su eterno verdugo: Estados Unidos. Lo definían como lo hizo Lenin: país imperialista.Uno de ellos, Gastón García Cantú, escribió un libro memorable: Las invasiones norteamericanas en México. Una obra documentada e indispensable para evitar el olvido de enormes agravios y pérdidas de territorio, el eterno problema para quienes cruzan ilegalmente la frontera a vender barato el trabajo que México les niega: injusticias y racismo.A nosotros nos correspondió el dudoso honor de compartir una larga frontera con el país que imagina haber nacido predestinado para gobernar al mundo. Mientras despojaba a los nativos norteamericanos e importaban esclavos negros, procedieron a una implacable y larga expansión: primero fue por las armas: en 1847 casi al mismo tiempo que invadía a México, sus barcos de guerra cañoneaban a Tokio para abrirlo al comercio. La globalización y más de un cambio en la mentalidad del ser humano, suavizó las brutales políticas internacionales de EU. De cualquier forma, con o sin Obama, esa potencia sabe que de muchas formas es la virtual dueña del planeta. Se cumplió el Destino Manifiesto. Muerto el socialismo, nada le impidió erigirse como policía mundial y hacernos creer que su modo de vida es el adecuado para todos, sin considerar valores propios. Hoy somos globalizados y EU está entre los globalizadores, de hecho los encabeza con su sistema poderoso, triunfante y arbitrario.Los gobiernos mexicanos no han pasado pocos problemas para mantener las relaciones con la potencia. No ha sido sencillo el trato, ni siquiera para la derecha. Cuando Fox llegó, empresario de refrescos de cola acostumbrado a recibir noticias del imperio, diría Fernando del Paso, buscó relacionarse con Bush hijo. No lo consiguió. Cometió el error de equipararse al hombre de la Casa Blanca y fue tratado con desdén a pesar de su excesiva zalamería. Calderón ha tenido una actitud menos indigna, pero tampoco ha sabido manejar las complejas relaciones entre dos vecinos por completo opuestos.Hemos sido asimilados culturalmente, por más que gritemos viva México. La anterior burocracia política había hecho esfuerzos por fingir dignidad.

Podríamos recordar la época de López Mateos y su negativa a romper relaciones con Cuba. Recibió todo tipo de presiones, como antes las había soportado Ruiz Cortines al negarse a mandar tropas a la guerra con Corea. Pero los tiempos han cambiado y nadie parece darse cuenta, salvo algún periodista agudo y quizá algún historiador o politólogo preocupado por los valores del país, del vergonzoso hecho de tres partidos y tres candidatos que corrieran a platicarle a Joe Biden, oscuro vicepresidente de EU, sus proyectos y garantizarle la frontera sin problemas. Ante él, tres pobres políticos prometieron, en caso de triunfar, portarse bien, y no crearle más problemas a la agobiada potencia. Sólo uno no asistió no por decoro nacional, sino porque nada tiene en las manos, salvo la estrepitosa derrota asegurada.Los tres salieron satisfechos. Formularon declaraciones sobre el luminoso futuro México-EU. El único que guardó silencio fue el propio Biden, quien regresó a EU a informarle a los dueños del planeta que no hay cuidado, con cualquiera es posible trabajar, que no serán insumisos como los árabes. Está visto que México insiste en subordinar su política nacional a los grandes intereses norteamericanos, tal como lo mostraron tres candidatos presidenciales y tres partidos que presumen su patriotismo. Destacan el inglés de uno, la cortesía cursi de la mujer y el falso izquierdismo del otro. En un proceso electoral inteligente y sensible, los tres deberían perder.¿En correcta reciprocidad, irá a EU el secretario de Gobernación a escuchar los planes de los candidatos presidenciales?

Excelsior - 2012-03-11

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